Hay veces en las que esta comunidad es un fastidio y parece que los usuarios nos dedicamos al juego del despiste, más que otra cosa. Esto dicho, por supuesto, con todos los respetos y todo el cariño (que esto será lo que sea, pero aquí seguimos), y dando por hecho que mis propias opiniones son las primeras que ayudan más bien poco. La culpa la tiene la subjetividad, que tiene que existir, por supuesto, porque a ver quién quiere leer opiniones asépticas, ¿verdad? Bueno, os voy a contar mi experiencia con el alojamiento que elegí en León, a ver si entendéis por dónde voy con mi frase inicial.
El primer contacto
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Este año, no sé por qué, me ha costado mucho decidir mi destino vacacional. Cuando empecé a decantarme por Tenerife, se me ocurrió que podía ir a León, de una vez por todas. Al final, incapaz de elegir, llegué a la conclusión de que me podía permitir el lujazo de ir a los dos sitios, y eso hice. Con las ideas más o menos clareas, y las fechas decididas, me fui a una agencia de viajes, concretamente a Viajes Eroski, y junto a una de las agentes (novata pero encantadora) empezamos a buscar. Ella no conocía León, así que no me podía recomentar un hotel en concreto, pero no resultó demasiado complicado encontrar el que parecía más que perfecto para mis necesidades: el hotel Conde Luna, de cuatro estrellas, nos ofrecía un buen precio, una habitación doble por 50 € (sólo alojamiento, eso sí) y era el más céntrico de los hoteles de la capital. Total, que hacemos la reserva. Pienso buscar información tranquilamente en casa, claro. Lo bueno que tienen las reservas hoteleras es que se pueden anular, generalmente, sin cargo alguno.
El susto
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Me pongo a buscar en Internet, y todas las reseñas son buenas. Pero suenan a intento de venta, no sé si me explico. Hasta que me da por buscar aquí, en Ciao, y me encuentro dos opiniones que describen al hotel como poco menos que un cuchitril. Me quiere dar un pasmo, claro. Vuelvo a la agencia y hablo con otra agente, con una que no conoce el hotel pero ha hecho reservas en él y me dice que la gente vuelve muy contenta. Pienso que al fin y al cabo, sólo quiero el hotel para dormir, y que es mejor que esté en el centro. A veces se valora más un precio económico y una situación “privilegiada” que un jacuzzi en el baño, por ejemplo.
El caso es que me arriesgo y no cambio la reserva. Pero llego al hotel con más miedo que Dios talento, ya os podéis imaginar.
La experiencia
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Después de estar tres noches alojada en el Hotel Conde Luna, puedo decirlo claramente. No entiendo las opiniones que se han escrito sobre este hotel. Hombre, yo no dudo de la buena fe de las opiniones aquí vertidas, pero cuando no conoces a la gente que opina no sabes hasta qué punto fiarte. Me refiero a que no sabes si compartirás gustos y exigencias. A mí me sirve con una cama y una tele y un poco de espacio para revolverme, pero hay gente que quiere confort a todo lujo. Y no es lo mismo, claro, pagar 50 € como hice yo que pagar 100 €, por ejemplo.
El nivel de exigencia también sube, ¿no? Pero mi experiencia no ha podido ser más agradable y positiva.
En primer lugar, el acceso al hotel es de lo más sencillo, incluso aunque entres a la ciudad por la entrada por la que no quieres entrar, como hice yo. Tanto la calle Corredera (si se viene de Astorga) como la Avenida del Alcalde Miguel Castaño (si se viene de Burgos) desembocan en la Avenida de la Independecia, en la que se encuentra el Conde Luna, a la altura del número 7. Está justo en el límite del recinto amurallado medieval (de hecho, justo al lado del hotel se ven restos de muralla), así que en dos minutos (andando, claro) estamos en la Calle Ancha, y en cinco, en la Catedral o en el Barrio Húmedo (zona de copas y tapeo). Por el otro lado, hacia lo que sería el Ensanche, enfrente tenemos la Avenida de Ordoño II, y a minuto y medio la Gran Vía San Marcos, o sea, las zonas comerciales por excelencia.
La cosa de aparcar en la zona está más malita, al menos nada más llegar. Yo dejé el coche en doble fila, me registré y me llevé la desagradable sorpresa de que no había sitio en el parking del hotel, así que tuve que llevar el coche al parking de Essera, público y subterráneo, a escasos 100 metros.
El hall del hotel es muy amplio y muy bonito, aunque no tan espectacular como yo esperaba gtras haber leído las opiniones aquí escritas. Vamos, que yo me esperaba un hall al estilo del Hotel Reconquista de Oviedo (que admito haber visto sólo en fotografías), y no es así, no. O tal vez yo iba mirando sólo al ascensor porque llegaba totalmente reventada, y no me fijaba en más; puede ser. Eso sí, se entra a través de una puerta giratoria, algo que a mí me encanta.
Pero vamos a lo que vamos: a la habitación (vaya, cómo suena esto…). Mi habitación, ya os digo, es doble, con cama de matrimonio gigantesca, de 1,50, le calculo así a ojímetro. Se puede dividir (el cuarto, no la cama) en tres zonas: la entrada (con el baño, a la izquierda), la zona de ocio (con una mesa, un par de butacas y el escritorio sobre el que está la tele ¡de 21 pulgadas!) y la zona de la cama, propiamente dicha. La habitación es muy amplia y muy cómoda, la verdad. El baño es de un tamaño aceptable (pequeño, pero bien) y totalmente equipado, con una bañera hermosa y ducha con tres posiciones; y te dan gel, champú, peine, gorro de ducha, esponjita para los zapatos… o sea, de todo menos pasta de dientes, que es lo que se me había olvidado a mí.
La habitación tiene aire acondicionado individual, o sea, que tú lo enciendes y lo apagas cuando quieras, y lo pones a la temperatura que te apetece, y da tanto frío como calor. También tien minibar con refrescos, licores, toblerone, pringles… Todo a precios de escándalo, como corresponde al minibar de un hotel. Para acabar con la habitación, os diré que la mía tenía un balcón, sin vistas espectaculares, debido a la situación del hotel, pero bueno. Ah, por cierto, en la tele se ven cadenas extranjeras, pero no Canal Plus, ni codificado, ni sin codificar, aunque en la propaganda del hotel decía que sí, pero con el poco tiempo que pasé en el hotel, tampoco le doy mayor importancia.
En cuanto al personal del hotel, bueno. Eran todos exageradamente amables, educados y correctos. Vamos, con deciros que la señora de la limpieza que estaba limpiando el pasillo con una especie de pulidora la primera mañana me pidió perdón cuando me vio salir de la habitación por si me había molestado… ¡a las diez y media!
No os puedo hablar del servicio de comedor. El desayuno costaba 9,50 €, y para mi, que me basta con un café, un zumo y una tostada, me parecía un poco demasiado caro, así que no lo probé. Tampoco para comer, ni para cenar. Y como desconozco esta parte del hotel, pues no le puedo dar la quinta estrellita, así que se queda con cuatro, como su categoría.
El último día, conseguí meter el coche en el parking del hotel, y no flipé demasiado cuando me cobraron 13,90 € porque en el parking de Essera ya me había cobrado 28 € por dos noches, pero cualquiera de las dos opciones me parecen carísimas. La otra posibilidad es dejarlo en la calle, si encuentras sitio, claro. La OTA (o como se llame en León) es muy barata, pero hay que atreverse a dejar el coche en la calle, claro. Lo bueno es que León es una ciudad muy tranquila, de verdad.
En definitiva, que si queréis pasar unos días en León y no os podéis permitir el Hostal San Marcos (¡quién pudiera!), podéis confiar en el Hotel Conde Luna. Garantizado.