Tengo en borradores algunas opiniones parisinas todavía pendientes por que vean la luz (si es que la ven algún día). Ya sé que hace meses que volví de tierras francesas, y aunque mis opiniones hayan ido con cuentagotas, espero que puedan seros de utilidad en algún momento de vuestra vida. Siempre que escribo una opinión respecto al viaje, destaco que me cuesta mucho hablar de todo esto, pues a veces es difícil ponerle palabras al corazón. Espero que lo entendáis si resulto un poco parca en palabras.
No llegamos a la Crêperie de Port Manech por casualidad. Antes de partir rumbo a París, este fue uno de los
lugares que nos habían recomendado para probar las crepês. La recomendación vino por parte de una pareja que había estado viviendo allí durante dos años, creo, así que desde luego que tenía que ser un sitio interesante.
El día que decidimos acercarnos a comer allí, habíamos estado dando una vuelta previa por La Citè y el Quarter Latin, y decidimos acercarnos a pie al barrio de Montparnasse.
No sé si lo he dicho ya en alguna de mis opiniones, pero por si acaso os lo cuento ahora. Los barrios o distritos, en la ciudad de París, se distribuyen en forma de espiral alrededor del Sena. Así el primer distrito, el número uno, se sitúa en la margen del río y se trata del llamado Louvre Les Halles.
Por eso, a pesar de la gran diferencia de números, el distrito VI, que es dónde se encuentra el Quartier Latin, fronteriza en el sur con el distrito XIV, dónde encontramos el barrio de Montparnasse.
A pesar de encontrarse cercanos en el mapa, hay que tener en cuenta que se trata de una ciudad enorme, con lo que la distancia caminando es bastante considerable. No sé cuanto tardamos de un sitio a otro, pero más de media hora, seguro.
Situación y datos de interés
Como ya os he estado comentando previamente, la Crêperie Port Manech se encuentra en el barrio de Montparnasse. Concretamente en el
número 52 de la Rue du Montparnasse.Las paradas de metro más cercanas al local son la parada de Montparnasse (a 200 metros) y la parada Edgar Quinet (a 200 metros también).
Hay varias creperías bretonas en la zona, incluso en la misma calle, pero no sé si serán similares, pues nosotros solo estuvimos en esta.
Iniciación a la cocina bretona
La cocina procedente de Bretaña es famosa por tres características: La calidad de sus productos, la sencillez, y la autenticidad. Se trata de una cocina campesina y sencilla, pues es una de las regiones más fértiles de Francia, lo que hace que los ingredientes locales sean de alta calidad.
Los dos platos más conocidos de la gastronomía bretona, son las crêpes y las galettes, que es lo que se sirve en este tipo de restaurantes, y lo que vamos a poder degustar en la Crêperie Port Manech.
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CRÊPES: Se denomina así a una fina masa preparada con harina blanca, huevos, y mantequilla. Es dulce, y se acompaña de mermeladas, chocolate, nata, ...
Una de las más famosas es la "crêpe suzette".
* GALETTES: Llamamos así a las tortitas hechas con una fina masa similar a la de las crêpes, peor se hacen con harina de trigo sarraceno, que es de color negro.
No son dulces, y se rellenan de alimentos salados como pueden ser jamón, queso, champiñones, setas, huevo...
Las galette se suelen servir, tradicionalmente, acompañadas por sidra bretona.
CREPÊRIE PORT MANECH
Se trata de un local bastante pequeño a pesar de tener dos plantas. Según entramos por la puerta, nos encontramos de lleno en el comedor, dejando la barra donde cocinan las crêpes a la derecha (no posee una cocina física, si no que ves como las van haciendo) y el pie de las escaleras de madera para subir a los servicios y a la segunda planta en la izquierda.
Lo primero que advertimos es que estaba abarrotado de gente, con lo cual nos hicieron esperar unos minutos para darnos una mesa en la cual sentarnos, que justo se estaba quedando libre. Como el local es un poco pequeño, esto se hizo un tanto incómodo, pues teníamos que esperar en la misma puerta, entre la barra y las escaleras, y éramos un constante estorbo para el trasiego normal de un restaurante, pero tampoco había más sitio donde ponerse.Unos minutos después nos acomodaron en una mesa que estaba un poco raramente situada, pues quedaba entre el lateral de la barra donde se cocina, y una especie de pequeño almacén o cuartito de personal. Además todas las mesas están muy juntas unas con otras, pues debe ser una práctica ampliamente extendida en Europa, que a mí personalmente no me gusta nada: Odio sentir que estoy comiendo con la gente de al lado, en plan “comedor del colegio”. Pero bueno, no era para tanto, se estaba agusto a pesar de ser estrecho.
La decoración de la crêperie era muy bonita, es una de las cosas que más me gustó. Con los suelos de madera, las escaleras también de madera, y, sobre todo, me gustaron las mesas, que aunque chiquititas, estaban hechas con azulejos azules y blancos. Quedaba un ambiente estupendo, muy acorde con el tipo de comida que se servía.
Hay que tener en cuenta que
no se trata de un local muy turístico que digamos. Está en un barrio más bien residencial, y, aunque estaba lleno hasta la bandera aquel medio día, creo que éramos los únicos foráneos.
La carta solo se encontraba escrita en francés. No es una carta muy extensa, pues se compone de crêpes, galettes y bebidas. Sin embargo en algunas ocasiones era difícil saber de que estaban hechas exactamente las cosas, pues no conocíamos como se escribía en francés algún ingrediente. Escrito, no es un idioma demasiado complicado de "interpretar", y algunos ingredientes los sacabas por intuición, pero en otros es imposible.
Nosotros pedimos dos galettes, una para cada uno, acompañadas por una botella de sidra, que es lo típico que se bebe con las galettes en Bretaña. Lo primero que nos trajeron fue la sidra, que la sirven en unas tacitas de cerámica pintada, muy chulas, que quedan muy bien sobre la mesa de azulejos.
La gallete que me pedí yo, no recuerdo el nombre, pero sé que iba rellena de champiñones y de queso, aunque es posible que constara de algún ingrediente más que no recuerdo bien.
Mi acompañante se pidió una completa, que lleva jamón, queso, patatas y huevo.
Ambas estaban muy buenas, la verdad. La mía era un poquito más ligera, aunque aun así llevaba bastante queso. Yo con esto me di por comida (contando que aun era bastante temprano).
Como él se quedó con hambre, pedimos otra galette de salchichas, aunque esta prácticamente no la probé. Venía con salchichas frescas, no de las Frankfurt, pero nos gustó un poco menos que las dos primeras.
El
precio total al que ascendió la cuenta no os lo puedo decir seguro, pero rondaría los 34 euros. La sidra costaría como 10 o 12 euros la botella entera, y cada galette oscilaba entre los 6 y los 8 euros, dependiendo de los ingredientes que llevaran. Las crêpes dulces, aunque no tomamos ninguna, eran un poco más baratas que las galettes, quizá entre los 5 y los 7 euros dependiendo también de los ingredientes.
París es una ciudad cara en general para comer si vamos con poco presupuesto, así que me pareció un precio normal. De todas formas
creo que si vamos a una crêperie del estilo en Madrid mismo, nos encontraremos con precios similares.
Una cosa que consideré positiva del sitio en el que nos sentaron es que podía ver como hacían la comida. Es muy curioso la maña que tienen para hacer hasta 5 crêpes o galettes a la vez, pues el cocinero contaba con varias placas, similares a las planchas de cocina pero redondas, donde vertía la masa, e iba dándole forma y poniéndole los ingredientes para después doblarlas y calentarlas bien con los ingredientes dentro. Todo esto lo hacía "en vivo", pues no cuentan con cocina real.
El punto negativo de no tener una cocina separada es que los olores de lo que estan haciendo se mezclan mucho entre sí.
No debe ser muy difícil hacer este tipo de platos en nuestra propia casa, pero desde luego tiene mucho encanto ir a una crêperie bretona de verdad y probarlos hechos por manos mucho más entrenadas en el arte de las crêpes.
En resumen
Recomendaría esta crêperie tradicional bretona para que probeis las galettes y las crêpes dulces en toma de contacto con la gastronomía de la zona de Bretaña. Pero sobre todo, si alguna vez os acercais, recomiendo que sea temprano, ya que si no es posible que nos lo encontremos cerrado al ser un local poco turístico, y teniendo en cuenta que los horarios de comidas fuera de España difieren bastante de los nuestros.
Un saludo.