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A los dieciseis años era un gran devorador de obras de ciencia-ficción. Hoy, muchos de los libros que entonces engullí me parecen penosos, pero siempre quedan obras como Crónicas marcianas de Ray Bradbury que me hacen recordar esa época con cariño. La ciencia-ficción no se utiliza aquí como etiqueta sino como una excusa para poder ampliar los horizontes de las coordenadas de espacio- tiempo, el momento y le lugar.Así Ray Bradbury se permite en Marte lo que no se podría permitir en caso de ubicar la acción en nuestra tierra. Una imprecisa melancolía atraviesa toda la obra, quizas la soledad sea el sentimiento que más la impregna. En cualquier caso, atrapa al lector y, no sólo no losuelta hasta el final sino que le obliga a la relectura, con mucho gusto. Todavía me enferma que hayan tomado el título para uno de los más abominables programas de la historia de la televisión.