- ¡Por 15 céntimos de euro, dígannos cosas que te pueden pasar cuando menos te lo esperas; por ejemplo, que den esta película en el cine de tu pueblo! ¡Un, dos, tres, responda otra vez!
- Que den esta película en el cine de tu pueblo
(titu-tititú...)
- Que conozcas a Jack Nicholson y te enamores de él
(ti-titú, ti-titú...)
- Que conozcas a Keanu Reeves, se enamore de ti, y tú pases de él.
¡¡¡CLING, CLING, CLING!!! ¡¡¡CLONG, CLONG, CLONG!!! Ha habido un error, pero como no soy capaz de hacer una rima, será mejor que escuchemos la voz de los super-tacañones:
- Ay, no, mira, bonita, por ahí no podemos pasar. Que te enamores de Jack Nicholson, pase. Malamente, pero pase. Pero que Keanu se interese por ti y tú no le hagas ni caso... Lo sentimos mucho, pero no podemos dar por válida esa respuesta.
El cine de mi pueblo: aventuras y desventuras
-------------------------------------------------------------------
Me lo creo todo. Todo lo que me cuentan, todito me lo creo. Y eso que yo soy muy crítica, ¿eh? (no sé, a lo mejor no os habíais dado cuenta...) Pero no sé. Me dicen que tal película es el éxito de la temporada, y voy yo y me lo creo, y me planto la primerita en la puerta del cine para no perderme ni el anuncio de “no apagues el móvil, conecta el buzón de voz”. Vale, ya me ha vuelto a salir la vena exageradilla, ¿no?
El cine de mi pueblo es monosala, sólo funciona cuatro días a la semana (dos sesiones al día, eso sí), y está a punto de pasar a mejor vida, hecho este tan triste como verídico. La culpa es tanto nuestra (de los espectadores en potencia, que no lo usamos demasiado) como de los promotores del cine. Creo que desde que se construyó, allá por el Pleistoceno, o cuando los dinosaurios habitaban la Tierra (no sé, lo que fuera primero) no se han hecho más mejoras que cambiar las butacas. Y esto ha sido hace relativamente poco. O sea, el Dolbi-surrún, ni de palo. Como te pongas un poco atrás, no oyes nada. Bueno, sí oyes, pero como a kilómetros de distancia. Y la calidad de la imagen... ejem. Creo que hay calefacción, pero generalmente el calor es humano, es decir: cuanta más gente haya, más calor hace. O lo que es lo mismo: si hay poca gente, te pasas de frío.
Y lo peor de lo peor, es que tardan siglos en dar las películas. Vamos, con deciros que vimos “Titanic” tres meses después de la entrega de los Oscars... Bueno, y todavía estoy esperando a que den “El rey león”, para qué os cuento más. De hecho, yo tengo una teoría (empírica): el tiempo transcurrido entre el estreno de una película y la fecha de emisión en mi pueblo es inversamente proporcional a la calidad de la misma. Es decir, cuanto peor es una peli, antes nos la dan aquí.
“Cuando menos te lo esperas” ha tardado en llegar a nuestro cine local casi tres meses, si no me fallan las cuentas. Eso (aplicando mi teoría), el argumento, y los actores y actrices que trabajan en ella eran casi una garantía de éxito rotundo. Hombre, y no es que sea un fracaso, pero tampoco era para tanto.
Tiene que elegir entre Jack y Keanu, ¡y duda!
-----------------------------------------------------------------
Y es que es eso, en resumidas cuentas, lo que le sucede a Erica Barry, el personaje que interpreta Diane Keaton. Ella, una célebre autora de obras de teatro decide pasar un fin de semana en su casa de la playa para “curar” su sequía creativa. Allí se encuentra con una sorpresa, por partida doble: su hija Marin (Amanda Peet) ha ido a la misma casa a pasar el fin de semana con su novio, Harry Sanborn (Jack Nicholson), que le dobla la edad a la chica, con creces. El hombre resulta ser un conocido “soltero de oro”, y él no tiene ningún reparo en admitirlo: sólo sale con chicas menores de treinta años. Durante lo que debería ser un fin de semana romántico, Harry sufre un ataque de corazón, y su médico, el doctor Julian Mercer (Keanu Reeves) le da el alta con la condición de que se quede cerca de la clínica y que guarde absoluto reposo. La única solución es, por supuesto, que se quede en casa de Erica, algo a lo que tanto el paciente como la futura enfermera acceden a regañadientes, porque lo suyo no ha sido un flechazo precisamente.
El que sí ha sufrido un flechazo es el doctor Mercer. El ya admiraba a Erica, y encima al conocerla, descubre a una mujer que reúne todo lo que él está buscando. Y a pesar de que ella, gracias a la convivencia, está conociendo una faceta de Harry que poca gente conoce y está empezando a sentir cierta atracción por un hombre al que parecía destinada a aborrecer (y para colmo, esa atracción es mutua), acaba por ceder a los encantos del joven (como tonta, ella), más aún cuando Harry regresa a su casa de la ciudad, vuelve a salir con jovencitas y se olvida de Erica.
Y esto no deja de ser un problema. Es que Erica, que desde que se separó de su marido no ha vuelto a tener una relación, se encuentra de repente con dos pretendientes. Bueno, más o menos. ¿Y cómo es eso de que el que quiero que me mire no me mira y el que no quiero que me mire...? Algo de eso, ¿no? Pues por ahí van los tiros para Erica también. Al final, se verá “obligada” a elegir entre Julian y Harry. Y esa elección acaba siendo el eje central de la película.
Tiene que elegir entre Jack y Keanu, ¡y duda!
-----------------------------------------------------------------
Ay, esto ya lo he dicho antes, ¿no? Es que estoy impresionada todavía. Mira que planteárselo, siquiera...
Mi punto de vista
-------------------------
Creo que ya lo he dicho alguna vez: cuando una película está protagonizada por grandes actores, caben dos posibilidades: o la película es muy buena, y por eso se “dignan” a protagonizarla, o es más bien floja (ojo, no digo mala) y necesita apoyarse en grandes interpretaciones para tener algo.
Lamentablemente, “Cuando menos te lo esperas” se ajusta más a la segunda opción. Si no fuera por Diane Keaton y Jack Nicholson, ni siquiera hablaríamos de esta película. No cabe duda de que las interpretaciones de estos dos actores la salvan, aunque por los pelos. A mí me sorprendió gratamente ella, su frescura, su naturalidad, su risa (no por el sonido, sino por la expresión).
Todo eso traspasa la pantalla y se contagia, y ayuda muchísimo a la película, porque es muy fácil identificarse con el personaje de Erica, solidarizarse con ella.
Personalmente, destacaría dos grandes desventajas de esta película. Por una parte, está el tema que trata y la forma en que se trata. No aporta nada nuevo, ni creo que Nancy Myers (directora y guionista de la película) pretendiera hacerlo. Aportar novedades, digo.
Pero lo peor de todo es que se hace horriblemente larga. No sólo porque dure casi dos horas (por favor, que todos nos sabemos la historia, y se puede contar en hora y media, escasa), sino porque ofrece uno de los desenlaces más largos de la historia del cine, de casi 60 minutos. Dónde va a parar. Hombre, la primera hora está aceptablemente bien, aunque sigue siendo más de la misma vieja historia. Pero bueno, las situaciones de enredo más o menos divertidas se suceden, tiene unos cuantos golpes y el espectador pasa un buen rato. Incluso yo. Además, una piensa, inocente, que ya está, que ya ha sucedido lo que tenía que suceder cuando menos te lo esperas. O sea, cuando menos se lo esperan los protagonistas: Harry se enamora de una mujer de (un poco) más de 30 años, Erica simplemente se enamora, y Julian se enamora de una mujer que podría ser su madre (toma tópico). Una da por hecho que la cosa no va a ser tan sencilla, que a todos les van a surgir dudas, que el happy ending se va a hacer esperar... ¡pero jopelines, no una hora! Una hora que para colmo, resulta aburridísima. No se puede tener a un pobre espectador una hora diciendo “ahora, sí, ahora se queda con ese, por fin” y que la cosa siga, y siga, y siga... Pues como que no. Una cosa es que queramos ver una historia que no nos haga pensar demasiado, y otra bien distinta es que se nos trate de tontos. Y un poco así me sentí yo el otro día en el cine, viendo esta película. Y encima, en el cine de mi pueblo se pasa frío, ¿lo he dicho ya?
Cuando menos te lo esperes...
---------------------------------------------
... llegará ese príncipe azul. Eso es lo que la gente suele contestarme cuando les digo que no tengo novio. Y estoy un poco harta de oírlo, eh, pero después de ver lo que le pasa a Erica Barry, me quedan esperanzas (¡ja!). Quién sabe, a lo mejor, cuando menos me lo espere, aparece en mi vida un Keanu Reeves... aunque sea cuando tenga 50 años (yo, digo; si los tiene él, la verdad, me importa poco). Pero como decía una chica a la salida del cine, “estas cosas pasan todos los días; vamos, yo lo veo cada dos por tres”.
Resumiendo (¡por fin!)
---------------------------------
Esta película no pasará a la historia, ni destacará especialmente en las filmografías de ninguno de los actores que ha tomado parte en ella. Y lo que es peor, se borrará rápidamente de la memoria de los espectadores. Creo yo, vamos.
Vamos, por creer, creo que no merece la pena que perdáis el tiempo viéndola. Ni el dinero. Ni alquilándola en el videoclub. Como os digo, cuenta una historia demasiado manida, que nos han contado ya un millón de veces (y nos contarán un millón más) de mejor forma, sin duda.
Ahora, ya sé que me vais a decir que os ha picado la curiosidad y que vais a verla. Vale, vosotros mismos. Feel free. Quién sabe, a lo mejor veis una peli diferente a la que vi yo, y os gusta. Ya sabemos que estas cosas de los gustos dependen en gran medida del estado de ánimo de cada uno. Y no es que ese día yo estuviera especialmente desanimada, pero a lo mejor sí estaba un tanto crítica. O criticona, todo puede ser.
Ya me contaréis. A ver si al final me vais a convencer de que la tengo que volver a ver. Eso sí que estaría gracioso.
Estupenda la opinión, aunque no coincida contigo en tu valoración. A mí me encantó, la vi, la volvi´a ver y cuando tenga un rato la volveré a ver de nuevo.