Este verano tuve la oportunidad de viajar a Cuba en un viaje de estudios. Precios ajustados, la promesa de una Cuba que todos deseamos, ... todo eso nos convenció. La compañía aerea era Cubana de Aviación. Los viajes fueron un desmadre, con unas azafatas muy animadas. Nos dejaron fumar en todas las partes del avión y no hubo manera de hacernos mantener sentados en los asientos. La asignación de butacas fue todavía peor, porque eramos un grupo grande y nos dispersaron por todo el avión. La verdad es que se hubiera agradecido un poco de disciplina inglesa.