Cuento para Tahúres y otros Relatos Policiales - Rodolfo Wals

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UN MAESTRO DEL «POLICIAL» ARGENTINO

5  08.05.2011

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otisblues

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LA MAGNÍFICA ESCUELA ARGENTINA DE NOVELA «POLICIAL»

Si hay un país, en el ámbito del castellano, que haya aportado a la literatura negra un considerable número de autores y títulos de innegable calidad, ése es Argentina.

Como para muestra sirve un botón, hay que consignar que mediados los años cuarenta ya se encuentra en las librerías de Buenos Aires el primer número de la prestigiosa colección El Séptimo Círculo, cuyos directores son Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. En dicha colección, que consta de 139 títulos publicados, encontramos espléndidos cultores del género con profusión de nombres norteamericanos (los verdaderos pioneros) e ingleses, pero sin descuidar otros autores de diversas nacionalidades.
Inmunes a los prejuicios que sobre el relato policial tenían muchos editores y bastantes críticos sesudos que lo consideraban un género menor, Borges y Bioy Casares se embarcaron en un proyecto que, muchos años después, goza de un prestigio sólo comparable a la Serie Noire de la francesa Gallimard.

No es raro, por tanto, que en Argentina el policial sea un estilo literario conocido, apreciado y difundido como cualquier otro y, por ende, tenga muchos incondicionales: desde los propios lectores y aficionados, hasta los más reputados especialistas y autores. Los propios Borges y Bioy Casares, a dos manos, y bajo los seudónimos de H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch hicieron su aportación al género. A partir de ahí, los escritores argentinos de novela negra han conseguido el reconocimiento internacional y sus nombres figuran en muchas de las colecciones más prestigiosas. De hecho, aquí en España, la serie de la editorial Bruguera La Novela Negra estaba dirigida por el argentino Juan Carlos Martini, un especialista; y otros nombres señeros como Juan Sasturain, Rolo Diez, Mempo Giardinelli o Sergio S. Olguín, son referentes a la hora de hablar de novela negra en castellano. Pero si hay un autor cuya obra merece ser tenida en cuenta por su calidad literaria, hay que hablar de Rodolfo Walsh: uno de los pioneros, uno de lo más grandes.

RODOLFO WALSH: CONSECUENTE HASTA EL FIN

El 24 de Marzo de 1977, un año después de que la Junta Militar se hiciera con el poder en Argentina, Rodolfo Walsh escribió su Carta Abierta a la Junta Militar, en la que denunciaba la feroz represión de la que fue responsable aquel gobierno. El texto se
Fotografías
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cerraba así: «Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles». Ni que decir tiene que al día siguiente un escuadrón especial irrumpió en su domicilio de Buenos Aires y lo hirió de muerte. Desde entonces, el nombre de Rodolfo Walsh figura en la larga lista de los desaparecidos durante la dictadura militar argentina. Nos queda, eso sí, la constatación de un hecho innegable: Rodolfo Walsh fue consecuente con sus ideas hasta el fin...

... Nacido en 1927 en la localidad argentina de Choele-Choel, en la provincia de Río Negro, se trasladó muy joven a Buenos Aires donde trabajó de corrector de pruebas y traductor de novelas policíacas para la editorial bonaerense Hachette. Su oficio le permitió conocer de primera mano las claves de un género para el que estaba especialmente dotado. Su talento, su originalidad y su impecable estilo, lo convertirían en un maestro, en uno de los principales escritores policíacos en lengua castellana. Hablar de los cuentos y relatos policiales de Rodolfo Walsh, es hacerlo de uno de los pioneros, de uno de los referentes de la gran escuela argentina que ha tenido continuación en una serie de autores espléndidos: la gran tradición del país andino en el «policial» sigue vigente hoy en día, aportando nuevos autores que desarrollan su narrativa en los mismos escenarios que, cuestiones temporales aparte, no han cambiado ostensiblemente: el teatro del género policial renueva a sus actores pero siempre se representa el mismo drama: el de la vida y la muerte. Rodolfo Walsh abrió un camino que posteriormente muchos otros siguen transitando. Para gozo y disfrute de quienes amamos el género negro.

CUENTOS PARA TAHÚRES Y OTROS RELATOS POLICIALES

Estructurado en once cuentos y relatos cortos, Cuento para tahúres y otros relatos policiales se publicó en 1953 bajo el título original de Diez cuentos policiales argentinos. En ellos, Rodolfo Walsh nos deja constancia de su dominio del género. En el primero de ellos Cuento para tahúres, la historia se desarrolla mientras se disputa una partida de dados. Flores, uno de los jugadores, está enrachado. Sobre la mesa de billar, que sirve para echar a rodar los dados, se agolpan los jugadores y los mirones. Es un ambiente cargado por el humo de los cigarros y pobremente iluminado por una lámpara eléctrica que cuelga, baja, del techo. En el momento álgido, cuando ya Flores lleva siete «pases» seguidos, alguien apaga la luz, se oye un disparo y, cuando vuelven a encender, uno de los jugadores, Zúñiga, yace en el suelo con un balazo en el pecho... ¿qué ha ocurrido? ¿Quién disparó? Y, lo más sorprendente, ¿quizá el asesino se equivocó de objetivo?...

En Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar el muerto), asistimos a una especie de adivinanza ingeniosa que nos propone el autor:

El primer portugués era alto y flaco.
El segundo portugués era bajo y gordo.
El tercer portugués era mediano.
El cuarto portugués estaba muerto.

¿Quién fue? —preguntó el comisario Jiménez.
Yo no —dijo el primer portugués.
Yo tampoco —dijo el segundo portugués.
Yo menos —dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba muerto.

La solución del caso, partiendo de la lógica y la observación, resulta un fascinante ejercicio donde el autor hace gala de una inteligencia considerable además de poner en liza un divertidísimo juego de impecable estilo literario: un interrogatorio-adivinanza. Hay lugar también en esta antología para glosar la figura de uno de los personajes más entrañables de Rodolfo Walsh: el comisario jubilado Laurenzi. Sentado en un cafetín del gran Buenos Aires y mientras da cuenta de un café y una copa de grappa, el viejo policía desgrana su recuerdos evocando los casos curiosos que le tocó resolver. Su interlocutor, del que nada sabemos más que escucha las historias con gran deleite y que le toca pagar las consumiciones, de vez en cuando le interrumpe incrédulo ante lo que oye:

—Un momento —exclamé bruscamente iluminado—. Esa historia ya la he oído. Es el problema de Alcuino.
—¿De quién? —dijo el comisario.
—Un tipo que era amigo de Carlomagno. El lobo, la cabra y la col. No se puede dejar al lobo solo con la cabra, ni a la cabra sola con la col.
—Mi abuela, que me enseñó ese cuento —dijo pausadamente el comisario—, no era una persona instruida. No sabía quién era ese Al... ¿cuánto? Alcuino. Además, decía «chivo», decía «repollo»...

Así, en este ambiente de café y conversación, el comisario Laurenzi da cumplida nota de sus increíbles investigaciones en los más remotos lugares mientras su interlocutor se revuelve en la silla ante la secreta convicción de que le están tomando el pelo... No obstante, al final se convence (porque el viejo policía tiene argumentos de sobra), de que lo que le cuenta, aunque tenga similitud con hechos análogos por él conocidos, es la pura verdad... y entonces piden otros cafés y otras copas de grappa que, por supuesto, él abona...

Los cuentos y relatos de Walsh son inteligentes, amables, pero no están exentos de crímenes y criminales; así en Los nutrieros asistimos a la venganza de Chino Pérez: «Alzó el Winchester, despacio, muy despacio. Las miras se clavaron en el semblante taciturno del mayordomo, vacilaron un instante, después siguieron subiendo por el bruñido esqueleto del molino. La rueda dio media vuelta más y se detuvo chirriando, dejando a Renato vertical, de pie en lo alto, suspendido y solo, con los ojos azules extraviados. Chino Pérez apretó el gatillo».

La presente antología, editada por Espasa Calpe en su colección Línea de sombra, consta de los siguientes relatos:
  • Cuento para tahúres.
  • La sombra de un pájaro.
  • Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar el muerto).
  • Las tres noches de Isaías Bloom.
  • Trasposición de jugadas.
  • Simbiosis.
  • Los dos montones de tierra.
  • En defensa propia.
  • Los nutrieros.
  • Los ojos del traidor.
  • El viaje circular.
OPINIÓN PERSONAL
Afortunadamente la obra de Rodolfo Walsh se ha reeditado y este ejemplar de la colección Línea de sombra se publicó en Espasa Calpe con la colaboración de la editorial argentina Ediciones de la Flor, que lo reeditó en 1996. Desde hace un tiempo y dentro de la celebración de la Semana Negra de Gijón, se ha instituido el Premio Rodolfo Walsh a la mejor novela policíaca de no ficción en castellano.

Siempre es motivo de satisfacción el reivindicar a un autor como Rodolfo Walsh y tratar de que su obra no caiga en el olvido. La contribución al género policial del escritor de Río Negro ha de valorarse en lo que representa: uno de los cultores de la narrativa policial pioneros y más dotados para ello. Pero en Rodolfo Walsh se dan otras circunstancias también destacables: su compromiso con unas ideas y una forma de entender la libertad que le costaron la vida. La maestría de Rodolfo Walsh queda de manifiesto a través de sus relatos: su inteligencia, su conocimiento de las claves del género y una apuesta por un estilo pulcro y una prosa esmerada.

La Junta Militar silenció para siempre al hombre, pero no consiguió acallar la poderosa fuerza de sus palabras. En obras como Los oficios terrestres (1965), ¿Quién mató a Rosendo? (1969), Un oscuro día de justicia (1973) y El caso Satanowsky (1973), Rodolfo Walsh dejó constancia de su magisterio y un legado imperecedero del relato policial escrito en castellano. Merece mucho la pena conocer la vida y la obra de Rodolfo Walsh: ambas son fascinantes.-

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Comentarios sobre esta opinión
namastelifestyle

namastelifestyle

21.05.2011 15:20

Regresé para saldar la deuda!!

stephenmartin

stephenmartin

16.05.2011 03:15

¡ Qué deleite es leer tu opinión ! Es verdaderamente inmejorable. Has contado lo justo y necesario, dando a conocer no solamente al escritor, sino también al ejemplar ser humano que fue Rodolfo Walsh [ en el nombre del apartado se olvidaron de la "h" final del apellido ]. Este gran hombre sacrificó su vida por defender la libertad y se comprometió hasta lo último con el derecho y la responsabilidad que encierra la libertad de expresión. Desde el mismo momento que decidió hacer pública su "Carta abierta a la Junta Militar" sabía que "sus días estaban contados". ¡ Qué valentía y coraje tuvo ! No he leído su obra, excepto esa carta que denunció el abuso de poder por parte del Gobierno dictatorial. Leerla eriza la piel. Tu opinión es un justo y bien preciado homenaje. Un abrazo. ~ Esteban.

Derviche

Derviche

12.05.2011 16:28

Celebro que hayas puesto sobre la mesa la obra de este autor desconocido para la mayoría, al menos en nuestro país. La verdad es que el género noir le va como anillo al dedo a la literatura argentina por muchas y muy diversas razones. En c uanto a esta obra en concreto, tiene para mí el handicap de constar de varios relatos breves (no es un género que me apasione, la verdad) en lugar de un solo texto más amplio. Aun así, viendo el alto concepto que tienes de los mismos, intentaré animarme aunque no prometo nada pues disto mucho de ser político. Un abrazo.

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