Hola amigos, acabo de escribir otro relatillo más. Espero que os guste. La verdad he tenido dificultades para clasificarle en un género determinado, por que combina muchos aspectos: terror, amor, fantasía, incluso, algo de erotismo. Así que nada, lo pongo en cuentos, sobre todo por el final. Bueno, no os lo voy a destripar así de entrada. ¿La idea? Me surgió de un sueño que tuve. Besines, y disfrutad de la lectura.
Me asomé a la ventana de mi casa. El día estaba completamente nublado y lloviznaba. Miré abajo y vi a mis compañeros. Les grité y ellos me devolvieron el saludo. "¡Baja! ¡Ven con nosotros!" me dijeron. No sé por qué, pero me asusté y me agaché para que no me vieran. Al momento pensé, que quizás debería bajar y dar una vuelta con ellos. Entonces me preparé y bajé, pero cuando llegué a la calle, ya se habían ido. Me empecé a poner nerviosa.De pronto me dí cuenta de que estaba en Escocia, quizás Edimburgo. Seguía lloviendo. Me quedé un rato esperando hasta que, de repente, apareció una señora mayor como por arte de magia. Parecía una dama simpática y me dirigí hacia ella. Le conté lo sucedido con mis amigos y me dijo que no me preocupara, ella sabía dónde estaban. Abrió un paraguas y me refugié dentro de él. Me pidió que la acompañara y así lo hice. Durante el camino me dijo que se llamaba Anna y que era el ama de llaves de un gran castillo, el famoso Castillo MacLane.
- ¿Es allí donde se encuentran mis amigos? - interrogué a la señora.
- Sí. Se trata de una excursión. Estaba previsto que unos diez jóvenes españoles se alojaran en el Castillo MacLane. La semana pasada recibí una llamada para que preparase las habitaciones.Seguimos caminando y en un abrir y cerrar de ojos nos hallamos en el campo. Anna, al darse cuenta de mi asombro, me dijo que el castillo estaba cerca y que tardaríamos en llegar unos cinco minutos. Comenzaba a oscurecer. Enseguida divisamos el majestuoso castillo. Miré mi reloj, eran ya las siete en punto.
- ¿Vive alguien más, a parte de usted, en ese castillo? - pregunté y Anna negó con la cabeza - ¿Y usted sola se ocupa de su mantenimiento? - volvió a negar con la cabeza.
- Por las mañanas vienen tres asistentas que se encargan de la limpieza. Así el castillo está bien cuidadito. Yo hago la compra y la comida - respondió ella.
- ¿Y no se aburre usted sola?
- No. Dispongo de una gran biblioteca. Me pasó el rato leyendo o, tocando el clavecín. Que por cierto lo hago un poco mal - rió.
- Me gustaría oirla - creí que ese comentario la animaría. El ama de llaves me empezaba a caer muy bien.*****
Ya era de noche cuando llegamos a MacLane. Era enorme. El hall estaba iluminado por candelabros. Me quedé maravillada al ver los antiguos muebles que decoraban la entrada. De las paredes colgaban bellos tapices. Al fondo, unas elegantes escaleras se dividían conduciendo al ala norte (a la izquierda) o al ala sur (a la derecha). En la planta baja (donde estábamos) había unas puertas que daban a un enorme salón, que en su momento, por el gran tamaño, debió ser testigo de numerosos bailes y reuniones. También había un gran comedor.Bajamos a la cocina y Anna me preparó una cena rápida. Me explicó que mis compañeros dormían el piso de arriba en el ala sur, así que me pidió que no hiciera ningún ruido.
- ¿Tan pronto se acuestan? ¿Es que no cenan? - pregunté extrañada.
- Ya han cenado. Aquí en Escocia, al anochecer tan pronto, se cena a las seis y media.
- Aaaah. ¿Dónde dormiré yo? - inquirí.
- En la planta baja hay una habitación libre - respondió preocupada.
- ¿Y no puedo dormir arriba? Yo quiero dormir arriba.
- No se puede. El ala sur, ya está totalmente ocupada.
- Pues en el ala norte.Al decir eso, Anna se puso pálida y negó con la cabeza. Presentí que algo malo había en el ala norte, algo que quizás no debería ver, o no debería conocer. Le pedí que me contara lo que pasaba.
- En el ala norte sólo hay una habitación y no debes dormir allí…
- ¿Por qué?
- Está muy desarreglada y tengo limpiarla y…Su contestación me sonaba a mentira así que le supliqué que confiara en mí y que me lo contase.
- Eres muy curiosa - me respondióMe sentó bastante mal su comentario, pero al instante me dí cuenta de que tenía razón y que quizá no debería haberle hecho esa pregunta. Había sido curiosa, normalmente, no lo era, pero no sé por qué debía conocer todo acerca del Castillo MacLane. Había algo en él que me fascinaba. Finalmente, Anna accedió a contarme un poco.
- No quiero que duermas en esa habitación porque es la habitación de la baronesa Sarah MacLane.
- ¿Y qué hay de malo en ello? Ya no vive aquí, ¿no?
- En cierto modo, sí vive aquí.Le pedí que se explicara porque, realmente, no cazaba ninguna.
- Ella está muerta. Murió en 1805, pero todavía sigue morando en el castillo.Me eché a reir. Anna parecía ofendida.
- Me está intentando asustar. Yo creo en el Más Allá, pero esto ya me parece muy fuerte y que me esté pasando a mí.
- Te arrepentirás de lo que estás diciendo. Y ahora, a la cama.
Me acompañó a una habitación de la planta baja. Era pequeña, pero muy confortable. Me dejó una vela en la mesita y me rogó que no saliera de la habitación, se lo prometí y se marchó más tranquila, aunque parecía todavía enojada. En la habitación, había un armario lleno de ropa antigua, incluso un camisón, así que me lo puse y me acosté. Aquella noche dormí profundamente.*****
Al día siguiente, me desperté por la luz del sol que entraba a través de las ventanas. Hacía un buen día. Me levanté y vestí. Al salir, me encontré en el pasillo con mis amigos. Se alegraron al verme. Y juntos fuimos al comedor. El desayuno ya estaba preparado, y Guillermo, ya se había zampado la mitad de él.- Guillermo, cada día estás más delgadín - le dijo Héctor entre bromas y todos rieron.
- No te esperábamos - me dijo Cristina - Creíamos que habías decidido quedarte en casa.
- Me he enterado de que el Castillo perteneció a un barón muy rico, que murió envenenado en 1800 y pico - comentó Héctor.
- ¿Y por qué? - preguntó Guillermo algo alterado.
- No me extraña nada que hagas esa pregunta con lo tragón que eres - se burló Giovanna, y Guillermo le dio una patada.
- ¿Estaba casado? - preguntó Cristina.
- A las mujeres sólo os importa casaros. ¡Es increíble! - respondió Guillermo.
De pronto entró Anna.- No he podido evitar oiros, chicos - comentó Anna - Me rindo. Os contaré la historia y os agradecería que no me interrumpieras mientras lo hago. Este Castillo fue construído por Lord John MacLane en 1687 y hasta el siglo XIX ha sido propiedad de los MacLane. Desde entonces, fue comprado por los O'Hara, y actualmente, su propietario es Charles O'Hara que vive en Manchester y que en verano pasa sus vacaciones aquí. Yo fui contratada por Charles y me encargo del mantenimiento del castillo.
- ¿Y qué pasó con ese barón MacLane? ¿Es verdad que murió envenenado? - pregunté.
- El barón Patrick MacLane, fue envenenado una noche de 1805.
- ¿Por quién? - preguntó Héctor.
- Por la criada, estaba enamorada de él.
- Si es que hay amores que matan. Jaja - respondió Héctor.
Anna lanzó una mirada fulminante a Héctor quién, al instante, se dio cuenta y se disculpó.- El barón era el hombre más atractivo y fascinante que hasta entonces había conocido Escocia.
- Vaya, vaya. Si llega a vivir ahora se pone "forrao" de hacer películas - dijo Giovanna.
- Todas las mujeres le amaban y envidiaban a la baronesa. La criada le confesó sus sentimientos hacia él y al ver que él la rechazaba decidió vengarse. La baronesa, al perder a su esposo, se suicidó al día siguiente.
Héctor le preguntó haber si había fantasmas en el Castillo y Anna respondió que no. Héctor parecía decepcionado. Anna le había mentido y yo era la única que sabía algo más de la verdad. Esperé a quedarme a solas con Anna para pedirle explicaciones. Y me contestó que no quería que los muchachos estuvieran intranquilos.
- ¿Y porqué a mí sí me lo ha contado?
- No lo sé - puso sus manos sobre la cabeza - Me estoy volviendo loca.
- El espíritu de la baronesa, ¿sería capaz de hacer daño a alguien? Usted me dijo que rondaba el castillo.
- Es mejor que tus amigos ignoren la presencia de la baronesa aquí.
- No la entiendo - respondí.Me pidió que la dejara sola y me dirigí a mi habitación. Al entrar en ella, hacía mucho frío y me entraron escalofríos. Me tumbé en la cama y miré a mi alrededor. No sé por qué, pero me dio la sensación de que alguien me vigilaba, que no estaba sola. Pude oir llantos de una mujer. Intenté olvidarlo y cerré los ojos. De pronto, entré en calor y me dormí.
*****Cuando me desperté, ya era la hora de comer y salí de mi habitación. Me encontré con Anna y pregunté por los demás. Me contestó que habían salido y que comerían fuera.
- ¿Y porqué no me despertaron? - pregunté sorprendida.
- Porque dormías tan profundamente, que me ha dado pena despertarte. No te preocupes, ahora, te preparo algo.Después de comer, estuve paseando en el jardín durante toda la tarde. Pasaba el tiempo y mis colegas no volvían. Me senté y comencé a pensar y pensar en Anna y en su relato, en la baronesa y el barón, mientras arrancaba alguna hierbecilla. Miré a mi alrededor y ví a lo lejos un bosque profundo, oscuro y silencioso. Se acercaba la hora crepuscular y el sol ya comenzaba a ocultarse. De nuevo, oí unos sollozos. Levanté la mirada hacia el castillo y me sobresalté al ver, de pronto, una sombra en una de las ventanas del ala norte. Me metí corriendo en el interior. Los pasillos estaban oscuros. Comencé a subir las escaleras que llevaban al ala norte. Cada vez hacía más frío. Y, a medida que iba avanzando, apenas podía ver pues reinaba una oscuridad intensa. Estaba congelada de frío y el silencio que había en todo el castillo era casi sepulcral. De pronto, sentí que algo o alguien me agarraba fuertemente del cuerpo. Una fuerza me rodeaba por completo y apenas podía moverme. No sé que pasó que al final caí al suelo y antes de perder, totalmente, el conocimiento dije susurrando: "Barón".
*****
Cuando logré recuperarme me di cuenta de que seguía en los pasillos del ala norte. Me levanté y eché a correr hacia mi habitación en la planta baja. En el vestíbulo me topé con Héctor y con Cristina. Me preguntaron dónde me había metido y les dije que había estado investigando el castillo.
- ¿Y qué has descubierto? - preguntó Héctor.
- Es un castillo superaburrido y me parece que los fantasmas se han jubilado - mentí.
- Pues algún misterio tiene que haber - dijo Héctor.
- Bueno si me disculpais, voy a mi cuarto y nos vemos en la cena.
- De acuerdo, pero no te vuelvas a quedar dormida como esta mañana - añadió Cristina.Al entrar en mi habitación, vi un papelito encima de mi cama. Me estremecí al leer su contenido.
"Hola querida,
Lo primero de todo no te asustes. Esta noche te voy a hacer una visita a tu habitación. No lo comentes con nadie.
Atentamente, La Baronesa"¡Pero si lleva doscientos años muerta! Pensé que se trataba de una broma de Héctor. De esa manera me tranquilicé y me fui a cenar tranquilamente.
En la cena, estuvimos hablando de lo que habían hecho durante la hora del almuerzo. Habían estado en Edimburgo, viendo los ambientes más importantes. Guillermo se había quedado impresionado al ver la famosa Princes Street. Se rieron al recordar el acento de los escoceses, con la fuerte pronunciación de las erres y una declamación algo cantarina. Me enteré de que tuvieron dificultades para entender a los nativos, porque además utilizaban palabras y expresiones distintas del inglés británico. Anna también reía y se divertía con ellos. Mi mente, sin embargo, se evadía y pensaba en lo ocurrido esta tarde en el ala norte. Comencé a tener miedo, miedo de verdad.*****
Nos acostamos a las diez y media. Apagué la velita e intenté dormir, pero lo único que hice fue dar vueltas en la cama durante dos horas aproximadamente. Conseguí dormirme, aunque no por mucho tiempo pues me desperté sobresaltada. De nuevo hacía frío y tenía el presentimiento de que algo iba a pasar. De pronto, una neblina apareció ante mí. Estaba tan asustada que apenas podía moverme. La niebla iba tomando forma, la forma de una mujer, de una bella mujer que al finalizar su tarea de reconstrucción, me saludó.- Soy la baronesa Sarah MacLane, encantada de conocerte - sonrió la mujer.
- ¿Qué desea?
- No te asustes. Vengo a pedirte un favor - me contestó con una mirada suplicante.
- ¿Era usted la que lloraba? - pregunté valientemente.
- Sí, porque tengo una pena que me desgarra el alma - de sus ojos comenzaron a caer lágrimas.
Poco a poco el susto se me fue yendo y sentí lástima por aquella mujer quien se sentó a mi lado.- ¿Qué es lo que le pasa?
- Mi esposo y yo llevamos doscientos años deambulando por el castillo sin tener descanso alguno. Ya es hora de que descansemos en nuestro mundo y olvidarnos de este otro. Necesitamos la libertad, estamos encarcelados. Tú podrías liberarnos y así nosotros dos juntos seríamos felices para siempre.
- ¿Y cómo puedo liberarles?
Me sentía cada vez más tranquila. La dulce voz de la baronesa me calmaba.- Rezando por nuestras almas. En la biblioteca del ala norte hay un libro con una encuadernación dorada, sin título. Todas las páginas están en blanco, menos una. Lo que tienes que hacer es leerla esa página, que se trata de una oración y entonces seremos libres.
De pronto se me ocurrió una idea y la baronesa se dio cuenta de ello.- Sé lo que estás pensando - dijo levantándose - Y no eres la primera en tener esa idea.
- ¿Cómo es posible que…?
- Estás dispuesta hacerlo, pero con una condición ¿verdad?
- Sí - contesté extrañada
- ¿Y es?
- Pasar una noche con el barón.
- De acuerdo - dijo ella.
La sonrisa desapareció de su semblante y su figura desapareció bruscamente. Quizás la había enfadado. Intenté no preocuparme más por ello, al menos, por esa noche.*****
Al día siguiente, la aparición de la baronesa se había diluído completamente de mi cabeza. Por la mañana salimos a dar una vuelta por la ciudad para hacer algunas compras. Estuve tan entretenida que había olvidado por completo el asunto MacLane. Tomamos unos aperitivos en un pub y compramos una botella de auténtico whisky escocés. Por la tarde, fuimos a ver una galería de pintura. Y fue allí, donde volví a recordar a la baronesa al ver una extraordinaria pintura de finales del sigo XVIII. Se trataba del busto de Sarah MacLane. Me di cuenta al admirarla fijamente de que era la misma mujer que me había visitado la noche anterior. Llamé la atención de Héctor quién se quedó hechizado ante el cuadro.
- ¿No es maravillosa? - dijo Héctor.
- Sí, bueno… - balbuceé.
De pronto, oí a alguien que me llamaba, me giré hacia Héctor.- Perdona, ¿me has dicho algo?
- No, yo no he dicho nada.
Me dí la vuelta y no había nadie.- Vamos, los demás han debido irse a otra sala - dije a Héctor.
*****Llegamos cansados a MacLane. Guardé todas mis compras en el armario de mi habitación y me dirigí al salón para reunirme con los demás.
- Es una pena que se acabé tan pronto nuestro viaje - dijo Guillermo.A los dos días, debíamos abandonar el Castillo.
- No te preocupes. Volveremos. - contestó Giovanna.
- Edimburgo es preciosa. Me gustaría visitar más castillos y museos - añadió Cristina.
- Debe haber unas montañas y bosques asombrosos - dijo Héctor - Aunque os confesaré que estoy algo decepcionado.Todos miramos a Héctor.
- Sí. Creí que al hospedarnos en un castillo nos econtraríamos con algún fantasma.
- Pero Héctor, tienes que tener en cuenta que no todos los castillos tienen porque estar encantados - dijo Giovanna.
- Para mí que Anna nos ha engañado - dijo Guillermo
- Es cierto, un suicidio y un asesinato en un castillo es más que suficiente para que hagan la ronda por aquí - dijo Cristina.Transcurrió toda la velada con la misma conversación. A las once en punto, nos despedimos y nos fuimos todos a descansar. Al llegar a mi habitación, encontré otra sorpresa encima de la cama. Había un camisón azul transparente. Supuse que sería una especie de invitación así que me lo puse y me acosté. Recordé lo que le pedí a la baronesa y me entró miedo. No se había ido contenta.
A las doce en punto, oí que alguien abría la puerta de mi habitación. Me incorporé y pude ver que la puerta giraba. Había una sombra en el umbral. Rapidamente encendí la vela y pude ver a un hombre elegantemente vestido. Entró y cerró la puerta. A medida que se iba acercando (lentamente) podía distinguir sus facciones. Era increíblemente atractivo y fascinante, sin duda, era el barón.- Sarah me ha comunicado que querías pasar la noche conmigo. Aquí estoy. - dijo el barón guiñándome un ojo.
- No soy la primera, ¿verdad? - mi corazón latía fuertemente.
- No, no eres la primera. Digamos que estarías en el puesto nº 100 - sonrió el barón.
- ¿Qué pasó con ellas? - pregunté tragando saliva.
- Sarah les pidió lo mismo que a ti. Ellas aceptaron, pero no sin antes conocerme, como mínimo. Lo malo fue que, fueron demasiado ambiciosas y no se conformaron con una noche y traicionaron a la baronesa. Al día siguiente, el horror y la desgracia las esperaba. La mayoría de ellas, murieron a los pocos días - sus ojos azules intensos me miraban fijamente.
- Y eso que usted me está diciendo ahora, ¿no se lo dijo a ellas? Por que si desconocían el precio de la traición…
- Claro que lo sabían, lo que sucede es que creyeron ser más inteligentes y poderosas que Sarah. Pero no temas - dijo al ver mi cara de preocupación - si cumples con lo prometido, nada de eso ocurrirá. Recuerda, mañana a las 12 en punto debes ir a la biblioteca y coger el libro dorado. Recuerda.
Se sentó a mi lado y comencé a sentirme tranquila. Puso su mano sobre mi mejilla, y para mi sorpresa estaba caliente. El propio barón parecía vivo, y no helado, tal como me lo esperaba al estar él doscientos años muerto. Empezó a acariciarme y a besarme, me sentía tan maravillosamente bien, que por mi mente empezó a recorrer la idea de cómo traicionar a la enamorada baronesa. Mi cuerpo vibraba cada vez que me tocaba y cada vez mi odio hacia Sarah MacLane era mayor. Comencé a respirar agitadamente. Suavemente, fue quitándome el camisón y poco a poco, fui perdiendo el conocimiento y caí prácticamente inerte sobre la cama.*****
Al día siguiente, cuando desperté, nunca me había encontrado mejor. Recordaba la noche anterior con el barón y me sonreí. Me incorporé, no había rastro de Patrick MacLane. Mis amigos y yo pasamos el día en Edimburgo, haciendo ya las últimas visitas. Volvimos de noche y cenamos algo rápido para irnos pronto a dormir, pues al día siguiente había que madrugar.Cuando estuve ya en mi habitación, miré mi reloj, eran las doce menos cuarto. ¿Qué hacer? Debía ir a la biblioteca. Entonces, cogí la vela, y me fui hacia el ala norte. Entré en la biblioteca y busqué el libro dorado. Entonces una ráfaga de aire frío me rodeó y aparecieron ante mí el barón y la baronesa.
- Creí, que no ibas a venir - dijo ella.
- A pesar de que el barón sea una auténtica tentación, he decidido comportarme como un ser humano, no un animal. Y quiero hacer justicia por ustedes. Aunque he estado a punto de traicionarla, quizás el miedo y la compasión me han hecho recapacitar.Sonrieron. Abrí el libro, me senté y empecé a leer la oración. Al terminar, se miraron y desaparecieron, de nuevo provocando una fuerte corriente que ya no se volvería a sentir en el castillo MacLane. Ya no tenía miedo. Todo había salido bien. Así que cogí mi vela y me fui a dormir.
*****Me levanté temprano para recoger mis cosas. Desayunamos en el comedor y nos despedimos de Anna.
- Ya verá, como a partir de ahora las cosas irán mejor - la animé.Salimos del castillo y fuimos hasta la ciudad. Teníamos que coger un autobus que nos llevara hasta la estación de tren. Pero, de pronto, al cruzar la carretera, no ví el coche que se acercaba y enonces supuse que era mi fin. Sin embargo, alguien me empujó y me tiró a un lado. Mis amigos se acercaron a mí. El coche frenó, y de él se bajo un señor asustado y se dirigió a la persona que me había empujado.
- Oh, lo siento mucho - dijo el señor.Me levanté del suelo y vi al hombre que me había empujado dirigirse a mí.
- ¿Estás bien? - dijo con esa sonrisa inconfundible, Patrick MacLane.Pedí a que nos dejaran solos.
- Me has salvado la vida, barón - dije.
- Tu también has salvado la nuestra. Y no me llames barón, los títulos no importan. Gracias de parte mía y de Sarah.Entonces desapareció. Me estremecí al pensar que de no haber liberado a los MacLane, ese coche me iba a atropellar de verdad y hubiera muerto al instante. Me sonreí y me sentía bien de haber tomado la decisión adecuada. Nunca olvidaré aquellos especiales días que viví en el castillo MacLane.
FIN¿que os decía del final? Casi a lo Frank Capra, por lo del final feliz y eso...
20.08.2007 02:42
excepcional opinion, me ha enganchado, un saaludo y te añado a mis alertas, un saludo
07.10.2005 02:29
! Cuanto tiempo sin leerte ! No te valoro la opinion,en cuanto tenga un excepcional,te lo doy.Un saludo.Buenas noches.
30.09.2005 02:25
Bonito relato,creo que te mereces mi excepcional y alguno mas ,pero el personal anda muy agarrado.Que se va a hacer.Un saludo.