EL RATONCILLO PRESUMIDO.

4  03.08.2004 (06.08.2004)

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ZAKISBACK

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 16 miembros de Ciao

Este breve cuento es una variante exclusiva para Ciao –de nada- del famoso relato que todas nuestras abuelitas nos han contado a través de los años de nuestras infancias infantiles. Como dicen en las películas o en algunos libros, todo parecido con la realidad es mera coincidencia.


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Erase que se era , en un país muy lejano, un ratoncito cuya principal virtud era la de escribir. Lo hacía rematadamente mal. Pero, como a los pocos meses de vida, su psiquiatra le diagnosticó una “egoítis” –inflamación desmesurada del ego- él, tan tozudo y pagado de sí mismo como el que más, seguía dándole al teclado del ordenador. Era un ratoncillo muy listo, no lo olvidemos. Al menos, eso era lo que él creía, escribiendo sobre cosas de las que no había oído hablar en su vida. Lo curioso del caso es que muchos ratoncillos leían sus simplezas de manera preocupantemente abundante. Así que, debido a su éxito, el ratoncillo presumido seguía y seguía escribiendo mamarrachadas sin parar. El, flotaba en su nube de Super-Ratón de las letras, cuando un buen día se le apareció el ratoncillo humilde, un verdadero sabio entre los ratones. Aunque este viejo roedor conocía los secretos más profundos del arte de la escritura, sólo unos pocos ratones valoraban sus virtudes. Pues bien, amiguitos. El ratoncillo humilde, con toda su buena intención, leyó alguno de los escritos del ratón presumido ya que su fama se había extendido a lo largo y ancho del país y la curiosidad comenzó a picarle. El ratoncillo humilde se caló sus gafas y, mientras leía atentamente los escritos que tenía entre sus patitas, no dejaba de musitar palabrotas referidas todas ellas a la nula calidad de lo que había escrito aquel engreído roedor. Ni corto ni perezoso, aunque siempre tranquilo y ecuánime, escribió una nota al ratón presumido, haciéndole saber que sería mejor, para el bien de la literatura, que se tomase más tiempo y reflexionase profundamente antes de agarrar el teclado por banda y aporrearlo sin piedad. Envió el mensaje, pero nunca recibió respuesta. El ratón presumido continuó, impertérrito, escribiendo las mismas necedades y simplezas que siempre había escrito. Y colorín colorado este cuento, por desgracia, no creo que se acabe.


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Comentarios sobre esta opinión
istlyr

istlyr

23.09.2004 09:43

Triste realidad... sobre todo por estos lares. Un abrazo.

Cyradis

Cyradis

10.09.2004 10:25

¡qué bueno! (perdona, siento que mi comentario deberia ser más extenso pero a estas horas aún no me funciona bien el cerebro :P)

alfalles

alfalles

06.08.2004 15:31

¿hablas de Sanchez-Drago?, saludos

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