Me encanta la novela negra, da igual su origen, ya sea americana, nórdica o española. Pero es necesario y conveniente cambiar de vez en cuando de registro, especialmente introduciendo un humor que rebaje el tono amargo y desesperanzado de la novela negra.
Desde ese punto de vista, Cuestión de olfato es una muy buena opción, especialmente si buscais literatura evasiva e intrascendente, pero que os haga pasar un rato divertido.
Cuestión de olfato supone también darle la vuelta y poner patas arriba todos los estereotipos de los detectives de la novela negra. Es como estas series policíacas de humor que se ríen del y con el protagonista, en que la violencia parece casi de dibujos animados.
Ante todo
Cuestión de olfato es una novela muy original, pues
el narrador es Chet, el perro del detective.
Como antes hablaba de series televisivas, no vayais a pensar que esta es una versión escrita de "Rex, el perro policía", entre otras cosas porque aunque Chet fue entrenado en la escuela de perros policías, la inoportuna aparición da un gato en la prueba final, arruinó su aún no iniciada carrera de perra policía.
El autor de libro es Spencer Quinn, que vixe en Cape Lode con su perro Audrey. No podría ser de otra forma, porque el autor de este libio ha de ser un amante de los perros y un gran conocedor de los mismos. Un lego en materia perruna como yo, por más que quisiera intentarlo, no podría escribir ni dos líneas de un libro como este, pues de comportamiento y psicología perruna se tanto como del emparejamiento sexual de los escarabajos peloteros, o sea, nada.
Inmersos en nuestra actividad cotidiana, damos por normales actitudes y expresiones que cuando menos resultarían chocantes para un observador externo, ya sea un habitante de otra comunidad autónoma (que chocante me resulta por ejemplo el uso de artículos delante del nombre propio en Cataluña) y no digamos nada si se trata de otro país (esos guiris que a las cinco de la tarde no sabes si están comiendo, merendando o cenando).
Este contraste llevado al extremo sería el observar nuestros gestos y nuestras palabras desde el punto de vista de un perro.
Para empezar, no entiende algunas de las expresiones humanas relacionadas con animales, como "marear la perdiz" o "dar gato por liebre". Podría agregar alguna más que no figura en la novela y que seguro provocarían un gran desconcierto perruno como "aquí hay gato encerrado" (se volvería loco buscando un gato inexistente) o aquella otra por seguir con esos gatos que tanto le alteran de "buscar los tres pies al gato.
Lo que más le sorprende son algunos gestos humanos:
Madison se mordió el labio. Es algo que hacía a veces.
¿Qué significa? Es difícil saberlo con exactitud. (Página 271)
Subió los hombros y los volvió a bajar: un gesto que se llama encogerse de hombros. A veces significa que más da, aunque era complicado saber si era eso en aquel momento. (Página 23)
Bernie asintió con la cabeza, con ese tipo de gesto que no tiene que ver con asentir. (Página 70)
Hizo un gesto de que entráramos como abanicándose los dedos.
Era uno de mis gestos humanos favoritos, ese vaivén de.los dedos: casi me daban ganas de tener dedos. (Página 208)
Ingeniosas también sus observaciones de la vida doméstica humana:
La casa está patas arriba. Patas arriba.
No estaba muy seguro de lo que eso significaba, pero sabía que representaba pasar el aspirador,
y yo no podía estar dentro cuando se pasaba el aspirador. (Página 162)
A pesar de ser una visión perruna, no puede evitar el autor dotar a su perro de algunos razonamientos demasiado humanos:
Una hormiga apareció detrás de los fogones, una de esas gordas y jugosas, e intentó comer a mi alrededor, ¿en qué estaría pensando? Apenas tuve que sacar la lengua. Bernie subrayaba siempre la importancia de las proteínas en la dieta. (Página 30)
El perro no es superman, no tiene poderes ilimitados, y su memoria como la de todos los perros tiene sus limitaciones, algo de lo que Chet es muy consciente:
La identificación de los coches era uno de mis puntos débiles. Todos olían igual. (Página 38)
Y como buen perro que es, no puede resistir aburrirse de cuando en cuando con los humanos, por lo que ciertas conversaciones se quedan a medias. Que le vamos a hacer, una buena siesta es vital e imprescindible para todo perro que se precie. Total, ya se enterará él más adelante de lo que pasaba.
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ARGUMENTO
Bernie es un detective que sobrevive junto a su perro Chet mientras atraviesa un mal momento tanto sentimental, separado de su mujer y con un hijo pequeño al que no para de fallar, porque siempre surge algún problema de trabajo cuando le corresponde estar con él. Y en lo económico las cosas no funcionan mucho mejor, hasta arriba de deudas y sin apenas trabajo.
Por eso le viene como llovido del cielo el caso de la desaparición de una adolescente. Un caso extraño, pues parece más una huida que una desaparición. Pero según va avanzando el caso, comienzan a aparecer puntos extraños que le llevan a Bernie a pensar que la niña ha sido secuestrada, aunque el padre parezca empeñado en decir que se ha ido a Las Vegas con una rabieta.
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IMPRESIÓN PERSONAL
No he tenido nunca un perro, ni en mi casa, ni en casa de mis padres. Por eso para mi son unos seres totalmente desconocidos, que si son muy grandes me infunden un cierto respeto. La falta de contacto con ellos, hace que no entienda nada en cuanto a sus gestos se refiere. Si menea la cola no se si es que está contento, o aburrido espantando moscas. Y si enseña los dientes no se si es que quiere que vea el buen estado de su dentadura o me está amenazando.
Desde ese punto de vista de desconocimiento, el libro me ha resultao instructivo a la par que entretenido, aunque es muy probable que lo disfrute mucho más aquel que si tenga perro en su casa.
Cuestión de olfato es
un libro original a la vez que muy divertido, como si todo el fuese un chiste de las novelas de detectives que tanto me gustan. Respetando las reglas del género, al tiempo que se las salta todas al ponernos este simpático perro como narrador.
Una lectura desengrasante ideal para periodos en que nuestra mente se encuentre un tanto espesa, o después de un libro de dos kilos de páginas que han requerido nuestra total dedicación y atención.
Tan ligero en el contenido, que se puede leer sin ningún esfuerzo en cualquier circunstancia, por lo que es ideal para leer en medios de transporte.
Ideal para olvidarte de las penas cotidianas mientras lo lees e intentas ver la vida con los ojos de este perro, siempre sorprendido de la naturaleza humana y de los gestos con que nos expresamos.
Pero a la vez que es divertido, es prescindible. No pasa nada si no lees este libro, que nunca pasará a la historia de la literatura. En todo caso, perderás un buen rato de distracción.
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Lectura facilitada por Obra Social Caja Madrid.
Lectura recomendada por Aurea, mi bibliotecaria favorita de Ciao
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DATOS TÉCNICOS
Editorial: Viceversa
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 320
PVP: 17,50
Al contrario que tú, he vivido mis 27 años con perros, así que algo los conozco. Creo que me gustaría este libro, me ha recordado a la serie de Rex hasta que he llegado a ese párrafo, pues veo que no van por ahí los tiros.