Bienvenidos a esta opinión, yonquis de la literatura. Esta vez analizaremos un libro francamente curioso a todos los niveles que encontré hace ya tiempo: Curdy y la cámara de los lores, del conocidillo autor Artur Balder. Es un libro que uno no puede definir rápidamente como "bueno" o "malo" -de ahí lo de la cámara de los horrores, porque es un horror a la hora de criticar el que haya tanto que criticar-, de modo que es necesario un análisis. Como siempre, temed a los spoilers.
En primer lugar, me gustaría hablar un poco del autor. No he leído más libros de Balder que los de esta saga, así que no puedo hablar alegremente de su estilo; pero sí puedo decir que este hombre es un auténtico genio a la hora de combinar originalidad y homenaje. No, no le estoy acusando de plagio ni nada por el estilo, ni mucho menos -aunque podría hacerlo y me sobrarían argumentos-, sino que estoy alabando su capacidad para recoger lo mejor de otras obras de ficción actuales y retorcerlo con su particular visión. Curdy y la cámara de los lores (llamémosle C1, pues es el primero se la saga) es el libro más original de todos los de esta colección, pues no incurre tanto en homenajes como el resto. Sin embargo, se debe hacer notar que Artur, a pesar de su buen hacer, sigue ciegamente los dictados de su inspiración y a causa de ello sus libros pueden tener un desorden narrativo del copón. A veces, se empeña tanto en crear eventos interesantes que se olvida de todo lo demás, con lo que nos encontramos con raras escenas y hasta personajes enteros que logran matarnos de curiosidad para luego no volver a aparecer jamás. Ahora veamos el libro en sí.
El libro va de un aprendiz de alquimista inglés llamado Idruk que es llamado por su maestro para irse a lo Expediente X a investigar un asesinato de un monje en una abadía. Dicho asesinato tiene una escena del crimen rarísima y absolutamente errática, en la que al final no sabes si lo ha matado una comparsa de demonios, un luchador profesional japonés o la madame de un prostíbulo gay. Luego nos meten en el tema de una Gran Inquisición mágica que se está cargando a los alquimistas, y cómo la Orden del Temple, en un alarde de anacronismo, está yendo a por ellos. Luego nos cuentan cómo la madre de Idruk desaparece y cómo tiene que llevar a cabo un viaje iniciático alquímico hasta llegar a ella, descubriendo que su nombre no es Idruk, sino Curdy -muchos nos preguntábamos por el nombre del libro- y que es descendiente de un alquimista de Carlomagno. Después de múltiples avatares de bestiario medieval, en los que el chaval desubre misteriosas armas y poderes para enfrentarse a las fuerzas malvadas, Curdy descubre además que su maestro es líder de la resistencia mundial mágica, y ocurren otras cosas diversas. En resumen, un popurrí de historias que atrapan la atención del lector, y que te dejan sediento de secuelas, todo ello a pesar de su desorden, tal y como dije antes.
Observemos otros aspectos críticos. El protagonista es una especie de héroe de profecía estilo Harry Potter, aunque con algunas diferencias fundamentales: a éste todavía le queda la madre viva -mejor no hablemos- y, lo que es más interesante, es un héroe que de verdad tiene los recursos para derrotar al malote de turno, que esta vez es un tipo nunca mostrado llamado Aurnor el Grande.
Durante el transcurso de sus aventuras, Curdy consigue el poder de invocar un espíritu ígneo superpoderoso en forma de Fénix con el que jugar a los deus ex machina -afortunadamente no llegan a serlo, es sólo que Curdy se olvida constantemente de ese poder- y otros adminículos, como una llave universal, un par de varitas raras y dos elfos domésticos llamados Kroter y Kreichel que son clones directos de Dobby y Kreacher. Al principio del libro, Curdy es mordido por un murciélago y comienza a ser seducido por el lado oscuro de la fuerza, pero todo se explica porque al final resulta que el tipo que hizo que le mordiese es el Darth Vader de turno y trabaja para los malvados, y estaba intentando de ese modo convertir al héroe de la profecía en el villano de la profecía, que resulta que son el mismo. Todo esto nos lleva a pensar que el libro es una metáfora del viaje espiritual interno del ser humano, reflejado en el camino iniciático de la alquimia. Lo del veneno vampírico y los poderes que le concede representa al mal que está dentro de nosotros, y el poder del fénix al bien; lo de las varitas representan nuestro ser mismo, ya que el tío encuentra una varita de hueso satánico y se las apaña con ella, pero luego encuentra una de oro aún más chula y se olvida de la anterior hasta que le quitan la de oro y debe acordarse de la que en realidad es suya, en una alusión a que nunca debemos olvidar quiénes somos. Al final, los de la resistencia mágica confían tan poco en él y sus enormes poderes que una pequeña conjura de las mañas basta para que le quiten sus armas y le echen. Algo así como John Connor en Terminator Salvation o Jake Sully en Avatar. Y me gusta, sí. Es un aspecto fundamental en el camino del héroe, el no ser comprendido por los que se creen los buenos de la película. Y es que en este libro los malos están claramente definidos como tales, en este caso Aurnor y sus inquisidores con capa y máscara, pero los buenos no: Curdy es un chaval que actúa principalmente por motivos egoístas, y los de la resistencia son unos politicuchos que creen que lo saben todo. Al final, Curdy acaba superando sus rencillas con ellos y marcha a ayudarles en la batalla final con la ayuda de los dragones del lugar y de sus propios poderes, cargándose a los inquisidores y siendo teletransportado al cubil de los malos, donde nos enfrentamos a una conclusión aparentemente oscura (al final parece que Curdy cae en el lado oscuro por accidente, se sugiere que Grendel es realmente Aurnor, su madre está muerta y para colmo el chaval salta a un estanque de liquidejo extraño de rituales de sangre). Y aun así, los de la resistencia se siguen quejando... Madre de dios. Creo que Curdy es el único personaje más o menos simpático de esta novela.En fin, después de estos misterios misteriosos, demos un vistazo a los personajes.
- Idruk / Curdy: el protagonista, y por tanto personaje central del camino iniciático. Es un personaje en constante evolución a lo largo de la saga, tanto que al final no parece el mismo.
- Pero esa es otra historia.
- Luitpirc: primero un simple alquimista cuentacuentos chiflado y luego el líder de la resistencia. Un tipejo con complejo de Dumbledore que pasa la saga cada vez más amargado: primero es un tipo jovial, y luego es un patán pusilánime que se queja por todo y se automcompadece de los fallos que no para de cometer en su tarea.
- Ylke: amiga de Curdy. Una chica aparentemente fiable, que primero cumple la cumple la función de Hermione Granger y luego la de Winry Rockbell. Su protagonismo aumenta en otros libros.
- Hathel: otro amigo de Curdy. Un tipo gordinflas que adora a su padre, aunque no lo parezca. Qué mala suerte.
- Whylom / Malkmus de Mordrecq: padre de Hathel y Darth Vader a sueldo. Una especie de inquisidor oscuro con gusto por la magia de la sangre y las artes del vampirismo, que tiene una inverosímil doble vida (¿de dónde sacará el tiempo para ser esos dos a la vez? En el próximo libro lo sabremos).
- Lord Leubrandt (o más bien Mufasa): una especie de perolo de león de fuego que sólo se aparece en chimeneas para dar consejos a sus lacayos, los buenos de la película. No hace nada especialmente útil.
- Grendel: el personaje más extraño de esta novela. Un monstruo deforme que vive en una dimensión extraña y que parece tener ciertas trazas de omnipotencia. Un tío misterioso, que para colmo no vuelve a aparecer en toda la saga. Lo único que se nos dice de su auténtica naturaleza, aparte de unas leyendas antiguas de Beowulf, es una especulación de Curdy de si Grendel tiene algo que ver con Aurnor o, peor aún, él es Aurnor. A final el tío se queda con la Corona de Hierro y no vuelve a salir más.
Y eso es todo. El libro está tan centrado en Curdy que los otros personajes no hacen gran cosa. Definitivamente es un libro para una colección: sus lagunas son tan inmensas que el lector corre el riesgo de morir de curiosidad sobre los auténticos pormenores de esta historia. Gracias a ello, el enganche por la saga está asegurado, pero se debe advertir de que en los siguientes libros revelan muy poco sobre los aspectos misteriosos de este. No se debe tampoco dar por hecho, ya que al fin y al cabo puede que en algún otro libro de la colección (a fechas alturas, el último que ha salido a la venta es Curdy y el vampiro de Gothland) nos revelen un poco más de eestos entresijos. Sin duda, una colección muy interesante, y una gran alternativa a Harry Potter.