Sobre mí:JOSÉ Y PILAR___HOP___83ª CEREMONIA DE LOS ÓSCAR___RABBIT HOLE___CRANFORD___CISNE NEGRO___¡QUÉ TIEMPO...
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Tras ver “Taking Woodstock”, que bien podrían haber traducido como “La toma de Woodstock”, que es el sentido de invasión que ofrece el original, o más bien MIENTRAS veía la película, tuve tiempo para plantearme qué nos hace esperar siempre de Ang Lee algo especial. Su relativamente breve trayectoria como director, con 12 películas, de las cuales bastantes son normalitas, no tendría porqué haberle conferido el status del que goza.. o sufre, porque no creo que sea del todo bueno que la gente espere tanto de uno.
Imagino que esperamos de él que nos sumerja en el encanto de una película sorprendente como “Tigre y dragón”, pues quien lo ha hecho una vez, probablemente pueda repetirlo. Se dio a conocer con “El banquete de bodas”, magnífica comedia, y muchos ven en “Brokeback Mountain” un peliculón.
Gracias a “Taking Woodstock” he creído entender cuál es mi problema con Ang Lee. Tiene pinceladas de genio que no terminan de cuajar. Te puede maravillar en un plano para acto seguido sumergirte de nuevo en el tedio. Puede mostrarte unas miradas fabulosas, como las de la peli de los vaqueros enamorados, para luego cagarla con una escena patética en la que Anne Hathaway se las ve y se las desea para dar credibilidad a su personaje. Y ahí te quedas, con la sensación de que podrían haberte contado algo especial pero no han cruzado el límite.
La trama
Se trata de una versión libre de cómo se fraguó el concierto de Woodstock. Parece un poco de encargo por coincidir con el aniversario de aquello, pero si dejamos de buscar la veracidad, como harán los puristas, y nos sentimos bien pagados con la verodimilitud, disfrutaremos de la historia.
Pienso que lo que han buscado no es que entendamos cómo pudo pasar, sino qué supuso, ni más ni menos que una de las mejores muestras de lo que fue el movimiento hippie.
La película dura dos horas y la primera se desperdicia en narrarnos, en tono de comedia, cómo el joven hijo de los dueños de un hotel supercutre facilitó que se montara la que se montó. Veremos cómo todo el pueblo vivía en un aburrimiento sin igual, sin aspiraciones, y cómo el chaval se sacó un conejo de la chistera. Buscaban formas de atraer a la gente a su pueblo y entre ellas estaba la celebración de un concierto, pero un concierto sencillo de música clásica. El equivalente a una cámara de comercio del pueblo aprobó por escrito que se organizara el concierto, y cuando otras poblaciones rehusaron celebrar el megaconcierto, el chico utilizó su permiso escrito para ofrecer un campo de un vecino para organizar algo que se les fue de las manos en el minuto uno.
Eso se nos narra en la primera aburridísima hora, pero la peli realmente despierta cuando empiezan a llegar los espectadores. A partir de entonces veremos cómo todo era imparable, cómo sin saberlo estaban haciendo entre todos algo irrepetible.
El guión, ese problema
Lo que falla en esta película es, a mi modo de ver, que intenta combinar dos estilos, el de la comedia que tan bien se les da a los ingleses e irlandeses (en la que una familia algo grotesca se ve arrastrada por un suceso que marca sus vidas), entre las que se puede destacar “Café irlandés” o “Billy Elliot”, y el de historia coral entorno a un hecho real.
La parte cómica se tambalea desde el principio, la coral brilla, aunque no tanto como podría haberlo hecho si toda la película se hubiera estructurado para favorecerla. Pienso que podría haber sido una película excepcional si hubieran optadopor la fórmula de la maravillosa “Bobby”, en la que se nos van mostrando escenas de la vida de muchos secundarios para mostrar la trascendencia del momento que les va a tocar vivir.
Hay momentos icónicos, más que históricos, que si llegan a serlo es por la confluencia de miles y miles de personas, cada uno con una historia propia que se ve influida por aquello que va a suceder. Es el cúmulo de anécdotas el que nos permite entender qué significó aquello.
“Taking Woodstock” intenta en su segunda mitad ser eso, una película coral, pero el exceso de protagonismo de la familia central y lo poco atractivo del personaje principal, unido a un guión que no acaba de convencer, nos dejan un regusto algo decepcionante. Hay personajes
Fotos de Destino: Woodstock. Taking Woodstock, Ang Lee
Destino: Woodstock, Ang Lee
y subtramas que te dejan con muchas ganas de más, en especial el del travestido o el de el ligue del prota.
El reparto
Como eje tenemos al joven Elliot, Demetri Martin, casi principiante, que nos aburre a lo largo de una hora en la que Lee se empeña en mostrarnos escenas prescindibles, como la de su regreso a Nueva York. Le viene grande un papel que tantos actores de su generación podrían haber bordado, aunque en su descargo siempre podemos decir que el guión es bastante pobre en esa parte de la peli.
Sus padres están interpretados por Imelda Staunton y Henry Goodman. A mi modo de ver, ella hace un papelón, pero las directrices que le han marcado la hacen odiosa. Es asombroso cómo logra, a pesar de ser británica, un impecable acento de rusa judía emigrada a EEUU. Su forma de caminar o de mirar son inimitables, y ha creado un personaje que lamentablemente despierta nuestro odio. Es castrante, cruel, y sólo su última escena nos hace entender qué esconde, pero ya es tarde para los espectadores. No entiendo bién porqué un personaje que a lo largo de toda la película ha tenido una función cómica de pronto tiene un trasfondo interesantísimo por un secreto que oculta. Ese secreto me parece interesantísimo, rompe con todo lo anterior y supone una bofetada de realidad, pero el problema es que por buena que sea la sorpresa... es demasiado sorpresiva. Se entiende lo que sucede, es coherente aunque sorprenda, pero rompe demasiado con la línea de paz y amor alcanzada. Sales odiándola, aunque con un pelín de compasión.
En cuanto al padre... pues le mantienen como a la madre, como un personaje grotesco que sólo al final muestra su personalidad real. Se entiendo su castración como persona, pero los guionistas podrían haberle dotado antes de humanidad, aunque fuera dando pequeños atisbos de ella, para hacerlo más creíble.
Pero dejemos de lado a los personajes centrales y vayamos a los secundarios, que son los que insuflan vida a la peli. En primer lugar tenemos a Emile Hirsch interpretando a un joven y algo desquiciado veterano de guerra. Veo en su personaje el encanto extraño que tenía Leonardo Dicaprio en sus primeros papeles, pero su papel es meramente funcional. Veremos cómo Woodstock supuso para ese tipo de gente, los que de verdad habían visto horrores en el frente, una escapatoria, una especie de recuperación del disfrute de los años perdidos. Me parece un acierto que sea él quien protagonice las liberadoras imágenes en el barro, esas que tantísimas veces hemos visto en imágenes de archivo.
Si la película despega cuando empiezan a aparecer los espectadores, lo que consiguió que por fin me metiera en ella fue el papelón de Liev Schreiber ¡Qué grande, qué grande, qué grande! Interpreta a un ex-marine travestido y, con unas pocas frases que tampoco son nada del otro mundo, él consigue componer un personaje maravilloso, dotado de una dignidad inmensa que no procede de las palabras, sino de la actitud. Sólo por ver cómo crea a su Vilma merece la pena ver esta película en versión original. La voz de Schrieber es profunda, su porte superviril, y lo mejor es que en ningún momento intenta justificarse. Es como es, libertario más que libre, un ser que no se puede “entender”, sólo aceptar desde la libertad.
Sus brazos de machote, su apostura, su voz... nos hablan de alguien tan libre que ni siquiera tiene que fingir para otros que es una mujer, sólo se trasviste para sentirse bien él. Es alucinante cómo su personaje, sin tener especial trascendencia sobre el papel, roba la película al joven Demetri. Basta su presencia para que sepamos que todo es posible, que un mundo mejor es aquel en el que alguien como Vilma puede ser como es sin explicaciones, sin que se le cuestione.
Es una pena que en el trailer parezca que el personaje de Vilma tiene una función cómica, porque si la tiene no es porque se ridiculice su extraño físico. Precisamente es su difícil físico lo que da potencia al personaje, y todo eso gracias a un Schrieber que ha entendido perfectamente el sentido de su personaje y nos lo transmite desde su mera presencia. Sería una pena que en el doblaje lo dotaran de pluma, porque Vilma es adorable en su virilidad, en su falta de fingimiento.
Paul Dano, que se hizo famoso como predicador insoportable en “Pozos de ambición”, tiene un papel pequeñísimo que te hace preguntarte porqué para una aparición tan breve han elegido a alguien de cierta relevancia (no es un cameo, pues Dano no tiene entidad aún para hacerlos y su persoanje no está planteado como tal). Te lo preguntas hasta que le ves drogado, y entonces reencuentras el genio. Una única imagen te hace quitarte el sombrero, al mostrarte la mirada perdida y alucinada. Ves en esos ojos todo el proceso, y no porque se muestre, sino porque el actor te habla de un antes y un después con su actuación. Ves de dónde procede su drogadicción y a dónde le conduce, por sublime que sea la sensación momentánea para él.
Mamie Gummer puede ser un nombre que no os diga nada, pero es la hija de Meryl Streep, lleva una carrera bastante buena sin necesidad de enchufes y es absolutamente creíble en cada papel que la veo. No es ningún bellezón, pero tiene la capacidad de transformarse en el personaje que le pongan por delante. Es camaleónica físicamente, y lo interesante de su personaje es que en todo momento nos transmite que ella ve más allá que los demás, sabedora de los chanchullos que oculta el negociete o de la utilización de la que cada uno puede ser víctima.
Jonathan Groff, que interpreta al contacto que hace posible el concierto, un antiguo vecino del pueblo que ahora tiene bastante mano en el mundo hippie, para mí ha sido un descubrimiento. Consigue plasmar el atractivo hipnótico que debían de tener algunas personas entonces. A base de miradas penetrantes y un hablar suave que transmite paz, nos hace imaginar cómo eran los que luego lograron ser grandes estrellas en sus inicios, qué había de especial en ellos, algo que forzaban para arrastrar a la gente. En todo momento nos hacen imaginar una doble intención en él, pero nos resulta imposible encontrarla, porque el personaje ha hecho de sí mismo un perfecto actor, que sabe cómo hacer que su voluntad siempre acabe imponiéndose desde la pasividad.
No me voy a molestar en poner en negrita a Jeffrey Dean Morgan, ese actor que tiene el absurdo papel de fantasma en “Anatomía de Grey”. Su presencia me lleva a pensar que en principio tenían algo más de peso los personajes del pueblo, tan cansinos casi todos. Sigo preguntándome qué pinta en la peli, aparte de para que sepamos cómo consiguió el chico el permiso. Claro, que también sigo preguntándome cómo los guionistas de su serie no se dan cuenta de que por más que esté bueno, toda su presencia es una patochada porque su papel no hay por dónde cogerlo, absolutamente ridículo.
Aparte de esa primera hora tan cansina, tenemos a los iluminados que viven en el granero de la familia. Tal vez eran así los iluminados de la época, pero en la película son pesadísimos. Ocupan demasiado tiempo y, lo peor, al salir constantemente en pelotas no te queda más remedio que escuchar las risas de loca de alguna madurita de la sala.
Por qué merece la pena verla en el cine
Sí, he dicho que la primera hora es aburridilla, pero no es de esas que te llevan a dormirte, es sólo que no es muy ágil. Sin embargo, desde que aparecen los espectadores la cosa mejora considerablemente y esta magníficamente filmada, de modo que es imposible distinguir, si no lo sabes, si hay imágenes de la época o es todo actual. Aunque no lo parece, todo está rodado en la actualidad y no hay un solo plano de la época.
Woodstock comienza siendo un goteo de jóvenes para acabar siendo una marea humana, y eso está mostrado de forma fabulosa en la película. Merece la pena ver en pantalla grande esa inmensidad de gente, esas monjas ¡! (si no las hubiéramos visto en imágenes reales nos resultaría increíble su presencia), esa buena gente que vivía en lo que hoy vemos como una burbuja efímera, pero que en su día parecía la posibilidad de comenzar una vida mejor, más natural.
Una decisión muy sabia de quienes han hecho la película ha sido no mostrar el escenario en acción. Lo veremos de lejos mientras lo montan y también cuando se desmonta, pero nada de ver a los intérpretes en él, pues el espectáculo, lo relevante, estaba a ras de suelo. Alguna canción de fondo oímos, pero ni siquiera se mencionan algunos nombres importantes. “¡Qué venga Dylan!”, se lee en una pancarta (era Dios), mencionan a Janis Joplin, escuchamos algo de Joan Baez, pero no se permite que ellos roben el protagonismo a la gente.
He leído a varios entendidos que las escenas que muestran el efecto del ácido son muy certeras. A mí me sorprendió mucho cómo está rodado el único momento en el que ves el conjunto de Woodstock, esa inmensidad atiborrada de gente desde un punto de vista “alterado”. La sala en la que la vi se llenó de exclamaciones, y verdaderamente te transmiten que en ese momento Woodstock era el centro del mundo, como una especie de fenómeno natural, impredecible y magnífico, un volcán. La escena te compensa con creces el tedio de la primera parte.
También es impagable una larga escena en la que el protagonista en moto recorre la carretera mientras vemos detalles de la multitud con la que se cruza.
A lo largo de la película utilizan algunas veces un efecto que desentona bastante, y es el de partir la pantalla para mostrarnos la misma realidad desde distintos planos. No veo la gracia al efecto porque no aporta nada, sólo rompe la conexión del espectador con la historia. Si al menos en las distintas secciones viéramos realidades que se complementan para mostrar el conjunto, tendría un pase, pero es que lo que nos están mostrando ya sobraría aunque fuera en un plano único ¿para qué multiplicarlo?
La droga, el amor libre y el movimiento hippie
No se puede abarcar Woodstock sin abordar el tema de la droga, y creo que hacen bien en mostrar cómo se veía entonces, como algo liberador e inocuo. Viendo la impecable caracterización de todos los actores, hasta los secundarios más lejanos, te trasladas a otra época y a otra forma de vivir la vida. El amor libre, vivir y dejar vivir, no juzgar al de al lado... todo eso está en “Taking Woodstock”. Familias con niños, gente más madura, todos buscaban una forma nueva de vida, un bienestar que procede de la libertad absoluta. Preciosas las imágenes de familias bañándose desnudas en el lago, sin que puedas ver nada sucio en esa desnudez, trasmitiendo una pureza enorme sin necesidad de subrayar nada.
Uno de los problemas más grandes que encontraron para buscar secundarios se deriva de la impostura en la que hoy vivimos. Dicen que fue muy difícil encontrar tantísima gente “natural”, sin tatuajes y con un cuerpo no musculoso. Los peinados son naturales, sin tintes estrambóticos ni cortes de pelo llamativos. Por otra parte, necesitaban bastante gente que tuviera pelo púbico natural, algo que tampoco fue fácil de encontrar. Esto, que puede parecer anecdótico, a mi me lleva a reflexionar sobre lo antinatural de nuestra estética. Los cuerpos que ves en la película son hermosos por ser naturales, porque no ves pose alguna en ellos. Muchas de las cosas que sabemos de entonces nos parecen pueriles o desfasadas, pero ¿acaso son más lógicos nuestra estética y nuestros intereses?
Vale, la droga tuvo consecuencias nefastas, pero si la dejamos a un lado ¿no estamos viendo la posibilidad de una existencia más feliz? ¿Es nuestra forzada madurez actual mejor que aquelloq ue hoy nos parece algo infantil? Hemos ganado en cinismo, somos unos descreídos acostumbrados a pensar lo peor de quien tenemos cerca, a buscar el éxito, a “sacar el mejor partido” de nuestro cuerpo. La multitud que se nos muestra en la película es un reflejo de la inocencia perdida, a mi modo de ver.
¿Recomendable?
Absolutamente, a pesar de su primera hora algo aburridilla. Sólo espero que no os maltraten como a mí con el trailer de la próxima peli de los Coen, que es absolutamente insoportable de ver, muy molesto, y mira que es difícil hacer un trailer que sea perturbador e hiriente, pero lo han conseguido.
Pensar en Woodstock hoy, sin ser estadounidense, puede despertar nostalgia, pero la película consigue que entiendas aquello como un hito no ya musical, sino social. En la peli se dice que fue el centro del universo. Para serlo tendría que haber tenido una trascendencia entonces en todo el mundo, y no fue así. Ellos sí lo sentían como centro del universo, pero sólo pasado el tiempo el resto de la gente tendría idea de la trascendencia del concierto, no tanto musical, sino social. Es entonces cuando empieza a idealizarse aquello y la gente empieza a sentir nostalgia, no tanto de Woodstock como de una era.
Estreno en España: 25 de septiembre de 2009 Trailer en inglés: http://www.youtube.com/watch?v=TlLD_7k68BM Trailer en español: http://www.youtube.com/watch?v=ycILzsd0Ga4
Como siempre te adelantas al estreno... :-) Lo cierto es que no me llama, y eso que he visto documentales y actuaciones memorables grabadas ese día. Tus reflexiones sobre los cuerpos "naturales" son muy certeras... Supongo que a la edad de la inocencia sigue la edad del desengaño, pero algo de magia siempre queda impregnado. Un beso
19.05.2010 16:50
así como el concierto me llama la atención, la película no mucho, más si cojea tanto como dices.
03.10.2009 21:18
Excepcional opi, como siempre.
23.09.2009 22:53
Como siempre te adelantas al estreno... :-) Lo cierto es que no me llama, y eso que he visto documentales y actuaciones memorables grabadas ese día. Tus reflexiones sobre los cuerpos "naturales" son muy certeras... Supongo que a la edad de la inocencia sigue la edad del desengaño, pero algo de magia siempre queda impregnado. Un beso