¡Hola a todos! ¿Qué tal habéis empezado la semana? Me sientan fatal los lunes, así que con paciencia…
Hoy os quería hablar de una de las zonas más emblemáticas para mí de Madrid. Se trata de la Dehesa de la Villa. Es el parque que más allegado ha estado a mi familia, ya que mis abuelos, padres de mi madre, desde que se casaron, allá por 1932, vivieron muy cerquita de este parque. Cuando mis padres se casaron fijaron su residencia un pelín más lejos, pero cerca también, a unos 15 minutos caminando.
Como veis, es el parque de mi barrio, el parque de mi infancia, el parque de toda mi vida (cómo suena eso, eh?).
Vamos por partes: ¿Cómo llegar? Hay muchas alternativas, pero quizá lo más rápido es bajarse en la parada de metro de Francos Rodríguez (línea 7), y desde allí, tenéis unos cinco minutillos andando.
Desde aquí, lo primero que os encontraréis serán los dos chiringuitos, el primero, el de la Paloma y el segundo, el de Narcea, donde en verano las terrazas están genial. Bueno, sin ir más lejos, ayer que hizo un día tremendamente primaveral estuve en una de ellas tomando un café con una amiga, (de ahí que se me haya ocurrido lo de hacer esta opinión hoy).
Detrás de ambas terrazas hay zonas con columpios para los críos, y canastas para los que no lo son tanto. Siempre hay mucho griterío aquí al principio porque es donde están las familias con los niños pequeños, y es muy normal tener que ir pendiente de que no te atropelle una bici con ruedines!
Pasados los chiringuitos, podéis encontrar también un centro nuevo que han abierto, donde se explica a todo el que quiera conocerla, la historia del parque, la flora y la fauna que podemos encontrar… Se denomina "Centro de interpretación del parque".
Es bastante fácil aparcar por aquí, así que si vuestra opción es ir en coche, lo dejaréis en la misma puerta.
Para mí, lo mejor del parque empieza pasada esta zona, porque es cuando te adentras en el bosque, y digo bosque en el sentido más literal de la palabra porque es un bosque con zonas ajardinadas, pero es una maravilla perderse por sus rincones más asalvajados. Normalmente estos paseos los hago con Tor, mi perro, que por allí puede ir suelto, y ya os podéis imaginar lo que disfruta correteando por allí.
Caminando un rato, llegamos a la zona del Cerro de los Locos, que es la parte más alta del parque, desde donde las vistas de la ciudad son espectaculares. Mi recomendación es que vayáis a primera hora de la mañana a respirar un poco de aire puro antes de empezar la jornada (siempre que se pueda, claro), o bien, aprovechar las puestas de sol, que desde aquí son muy bonitas. Esta zona es donde podréis encontrar más deportistas, y a gente paseando con los perros, ya que es mucho más tranquila. Suele haber gente haciendo footing o jugando al frontón, y cantidad de perros sueltos, que es donde los dueños aprovechamos para soltarles ya que no suele haber niños (así que ya sabéis, si os dan miedo los perros, andaros con ojo en esta zona!).
La parte final del parque corresponde a la zona de Sinesio Delgado, lugar donde ahora están haciendo más hincapié en repoblar, y que es la que menos conozco, probablemente porque es la más lejana a mi casa.
Hasta no hace mucho tiempo, la Dehesa estaba cortada por la mitad por la carretera, lo que afeaba mucho todo el entorno. Era una pena porque ibas a respirar aire puro y tenías que irte a la zona más alejada de la carretera porque si no, era como estar paseando por cualquier otro parque pequeño de la ciudad. Afortunadamente, esto ha cambiado hace ya un par de años, y la antigua carretera se ha transformado en un carril bici, y en un paseo peatonal, donde la gente más mayor va a caminar, ya que está muy cómodo, con muchos bancos donde pueden descansar y demás, y eso que tiene una cuesta bastante pronunciada, que les viene muy bien para hacer un poquito de deporte.
Es una maravilla porque da la sensación de que sales de la ciudad. Es uno de los grandes pulmones de la ciudad, y tengo el privilegio de vivir muy cerquita de allí.
Está muy limpio y cuidado, si vais por la mañana, veréis cantidad de jardineros del Ayuntamiento de Madrid trabajando.
Otra de las ventajas es que es tan grande, que si te alejas de la zona de la entrada (la que os comentaba que está llena de familias), te sientes totalmente fuera de la ciudad, es como si te adentrases en mitad del campo, y esto, como os digo, es todo un privilegio, al menos para mí.
Casi toda la gente que visitamos el parque vivimos por la zona, y eso hace que le tengamos un cariño especial, de modo que es impensable ver a alguien tirando un papel al suelo! Es muy agradable pasear por allí ahora en primavera (está claro que los alérgicos se estarán riendo ahora de mi!), y una alternativa buenísima para tomarse algo en las calurosas noches de verano. De las pocas veces que nieva en Madrid, es una maravilla acercarse a la Dehesa y contemplarlo todo blanco.
Como todo, tiene una pega…. Pero no os asustéis, eh? Se trata de la pequeña central nuclear que tiene. Dicho así queda fatal, pero en serio, que es muy pequeña y es para investigación. Están desmantelándola, así que dentro de nada estará totalmente libre de inconvenientes!
Os cuento un poco de su historia:
En 1152, el rey Alfonso VII de Castilla donó a la Villa de Madrid los terrenos en los que se ubica el actual parque, que fueron utilizados para el pastoreo, perdiendo gran parte de sus encinas originales. Se sabe que en 1457 los llamados Altos de Amaniel ocupaban 2.529 fanegas y que desde 1485 abastecía de carne a la villa. Con el tiempo la Dehesa fue perdiendo extensión, ya que los sucesivos regidores edificaron en éstos terrenos.
En 1530 se destinaron 1.570 fanegas para labranza y en 1608 se parceló y arrendó gran parte de la Dehesa para pagar el traslado de la Corte a Valladolid y la construcción del Palacio Real. Fernando VI vendió 327 fanegas, con lo que la extensión total se redujo a apenas 698. Carlos II arregló la Vereda de Carabineros, actual calle de Francos Rodríguez, que era el camino que comunicaba los palacios del Buen Retiro y de El Pardo. Carlos IV tomó otras 418 fanegas para incorporarlas al Real Sitio de la Florida.
Con Isabel II se llegó a un espacio de tamaño parecido al actual.
Durante todo este tiempo, la Dehesa de Amaniel o de la Villa fue un espacio para uso y recreo de todos los madrileños. El 11 de Mayo de 1860, el ejército de África entró en Madrid y acampó durante dos días en la Dehesa, siendo visitado por miles de madrileños. Un año después los terrenos se vendieron a la Beneficencia Pública para construir un manicomio modelo que nunca llegó a levantarse (como imaginaréis, aquí es de donde se ha cogido el nombre de "El Cerro de los Locos". En 1890 se plantaron 10.000 árboles, lo que aumentó su concurrencia.
Desde 1901, el estado la entregó en usufructo al ayuntamiento para esparcimiento público. En 1929 se levantó la Ciudad Universitaria de la Universidad Complutense, que ocupó 320 hectáreas. Durante la Guerra Civil se convirtió en una línea de defensa de la ciudad y en sus terrenos se desarrollaron fuertes combates.
Tras la guerra se construyeron en el recinto edificaciones como el Instituto Virgen de la Paloma, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), el Cuartel de la Policía Armada o el Instituto Médico Fabiola de Mora y Aragón.
A lo largo de su historia, la Dehesa de la Villa ha ido sufriendo una reducción de las encinas originales, debido al uso humano. En tiempos de Isabel II se comenzó la repoblación con pinos, principalmente piñoneros y carrascos, actualmente el árbol más común del parque. Además de la ya citada encina, se haya otro árbol superviviente del bosque mediterráneo, el alcornoque. También hay almendros, sobre todo amargos, y acacias, habituales sobre todo cerca de la calle Francos Rodríguez.
Mi abuela siempre contaba que cuando se fueron a vivir allí, era una zona de segunda residencia de los ricos, lo que vivían en el centro de la capital, y tenían una casa cerca de la Dehesa de la Villa como zona de esparcimiento en el verano. Siempre me ha hecho mucha gracia esta anécdota, ya que es fiel reflejo del crecimiento de la ciudad, porque hoy en día, esta zona de Madrid es considerada parte norte de la capital, pero del centro. En fin, que todo va evolucionando!.
En la calle Pirineos, la primera antes de llegar a la Dehesa, que cruza Francos Rodríguez, es para mi gusto, la mejor calle de Madrid (y donde podréis encontrarme si alguna vez me toca la lotería!!!) Está llena de chalets y de edificios más bien bajos, pero cuyas ventanas dan al parque, vamos, una maravilla vivir en medio de la ciudad y respirar aire puro en tu propia casa! En esta misma calle hay un par de residencias de ancianos, y al final de la misma, una parte del campus de la Universidad Antonio de Nebrija.
Con respecto a la flora que hay en el parque, podremos encontrar chopos, fresnos y olmos. En las zonas ajardinadas, cipreses, cedros y mimosas. En cuanto a los arbustos, retamas, jaras, zarzamoras y romero (una maravilla pasear cerca por el olor)
En cuanto a la fauna, lo más común, las palomas, los gorriones y las urracas, pero también podremos ver abubillas o petirrojos.
Todas estas informaciones están puestas por todo el parque, así que se puede dar un paseo tremendamente informativo.
Otra de las cosas a destacar es el circuito. Aquí todos los deportistas pueden hacer footing y aparatos (se han instalado cantidad de bancos para hacer flexiones, abdominales…)
Como veis, mi parque bosque tiene de todo. Os recomiendo que lo visitéis si tenéis oportunidad, porque creedme cuando os digo que es un pulmón con solera, un lugar para olvidaros de la ciudad sin salir de ella.
Ya me contaréis si os animáis a visitarlo.
Muchas gracias por vuestras lecturas, comentarios y valoraciones.
Besos
No conozco esta zona,pero lo solucionarè pronto.Besitos.