Hoy hablaré de otro de los restaurantes que he tenido la oportunidad de conocer en una de mis visitas a la capital de España y ya puestos a internacionalizarlos en el tema de las comidas y a probar cosas nuevas, decidimos ir a un restaurante griego, una comida la griega que por otra parte tenía muchas ganas de probar.
SITUACIÓN
Esta opción que teneís entre la amplia oferta gastronómica, yo diría casi inagotable, que tiene Madrid tiene como no, un nombre muy típico en Grecia, Delfos, una de las ruinas más famosas de la antigua Grecia que se pueden visitar.
Para los foráneos la verdad es que es un sitio muy al alcance ya que se encuentra bastante céntrico, por la zona de la Gran Vía, zona por otro lado de obligada visita por lo que en ella se puede visitar pero también por la cercanía a otras zonas como la puerta del Sol o el barrio de Callao.

Su dirección exacta es Cuesta de Santo Domingo 14 y queda en frente justo de una especie de librería de libros en inglés de segunda mano de lo más curiosa y con la que me topé por casualidad, y es que digo curiosa porque puedes encontrar libros buenos y a buen precio pero sobre todo porque en el local, de lo estrecho que es, cabrán no más de 10 personas a la vez.Si podeís evitaros ir en coche mejor que mejor, ya que el centro de Madrid, sino es que lo metéis en un parking, con el consiguiente dinero de más que gastareis, lo mejor es usar el transporte público por lo bien que a mi parecer funciona y es que entre el metro, Santo Domingo, Opera o Callao o alguna línea de autobús que pare por aquella zona os servirán para acercaros en un momento hasta allí.
LOCAL
El restaurante abre de 13'30 a 16'30 y de 20'30 a 00'30 y está cerrado los lunes.
Lo primero que te llama la atención de la fachada, es la bonita combinación de colores, muy típicos del país heleno y que recuerdan mucho a esos paisajes idílicos de la costa griega con las casas en blanco y azul y un color naranja o carne bastante llamativo celeste acompañado por un pórtico que flanquea la puerta de entrada y que nos traslada casi a la Acrópolis de Atenas.
Vamos que no tiene pérdida ya que en cuanto entras en la calle lo ves con facilidad.
Además está adornada con reproducciones de columnas, bustos y motivos helenos, que aunque no es que sean demasiado deslumbrantes, dan ya un ambientillo característico al lugar.
El local está dividido en dos plantas.
La de más arriba da a la calle y en la que se encuentra una barra donde te recibe el personal del restaurante y una serie de mesas bastante iluminadas por los grandes ventanales.
Pero quizás lo más típico de este sitio y creo lo más pintoresco y más acogedor para comer es la planta de abajo, a la que accedes por una estrecha escalera, que si bien no es mucho más amplia que la de arriba, si que posee mesas algo más amplias pero sobre todo destaca por tener forma como de bodega, con un techo abovedado de ladrillo, da la sensación de que hubieran aprovechado alguna construcción anterior para realizar el local y que te hace sentir casi como un Indiana Jones entrando en una gruta secreta.
Mencionar también que en reglas generales el local me pareció que estaba todo bastante limpio a pesar del sito y la estética donde estaba emplazado y es un restaurante que no tiene nada que ver con otros griegos o imitaciones, que también los hay, en los que había estado, ya no sólo por la comida, de la que ahora hablaré, sino por tratarse de un restaurante serio, con sus manteles y servilletas de tela y todo muy bien pensado para darle un valor añadido al sitio y de paso satisfacer las exigencias de posibles clientes algo más sibaritas.
Al tratarse de un local , que a pesar de las dos plantas, no es excesivamente grande, la verdad es que el ambiente era bastante agradable, sosegado, sin ese bullicio constante que a veces te hace padecer jaqueca y todo porque la gente en reglas generales, cuando va fuera a comer y lleva a veces dos cervezas de más no hace más que levantar la voz, formándose un ruido molesto que a mí al menos no me gusta tener durante demasiado rato.
Por ello, razón de más por la que si queréis ir , lo mejor es reservar mesa, ya que sino puede que os quedéis sin sitio.
COMIDA
Algo que me chocó es lo amplia que es la carta, la variedad de platos que existen, ya que excepto la Musaka y el Yogur griego la verdad es que no conocía mucho más de este tipo de comida.
Tienen un poco de todo pero yo destacaría sobre todo la gran variedad de entrantes que poseen ya que además de alguna que otra ensalada, más o menos sin nada raro o destacable que no sea muy típica de la comida mediterránea, tenemos el Humus que a pesar de que a mí no me gustan nada los garbanzos estaba de escándalo o una crema de yogur con ajo, pepino y finas hierbas, llamada tsitaki.
Además destacaría una especie de pasteles de hojaldre llamados Tirópita y Kreatópita rellenos de queso y carne con bastante cantidad de hierbas que le dan un sabor muy característico.
Como platos así más contundentes destacaría:
Varios platos de pescado, otros de carne sobre el que destacaría y que probé, el cordero con miel y frutos secos, unos pimientos rellenos de carne (Gemista) y otros platos a base de rellenos de patatas arroz, cebolla etc.
Como plato estrella y que no pude resistirme a pedir, la Musaka que para el que no lo sepa es una especie de lasaña con berenjena, calabacín y carne.
Para acompañar a los platos, sobre todo para untar en las cremas, lo mejor es pedir abundante pan de Pita, una especie de panes redondos horneados como en forma de tortitas muy típicos de allí, ya que está tan rico que a la que os queráis dar cuenta habréis acabado con la bandeja y querréis más, son un vicio.
Como postres, y si aun tenéis hambre, porque las raciones la verdad es que son bastante generosas, hay varias opciones:
Podéis elegir entre pedir platos por separado o pedir un menú degustación que creo es la mejor opción ya que así probareis un poco de todo, eso sí tendréis que ser varios porque sino acabareis más que llenos con todas estas viandas.
Este menú tiene el típico yogur griego con otros postres no tan conocidos como son las baclavas, hojaldre con frutos secos y miel, el galactobourecom, que es hojaldre también pero relleno de sémola de trigo,el karidópita, una tarta de chocolate para chuparse los dedos y el kataifi , que es una mezcla de sabores entre los dos anteriores ya que posee también frutos secos y miel pero que recubren una especie de tubos alargados de trigo.
PRECIOS
No se trata de un restaurante especialemente barato, pero tampoco es excesivamente caro, yo lo catalogaría en un término medio tirando a alto eso sí, ya que no es un sitio al uso al que se pueda ir todos los días a comer sino más bien como algo exótico y para ir de vez en cuando.
Haciendo memoria, para saber más o menos por donde van los tiros creo recordar que los refrescos, cervezas y demás estaban en torno a los 2-3 €.
Los entrantes sobre 7 y 9 € y los platos más elaborados unos 11-12 €, aunque el cordero con miel y algún otro plato de carne y pescado costaban ya en torno a los 20 €.
Los postres había de todo pero en torno a los 5-6 € y el menú degustación algo menos de 20.
CONCLUSIONES
Este es de los sitios de los que servidor puede decir que salió bastante satisfecho.
El servicio es bastante eficiente y la verdad es que la demora entre plato y plato no es demasiada aunque supongo que habrá días en los que estarán llenas las dos plantas del restaurante y será algo más lento pero por lo general parece que lo tenían todo bastante bien montado.
El sitio es ideal, ya que a pesar de estar a pie de calle, no se oía ni un ruido, bastante bien insonorizado, sobre todo la parte de abajo que además de algo más de intimidad nos permitió descansar sin prisas de la larga caminata por el centro de Madrid.
Un local acogedor y bastante limpio, con las mesas muy bien preparadas.
Pero lo que más destacaría de este lugar es la cocina.
Como he dicho yo hasta ahora no había estado en ningún griego auténtico, sino en sitios que más bien dan un poco de todo y entre sus cartas tienen algún plato griego.
Pero nada que ver con lo que yo había probado.
La cocina es de calidad, todo muy bien cocinada y sin duda se nota que es comida recién hecha y sin mezclar sabores ni nada por el estilo, una cocina bastante mimada.
Como he dicho a pesar de los precios, la cantidad en las raciones, te hace quedar bastante colmado pero sin esa sensación luego de malestar por empacho o por estar cocinados con aceites de mala calidad ni nada por el estilo y por lo tanto puedes pegarte todo un homenaje griego por unos 30 € por persona, lo cual, comparado con otros sitios del estilo, en el que te cobran la novedad, la tontería de estar en un local diferente y todo lo demás, creo que no está nada mal del todo.
Así que no me queda nada más que recomerandoslo sin lugar a duda.
Se trata de una cocina, la griega, que si la conocéis será un sitio que os gustará seguro y sino merece la pena, ya que como país mediterráneo es un tipo de manjar similar en muchas cosas al nuestro pero con ese aire exótico de estar probando cosas nuevas que en cualquier otro restaurante no encontrareis.
Gracias por leerme
Rafa
Por la foto parece un lugar muy interesante y bonito. Además la comida griega está buenísima.