Ahí va otra opinión sobre un tema polémico. No diré que no me gusta agitar un poco las conciencias, pero es que, además, cada vez hay menos productos remunerados en Ciao y, la verdad, si tenemos un foro para intercambiar opiniones es una pena no utilizarlo ¿no? La eutanasia es de aquellas cosas que si salen en una discusión, llegan a levantar ampollas. O se está a favor o se está en contra: parece que no hay posiciones intermedias. Sin embargo, bajo ese término se engloban una serie de prácticas muy diferentes entre sí y cuyas implicaciones éticas son muy distintas. De hecho, denominar de la misma manera a la eutanasia activa (que, de alguna manera, no es más que un suicidio asistido) y a la pasiva (el rechazo a prolongar artificialmente la existencia de una persona enferma), es injusto y equívoco, sobre todo teniendo en cuenta los baremos que utilizan la mayoría de las personas contrarias a cualquier tipo de eutanasia.
LA VIDA Y NUESTROS OBISPOS
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Oyendo a las autoridades religiosas (no sólo las católicas) y a quienes se erigen en defensores autoproclamados de la vida (como si los demás fueran partidarios de la muerte), uno diría estar oyendo a monjes budistas. Porque la realidad es que en la cultura occidental (y más en la cristiana) conceptos como la vida o la naturaleza nunca han tenido demasiado predicamento (hay honrosas excepciones, por supuesto). Más bien, lo normal en las sociedades marcadas por la tradición judeo-cristiana ha sido desvalorizar el cuerpo en favor del alma y considerar como especialmente virtuosas conductas tales como el martirio o la mortificación del cuerpo. Después de todo, si la vida terrena no es más que un breve tránsito hacia la plenitud de la vida eterna ¿para qué esforzarse demasiado en prolongarla? Por añadidura, ninguna de las tres religiones semíticas (judaísmo, cristianismo e islamismo) ha tenido jamás demasiados reparos en quitarles la vida a los disidentes o a quienes consideraban enemigos de su fe (no creáis, hay todavía muchos que añoran esos tiempos)... O sea: o los obispos y demás líderes espirituales padecen una gran crisis de fe, o bien tienen las ideas bastante confusas.
En Oriente, las cosas siempre han sido bastante distintas y se ha preconizado el respeto hacia el cuerpo y hacia los seres vivos (lógico si uno piensa que se puede reencarnar en una ameba o en una coliflor), pero en Occidente siempre lo hemos tenido claro: lo que cuenta es lo sobrenatural; lo demás es pasajero. Las cosas, por supuesto, están cambiando bastante y empezamos a tomar conciencia de que la vida natural debe ser preservada y de que los demás seres vivos son responsabilidad nuestra. Esta, sin embargo, pese a ser una actitud cada vez más difundida, todavía no ha sido asumida por el establecimiento eclesiástico y, normalmente, los denominados grupos pro-vida se encuentran entre los menos implicados en temas como la ecología (y, cosa curiosa, generalmente a favor de la pena de muerte).
¿QUÉ SERÁ ESO DE LO NATURAL?
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Si el término vida ya suena en raro en boca de según qué personas, cuando condenan alguna conducta diciendo que no es 'natural' los oídos ya me chirrían. La homosexualidad es antinatural y por eso es mala. La eutanasia, no hará falta decirlo, no es natural... ¿qué será eso de lo natural que ellos ven tan claro? Podría coger el maría Moliner y ver todas las acepciones de esta palabra, por si una coincide con la que manejan los grupos pro-vida, pero como me siento perezoso, lo haré de memoria. A ver: ¿natural es aquello que ocurre en la naturaleza? Hombre, el suicido no es habitual en el reino animal, pero existe (está el famoso caso de los lemmings). El dejarse morir, en cambio, sí forma parte del ciclo vital de numerosas especies, normalmente después del acto reproductivo. En general, los animales saben muy bien cuando les llega su hora y asumen que la muerte es sólo un paso más en el ciclo vital. Prolongar la agonía o la vejez no entra en la economía de la supervivencia de la especie...
Desde luego tomar el reino animal (porque el vegetal o el mineral no nos brindan demasiados puntos de referencia ¿verdad?) como vara de medir las conductas humanas no es un buen negocio para los grupos pro-vida. Los bichos tienen una perspectiva muy pragmática sobre el tema. Además, el afán por tomar como referente el mundo natural puede hacernos adoptar posturas ridículas. La hembra de la mantis religiosa mata al macho después de la cópula ¿significa esto que los obispos deben predicar desde el púlpito el 'abrazo de la muerte' porque es natural?
En suma, hablar de lo natural y lo antinatural en referencia a los asuntos humanos es andarse por las ramas. ¿es natural la homosexualidad? Es tan natural, al menos, como el celibato... o sea, nada ¿es natural hacer transfusiones de sangre u operarse de las varices? Pues ¿qué más da? Lo hacemos porque queremos, sea natural o no. Los valores humanos no tienen nada que ver con sus condicionamientos biológicos, aunque al hombre le interese a veces respetarlos.
LO NATURAL Y LO HUMANO
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Imagino lo que me responderían los grupos pro-vida: 'cuando hablamos de naturaleza, hablamos de naturaleza humana'. Naturaleza humana. Allá es nada... A lo largo de millones de años de evolución, el hombre ha conocido montones de prácticas culturales y religiosas diferentes, desde el canibalismo hasta la reducción de cabezas, sin que por ello nos veamos hoy en día en la obligación de imitarlas, precisamente. Para hablar de naturaleza humana hay que referirse obligatoriamente al punto de su evolución ¿hablamos de la naturaleza del pitecántropo de Java o de la del hombre de la Edad Media? No hace falta remontarse muy lejos para ver que el hombre ha encontrado como lícitas y naturales prácticas que hoy nos pondrían los pelos de punta. Hace apenas un siglo en la muy desarrollada Europa todavía se castraba a los niños para que no cambiaran de voz...
Claro que frente a estas objeciones hay una postura radical. Esta no es otra que defender el creacionismo a ultranza. Dios parió al hombre tal como dice la Biblia o el Corán y todo lo demás son desviaciones... En fin, aparte de obviar toda evidencia científica, este punto de vista tiene también sus pequeños inconvenientes. Y es que estos dos libros sagrados fueron escritos en un contexto social bastante diferente del actual. Así en el Levítico (19:27) se afirma expresamente que los hombres deben llevar trencitas, so pena de morir lapidados. Salvo unos pocos grupúsculos de integristas judíos, nadie se toma al pie de la letra la Biblia. Desde lo de Moisés y la zarza ardiente, judíos, cristianos y musulmanes han ido variando la interpretación de los textos sagrados según los intereses del momento. Así que es muy difícil defender la existencia de una naturaleza humana inmutable incluso desde el creacionismo más intransigente...
EUTANASIA PASIVA ¡PERO SI YA LA PRACTICAMOS!
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Pues en lugar de esgrimir argumentos chorras sobre la naturalidad o no de la eutanasia, lo que hay que hacer es debatir de cosas prácticas que toquen a la realidad de las personas. El sufrimiento de una persona que agoniza es real y lo que hay que decidir es si es lícito o no prolongárselo por medios artificiales. Porque entubar a una persona, ponerle un catéter para alimentarla, enchufarle respiración asistida o diálisis, tan sólo para mantener sus constantes vitales, no tiene nada de natural. Lícita o no, es una conducta deliberada practicada en base a unos criterios que son debatibles.
Etimológicamente, eutanasia significa 'buena muerte'. Es evidente que la mayoría de personas aspiramos a tener una buena muerte, es decir, rápida y sin padecimiento. El conseguirlo, generalmente, es algo que no depende de nosotros, sino del azar o de la voluntad divina. Pero esto no es así desde todos los puntos de vista. Hace mucho que los humanos sacrificamos a los animales para ahorrarles sufrimiento. Antes quizá se hacía por interés cuando el animal dejaba de ser productivo. Pero hoy en día la mayoría de propietarios de mascotas sabemos que tarde o temprano tendremos que tomar la decisión de 'ponerla a dormir'. Y no lo haremos por quitárnosla de encima, sino por un acto de responsabilidad y de amor. Es más, sacrificar un animal agonizante se considera un acto humanitario. Humanitario: algo que nos honra como humanos. Lo inhumano sería dejarla morir sin hacer nada... ¿Porqué, entonces, nos empeñamos en mantener vivos a nuestros semejantes cuando tenemos la certeza de que la poca vida que les queda no la van vivir dignamente? La realidad es que con los animales somos ecuánimes y con los demás humanos, no. También en esto 'homo homini lupus': el hombre es un lobo para el hombre.
PARA MUESTRA, UN EJEMPLO NADA EJEMPLAR
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Dejando de lado el debate que suscitó hace unas semanas el caso de Terry Schiavo, tuvimos hace apenas quince días una muestra de una agonía larga y que la mayoría de españoles no tuvimos más remedio que seguir de cerca.
Me refiero, evidentemente, al fallecimiento de Juan Pablo II. Este pontífice fue durante todo su mandato un ardiente enemigo de cualquier forma de eutanasia y está claro que sus asesores quisieron hacer de su muerte un ejemplo de sus propias convicciones. Los comunicados del Vaticano hablaban siempre de que el Papa estaba en estado crítico pero que seguía lúcido. Si ellos lo dicen, nos lo habremos de creer... Sin embargo, hay algo que no miente: su cadáver. ¿Alguien se fijó en su rostro? ¿era el de un hombre que había alcanzado la bienaventuranza, que se había reencontrado con su creador? Por supuesto que no. Su mente y su cuerpo hacía tiempo que no trabajaban juntos. Uno podrá creer lo que quiera, pero las imágenes no engañan...
VAMOS TERMINANDO
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Por descontado, esta problemática ha existido siempre. Si hoy está de actualidad es por que hay una necesidad de la sociedad de pronunciarse sobre ella. Esta necesidad surge de los modernos avances de la ciencia médica. Resulta que hoy en día es mucho más fácil mantener las constantes vitales de un enfermo que curarle de una enfermedad crónica. Cada vez se alarga más, artificialmente, la vida de los pacientes sin que haya posibilidad alguna de curación. Es más, algunas enfermedades degenerativas (Alzheimer, Parkinson, esclerosis, etc) provocan que personas que físicamente están sanas queden postradas de por vida en estado casi vegetal de manera irreversible. Esta condición se puede alargar años y años, con el consiguiente gasto sanitario para la sociedad y la carga (que, a veces, también puede ser económica) para la familia. No es raro que en familias en las cuales hay alguien en esta situación se den casos de depresión, alcoholismo o de problemas de pareja. Desde luego, no se trata de dejar tirados a nuestros ancianos (aunque los enfermos de Alzheimer son cada vez menos ancianos) sino de que tomemos conciencia de esta problemática y de que hay alternativas a la intubación sistemática de los enfermos terminales. Como ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de pronunciarnos sobre este tema. A aquellos que se cierran en banda, hay que decirles que hablen sólo por sí mismos. Independientemente de tener una vida más o menos larga, lo que quiero es que sea digna. Y en el caso, cada vez más probable, de llegar a encontrarme en la cama de un hospital convertido en un bistec ambulante, quiero tener la opción de que me desenchufen ¿Es mucho pedir?