Siguiendo con mi relato de mi (ya lejano en el tiempo) viaje a tierras polacas, toca otro barrio histórico de Cracovia, actualmente un distrito de la ciudad, Kazimierz, más conocido como el barrio judío. Kazimierz recibe su nombre del rey polaco Casimiro el Grande que la fundó en 1335 como un pueblo independiente de la cercana Cracovia. De hecho, en aquella época se encontraba en una isla en el medio del Vístula. Siglos más tarde, el cauce norte del río se secó y Kazimierz quedó físicamente anexionada al margen norte del río, justo al pie de la fortaleza real de Wavel, lo que con el paso del tiempo llevó inevitablemente a su anexión política y administrativa a la que era entonces el centro de la república lituano-polaca (algún día hablaremos de ella).

Lo de barrio judío, que es el reclamo turístico con el que se pretende atraer a los visitantes, no es el del todo cierto. La presencia judía en esta isla se remonta a 1495, año en que fueron expulsados de su anterior emplazamiento en lo que hoy son los terrenos de la Universidad e instalados en Kazimierz. De hecho, ocuparon tan sólo una mitad de la isla, por lo que hay un Kazimierz cristiano y otro judío. La referencia a Schindler que hago en el título tampoco es del todo rigurosa. Oskar Schindler no era polaco, sino alemán de los Sudetes (checo, vamos) pero sí que montó su fábrica en las cercanías de Cracovia. Sin embargo, tras la ocupación alemana el ghetto judío fue trasladado a la otra orilla del Vístula en el cercano distrito de Podgórze. Allí donde fue donde reclutó a los obreros judíos y confeccionó su famosa lista. Sin embargo, Spielberg, a la hora de rodar la película, eligió sus escenarios en la isla, por la sencilla razón de que esta no había prácticamente cambiado desde la época en que acontecieron los hechos narrados, mientras que Podgórze había sido convertido en un moderno (moderno en el sentido soviético, por supuesto) barrio residencial. Por esta razón, aunque el auténtico Schindler no se paseara demasiado por Kazimierz, sí es posible reconocer algunos rincones que aparecen en la película.
Terminada la guerra, Kazimierz se convirtió en un distrito semiabandonado y su recuperación no empezó hasta bien entrados los años 90. Cuando estuve en Polonia (y hablo de siete años atrás), éste era todavía un distrito que no atraía demasiado a los turistas. Había bastantes edificios derruidos aunque ya empezaba a apreciarse cierta labor de reconstrucción. Hoy día, las cosas han cambiado bastante y Kazimierz se ha convertido en uno de los núcleos de ocio de la ciudad. Se han abierto incontables bares y pequeños hoteles, por lo que es uno de los puntos de referencia de cualquier visitante. Por lo que sé, guarda todavía el encanto de antaño y no se encuentra tan masificado como el barrio antiguo, donde a veces hay que apartar los turistas a codazo limpio.
EL BARRIO CRISTIANO
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La parte católica de la 'isla' se sitúa junto a lo que hoy en día es el margen del Vístula.

Aunque físicamente no se distingue demasiado de la parte judía (casas bajas en estado de conservación más que dudoso, callejones estrechos) es fácil de ubicarla por la abundancia de iglesias. La más importante de ellas es la dedicada a San Estanislas, patrón de Polonia, en la cual se encuentra el lugar en el que la tradición indica que el entonces obispo de Cracovia sufrió el martirio que lo elevaría a la santidad. Los restos del santo reposan ahora en la catedral, pero la iglesia sigue siendo un lugar de veneración para los polacos. La iglesia es de estilo gótico, con un interior bastante sobrio salvo por la cripta, barroca a más no poder. Otra iglesia digna de mención es la del Corpus Christi, edificada en 1343 por Casimiro el Grande, inicialmente en estilo gótico, pero luego modificada ampliamente a lo largo de los siglos con las donaciones de los mercaderes asentados en la isla, algo que sucede con casi cualquier templo de Polonia. Como ya dije en otra ocasión, iglesias no es precisamente lo que falta en este país...EL BARRIO JUDÍO
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Aún a sabiendas de que el drama que vivió la comunidad judía de Cracovia durante la Segunda Guerra Mundial no transcurrió en estas callejas sino al otro lado del río, en el ghetto, y luego más allá en campos de concentración como Auschwitz, es inevitable no sentir que se te erizan los pelos paseando por las calles del barrio judío. El recorrido por este pequeño núcleo histórico empieza inevitablemente por la calle Szeroka (que, de hecho, es una plaza), lugar en el que se establecieron los primeros comerciantes judíos llegados a la isla. La calle conserva bastantes restos de su pasado hebreo, al menos a primera vista; la realidad, es que después de la escabechina que realizaron los nazis pocos de los habitantes de Kazimierz deben de ser de etnia semítica. Pero los letreros en hebreo quedan bien y crean ambiente... A tiro de piedra se encuentran varias sinagogas, de las cuales tan sólo una sigue en funciones como tal: la sinagoga de Remuh, que conserva a su lado un antiguo cementerio judío, un lugar sombrío y evocativo. Por razones de salubridad, un nuevo cementerio más amplio fue edificado en el siglo XIX y hoy en día más que un camposanto es un parque frondoso en el que se puede pasear muy a gusto, eso sí, sorteando las tumbas judías...
Más allá del patrimonio monumental e histórico, que tampoco es de primer orden, el barrio judío es sobre todo un lugar para disfrutar de un ambiente intemporal, comer y beber en los restaurantes judíos, perderse en las tiendecitas y las galerías de arte y abstraerse del agobiante entorno urbano (algo bastante fácil de hacer en Cracovia, por otra parte). Espero que el reciente boom turístico que está afectando a la ciudad no haya echado a perder este remanso de tranquilidad.