HASTA QUE LAS RIÑAS NOS SEPAREN

4  18.10.2004 (19.10.2004)

Ventajas:
te libra de una futura vida indeseable junto a alquien que no quieres

Desventajas:
nunca piensas que te pueda pasar a ti

Recomendable: Sí 

yuna0123

Sobre mí:

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 11 miembros de Ciao

No se puede generalizar mucho cuando se habla de relaciones amorosas. Cada historia es diferente, lo único que tienen en común es que todas tienen un principio (enamoramiento) y un final incierto.

Ojalá pudiésemos “vivir felices y comer perdices” para siempre pero, a efectos prácticos, la convivencia es bastante complicada, el matrimonio una prueba de amor muy dura, capaz de ahogar el romanticismo y llevarlo hacia la rutina por poco que nos queramos dar cuenta. (Eso sin contar el tema de los cuernos).

- MI EXPERIENCIA -

No quiero con esta opinión parecer una de esas personas que van a los programas tipo “A tu lado” y cuentan sus historias, mientras algún ama de casa muerta de aburrimiento se las traga haciendo ganchillo... (o sea, que intentaré no hacerme la víctima...jeje)

Tuve un embarazo en plan “penalty” que desestabilizó rápidamente mi vida y consiguió que tomara la decisión de casarme con el papá en cuestión, del cual estaba locamente enamorada.

Nos cansamos convencidísimos, y al principio éramos muy felices, disfrutando de nuestra nueva vida emancipados, libres de la autoridad de nuestros padres, tomando nuestras propias decisiones.

De repente nos encontrábamos atrapados en una edad indefinida, con responsabilidades propias de los actuales treintañeros, pero ni siquiera llegábamos a veinte años. Nuestros amigos seguían haciendo su despreocupada vida de jóvenes, y nosotros tuvimos que “cambiar el chip” inmediatamente.

Los problemas no tardaron en aparecer. Yo vi cómo se me habían terminado las comodidades que, sin ser consciente de ello, tenía cuando vivía con mis padres. Eran muchas más de las que en un principio podía suponer. Antes me dedicaba a vivir mi vida de universitaria, a colaborar un poquito en casa, y el resto del tiempo salía a divertirme. Pero ahora tenía que trabajar ocho horas de pie, y después, al volver a casa, estudiar con los apuntes que me dejaban, hacer las tareas y cuidar de mi hijo.

Mi marido aún no había madurado lo que yo suponía, y aquella situación comenzó a venirle grande. Venía cansado a casa de trabajar, había abandonado sus estudios y ya no salía apenas con sus amigos, ya que tenía que ayudarme con la casa y el niño.

Mientras que de novios sólo salíamos y estábamos juntos para lo bueno, ahora sólo lo estábamos para lo malo. Compartir las responsabilidades fue duro. Empezamos a discutir por lo típico de “te has dejado esto aquí”, o “podrías ayudarme un poco” o “no me apetece ver eso en la tele”.

A veces estábamos bien, y a veces mal. Continuamente nos peleábamos y continuamente nos reconciliábamos. Los pequeños roces empezaron a acumularse, convirtiéndose en una larga lista de reproches, que cada uno sacaba en cada discusión.
Cada vez nos volvíamos más susceptibles y empezó a deteriorarse el mútuo respeto que antes había.

Yo intentaba evadirme trabajando, y él por su parte, lo intentó pero de otra manera: una relación amorosa con otra. Ella era una persona con algún que otro problema, y empezaron siendo amigos y dándose apoyo. Pero yo, que no era tonta, sabía que eso se iba a convertir en algo más.

Fueron un par de meses dramáticos. Yo aún seguía enamorada, (o con una gran dependencia emocional, no sabía distinguirlo) e intentaba reternerle a toda costa, aguantando que él se “liase con otra” delante de mis narices mientras yo me rebajaba a competir por su cariño... Hasta que me dejó.

Al principio, sentía que mi vida se iba al carajo, que estaba sola y que me había caído encima una montaña de responsabilidades mientras él, en cambio, se había salido con la suya liberándose de compromisos y disfrutando de el apoyo de una nueva pareja.

Desde la separación, nuestra relación ha ido siempre a peor. Quizás los rencores y las situaciones incómodas han ido aumentando, se han metido terceras personas y todo se ha ido degenerando.

Ahora me alegro de que no estemos casados, porque hubiera sido insufrible toda una vida al lado de una persona a la que has dejado de querer, sólo por “aguantar” y tener una estabilidad económica y una vida cómoda. Divorciarse es necesario.

De todas formas, nunca me arrepentiré de haberme casado en aquel momento con la persona que quería, porque durante algún tiempo fue maravilloso, y pienso que valió la pena. La lección que he aprendido con todo esto ha sido muy valiosa y, desgraciadamente sólo ser de este modo: viviendo, enamorándose, desengañándose y aprendiendo de los errores.

¿QUÉ HAY QUE HACER? (Y QUÉ HICE YO EN SU MOMENTO)

En primer lugar, dejar todo muy claro desde el primer momento. Una vez que estemos seguros de que la cosa no tiene arreglo, hay que sentarse y hablar (de buen rollo y sin lloriqueos, a ser posible), sobre ciertos asuntos indispensables. Es muy importante intentar arreglar las cosas de mútuo acuerdo y no meterse en juicios ni complicaciones mayores.

Para esto podemos acudir (como hice yo en mi caso) a un servicio de MEDIACIÓN FAMILIAR. Es un servicio social que se suele utilizar en las familias con problemas, pero puede solicitarse también en un caso de separación o divorcio, para que el mediador nos ayude a crear una PROPUESTA DE CONVENIO REGULADOR, que sirve precisamente para eso, “regular” las relaciones de la familia a partir de ahora.
Conviene, “por si las moscas”, que esté todo bien explicadito para que en caso de una hipotética disputa haya contemplada alguna solución intermedia a la que podamos recurrir. Sobre todo, lo más importante a tratar va a ser:

A) Los niños y la custodia:

La custodia va a ser de uno de sus padres, y el otro les visitará, de acuerdo a un régimen de visitas que se debe establecer. Si hay buena relación entre los papás será un régimen más flexible, pero si la cosa está deteriorada, siempre podremos acudir a cumplir lo del convenio.
Lo más importante para los niños es que les afecte esta situación lo menos posible. Esto es más fácil si no cambian de entorno (ni de casa, ni de amigos, ni de colegio) ni la relación cotidiana con la familia de los padres.
Hay que explicarles lo que hay sin hacer dramas, limitándose a decir que a partir de ahora sus padres ya no vivirán juntos, pero que les van a querer a ellos igual.
Es muy importante no descalificar a tu ex-pareja delante de los niños, ni contradecir las decisiones y autoridad del otro.
En lo que respecta a los hijos, hay que intentar estar de acuerdo por encima de cualquier otra cosa.

b) Dinero y bienes

Es mucho mejor dejar claro todo al principio (si aún existe buena relación), antes de que la cosa se deteriore y aparezcan más rencores.
Es normal que la persona que se considera más herida en estos casos pretenda resarcirse “sacándole la pasta al otro”. No me parece que “comprar” la venganza sea buena idea.

Lo ideal sería repartir las cosas de tal forma que ninguno salga perjudicado, y puedan seguir llevando la vida que anteriormente llevaban con las menores alteraciones posibles. (Sobre todo, quien se queda con la custodia de los hijos, debería mantener las mismas condiciones económicas a toda costa). Para esto se establecen las pensiones compensatorias.

Algo importante es que, a efectos fiscales (para ambos), es mejor que se de más dinero a favor de los hijos que a favor de el/la “ex”.
Si había un régimen de bienes gananciales en el matrimonio, se repartirán “a pachas” todos los bienes que se hayan adquirido durante el tiempo que haya durado éste. (Ojo, que esto quiere decir que todo lo que fuera propiedad de cada uno anteriormente no entra).

LA SEPARACIÓN

Aunque una de las promesas que se hacen durante la boda es “ser fiel”, ésta irónicamente no es una causa de disolución del matrimonio (¡hay que jod...! jeje).
En cambio, sí se produce (y menos mal) por abandono de hogar o por atentar contra la vida del cónyuge, ascendientes (oséase suegros) o hijos.

Hay una serie de requisitos para separarse:

1.- Que haya transcurrido un año desde la celebración del matrimonio, sea civil o religioso.

2.- Que ambos cónyuges estén de acuerdo en separarse y que hayan llegado a un acuerdo en los puntos contenidos en el Convenio Regulador.

3.- Que las partes sean dirigidas por un abogado y representadas por un procurador.

Habrá que ir a un abogado (si podemos pedirlo de oficio, pues mejor) y éste nos hará una DEMANDA DE SEPARACIÓN que, si es de mútuo acuerdo, incluirá un CONVENIO REGULADOR (que puede ser redactado a partir de la propuesta de antes), que se supone que debe aprobar el juez en la SENTENCIA DE SEPARACIÓN.

Si no hay mútuo acuerdo, pues la cosa puede extenderse y extenderse hasta que haya acuerdo, y entonces llegará la sentencia.

EL DIVORCIO

Una vez pasado un año desde la sentencia de separación, se puede pedir el divorcio. (Desde luego, no sé cómo se las arreglan las famosas esas que se casan y descasan con tanta facilidad, es un misterio...)
Si hay mútuo acuerdo, pues se sigue el mismo procedimiento y a correr... Si no, pues nada, a celebrar juicio y hasta que se llegue a un acuerdo.

Una vez que el juez otorga la SENTENCIA DE DIVORCIO ya se supone que uno/a es libre para casarse (si todavía quedan ganas...).

Bueno, no soy ninguna abogada, pero he intentado explicar más o menos el mecanismo del divorcio desde mi punto de vista y con lo que yo he vivido.
Es una situación nada agradable, pero a menudo necesaria, y espero que esta información os haya servido.

Un saludo a los chicos y chicas Ciao.

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Comentarios sobre esta opinión
charmbracelet

charmbracelet

27.01.2005 14:51

Muy sincera tu opinión, aunque no esté casado es de gran ayuda. Debe de ser duro, pero todo el mundo sale adelante, no te preocupes, ánimo y mucha suerte. Un saludo.

Robert9300

Robert9300

14.12.2004 15:31

Yo estoy en trámites de divorcio.

pataff

pataff

29.10.2004 02:19

Jope, si que es verdad que nunca piensas que te valla a pasar a ti, pero bueno, la juventud piensa que muchas cosas no nos van a pasar

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