INTRODUCCION
Como parece que se valora mucho más los comentarios acerca de cómo llega uno a entrar a un teatro más que la valoración de la obra en sí haré un prólogo por si alguien le interesa sobre las vicisitudes que uno tiene que pasar para conseguir una buena localidad.
En primer lugar en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia, donde se programa ópera en esta ciudad (no hay otro sitio que la haga) tiene una campaña de abonos a la que estuve abonado en la temporada pasada que se supone que se iba a renovar esta temporada pero las modificaciones y obras que se han hecho en el recinto supuso un cambio radical en la adjudicación de los abonos por lo que tuvimos que reorganizarnos y cambiar nuestras localidades (con el incremento económico que ello supuso).
Después de muchas peleas telefónicas con las teleoperadoras, muchas esperas, mucho mirar y remirar la programación y las ubicaciones decidimos tirar para delante y echar el resto adquiriendo dos abonos para la temporada completa en la platea (por el módico precio de 1300 euros cada abono) Compartimos los abonos una compañera y yo así que iremos a la mitad de las representaciones cada uno (el total son 9)
Tras el sorteo de las obras a mi me ha tocado ir a ver Camen, Don Carlo, Orlando y casi seguro Madame Buterfly, 4 de las óperas más famosas de la lírica escénica y representantivas de sus respectivas épocas y autores.
También espero ir a ver una ópera en versión concierto que harán en febrero y que cantará el excepcional tenor Roberto Alagna.
Sobre Carmen ya he hecho opinión, ahora me toca sobre el Don Carlo.
La entrada al Palau de les Arts siempre es cómoda, rápida y sencilla. Con tu abono (que es como una tarjeta de crédito con código de barras). El acceso a la platea impresionante y la imagen tanto del exterior como del interior impactante y muy especial. No hay que dejar de pasar por el vestíbulo principal a tomar una copita y a admirar diferentes exposiciones de fotografía operística que normalmente hay relativas a cada una de las óperas que se representan.
Con tus cómodas (para algunos) butacas y con tus subtítulos en 8 idiomas en la pantalla de plasma del asiento delantero te acomodas esperando que el Maestro Maazel haga aparición en el foso de la orquesta. A partir de ese momento entra a colación la reseña de la obra que hago de forma habitual y que os encontrareis, un poco más condensada para no aburrir, enseguida:
DON CARLO
GIUSEPPE VERDI
1813-1901Ópera en cuatro actos (versión en italiano)
Libreto original en francés de François Joseph Méry y Camille du Locle, basado en el drama Dom Karlos, Infant von Spanien, de Friedrich Schiller. Traducción del libreto al italiano de Achille de Lauzières y Angelo Zanardini.
Estreno versión original: París, Ópera de París,11 marzo 1867. Estreno versión italiana en cuatro actos: Milán, Teatro alla Scala, 10 enero 1884.
Producción de la Ópera Nacional de París.
Dirección musical Lorin Maazel / Kynan Johns* (a mi me tocó Lorin, aunque dudo que se haya notado diferencia con la dirección de Johns.
La orquesta trabaja de memoria bajo la dirección de cualquiera ya que el trabajo diario lo hacen con Lorin de forma habitual, de hecho hoy por hoy está considerada la mejor orquesta del estado)
Dirección de escena Graham Vick (sin ser tradicional esta dirección escénica ha sido mucho menos ecléctica que otras que hemos visto en el Palau, el movimiento escénico ha sido mucho más sencillo, más tradicional y en muchos casos más efectivo ya que los intérpretes no han necesitado hacer grandes derroches físicos y se han centrado más en la voz)
Escenografía y vestuario Tobias Hoheisel (efectivo, y perfecto el vestuario, sobre todo adecuado al momento. La escenografía no tiene defecto posible para sacarle y junto con la maravillosa iluminación nos transportan a la época en segundos. Es este un montaje mucho más típico y clásico. Hoheisel es un escenógrafo de óperas contrastado y sus montajes se pueden ver en los mejores teatros de ópera del mundo, por algo será)
Iluminación Matthew Richardson (un diseño de iluminación excepcional, coordinación perfecta y un trabajo junto con el escenográfo digno de elogio. Es Richardson otro de los grandísimos iluminadores de óperas por todo el mundo, haciendo pareja con Hoheisel en muchísimas producciones)
ELENCO
* Filippo II (Felipe II, rey de España, padre de Don Carlos) Orlin Anastassov. Bajo
(Una gran voz y casi una mejor intepretación, hacía tiempo que no me encontraba con un cantante de su talla con una calidad escénica e intepretativa tan perfecta)
* Don Carlo (Don Carlos, príncipe de España) (Programado con Marcello Giordani por enfermedad al final es interpretada por Yonghoon Lee). Tenor
(Otra gran voz, sin destacar en el ámbito interpreativo ni para bien ni para mal, muy correcto y muy en su papel pero sobre todo un excepcional tenor verdiano)
* Rodrigo (Marqués de Posa, amigo del príncipe y confidente del rey) Carlos Álvarez. Barítono
(Carlos es un magnífico barítono y un buen actor por lo que sus papeles operísticos siempre acaban destacando. En esta ocasión la tesitura de Rodrigo le viene mucho mejor que otras que le he visto intepretar y el hecho de hacer un personaje español le da frescura interpretativa)
* Il Grande Inquisitore Eric Halfvarson. Bajo
(Destacable voz con una fuerza que llega a embargar aunque con dificultades interpretativas. Menos mal que su papel requiere más voz que movimiento)
* Un fraile (Programada inicialmente para Nahuel di Pierro es interpretada por Stanislav Shvets). Bajo
(Buena voz aunque su trabajo escénico es algo justo, es lo que tienen los cantantes rusos, dicen que di Pierro es mucho mejor cantante que actor, Stanislav seguro que lo es)
* Elisabetta di Valois (Isabel de Valois, princesa de Francia) Ángela Marambio. Soprano.
(Me ha gustado muchísimo Angela, una voz matizadísima, muy trabajada y como buena italiana con una puesta en escena trabajada y eficaz.)
* Principessa d'Eboli Nadia Krasteva. Mezzosoprano.
(Otra buena voz (me encanta la tesitura de las Mezzos) que, como buena rusa necesita un poco más de trabajo escénico y dramático para tener más credibilidad, cosa que en las óperas actuales es casi imprescindible)
* Tebaldo (Paje de Isabel de Valois) Carmen Romeu Alberola.
Soprano.
(Carmen es parte del elenco "valenciano" de esta obra. Se le nota que está comenzando a despuntar y esperamos que tenga más oportunidades, a ser posible con más papel, para demostrar su gran valía.)
* Il Conte di Lerma / Un heraldo real Javier Agulló. Tenor.
(Otra de las aportaciones "de la terreta", un tenor con una presencia escénica mucho más trabajada que algunos grandes divos pero que necesita cuidar algo más la técnica vocal. Creo que en unos años tendremos un tenor de alto nivel)
* Una voz del cielo: Olga Peretiatko. Soprano
(Bien, no puedo decir mucho más, al fin y al cabo no ha sido mucho más que una voz en off aunque eso sí, una voz perfecta para su papel)
COR DE LA GENERALITAT VALENCIANA (Francesc Perales, director) Cada día me gusta más este coro, ya no solo por las voces que son espectaculares (de hecho muchísimos de sus miembros están haciendo papeles solistas en otras obras) sino porque el trabajo dramático que hacen es encomiable.
ORQUESTRA DE LA COMUNITAT VALENCIANA (Director musical: Lorin Maazel) Esta orquesta está consiguiendo cotas de calidad que se salen de lo normal. Se esperaba un gran nivel ya que la contratación de profesionales ha sido trabajada y se ha conseguido traer a grandes solistas en todas las especialidades (en realidad aún faltan algunos puestos, algunos hasta importantes, por cubrir), pero la aportación de muchos grandes instrumentistas a veces hace que la "orquesta" como grupo pierda conjunción. En este caso (supongo que gracias al grandísimo trabajo de Lorin) ocurre todo lo contrario. Es difícil destacar a un instrumentista o a un grupo de instrumentos entre todos sobre todo porque la gran calidad del conjunto no te deja "elegir" bien. Las últimas críticas y los últimos comentarios de expertos nacionales e internacionales están indicando que comienzan a considerar esta orquesta ya no una de las mejores sino la mejor que podemos encontrar en España.
LA OBRA
La acción transcurre en España, durante la segunda mitad del siglo XVI, en el reinado de Felipe II, aunque en la primera versión hay un acto inicial que transcurre en el bosque de Fontaibebleau (Paris)donde se muestra el encuentro entre el rey Felipe y la princesa Isabel que desembocará en el matrimonio que ya nos encontramos al inicial esta versión.
ACTO I.-
Cuadro I.- En el claustro del monasterio de Yuste, junto a la tumba de Carlos I, se escucha el cántico de los monjes. Al amanecer, entra en escena Don Carlos, al mismo tiempo que se marchan los monjes, su conversación con uno de los frailes revela que el Emperador, que realmente no habría muerto, se ve a veces vagar por los claustros del monasterio. El principe canta aquí su amor por Isabel. Rodrigo, amigo de siempre de Don Carlos, entra ahora, acabado de llegar de Flandes. Se siente angustiado por los problemas de su amigo el príncipe y le pregunta la causa de su tristeza. Don Carlos le dice que ama a la esposa de su padre. Rodrigo le aconseja que abandone Madrid y que obtenga permiso de su padre para marchar a Flandes y demostrar su valor ayudando al pueblo oprimido de aquellos estados.
Ambos jóvenes se juran amistad eterna y piden a Dios fuerzas para luchar por la libertad: "Dio, che, nell'alma infondere" ("Dios, que has infundido en nuestras almas"). Entran en escena el Rey y la Reina; el Rey se arrodilla un momento ante la tumba del Emperador, y salen después sin pronunciar una palabra. Los monjes reanudan sus cánticos en sufragio del Emperador, y Don Carlos, momentáneamente conturbado por la presencia de Isabel, vuelve a cantar con Rodrigo su amistad.
Cuadro II.- La escena tiene lugar ahora en un jardín, donde las damas de la corte se solazan. El paje Teobaldo se les une y después lo hace la princesa de Éboli, que canta una canción morisca, la Canción del Velo, acompañada por Teobaldo y las damas. Entra la Reina y un momento más tarde lo hace Rodrigo, que acaba de regresar de París. Entrega a la Reina una carta de su madre y al mismo tiempo desliza entre sus manos una nota.
Mientras que Rodrigo y la princesa de Éboli hablan de París y de las noticias que el primero ha traído de allá, la Reina lee la nota; es de Don Carlos, solicitando verla, petición que appoya Rodrigo. La Reina acepta. Entra Don Carlos y los demás se retiran. Al principio Don Carlos pide a la Reina que persuada al Rey para que le nombre gobernador de Flandes; pero cuando ella confiesa que ama al príncipe, él se le dirige apasionadamente. Ella se aparta, pensando que lo que quiere decir el príncipe es que intenta matar a su padre para casarse con ella, y Don Carlos, trastornado, se marcha precipitadamente.
Anunciado por Teobaldo, entra ahora el Rey, quien, profundamente disgustado por ver a la Reina sola, despide a la dama que debería haberla acompañado en esos momentos. La dama llora desconsoladamente e Isabel la consuela: "Non pianger, mia compagna" ("No llores, amiga mía"). Rodrigo y las damas de compañía se enternecen ante aquella escena y el propio Felipe, que abriga sospechas de infidelidad hacia su esposa, siente cierta conmiseración y está casi decidido a creer en su sinceridad.
Rodrigo queda a solas con el Rey; éste le pregunta si quiere pedirle algún favor. Rodrigo le solicita que alivie la miserable situación de los asuntos públicos en Flandes, donde los protestantes están siendo perseguidos; pero Felipe, inconmovible, dice a su vez a Rodrigo que se guarde del Gran Inquisidor. En un momento de confidencias le comunica a Rodrigo sus sospechas acerca de la relación entre Isabel y su hijo Carlos, pidiendo a Rodrigo que la vigile muy de cerca. Pero en la despedida a Rodrigo, el Rey vuelve a advertirle que tenga cuidado con la Inquisición.
ACTO II.-
Cuadro I.- Don Carlos ha recibido una nota anónima (que él supone de la Reina) señalándole una entrevista: deberá estar en los jardines a medianoche. El príncipe se presenta allí; aparece una dama cubierta con espeso velo, y Carlos le canta su amor. De repente se da cuenta de que no es la Reina sino la princesa de Éboli, a la que ha abierto su corazón. En efecto, la princesa ama a don Carlos, pero se ha dado cuenta de que las palabras de éste iban dirigidas a otra dama distinta, la Reina.
Llega Rodrigo y trata de aliviar la situación, pero la de Éboli, furiosa de celos, le advierte que está determinada a una dura venganza. Cuando ella se marcha, Carlos y Rodrigo vuelven a jurarse amistad total, y el príncipe confía a Rodrigo unos documentos secretos, de importancia vital, relacionados con los líderes revolucionarios de Flandes.
Cuadro II.- Ahora en una plaza frente a la catedral todo está preparado para un auto de fe. La multitud canta en honor del Rey. Por su parte, los monjes entonan cánticos funerarios, mientras conducen a los condenados. Después la multitud y la corte forman una procesión, uniéndose a los cánticos, y finalmente a ellos se unen el Rey y la Reina, que se sitúan en el lugar principal.
Llega ahora Don Carlos, al frente de una comisi6n de seis nobles flamencos, que se postran en súplica ante el Rey, pidiendo misericordia para su pueblo, pero el rey se niega a escucharlos. Ahora, el príncipe Carlos se adelanta y pide a Felipe que lo nombre gobernador de Flandes, en cuyo puesto podrá probar su capacidad para ser rey en el futuro. Felipe rechaza su petición, porque no quiere dar a su hijo poder alguno que pueda utilizar contra el Rey. Fuera de sí, Don Carlos desenvaina su espada en presencia del monarca, lo que constituye un grave ultraje al monarca. Este pide que desarmen al príncipe; nadie se atreve a hacerlo. Y después de unos momentos de estupor es Rodrigo quien desarma a su amigo el príncipe, por lo que el Rey, en el mismo momento, le concede el título de duque en reconocimiento de aquel servicio.
El pueblo vuelve a entonar sus cánticos en alabanza de Felipe y a su vez los monjes entonan sus plegarias funerales. Desde el Cielo, una voz proclama gloria futura para quienes han sido tratados tan cruelmente en la tierra. Se prende fuego a la pira funeraria y todos, menos los condenados, cantan la gloria de Dios.
ACTO III.-
Cuadro I.- El rey Felipe, solo en su estudio, medita tristemente: "Ella giammai m'amó" ("Ella jamás me amó"; el original francés, empero, tiene un sentido diferente: "Ella ya no me ama"). Entran el Duque de Lerma y el Gran Inquisidor. El Rey pregunta qué castigo debe administrarse a Don Carlos y el Inquisidor aconseja la pena de muerte, señalando ante los escrúpulos del Rey, que Dios sacrificó a su propio Hijo. El Inquisidor pide ahora a Felipe que entregue a la Inquisición a Rodrigo, sospechoso de conspirar contra la Iglesia. El Rey se resiste, pero el Inquisidor, antes de abandonar la estancia recuerda a Felipe que ni siquiera el Rey está por encima de la Inquisición.Entra ahora Isabel y pide justicia porque le han robado su joyero. El Rey se lo muestra y le pregunta por qué tenía entre sus joyas una miniatura del príncipe Carlos. Ella le recuerda que antes de ser Reina de España estuvo prometida al príncipe, pero el Rey no acepta sus explicaciones. La Reina se desmaya, y Felipe llama en su ayuda a Rodrigo y a la princesa de Éboli; ésta, que fue quien entregó el joyero al Rey, se reprocha ahora su traición.
En un cuarteto, cada uno expresa su reacción ante el momento; y cuando los dos hombres se han marchado, la de Éboli pide perdón a la Reina por su traición, al mismo tiempo que le hace conocer que ama a Don Carlos y que a su vez ha sido amante del Rey. Isabel le ordena que abandone la corte, marchándose al exilio o ingresando en un convento. Cuando se queda sola la princesa de Éboli se lamenta de su "don fatal", el de su belleza ("O don fatale"), pero se promete ayudar al príncipe Carlos a escapar de su injusto castigo.
Cuadro II.- Carlos, en un calabozo, recibe la visita de Rodrigo, quien le dice que los documentos que había recibido del príncipe fueron encontrados por la Inquisición y que por ello la Inquisición le busca. En este preciso momento entra un asesino a sueldo de la Inquisición y dispara contra él. En sus últimos momentos dice a Carlos que la Reina se encontrará con él al día siguiente y le encarga que traiga la libertad a España y a Flandes ("O Carlo, ascolta": "Oh, Carlos, escucha").
El Rey, rodeado de nobles, llega para devolver su espada a Don Carlos, pero éste acusa a su padre de ser cómplice en la muerte de Rodrigo. Fuera de los muros del recinto se escucha el clamor de la multitud que pide la libertad de Don Carlos. Aunque nos nobles temem por sus vidas, el Rey ordena que se abran las puertas. La princesa de Éboli, disfrazada, ayuda a escapar al infante. Más tarde aparece el Gran Inquisidor y ordena a la multitud que se incline en homenaje al Monarca elegido por Dios. Así lo hacen y piden clemencia al Rey.
ACTO IV.-
Isabel, invadida de profunda tristeza, está sola, en el Monasterio de Yuste, arrodillada ante la tumba del Emperador Carlos, al que invoca: "Tu, che la vanita" ("Tú que conoces las vanidades del mundo"). Se despide amargamente de su pasada felicidad y recuerda los días de su juventud en Francia. Aparece Don Carlos y ambos cantan un dúo en el cual reconocen que su mutuo amor sólo podrá cumplirse en la otra vida. Comienza la escena final: entra ahora el rey Felipe con el Gran Inquisidor y la guardia y en el momento en que los soldados van a detener a los enamorados, se abre la tumba del Emperador y de ella emerge una visión, con hábito de monje, que se lleva a Don Carlos con ella, ante el espanto de todos los presentes (incluso muchos asistentes, sobre todo los que estaban en las primeras filas de la platea)
COMENTARIOS FINALES Y CONCLUSIONES
En primer lugar destacar la sonrisa abierta con que salimos todos de la representación, el gusto que te deja el precioso final, con su punto de "efectos especiales" a que nos tiene acostumbrado el Palau de les Arts y con un trabajo escenográfico y coral que te deja pegado al sillón y que hace que en el segundo de finalizar no seas capaz de reaccionar y los aplausos comiencen con "retardo", eso sí, los 15 minutos de aplausos no se los quitó nadie.
Los comentarios y las comparaciones con la ópera anterior, Carmen, tenían que notarse (casi todos somos abonados y coincidimos) y se dejó claro que el "experimento" con Carmen no tuvo el éxito que pretendían y esta obra, más tradicional, más "tópica" ha sido todo un bombazo.
Yo no soy muy verdiano (por Verdi) pero reconozco que Don Carlo es una obra que me apasiona. Supongo que tendrá mucho que ver que el elenco principal sea masculino (soy más de voces masculinas que femeninas) y que la historia no sea tan truculenta como otras óperas (aunque muertos siempre acaba habiendo, es tradicional) lo que hace que el exceso de minutaje de la obra (entras a las 8 y media y sales después de la 1) se haga al final corto y acabes pensando que no hubiese estado nada mal que eligieran la versión completa (la francesa), con un acto más y cerca de 45 minutos más larga.
Para finalizar un comentario respecto a mis opiniones sobre estos temas: Veo imprescindible en una opinión de este tipo el hecho de detallar el trabajo de cada uno de los participantes en el evento, con los comentarios necesarios, ya que cualquier actividad artística existe gracias a quien la ejecuta, no solo por ella misma así que mi deber es hacer una reseña lo más completa posible aunque haya quien opine que estoy escribiendo de mas.