- No hay huevos. Básicamente y resumiendo mucho eso es lo que me dijo mi hermana para retarme con malas artes. Porque tengo una vecina que de vez en cuando me pide libros, pero como la pobre tuvo la mala suerte de no poder estudiar en su día, hay cierto tipo de literatura que se le atraganta. Y le encantan los libros “de amor” como ella dice, libros que yo no tengo ni leo jamás, peeeeeero.... mi hermanísima y mis otras Moreno sí, y en grandes cantidades. Los usan para desengrasar las neuronas, dicen. Así que les pedí auxilio y acudieron prestas al rescate con varios ejemplares, muy ufanas. Y claro, comenzó la tocada de narices. Que hay que ver cómo eres, con lo divertidas que son. Que salen estupendos muy estupendos. Que venga anímate, que no duele ni nada. Que desde la del vikingo no has vuelto a leerte ninguna (y la del vikingo fue un desliz, que conste). Así que no me quedó otra que aceptar el envite y prometer que leería UNA y SÓLO UNA y como prueba fehaciente, he pedido que dieran de alta el librito de marras y me dispongo a destriparlo convenientemente.
Observad que he dicho destriparlo. Vamos, que no voy a dejar títere con cabeza porque ha sido una experiencia absolutamente alucinante. Sí, hay un maromo cañón pero con poco seso. Sí, hay una damisela divinísima a la que apetece soltar dos yoyas. Sí, hay mucho circunloquio y mucha retórica hueca cuando sabemos desde el principio que el maromo cañón y la damisela divinísima van a acabar en la cama retozando durante horas en todas las posturas imaginables. Lo que no hay es un mínimo de coherencia. El argumento es pobre, los diálogos de risa y la caracterización de los personajes, penosa. Pero claro, a lo mejor es ahí dónde reside su supuesto encanto, lo que pasa es que aún no he atinado a encontrarlo. Y mira que lo he buscado, de verdad.
LA LECTURA. FASE 1. ¿AUTOR O AUTORA?
Yo creo que esta gente disfruta buscándome las vueltas. Lo hacen a posta para despistarme y después cogerme por sorpresa, los malditos. Bueno, pues agarré el libro de marras y me senté en mi butaca favorita. La portada muestra el torso imponente de un caballero que sujeta una espada en su mano derecha. No, no es una espada metafórica, es una espada de hierro. Forjado, creo. Parece que el caballero luce una falda escocesa a cuadros rojos. Ajá, entonces esta novelilla va a ser de esas de las Highlands que tanto le gustan a mi hermana y a nuestra Ciaocompi La_cara_oculta. Mira, así lo tienen fácil, qué cucos, falda parriba y ñasca...
En fin, a lo que iba. En la parte superior aparece un nombre, Kinley MacGregor (de los MacGregor de toda la vida) y durante días he estado pensando que era un señor, cosa que me sorprendía porque estas novelas las suelen escribir mujeres. Así que me puse a buscar en Google y en efecto, es una mujer llamada realmente Sherrilyn Kenyon. Curiosamente, con su nombre real escribe novelas paranormales y con el seudónimo novelas románticas, que también son bastante paranormales porque tienen de realidad lo que yo de nuncio de la Santa Sede.
Al parecer la buena señora no pudo terminar sus estudios de periodismo y escritura creativa (se nota, se nota) por un problema de salud, así que se puso a escribir como una posesa.
Leyendo los títulos de sus “novelas románticas” me ha dado un ataque de risa incontrolado, porque así, todos seguidos y con un poco de imaginación, dan para un relato corto por lo menos. Y si no, comprobadlo: - Nacido en pecado - ¿Dónde está mi héroe? - En busca del highlander - El escocés domado - Dueño del deseo (que es el que nos ocupa) - Caballero Oscuro. La Hermandad de la Espada I - La espada de la oscuridad - El retorno del guerrero. La Hermandad de la Espada II - El guerrero de la oscuridad - El guerrero. La Hermandad de la Espada III
Resumiendo: Que aparte de repetirse muchísimo, son todos unos pecadores irredentos que tienen muchos problemas para encontrar a la gente y una vez que los encuentran los convierten un amorosos y ronroneantes gatitos, antes de que el maromo en cuestión entré en shock y opte por volver a sus sanguinarios orígenes a base de espada en sitios oscuros. Anda, que guay. Espada en sitios oscuros. Decididamente ahora sí que es una espada en sentido metafórico, juas, juas, juas.Y el guerrero entra y sale de la oscuridad constantemente... Lo dejo, lo dejo, que me estoy metiendo en un jardín...
LA LECTURA. FASE 2. DE QUÉ VA LA COSA
Bien, vamos a desgranar la apasionante trama de “Dueño del deseo”. A pesar de que a mi hermana se la vendieron como de la colección Highlanders (vamos, escoceses de falda y espadón metafórico y del otro) resulta que la acción se desarrolla en Inglaterra bajo el reinado de Enrique II. Dos fieros y malhumorados caballeros feudales, Lord Ravenswood y Lord Warwick, andan a la greña porque se acusan el uno al otro de haberse internado en sus tierras y haber montado escabechinas importantes. Así que el rey Enrique les cita para tratar de arreglar el asunto antes de que se líe parda. En una decisión digna de Salomón, obliga al de Ravenswood a que jure no volver a entrar en las tierras de Warwick y a que éste le entregue a su hijita querida, Emily, como “fianza”.
Los dos se mosquean bastante, claro, sobre todo Hugh de Warwick que ha de entregar a su virginal hija la cual, por lo que empezamos a ver, es cualquier cosa menos tonta. A la que se entera de que la van a entregar durante un año a Draven de Ravenswood, empieza a montarse una película de romanos en la cabeza para tratar de casarse con él. Y se pone pesadísima. Venga ojitos, venga escotes y venga miraditas insinuantes. Draven, que no es de piedra, no tarda en percatarse de que la chica está de toma pan y moja y claro y se pasa gran parte de la novela con ciertos problemas de estrechez en sus calzas medievales, cosa que la autora cuenta con bastantes detalles de tamaño, calor y tensión de telas.
Pero, oh dolor, Draven oculta una triste y dura historia en su pasado, ya que su padre era un cachoperro asesino que mató a su madre y le maltrató a él hasta la extenuación. Y piensa que él lleva sus genes y su maldad, así que no quiere acercarse mucho a Emily por si acaba hecha filetes.
Bueno, realmente sí que quiere acercarse y hasta tiene sueños no aptos para menores, pero se debate consigo mismo. Después de noventa páginas debatiéndose, yo estaba un poco hasta la peineta. Venga ya, hombre, si la rubita lo está deseando, anda y vamos al turrón...
Y claro, llega el turrón, el mazapán, los polvorones y hasta las peladillas, que cuando el Draven se anima y la otra se pone tontorrona allí les dan “las claras del alba”, como decía el poeta, poniéndose al día de sus respectivos furores internos. Como es habitual en estas novelas, se da bastante lujo de detalles , y, como también es habitual, ambos demuestran un aguante digno de campeones de maratón. Y ya no es que sea posible o imposible, es que es mentira. Aquí y en la época medieval esa.
Pues eso, que todo va fluyendo hasta el “apasionante” final, que ya hemos intuido desde la página uno, y acabamos con la sensación de que nos han sobrado la mitad de ellas. Pero por lo menos la he terminado y podré chinchar a mi hermana convenientemente.
LA LECTURA. FASE TRES. REGOCIJÉMONOS TODOS CON LOS DETALLES
Ay, sí, porque hay que leer cada párrafo... De entrada la traducción es desastrosa, hay párrafos enteros que tienes que leer dos veces para enterarte bien. Cosas como que sólo haya dos personajes hablando y que se refieran a uno de ellos dos en tercera persona. O que no sepan manejar los sinónimos, porque en la misma página te puedes encontrar el verbo “sisear” conjugado de tres formas posibles, las mismas que los protas “entran en el paraíso”. Digo yo que habría muchas más formas de expresar la misma cosa con algo más de imaginación.
Básicamente, estas “novelas románticas” tienen un esquema muy claro: hay un macizo poderoso, con músculos hasta en el paladar, de diferente origen geográfico. También hay una lindísima damisela, pero no una damisela cualquiera o del montón, no. Es escultural, guapísima, interesante, ingeniosa, valiente y seductora. Diversos avatares los van uniendo y ambos se tienen unas ganas tremendas hasta que llega el momento crucial y tracatrá. Trá. Varios trás, en concreto. Y sin duchas, ni baños, ni lavabos ni nada. Que te partes de risa cuando dicen cosas como que él tenía un olor muy varonil (a macho cabrío, fijo) y ella a madreselva (pocha, la madreselva estaba pocha).
Veamos ejemplos concretos. Cuando Draven va a recoger a Emily al castillo de su padre a lomos de su brioso corcel, ella se queda anonadada: _“Emily se detuvo en seco. Jamás había contemplado a un hombre semejante (...) La cota de malla se ajustaba sinuosamente sobre su cuerpo, duro como una roca tras años de entrenamiento (...) Era un hombre que demandaba atención. Jamás en su vida había visto un hombre tan apuesto...”_ Bien, aparte de que se repite como el ajo ¿cómo sabe la tal Emily que lleva años de entrenamiento? ¿eh? Mucha listilla es lo que hay...
Un ejemplo clarito de cómo se maneja la autora con los deseos carnales del caballero: _“Draven realizó largas y profundas inspiraciones mientras luchaba contra la lujuria que se había apoderado de su cuerpo (...
) Y tenía la entrepierna tan dura y excitada que le daba la sansación de que los mismos fuegos del infierno se habían instalado sobre su regazo”._ Machoteeeee. Aquí alcanzamos a comprender en su totalidad aquello de “ir partiendo la pana” ¿a que sí?.
Claro que la virginal Emily no le va a la zaga: _“¿Qué sentiría cuando un paladín tan fuerte e indomable la llenara con su cuerpo para poseerla como ningún otro hombre lo había hecho? (...) Contempló en su mente la fuerte espalda de Draven y sus húmedos músculos. Sí, desnudaría esa piel morena y la exploraría a placer con las manos y con los labios”_. Tela la niña. Aunque claro, yo la comprendo, cosas así me pasan por la cabeza cuando cierto australiano tremendo se me pone a tiro de retina. O sin retina, que una, en su modestia, tiene una imaginación portentosa. Y bastante calenturienta, sí, es verdad, lo reconozco ruborosa.
SUPERANDO TRAUMAS
Porque realmente obligarme a mí misma a leer algo así ha sido todo un logro. Reírme me he reído bastante, porque me imaginaba ciertas situaciones y me salía la sonrisilla malévola. Pero, obviamente, este tipo de literatura no va a entrar jamás entre mis favoritos por dos motivos principalmente: no me gusta y me parece vacío, pobre, mal escrito y hecho casi con el piloto automático puesto. No es por tirarme flores, nada más lejos de mi intención, pero hace unos años mi hermana me pidió para su cumple que le escribiese una de éstas y en dos semanas le apañé una ambientada en un Egipto más o menos moderno. Me salió un prota impresionante. Y una prota espectacular. Hasta misterio había. Lo mismo pagan bien por hacer de “negro” de alguna de estas autoras consagradas, me lo voy a plantear.
La única ventaja que le veo a estos libros es que con ellos al menos se lee. Y leer es siempre un ejercicio maravilloso. Mi vecina los disfruta una barbaridad ¿quién soy yo para negarle esos pequeños placeres?. Pero lo que es por mí, pasará mucho tiempo antes de que vuelva a abrir las páginas de una novelita rosa, a no ser que mi tía me preste de nuevo aquel de la postura imposible sobre una mesa de caoba, que ni haciendo esquemas logramos descubrir cómo porras se lo estaban montando. Demasiadas piernas, demasiadas manos y creo que llegamos a contar tres espaldas. O aquella pareja eran del Circo del Sol o el traductor le estaba dando a la absenta desde por la mañana.
¿Y el amiguete que te ha salido por aquí? jajaja Eso solo pasa a los buenos, da perigrí, ni caso. La "novela" pues como todas esas, un género para personas con pocos estudios que así por lo menos leen, como bien dices, aunque para que sirvan a ese fin de culturizar un poco las ediciones deberían estar más cuidadas, por dentro, que fuera ponen a unos macizos de impresión. Eres una valiente, yo leí el que me regalaron a los 12 o 13 años y jamás me acercaré al género de nuevo. Gracias por las risas. Un besazo.
Interedante si k parece