El caótico universo de Tolkien vuelve en un nuevo y masivo juego al más puro estilo Battlefront.
Electronic Arts y Pandemic unen esfuerzos una vez más y nos brindan un título con cosas buenas y malas, pero que gustará a los fanáticos de la saga.
Gráficamente se trata de un juego discretísimo, y en cuanto a jugabilidad, acaba cayendo demasiado a menudo en el aporreo de botones histérico y sin sentido. Un juego de acción directo en el que el espíritu del Hack and Slash se ve revestido por la indudable calidad como contexto que aporta la licencia que le da nombre.
Revisitando Lugares Comunes
Y aquí estamos, una vez más, dispuestos a salvar/condenar la Tierra Media otra vez.
En esta ocasión en mi opinión, con un cambio de prisma agradecido y recompensable, viviran en primera persona las masivas y gigantescas batallas que son santo y seña de la franquicia creada por John Ronald Reuel Tolkien hace ya más de cincuenta años.
Concretamente en "La Conquista" la oferta jugable se divide en dos partes bien claras, por un lado la campaña individual, y por otro las modalidades competitivas de multijugador. El modo historia será precisamente con el que empezaré este análisis, y es que a pesar de la orientación eminentemente on-line del videojuego (según mi punto de vista)esta vertiente también ha recibido una gran atención por parte de Pandemic Studios.
El título ofrece dos campañas: la del Bien y la del Mal, y cada una de ellas con ocho niveles. La segunda, la más divertida, debe ser desbloqueada superando la primera, aunque las dos tienen unas bases muy similares, quedando reducidos los cambios principalmente al aspecto de los personajes y al argumento en general. La de Sauron, concretamente, nos lleva a un contexto muy diferente al de la obra literaria, en el que Frodo y su Comunidad del Anillo fracasan en su intento de destruir la preciada joya.
Toda la historia del modo individual se nos cuenta mediante videos que incluyen imágenes de las películas de Peter Jackson, lo que refuerza el aspecto más cinematográfico del videojuego. La campaña del Mal, sin embargo, pierde cierta cohesión por esta decisión estética, puesto que su planteamiento queda corto al presentar situaciones que no pasan en los largometrajes y que por tanto no tienen representación cinematográfica.
Los niveles jugables a los que hilan estas cinemáticas están inmejorablemente elegidos sobre el papel, y nos trasladan a los mejores momentos de las películas, con presencia destacada de todas y cada una de las grandes batallas que pudimos ver en los cines. Así el videojuego tiene momentos importantes como para haber sido memorables como Isengard, Osgiliath o Minas Tirith. Por su parte los objetivos de las misiones no son demasiado variados pero se van formulando según avanza la partida emplazándonos a ir de un punto a otro del campo de batalla.
La Importancia del Combate
En el momento en que una compañía plantea un videojuego con una campaña individual y un multijugador centrados en las batallas masivas de corte eminentemente cuerpo a cuerpo, tiene que asegurarse de que el combate es satisfactorio, profundo y que ofrece suficientes alternativas como para no aburrir al usuario durante un largo período de tiempo.
Sin embargo ese es precisamente el problema de Conquest, un título que dependía primordialmente de este aspecto para trascender y convertirse en una joya imprescindible, y no quedar en un juego interesante, lo que ha resultado finalmente.
El Señor de los Anillos: La Conquista
El uso de las monturas y de las máquinas de guerra acabará siendo un elemento decisivo en la batalla.
Llega un momento en que el usuario podrá acostumbrarse al ligero retardo que hay entre la transmisión de una orden y la ejecución de ella por parte del personaje en pantalla, sin embargo teniendo en cuenta que es un juego de acción la respuesta es fundamental, y el hecho de que sólo en ocasiones se produzcan estas interrupciones hacen del conjunto algo caótico.
Las batallas a menudo acaban convirtiéndose en una mera carrera para ver quién asesta el golpe inicial a su enemigo, pues en La Conquista quien golpea primero lo hace dos veces. En el juego prima de este modo el machaque de botones más descerebrado y frenético, en lugar de inclinarse por opciones que podían haber dotado al programa de una mayor variedad en este sentido.
Si que hay, en el ámbito de la diversidad, algunas alternativas entre las que optar. Por ejemplo contamos con cuatro clases de personaje: Guerrero, arquero, espía y mago, aunque todos ellos acaban estando cortados por el mismo patrón en términos de control y manejo. Por lo tanto las diferencias son las obvias y no pasan de ahí, así el mago está especializado en ataques a distancia con hechizos, el guerrero es brutal en el cuerpo a cuerpo, el arquero es vulnerable a distancias cortas pero letal en las largas y, por último, el espía está especializado en los rápidos zarpazos, gracias a una técnica que le permite pasar desapercibido en el campo de batalla hasta el momento en el que ataca.
Yo pienso que el frenetismo y el desorden están fomentados todavía más por la presencia de una barra de energía especial que se recarga acabando con los enemigos. Lo que libera este pequeño interfaz es la posibilidad de realizar ataques especiales que la van consumiendo, aunque éstos se realizan de manera prácticamente idéntica a los normales con la sensación de tedio y monotonía que todo ello conlleva.
Todas estas dinámicas son las mismas tanto en la campaña individual –que dispone de una modalidad cooperativa para dos jugadores- como en el modo multijugador, auténtico reclamo del videojuego. El Modo Historia no ha sido en absoluto desatendido, pero sería una pobre carta de presentación para un videojuego tan esperado como éste. Es en el multijugador donde Conquest depara sus mejores momentos, dejando, sólo en parte, de lado la torpe IA de las modalidades individuales.
Y decimos sólo en parte puesto que las batallas en el videojuego no son únicamente protagonizadas por los 16 jugadores humanos a los que da soporte el título también en su edición de Pc, y es que el resto de soldados que vemos en pantalla los dirige la inteligencia artificial. Los rivales controlados por “la máquina” tienen auténtica fijación por los jugadores, y aunque otros soldados virtuales sean una amenaza mayor para ellos que nosotros siempre fijarán su blanco en nuestros personajes.
Los aliados también hacen gala de abundantes comportamientos absurdos, y sus decisiones a la hora de escoger rutas u oponentes a los que enfrentarse siempre son discutibles.
Por otra parte, y ya con ánimo de rescatar lo positivo del multiplayer, hay que destacar la presencia de tres modos de juego. El clásico Deathmatch, el modo Conquista y el de Capturar el Anillo. El primero de ellos no merece mayor explicación y tiene dos vertientes, la de héroes y la de equipos. El de Captura del Anillo Único, por su parte, es una revisión de capturar la bandera en movimiento, mientras que Conquista es el que depara los mejores momentos del videojuego.
Aquí es donde se obtienen los mejores réditos de la cooperación con los compañeros de grupo, y donde mejor uso se le dan a las tácticas. En esta modalidad hay cuatro zonas de control en diferentes puntos del escenario, y cada equipo gana puntos exponencialmente en función del número de ellas que estén bajo su control. Se trata de la mejor alternativa que ofrece este lanzamiento de El Señor de los Anillos a todos los niveles, y es aquí donde verdaderamente las diferentes clases y estrategias toman el verdadero sentido.
En cuanto al funcionamiento de todo este apartado a nivel on-line no hemos experimentado ningún problema de lag ni en el cooperativo para dos jugadores –también disponible a pantalla dividida en una misma consola-, ni en las masivas batallas para hasta 16 usuarios. Un punto a favor de La Conquista.
Discutible Aspecto Visual
El conjunto resulta tan decepcionante que hay algunos elementos dignos de juegos de Pc de hace 5 o 6 años, y sólo el conjunto se redime por su condición de multijugador y del excelente resultado que se ha obtenido con estos sacrificios en su optimizado código de red.
Por si fuera poco se crea un desagradable desequilibrio entre escenarios y personajes, presentando los primeros un aspecto bastante bueno, y los segundos requiriendo urgentemente de un mayor trabajo de pulido a sus espaldas. Las texturas, en general, son francamente flojas en unos y otros elementos, y las animaciones de los soldados y bestias son muy pobres. Estos elementos ya eran francamente notorios en PlayStation 3 y Xbox 360, pero en PC lo son todavía más debido fundamentalmente a que estamos ante un hardware más potente y, por ende, con más posibilidades ante sí.
Los efectos a nivel visual son también anacrónicos, y algunos detalles como el fuego o el humo crean extrañas secuelas sobre los elementos a los que circundan. Las sombras también dejan mucho que desear. Podríamos llenar párrafos y párrafos sobre elementos visuales que nos han resultado decepcionantes como jugadores, pero ciertamente sería un esfuerzo estéril. Baste decir que, sin ser merecedora de un suspenso, se trata de una faceta que no está a la altura de lo que se puede esperar de un título Next-Gen.
De hecho los requisitos mínimos pueden parecer abusivos para un título de estas características, pero las opciones para personalizar la experiencia visual en esta, su versión de Pc, son abundantes de modo que el juego acaba escalándose para adaptarse a diferentes equipos.
A parte de la resolución y el brillo contaremos en el apartado de opciones con parámetros de Bajo, Medio y Alto para el detalle de texturas, modelos, sombras, partículas, iluminación, calidad de los shaders y del entorno; además de la posibilidad de activar la necesaria sincronía vertical y el efecto Bloom.
Después de relatar el decepcionante apartado gráfico y tecnológico, conviene deshacerse en elogios con la faceta sonora del título, un verdadero triunfo. La banda sonora de Howard Shore vuelve a demostrar una vez más su supremacía en términos épicos, beneficiándose el videojuego de haberla recogido punto por punto de las películas. Los efectos sonoros son también fantásticos, rayando en todo momento a un excelente nivel. El único elemento que desentona en el aspecto del audio en La Conquista es el del descompensado doblaje, algunas de las voces de los principales protagonistas llevan a cabo un trabajo extraordinario, mientras que otras de las que escucharemos en combate son muy mejorables.
Valoración de El Señor de los Anillos: Conquista
El Señor de los Anillos: La Conquista es un videojuego demasiado irregular para recomendarlo sin hacer antes algunas matizaciones. Quien no guste del aporreo sistemático de botones no sacará demasiado partido de su propuesta jugable, aunque quien disfrute de las batallas masivas y del mundo de Tolkien encontrará aquí un entretenimiento directo y sin demasiadas complicaciones con una vida útil muy larga.