Un fondo musical inolvidable a cargo de Joan Manuel Serrat, gracias al cual el poeta ha llegado a muchos rincones, para acompañar este texto: http://www.youtube.com/watch?v=Lj-W6D2LSlo
Falta ya poco tiempo para que se cumplan cien años de la llegada a Segovia de Don Antonio Machado, tras haber estado ejerciendo en Baeza. Su aula de Baeza puede visitarse hoy día y es una visita entrañable por los recuerdos quede Don Antonio trae a los que allí hemos ido, porque al margen del precioso patio renacentista, nos trae a la memoria las antiguas aulas, con sus pupitres de madera, su gran mapa de España, el perchero, alguna foto, la mesa del profesor...
En realidad de Antonio Machado nos quedan como recuerdos sus tres aulas, la de Soria, Segovia y Baeza, así como la pensión en la que vivió cuando vino a ejercer a Segovia y tras una breve estancia en un hotel se alojó.
Fue el 26 de Noviembre de 1919, como recogió al día siguiente El Adelantado de Segovia
, un periódico que hoy día sigue publicándose:
«Ayer llegó a esta población, con objeto de posesionarse de su cátedra de Francés en el Instituto General y Técnico para la que recientemente fue nombrado,
el vigoroso y culto poeta Antonio Machado,
que en hermosas estrofas ha sabido cantar las grandezas de Castila,
de la que es un ferviente enamorado.
Enviámosle nuestro más afectuoso saludo,
y mucho celebraremos que encuentre grata su estancia en esta vieja ciudad castellana,
donde seguramente hallará motivos de inspiración el genial poeta.»No ha hecho falta que lleguemos a ese centenario para que la ciudad haya homenajeado al genial poeta, que en esta ciudad realizó aquello que más le gustaba, pues ejerció de profesor, continuó escribiendo, disfrutó de los paseos por una ciudad propicia para ello y participó en las tertulias a las que era tan aficionado. Y como muestra de ese cariño que la ciudad tiene para con el poeta, a pie de calle, en la Plaza Mayor de Segovia, punto obligado de paseo para los ciudadanos y visitantes de la ciudad, instaló una estatua del poeta.
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DE CHARLA CON DON ANTONIO
- Buenos días
Don Antonio. Me pidió mi amiga Eva que la próxima vez que pasara por la
Plaza Mayor de Segovia le saludara.
- Pues aquí estoy. Es lo que tiene ser una estatua, que no te vas a ninguna parte y todo el mundo sabe dónde encontrarte.
- De todos modos ya podían haber sido más considerados los segovianos, que un par de metros más atrás y hubiera quedado al resguardo de los soportales. Además, poco les hubiera costado dejarlo sentado en un banco viendo pasar la gente, como han hecho con su estatua en Baeza.
Aunque hay que reconocer que las vistas y el tránsito de gente que podéis observar es una maravilla, con las espaldas guardadas por el Teatro Juan Bravo (el capitán comunero tan recordado por esta ciudad) y el Café Juan Bravo en el que tantas tertulias mantuvisteis con vuestros amigos, con las terrazas de los bares y restaurantes que dan a la Plaza Mayor, en el centro ex templete de música al que se suben los críos a jugar.
A la izquierda se intuye la torre de la iglesia de San Miguel en que fue coronada reina Isabel la Católica y el Hotel Infanta Isabel. A la derecha el Ayuntamiento de Segovia y al fondo podemos ver parte de la dama de las catedrales: la Catedral de Segovia.
- El lugar desde luego es ideal, no solo por las vistas, sino por el inacabable tránsito de gente, tanto de segovianos como de turistas. No hay turista que venga a Segovia y no pase por esta Plaza Mayor en su paseo camino del Alcázar, o de vuelta al Acueducto, o simplemente para visitar la Catedral. Además no hay un solo grupo guiado que no haga un alto aquí en esta plaza para recuperar el resuello tras subir por la calle Real, mientras el guía aprovecha para explicarles la historia de esta plaza y de la Catedral.
Mucho tránsito sí, pero pocos son los que se acercan a mí, siquiera sea para hacerme una foto.
-Tenéis razón. Que muchas son las veces que he pasado por delante vuestro, no digo ya sin saludaros, sino tan siquiera sin veros, tal es la aceleración con que vengo a Segovia a trabajar.
Pero contadme, que tal os va por aquí.
-Pues ya sabes lo que dicen los segovianos, aunque no sean los únicos en decirlo: «En Segovia nueve meses de invierno y tres de infierno». Y por más que me hayan puesto con abrigo largo y una bufanda, aquí todo el día a la intemperie te quedas helado. Y luego en verano te sobra todo.
Además echo de menos la casa en que viví, que está a un paso de aquí, en el número once de la empinada calle de los Desamparados, en lo que era la pensión de Doña Luisa Torrego
-La conozco, que allí he estado y hoy es la
Casa-Museo de Antonio Machado.
CASA-MUSEO DE ANTONIO MACHADO
-¿Se puede ir en cualquier momento?
-No, su horario es de miércoles a domingo de 11 a 14 y de 16 a 19, aunque las visitas no son en cualquier momento, sino cada hora.
-Cuéntame, ¿cómo está?
-El jardín de la entrada, más que un jardín parece una selva de lo descuidado que está. Junto a la puerta de entrada a la casa hay una librería donde poder comprar, como no, los libros con la poesía de Don Antonio Machado. Lo que han puesto nuevo en dichos jardines es un busto suyo, obra de Emiliano Barral, en el que se le ve de lo más melancólico, como añorando a vuestra amada Leonor, que la enfermedad os arrebató allá por el año 1912 dejándoos desolado.
No puede accederse libremente a la vivienda que está en la primera planta, pues para hacerlo se hace mediante una visita guiada, en la que en pequeños grupos puede contemplarse cómo era una casa hace casi cien años, cómo era tu habitación y encontrar además numerosos recuerdos.
En 1950 según reza un cartel en la entrada, la Universidad Popular Segoviana tomó en arrendamiento la casa-habitación en la que vivió durante su estancia en Segovia Antonio Machado. Inmueble que adquirió gracias a un préstamo en 1959, para posteriormente en 1961 comprar los muebles de la habitación y del comedor.
Doña Luisa Torrego vendió a la
Academia de Historia y Arte de San Quirce que es como se denomina ahora a la Antigua Universidad Popular la casa y los muebles que contenía, aquellos que en su día te acompañaron, según consta en un documento:
«Dormitorio: Una cama de hierro con adornos dorados,
con su colchón y mantas, almohada y colcha de algodón color amarillo.
Un armario bajo de madera pintada en negro.
Mesilla de noche de madera color chocolate.
Un pañito blanco cubre la mesilla.
Una percha de madera con colgaderos de metal y remates de porcelana.
Una butaca tapizada. Dos sillas de madera. Una silla de rejilla.
Lavabo de madera curvada con su palangana de loza y jarro y cubo de lata.
Una palomilla de cristal y un vaso para los dientes.
Una mesa tocador de madera de nogal.
Un espejo con marco de madera. Una estufa de petróleo. Una escupidera de loza. Cesto de papeles, de alambrera:
Un cenicero de cristal. Camilla con sus ropas (faldas y tapete).
Un número de La prensa de 25 de agosto de 1929-. Un aparato de luz (brazo con pantalla de cristal blanco y bombilla)-:
Una alfombrilla, Visillos de balcón.
Comedor: Mesa de comedor de madera patas torneadas. Hule cuadritos azules y blancos.
Seis sillas de madera con asiento y respaldo de cartón prensado.
Cuatro sillas de madera tipo Fernando VII.
Un aparador de madera con dos cuerpos, el de arriba con puertas cristaleras.
Un trinchero con estantería en la parte alta.
Un cuadro con cromo de paisaje a la luz de la luna.
Un reloj de pared de caja de madera.
Una tulipa de luz de cristal de rosa.
Una botella de cristal azul con su tapón.»-Pues si que han conservado las cosas como estaban.
. Si, y resulta muy curioso ver cómo podría ser la vida en aquellos tiempos. Para empezar, el cuarto de baño de la entrada nos muestra lo sencillo que podía ser entonces, con su taza, la cisterna que colgaba en lo alto y que vaciaba el agua tirando de una cadena que colgaba, un sencillo lavabo con su espejo…
A continuación la cocina, aquellos lugares espaciosos en que muchas veces se hacía la vida. Encontramos en ella los utensilios propios para cocinar de aquella época.
Y luego los diferentes dormitorios, el salón, su habitación, con los objetos anteriormente descritos. Una habitación muy sencilla y que como decías daban ganas de abrir las ventanas en un vano intento de que el frío se escapara por ellas. Porque mucho frío debiste pasar en tu vida, tanto en Soria como en esta Segovia, con una estufilla que apenas si debía templar la habitación.
Tus libros están presentes por toda la casa, así como algunas pinturas entre las que hay que destacar un retrato que te hizo Pablo Picasso, una de las joyas de este museo.
-SÍ, ese fue mi hogar hasta que en 1932 me trasladé a Madrid al sacar la plaza del Instituto Calderón de la Barca. Luego con la guerra me trasladé a Valencia y poco antes de que acabara ésta, abandoné España llegando un 28 de Enero a Francia donde poco tiempo resistí, pues el 22 de Febrero fallecí, no se si de una neumonía o de tristeza. En los bolsillos de mi abrigo, mi hermano encontró mi último verso: «Estos días azules y este sol de la infancia.»
-Pero no habéis muerto, sois inmortal. Y lo seréis mientras alguien lea uno de vuestros poemas, alguien en alguna parte lo recite, o alguien, convertidos los poemas en canciones, entone el cantar. No lo perseguiríais, pero lo habéis conseguido, perdurar en la memoria del pueblo español, ahora y para siempre.
«Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse. »
(Cantares)
Ay, sí, Eva siente adoración por don Antonio. Un gran poeta, sin duda...Por eso me da envidia esta opinión y vuestros viajes a Segovia. Trataré de ir en algún momento y conocer este sitio, que tan bien le has descrito al abuelo de Eva. Besos.