Ventajas Una pelicula para pasar una tarde agradable y hacerte pensar
Inconvenientes Que no te gusten estos temas politicos e historicos
El Buen Pastor, película dirigida por Robert de Niro, recrea los años fundacionales de la CIA y momentos cruciales de la Guerra Fría, con la feroz lucha del espionaje de las grandes potencias. Es una buena historia de espías, es completa, intensa y amarga. La traición, el engaño y los secretos devoran a sus personajes, atrapados en una telaraña en la que la lealtad y la confianza en un país o en una ideología que han decidido servir, les convierte a su vez en desleales, desconfiados y tramposos. No es sólo el infiltrado, el imposto que suplanta una vida, sino aquellos que los impulsaron y, a la vez, han de vigilarlos o desenmascararlos. Cuando el espionaje se convierte en contraespionaje, el doble o triple juego es imprescindible, desequilibrante, una autentica tortura paranoica incluso para los profesionales del engaño. El Buen Pastor, dirigida por Robert de Niro, da buena cuenta de ello en una magnifica historia con las claves clásicas del genero de espionaje surgido como reflejo de la Guerra Fría, periodo en el que ambos bloques - comunista y capitalista - elevan el arte de la desinformación, la propaganda y el espionaje a un enrevesado juego de planes maquiavélicos, minuciosas trampas y agentes e informadores dobles o falsos.
Como la mayoría de las grandes novelas de espías, el guión de Eric Roth (Munich, El dilema, Forrest Gump) parte de algunos hechos reales y de personajes más o menos reconocibles, aunque de una forma mucho más explicita que la empleada por los escritores. El archiconocido capitulo de la fallida invasión de Cuba en Bahía de Cochinos (1961) y la intervención de la CIA sirven como punto de arranque para un viaje en forma de flashbacks a través del nacimiento de "la agencia", oficialmente creada por el presidente Harry Truman en 1946, y como excusa para el juego de espías y el desarrollo del drama personal y familiar de Edgard Wilson. Con este planteamiento el ovillo se va desenredando poco a poco con los justos golpes de efecto y se resuelve como parte de un duelo, casi entre caballeros, protagonizado por la CIA, Ulises, alias de Stas Siyanko, interpretado por Oleg, ambos organismo creados casi ex profeso precisamente para la guerra por el control mundial que la URSS y EE.UU. protagonizaron durante la Guerra Fría.
Para dar mayor veracidad y rotundidad a la historia, Robert de Niro y Eric Roth hilan algunos de los episodios reales más celebres del espionaje de la época, como son los del Circulo de Cambridge, la defección del agente ruso Anatoli Golitsyn y su pase a los norteamericanos en 1961 y los tejemanejes de la CIA durante los cincuenta y los sesenta en América del Sur. Si Edward Wilson puede estar levemente inspirado en Richard Bisell (director de operaciones entre 1958 - 1962), y el viejo profesor de Literatura de Wilson, Dr. Fredericks, recrea vagamente a Anthony Fredericks Blunt, fundador del grupo de los Cinco de Cambridge, una célula de dobles agentes británicos a las ordenes de Moscú, incrustada en las más altas esferas del MI6, y cuyo descubrimiento ridiculizó y dejó en cueros al contraespionaje del Reino Unido.
A su vez Arch Cumming, colega de Wilson en el guión, es quizás una mezcla de otros integrantes del grupo de Cambridge, Donald Maclean y Guy Burgués, dobles agentes británicos que actuaron en EE UU y que estuvieron implicados en las fugas de los secretos atómicos a la URSS, poniendo en ridículo a la CIA en los años cincuenta.
Por si fuera poco en El Buen Pastor, la defección de Valentin Mironov es el anzuelo perfecto, el enemigo en casa, que desencadena buena parte de la trampa urdida por Ulises_KGB para desbaratar los planes de la CIA sobre Cuba, la invasión que prepararon Allen Dulles y Richard Bissell para expulsar a Castro. En la realidad, aunque los planes de la CIA fracasaron y Castro se mantuvo en el poder, Washington salvo la cara imponiéndose en la Crisis de los misiles gracias a otro espía, el coronel Oleg Penkovski, guardián de los secretos atómicos soviéticos. Penkovky fue el agente que proporcionó a Londres y Washington los detalles sobre los planes nucleares soviéticos y su situación. El conocimiento de las deficiencias en la dirección de los misiles de Kruschov permitió el duro juego de Kennedy durante aquel pulso.
Otro caso aludido es el del agente llamado Golitsyn, del que nunca se tuvo claro si se dedicaba a intoxicar a la CIA o era un verdadero traidor, quien desenmascaró a Kim Philiby, el tercer hombre de Cambridge, si bien aseguraría repetidamente que el mismísimo premier británico Harold Wilson servia también a los soviéticos. De esta forma, a caballo entre la ficción y la realidad de los años más vertiginosos y controvertidos del espionaje mundial, la película de Robert de Niro, que se reserva el papel más patriótico y equilibrado, construye un drama complejo, que no complicado, y una pequeña crónica del inicio de la Guerra Fría y los orígenes de la CIA, el huevo de la serpiente que, una vez roto el cascaron, se iba a encargar de trasladar sus maquinaciones a todos los puntos del planeta aun cuando la amenaza comunista, que le dio sentido en los tiempos de Harry Truman y Dwight Einsenhower, había desaparecido.
El ritmo de El Buen Pastor es pausa y el tono pesado y gris, mimetizándose con el color de la época, aunque el suspense mantiene el interés por el desenlace: un marco idóneo para el retrato de Edward Wilson, un tipo hermético hasta el aburrimiento, inteligente y calculador. El clima que imprime Robert de Niro, más cerebral que de acción, resulta muy apropiado para mostrar la vertiente intimista del personaje y su universo emocional, hábilmente truncado y con tintes de farsa, como su propia dedicación. Wilson no se casa con la chica a la que quiere y se traiciona a si mismo; al final, su matrimonio es el primero de sus engaños y su doble juego. No es casual que su verdadero amor de la juventud, Laura, sea sorda, ajena a los secretos que le inundan y que trágicamente delinean su vida. Como en las clásicas historias de espías, todo acaba mal para sus protagonistas y los soviéticos ganan el gran duelo. La CIA o el MI6 se conforman con una presa menor: neutralizar la amenaza en casa y desenmarañar la red creada por los rusos.