Hay leyendas que dicen que en los increíbles desfiladeros que la bordean habitan espíritus que distraen a los conductores y los arrojan al vacío, es una manera más de sacrificar víctima a los dioses que parecen habitar en las altas cimas.
El Camino a los Yungas, también conocido como Camino de la Muerte, es un camino de 64 km de extensión, que une La Paz y Coroico, 56 km al noreste de La Paz en la región de Yungas de Bolivia.
La carretera tiene un desnivel de 3.000 altura y la vegetación parece disimular el precipicio que tiene a su lado algunos de los cuales supera los 100 metros. La estrechez se alía en este caso con la naturaleza para que los nuevos amos de la naturaleza olviden sus velocidades y sus comodidades.
Arreglada mil veces, mil veces vuelta a la naturaleza, es la lucha del hombre y el medio; las autoridades has querido poner un poco de orden, por las mañanas es posible ir a la región de Los Yungas y por las tardes ir a La Paz.
El número de víctima se eleva al infinito, la tarde más trágica fue aquella en que murieron 100 personasque iban en un camión vacío. Se ha creado una fuente de ingresos paralela a la siniestralidad de la carretera más peligrosa del mundo. Y es que hay gente que se dedica a rescatar piezas de los vehículos que han caído al vacío, arriesgando sus vidas colgándose con cuerdas y subiendo ruedas, ejes y demás partes de los cacharros hechos amasijos de hierro.Desde La Paz la carretera asciende suavemente asfaltada y sin grandes curvas como para dar ánimos al viajero. El trayecto transcurre entre el desolado paisaje del altiplano con la presencia de las cumbres de la Cordillera Real que tiene nieves perpetuas y suaves montículos en los que hay llamas y alpacas.
A pocos kilómetros de La Paz el control policial de Kalajahuira obliga a parar a todos los conductores para revisar los papeles y la carga. Viajar en los camiones para experimentar la emoción en su grado máximo es mejor que en los autobuses aunque hay que soportar la lluvia y el frío.
Curiosamente hay muchos perros solitarios, se unen a las llamas formando un curioso ganado.Los lugareños dicen que son los espíritus de los achachillas, espíritus que habían en las montañas y que desean que les den comidas para ganarse el favor de pasar un viaje tranquilo.
Con la apariencia de ser una carretera más, la línea de asfalto nos conduce a La Cumbre, el punto más alto del trayecto a 4.600 metros de altitud. Todos los conductores se santigüan al iniciar el descenso, también lo harán ante todas y cada una de las cruces que jalonan el recorrido, testimonios de los accidentes que ha habido en la carretera.
Nuevo control de policía, el de Chusquipata, nos hace parar para revisar la carga de los camiones en busca de hojas de coca ilegales. La pista es endiablada: tan solo una estrecha cinta horadada en las escarpadas paredes, en la que apenas queda espacio para un camión. Una espesa vegetación tapiza los muros del abismo, la humedad y los saltos de agua hacen tremendamente resbaladizo el suelo.
Y la carretera desciende constantemente, desde los 4.600 metros de La Cumbre hasta los 1.750 de la población de Coroico, todo ello en apenas 90 kilómetros. La sensación es vertiginosa y no apta para cardíacos.
Pero por muy peligrosa que sea la carretera es la única vía que une la capital y el altiplano con los fértiles valles húmedos de los Yungas, donde entre otras cosas se cultiva la mayoría de la planta de coca destinada al uso tradicional andino. Cada día circulan por este camino cientos de camiones y autobuses atiborrados de personas o mercancías, muchos de ellos imposibles de creer.

Miles de personas arriesgan diariamente su vida en esta peligrosa vía, pero también las hay que viven de ella. En un país considerado como uno de los más pobres de América Latina nada se desaprovecha. Lucas es patrón de una brigada que se dedica a rescatar y recuperar los restos de los vehículos accidentados. Con viejas cuerdas se cuelgan de los acantilados para hacer subir ruedas, ejes de transmisión y chapa, “subimos todo los que podemos, prácticamente todo es recuperable, lo malo es que hay cosas que tienes que dejar, bajar a por ellas es tentar al diablo”.Yolosa es la población al final de la endiablada sucesión de curvas. La localidad es tan sólo un puñado de talleres, puestos de comida y rudimentarias pensiones que económicamente dependen exclusivamente de la carretera. A partir de aquí el camino se dirige a Coroico internándose en la región subtropical de los Yungas.
Esta carretera la construyeron prisioneros paraguayos durante la Guerra del Chaco en la década de 1930. Es una de las pocas rutas que conectan la selva amazónica del norte del país, con la urbe Paseña. Actualmente se cuenta con una carretera mucho más moderna y segura que conecta La Paz con Coroico.
El peligro que supone esta ruta la convirtió en un destino turístico popular a partir de la década de 1990. En particular, los entusiastas de la bicicleta de montaña la utilizan por sus descensos pronunciados y la exquisitez de los paisajes.
El Camino a los Yungas es también conocido como Camino de la Muerte,
DAMADENEGRO 24/11/2010
Me encantaría visitar este lugar.