Opinión sobre "El Celler de Can Roca, Girona"

publicada 12/04/2005 | esthermen
usuario desde : 30/11/-0001
Opiniones : 97
Confianza conseguida : 0
Sobre mí :
Excelente
Ventajas Alta cocina
Desventajas Desplazamiento hasta Girona
muy útil

"Todavía no son perfectos"

Hace unos pocos días fuimos a cenar a este conocido restaurante. Hacía mucho tiempo que deseábamos ir, pues habíamos oído maravillas alabando su cocina y buen hacer. Así que decidimos desplazarnos hasta Girona, aunque ello supusiera tener que pasar la noche allí.

Este restaurante, poseedor de dos estrellas Michelín, está conducido por tres hermanos especialmente dotados para estos menesteres: Joan, cocinero, Josep, sumiller de reconocido prestigio y jefe de sala y Jordi, a cuyo cargo se encuentra el apartado de pastelería.

Para nosotros, que no conocemos la ciudad, nos resultó un poco difícil de encontrar, a pesar de las detalladas instrucciones que nos dieron en el hotel donde nos alojamos. Primero nos pasamos de largo, y al retroceder, fuimos a parar a la "Torre Can Roca", lugar destinado exclusivamente a recepciones y banquetes. Allí nos indicaron el camino a seguir, y afortunadamente el restaurante no estaba demasiado lejos. Dejamos el coche en el aparcamiento privado del restaurante. Es gratuito, pero no hay vigilancia y la zona me pareció oscura y solitaria.

Con las prisas por el retraso con que llegábamos, y añadiéndole la oscuridad reinante, reconozco que no me fijé demasiado en el aspecto exterior de la casa donde estaba ubicado, justo al lado del restaurante familiar del mismo nombre. Entramos y el jefe de sala, muy amablemente, nos acompañó a nuestra mesa tras comprobar que, efectivamente, era correcta la reserva.

No me agradó demasiado el lugar donde nos situaron. Era muy cercano a la entrada, y hubiera preferido poder ver todo el local, para así apreciar cómo era y poder explicároslo. Pero el problema es que nos pareció una zona de paso, y el trasiego era constante. Por allí pasaban los camareros con aspecto algo agobiado, las personas que acudían al baño, así como los que ya habían terminado de cenar y abandonaban el local. Otra cosa que tampoco me gustó es que tuve que dejar el bolso en el suelo. Comprendo que a muchos os parecerá una tontería, pero es un detalle que a mí me molesta bastante.

La mesa era redonda, no excesivamente grande. Estaba cubierta por un precioso mantel de lino, y la vajilla, maravillosa, en blanco y ribeteada en dorado, era de Bulgari. Algunas paredes estaban pintadas en azul fuerte, y combinaban armoniosamente con otras en color tierra. El lugar era agradable, aunque para mi gusto, le faltaba un toque de elegancia y lo que es muy importante, luminosidad. Otro problema que le vi es que las mesas no estaban colocadas estratégicamente, de forma que había un constante murmullo de fondo bastante molesto. También nos llegaba de vez en cuando, el humo del cigarrillo que se fumaba el señor que teníamos detrás (menos mal que no era un puro!!). Si a todo ello le sumamos el constante movimiento de personal, hizo que la velada no fuera todo lo relajada que nos hubiera gustado.

En cuanto nos acomodamos, un amable camarero nos sirvió una copa de cava a modo de bienvenida, ideal para ir degustando mientras decidíamos qué platos pedir. La carta me pareció muy correcta en lo referente a extensión. Diez platos constituían el apartado de "Tradicionales", en los que se indicaba el año de su creación. Sus precios oscilaban entre 17 y 36 euros (añadir siempre el IVA a los precios que indico). Un segundo apartado lo formaban unos doce platos, distribuidos en primeros y segundos, y de precios similares a los anteriores. Los postres venían relacionados en una carta aparte, y debían pedirse con antelación, debido a la compleja elaboración de muchos de ellos. En cuanto al menú degustación, habían tres ocpiones: un menú de pocos platos (40 euros), otro más completo y que fue el que nosotros elegimos (67,10 euros; por cierto, me parecieron ridículos los diez céntimos), y un menú sopresa el cual valía 85 euros. Pero lo que sí constituyó una sorpresa para nosotros fue ver que la carta de vinos ¡la traían en un carro! Y es que aquello, en lugar de una carta, parecía una completa enciclopedia. Tres gruesos tomos (uno para vinos blancos, otro para tintos y rosados y otro para cavas y licores), constituían la relación de la más que completa bodega que posee el restaurante, y además a precios moderados. A pesar de tanta oferta, acabamos pidiendo una botella de cava Reserva de la Familia de Juvé y Camps, tal como es nuestra costumbre.

Para iniciar la cena, nos sirvieron dos discretos aperitivos compuestos de pequeñas exquisiteces que fueron una delicia para el paladar y un preludio de lo que seguiría. Tres entrantes, magistrales pero poco consistentes en su conjunto en mi opinión, llegaron a continuación. Los dos segundos estaban constituidos por salmonetes rellenos en su propio hígado, simplemente maravilloso, y carré de cordero, de un sabor inigualable. Todo ello acompañado por distintos tipos de pan: de cebolla, de maiz, de olivas, chapata, integral, etc. Los dos postres, sencillamente, magníficos. Fue curioso que uno de ellos era una adaptación del perfume Eternity de Calvin Klein, combinando perfectamente su aroma con el sabor, por lo que el plato venía acompañado de unas varitas impregnadas de dicho perfume, y supuso un verdadero placer para el paladar. Para terminar, junto con el café, nos sirvieron unos pequeños petit fours que si bien he de decir que eran deliciosos, me parecieron algo escasos, dado lo golosa que soy.

El servicio nos pareció correcto (para mi gusto un poco familiar en algún momento) pero no excelente, tal como debería ser en un restaurante de este nivel. Por ejemplo, hubo ocasiones en que faltó pan o bien alguna copa estaba vacía y es que cuando se pagan estos precios, pienso que no se puede descuidar ningún detalle.

Fui al baño simplemente a chafardear y así poder explicaros cómo era. Me pareció muy normal, sencillo y sin ninguna floritura, pero de mi agrado, y del estilo de la decoración exterior; claro que tampoco esperaba lo contrario.

En lo referente al precio, he de decir que la velada costó 180 euros, cantidad acorde al tipo de cocina creativa que elaboran, soberbia en muchos aspectos, y al estatus del restaurante, pero considero que el hecho de tener que desplazarse expresamente hasta Girona, con el gasto que ello conlleva de gasolina, autopista, hotel, etc., representa un hándicap importante, máxime teniendo en cuenta la excelente oferta culinaria que hoy en día hay en Barcelona, similar e incluso superior.

Por cierto, los hermanos Roca se han hecho cargo de la cocina del Restaurante Moo, en el hotel Omm en nuestra ciudad. Seguro que algún día de éstos les haremos una visita.

El Celler de Can Roca
Dirección: Carretera Taialà, 40 (Girona)
Tel. 972 22 21 57
Cierra sábados a mediodía, domingos, lunes, primera quincena de julio y Navidad


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Comentarios en esta opinión

  • JO333 publicada 24/11/2008
    Muy buena opinión. Supongo que ya sabes que se ha mudado a la antigua Torre de Ca'n Roca. Saludos
  • rgv1es publicada 30/06/2006
    +Nunca he estado en Gerona, pero he leido bastantes articulos y debe de estar muy bien
  • SILENT_HILL publicada 12/06/2006
    pues soy de girona y aun no he ido...pero estaba mirando pk tengo la intencion de ir a celebrar mi cumple y el de mi mejor amiga... aunque me ha parecido un pokito caro brrrr
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Información técnica : El Celler de Can Roca, Girona

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