Grandeza y miseria del capitalismo
08.06.2005
Ventajas:
Obra maestra muy infravalorada .
Desventajas:
Difícil de encontrar en castellano .
Recomendable:
Sí
 larky
Sobre mí:
Uy, parece que vuelven a funcionar los contadores...
usuario desde:24.02.2003
Opiniones:517
Confianza conseguida:301
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 64 miembros de Ciao
Émile Zola es uno de esos novelistas inmortales que son tan inmortales que parece que nadie se molesta en leerlos. Los bustos de mármol o bronce que ornan sus panteones parecen tan inalterables al paso del tiempo que no parece que necesiten que echemos un ojo de vez en cuando a sus obras para ver como eran estos escritores cuando andaban por el mundo de carne y hueso. En el caso de Zola, quizá exagero; en Francia todavía se le lee, aunque no con la afición de antaño. Y en el resto del mundo, una de sus novelas, Germinal, ha pasado a la historia como un manifiesto izquierdista, con lo cual siempre hay un colectivo que se cree en la obligación de leerla aunque no sea más que como profesión de fe. El hecho es que aparte de sus novelas más conocidas (Germinal, La bestia humana, Nana), en nuestro país es muy difícil hallar una edición reciente de este autor (en las traducciones, mejor no fijarse). Si alguien quiere encontrar una edición en lengua castellana de sus obras menos conocidas, tendrá que buscar impresiones de ochenta o noventa años atrás, cuando Zola escandalizaba a la sociedad bienpensante de la mojigata España prebélica o aventurarse fuera de nuestras fronteras. Una pena. Si el olvido, aunque sea uno rodeado de laureles, es siempre injusto con cualquier escritor, en el caso de Zola es doble, triple y hasta cuádruplemente inmerecido. Porque si hay un novelista que trate de temas todavía vigentes, que retrate una sociedad que todavía es una gran parte la nuestra, que represente unos valores laicos y democráticos con los que nos identificamos actualmente la mayoría, este es Zola. Aparte de sus enormes valores literarios, si hay algo que le caracteriza es haber estado siempre 'en el ajo'. No había movimiento social, artístico, literario o del tipo que fuera en el que él no estuviera metido. Desde los bajos fondos hasta la sociedad más encumbrada, no hubo nada que escapara a su mirada certera y a la penetrante disección de su pluma. Si Proust practicaba la 'entomología social', coleccionando los chismes en formol como un aficionado a las mariposas, Zola era el forense que establecía con precisión notarial el estado de corrupción de la sociedad. Por esto, pese a ser el jefe de filas del naturalismo literario, pese a haber frecuentado la bohemia artística del París más, jamás se dejó llevar por el desenfreno creativo. Él estaba ahí para tomar nota y punto.
EL DINERO (1891) ----------------------------------------------------------------------------- Se trata de una de sus obras de madurez literaria, cuando Zola estaba en plenitud de facultades, algo que es fácil de apreciar por la redondez exquisita de esta novela. La obra trata de lo que el mismo título indica: del dinero, de su capacidad para transformar la sociedad y de corromper a las personas. La visión de Zola del mundo capitalista no es simplista; el dinero es una fuerza ciega que puede ser empleada para el bien y para el mal. En su época, gigantescos capitales habían sido necesarios para realizar proyectos colosales como el canal de Suez. Era la cara feliz del dinero. La otra, la sucia, es la que retrata esta novela. Pero Zola, el maestro de la palabra justa, no cae nunca en la simplificación. La sociedad, con sus vicios, sus taras, sus intereses creados, es una fuerza creativa, germinativa. La corrupción del dinero es también el estiércol capaz de estimular el progreso y el conocimiento. En las obras de Zola, escritor frío donde los haya, todo (llámese dinero, sexo, alcoholismo, guerra) se vive con pasión, con fuerza bruta. Sólo así la humanidad ha conseguido durante millones de años seguir adelante.
HISTORIA DE UN PELOTAZO ----------------------------------------------------------------------------- La novela es exactamente eso: la narración pormenorizada de un pelotazo de tomo y lomo, un Gescartera a la enésima potencia. Y menciono a Gescartera no por azar, sino porque hay muchas similitudes, como la implicación del clero. Como la mayoría de las novelas de Zola, está ambientada en el Segundo Imperio, y el pelotazo económico tiene una correspondencia milimétrica con el pelotazo político que representaba el régimen bonapartista restaurado. Un régimen donde manda el oportunismo de cuatro aprovechados a los cuales las circunstancias les han abierto las puertas del cielo. Es la época de la construcción de los gigantescos bulevares parisinos, de la más feroz e implacable especulación inmobiliaria, de las fortunas hechas y deshechas de un día para otro. Al igual que en la mochila de cualquier soldado de Napoleón había un bastón de mariscal en potencia, en las alforjas de los mil y un personajes ambiciosos que desembarcaban cada día en París había una fortuna escondida. Bastaba con tener talento, conexiones, suerte y pocos escrúpulos para cosechar tu parte del pastel.
Aristide Saccard, el protagonista, es un hombre del régimen, al que le debe todo lo que tiene. De mediana edad, su hermanastro es ministro, aunque no goza precisamente de sus favores. Dotado de encanto personal y de un talento instintivo para los chanchullos financieros, Saccard va de pelotazo en pelotazo, gastando el dinero a espuertas cuando fluye y malviviendo de él cuando refluye, sometido a las gigantescas mareas del capital bursátil. Ulcerado por el hecho de que por sus manos hayan pasado millones pero todo se le haya ido como un puñado de arena, sueña secretamente con derrocar a Gundermann (trasunto de Rostchild), el banquero judío, cuya sólida fortuna resiste todos los embates. Intuyendo que el fin del régimen está cerca y que es el momento propicio para sacar tajada, Saccard elabora un plan magistral que pondrá la bolsa a sus pies, movido no tanto por la codicia como por el afán de gloria y respetabilidad que a un arrivista como él le eluden perpetuamente. Basándose en un hecho real, Zola sitúa a Saccard como el impulsor de un banco católico que pretende hacer la competencia a la banca judía. Tras cosechar una cantidad inmensa de capital (el antisemitismo siempre ayuda) y rodearse de una serie de colaboradores que, como él mismo, se caracterizan por su avidez de dinero y sus ambiciones sin límites, emprende una andadura que Zola, de forma intencionada recrea como un paralelismo de la epopeya napoleónica. Gente con talento pero que no sabe edificar sobre lo conquistado, que practican como método la huida hacia adelante, espoleados por una ambición que no les deja un momento de descanso. A partir de aquí, empieza lo mejor de la novela: las estrategias brillantes y audaces para mantener las acciones del banco siempre en alza. Son unas 150 páginas en las que las maniobras de Saccard le dejan a uno sin resuello y, por descontado, le mantienen pegado como un imán al libro. Como la guerra napoleónica, las batallitas financieras de Saccard son vistosas y coloridas, llenas de vida y de arrogancia, de un ingenio chispeante y vibrante, pero también inmensamente cruentas.
La pelota se hace tan grande que a Saccard le llega también su Waterloo, una batalla final en la que Gundermann, el frío banquero calculador, un hombre sin pasiones ni anhelos, y Saccard, el oportunista brillante, arrojan sus ejércitos de papel a una carnicería implacable, dejando el parquet de la bolsa cubierto (literalmente) de cadáveres. Es la otra cara de la moneda: el mismo capital que sirve para cambiar la faz del mundo, llevando el progreso y el desarrollo a los lugares más remotos, en manos de los especuladores se convierte en la némesis de los pequeños inversionistas, que ven sus ahorros de toda una vida fundirse en un violento espasmo de profilaxis financiera. Como de costumbre, Zola se recrea escenificando la alternancia de miseria y de grandeza característica de la andadura humana, no ahorrándonos ni una coma en la descripción de ambos ingredientes. Si alguna veces la literatura decimonónica, con su lenguaje ampuloso y esa sociedad tan jerarquizada y clasista que describe, puede sonarnos a cosa de otro tiempo, en esta novela Zola nos habla de algo que en estos últimos 150 años no ha cambiado ni un ápice: las motivaciones humanas y el sistema financiero que permite a algunos alcanzar una riqueza tan tremenda como fugaz. Si podéis, leedlo. No os arrepentiréis.
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13.07.2005 15:14
Entre tú y Ludic váis a dejarme ciego de tanto leer... Excelente recomendación de un autor muy necesario en estos tiempos en los que el dinero no le importa a nadie.
02.07.2005 08:40
yo tambien lo considero de los clasicos que estan ahi pero que no se leen, aunque despues de leerte me ha apetecido hacerlo y cambiarlo a los que se leen. Saludos
27.06.2005 00:28
Reconozco no haberlo leido..., pero la curiosidad me llama ahora.... biennn..., y 3 besos.