LA PELÍCULA
He visto recientemente esta película de la que, debo confesar, no sabía nada. La encontré en el kiosko, de una colección ( Obras Maestras del Cine ) que viene con algún diario y al precio de 1 euro. Ha sido un descubrimiento para mí porque, a pesar de saber del magistral trabajo de su protagonista, Erich Von Stroheim a través de otras de sus películas, no conocía la faceta de su director, Anthony Mann en este tipo de cine, bastante alejado de sus clásicas películas del oeste.
***Datos***
TÍTULO ORIGINAL: The Great Flamarion
AÑO: 1945
DURACIÓN: 75 min.
PAÍS : EE.UU.
DIRECTOR: Anthony Mann
GUIÓN: Heinz Herald, Richard Weil, Anne Wigton (Basado en una historia de Vicki Baum )
MÚSICA: Alexander Laszlo
FOTOGRAFÍA: James S. Brown Jr.
REPARTO: Erich von Stroheim, Mary Beth Hughes, Dan Duryea, Steve Barclay, Lester Allen, Esther Howard, Michael Mark
El guión de esta película era una adaptación de una novela de Vicki Baum (“The Big Shot”). Llevada al cine, la historia es mucho más que un drama, adentrándose en el suspense y metiéndose de lleno en el cine negro.
El gran Flamarion contiene numerosos detalles que no son los habituales en una película de bajo presupuesto como ésta. Mann introduce diversos planos a lo largo del metraje donde los espejos tienen efecto y significado, más allá del simple reflejo de los personajes. Sin ser el film más memorable de su director, posee sin embargo algunas escenas magníficas, y destaca sobre todo el talento de
Erich von Stroheim como intérprete lleno de fuerza y dramatismo, cuyo personaje pasa del hermetismo emocional a dejarse llevar por una pasión arrebatadora.
Este actor y director de origen austríaco forma parte inseparable de la historia del cine. Nacido en 1885, se dedicó durante muchos años a la dirección de películas mudas; la mayoría de larga duración (seis o siete horas) que después eran “recortadas” para su explotación comercial. Trabajó como actor con el mítico director de cine Griffith, en El nacimiento de una nación (1915) y colaboró como actor y ayudante de dirección en Intolerancia (1916) (dos títulos imprescindibles en los que tuvo un papel destacado).
Suya es la dirección de
Avaricia (
Greed ), película que, aunque en su momento (1924), no tuvo el éxito esperado, ha quedado como una de sus grandes aportaciones del cine mudo y en la que se percibe la calidad narrativa de Stroheim. Este título forma parte de las clásicas películas mudas bien construidas y aporta una visión moderna y vanguardista que las hace intemporales.
Como actor, destaca en Muñecos infernales (1936), de Tod Browning, La gran ilusión (1937), de Jean Renoir; y la genial y decadente El crepúsculo de los dioses (1950), de Billy Wilder, una de mis películas favoritas de todos los tiempos, en la que protagoniza un rol hecho a su medida.
***Argumento***
La película cuenta la historia de Flamarion, un magnífico tirador profesional, introvertido y solitario, al que da vida el actor Erich Von Stroheim. Con él trabaja un matrimonio que le sirve de blanco en su número sobre el escenario.
Fuera de éste, el tirador se convierte en la victima de las intrigas de la pareja. Formada por Connie (Mary Beth Hughes), una perversa femme fatale , caprichosa y guapa que, enamorada de otro hombre, seduce a Flamarion para deshacerse de su marido, trazando un maquiavélico plan. El marido, por su parte, es un tipejo sin personalidad, bebedor e irresponsable, magníficamente interpretado por el secundario de lujo que es Dan Duryea.
Una historia un tanto previsible que, a pesar de todo resulta interesante, gracias a su reparto de lujo y a la magistral dirección de ese director que fue
ANTHONY MANN
Aunque la (merecida) fama de este director norteamericano se debe en gran medida al cine que realizó en los años cincuenta (sobre todo los
western protagonizados por James Stewart), este gran director se dedicó en sus comienzos a las películas de serie B, generalmente policíacas, protagonizadas por actores de segundo nivel. Eran películas de gran calidad, muy bien realizadas; de entre éstas producidas en los años cuarenta destaca ésta de la que hablo: "El gran Flamarion". Alejado aquí de su forma de rodar, por la que se haría famoso, en espacios abiertos y paisajes espectaculares, Mann se encierra en decorados claustrofóbicos y utiliza las luces y las sombras de forma sorprendente. El blanco y negro no hace sino dar realce a las escenas más dramáticas.
A pesar de que no soy muy amiga de “coleccionar datos” creo que es importante reseñar algunos datos biográficos de este magnífico director (algunos curiosos, como veréis….)
Su nombre real fue
Emil Anton Bundmann y nació en 1906 en EE.UU.
Antes que director fue actor y de ahí pasó a trabajar como asistente de dirección hasta dar el paso a la dirección en solitario. Ya en Hollywood cambió su nombre por el de Anthony Mann. Pronto destacó en el cine negro clásico, con títulos como He Walked by Night (1948), Railroaded! , T-Men y Raw Deal , lo que le permitió hacerse un hueco en Hollywood.
A partir de sus trabajos con los
Estudios Universal, comenzó una carrera fulgurante, con westerns de impecable factura, tales como los inolvidables
Winchester '73,
Horizontes lejanos, (Bend of the River, 1952),
Cimarrón,
El hombre de Laramie o
El hombre del oeste, (considerada por muchos críticos su obra maestra)
http://www.youtube.com/watch?v=ODwt-fjh0nw&feature=related
A partir de los años 60 se dedicó a las grandes producciones épicas, como
El Cid (1961) y
La caída del imperio romano (1964), ambas filmadas en España.
La lista de sus películas es larga. Su primer largometraje como director, realizado en 1942 se llamó Dr. Broadway (no la he visto ni sé si se estrenó en España) y la última (que no pudo terminar, pues murió mientras la estaba dirigiendo) data de 1967 y se llamó Réquiem por un dandy (A Dandy in Aspic). La muerte lo sorprendió en Berlín, trabajando en ésa su última película.
Estuvo casado con Sara Montiel entre 1957 y 1961. Habían trabajado juntos en
Dos pasiones y un amor (1956) (
Serenade ).
Hoy en día y a pesar de no haber sido valorado en su justa medida (al menos en EE.
UU) es un director muy bien considerado por la crítica y que, a pesar de sus altibajos, tiene en su curriculum algunos de los títulos más emblemáticos de la larga lista de westerns memorables.
RECOMENDADA A…
En primer lugar a quienes gusten del buen cine clásico, de las historias dramáticas bien hechas, con tintes policíacos y con elementos de suspense en la trama. A quienes disfruten del trabajo actoral hecho a conciencia, con secundarios que no desmerecen en absoluto a los protagonistas y sobre todo, de una magnífica atmósfera conseguida en la pantalla, capaz de transmitir a través de miradas, sombras, espejos y gestos toda la pasión, toda la traición, la malicia y la desilusión de la que es capaz un ser humano.
Tiene una duración de apenas 75 minutos, bien distinta de los
larguísimo-metrajes a los que nos tiene acostumbrado el cine moderno, que pasan veloces antes una sucesión de escenas que llevan (en ésto no hay sorpresa) a la tragedia final, anunciada ya en los primeros minutos de la cinta, puesto que toda la historia se cuenta empezando por el desenlace.
Los personajes, quizá forzados en exceso a encajar en sus propios estereotipos (la mala mujer, traidora y voluble, el pendenciero, borrachín e irresponsable marido) nos van dando la pista hacia dónde irán los acontecimientos de la trama, y resulta del todo entretenida y de una gran belleza en su fotografía.
La recomiendo por tanto a casi todo el mundo que guste del buen cine. Es verdad que poco se parece, ¡ay!, al cine que se hace hoy en día, pero quizá precisamente por eso, resulta conveniente una revisión de estas joyitas del cine clásico, para que aprendamos con los maestros como Mann (más allá de
Horizontes Lejanos) y descubramos en ella, frases como ésta, absolutamente vigente y certera:
La vida es un teatro y todos tenemos un papel en ella.
no conocía esta película, saluditos.