Desde que le leí a ITACA su excursión con Carpetania por el Madrid de Alatriste, y de eso hace ya un tiempo, tenía ganas de hacerla yo también. Además disponía de un Smart Box que le habían regalado a mi mujer y que permitía una actividad de Carpetania para una pareja. Solo era cuestión de esperar a que esta actividad volviese a estar programada en Carpetania y me cuadrase el día, cosa que por fin sucedió.
Me hacía mucha ilusión porque reunía dos de mis grandes pasiones: viajar y la lectura.
Un paseo por una de las zonas de Madrid que más me gustan, el Madrid de los Austrias, de la mano del personaje más popular de Arturo Pérez Reverte, uno de mis autores favoritos: El Capitán Alatriste.
Aunque la mayoría de los participantes habíamos leído alguna o todas las novelas del Capitán Alatriste, esta no es una condición imprescindible ni necesaria para realizar este paseo,
El personaje de Alatriste es solo una excusa que va a servir de hilo conductor para visitar una de las zonas más bellas y cargadas de historia e historias de Madrid.
Mi sorpresa fue que el recorrido literario fue mayor del esperado, pues no solo Pérez Reverte se hizo presente, sino otros autores como Alonso de Contreras (con un libro cuyo protagonista es un claro precedente del Capitán Alatriste), Néstor Luján (un catalán con una trilogía de capa y espada ambientada en Madrid) y el propio Quevedo (uno más de los personajes que aparecen en las aventuras del Capitán Alatriste).
El recorrido comienza a las once en punto de una mañana de domingo en la Plaza de Oriente de Madrid, frente a la estatua ecuestre de Felipe IV.
Animaos a hacer un pequeño recorrido de la misma conmigo.
ESTATUA ECUESTRE DE FELIPE IV
Comienza el recorrido en la Plaza de Oriente, a la sombra de los setos y contemplando la estatua del rey Felipe IV, durante cuyo reinado y para él, luchó Alatriste.
Esta es probablemente la mejor estatua ecuestre del mundo. Y la tenemos aquí, en Madrid, en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real, con el rey dando la espalda al Palacio y mirando la fachada principal del Teatro Real.
Curiosa la historia de esta estatua, encargo del rey Felipe IV, deseoso de tener una estatua ecuestre a semejanza de la de su padre Felipe III, situada en la Plaza Mayor de Madrid.
Como modelo se eligió una pintura ecuestre de Diego Velázquez. Pero claro, una cosa es pintar un caballo apoyado sólo sobre sus patas traseras, que del cuadro no va a caerse, y otra muy distinta que pueda mantenerse en pie en esa difícil cabriola, algo que hasta la fecha nunca se había hecho.
La obra le fue encargada al escultor Pedro Tocca, que pronto se dio cuenta de que aquel iba a ser un trabajo muy difícil, por lo que recurrió al gran Galileo Galilei para que realizara los cálculos que permitieran a la estatua mantenerse en pié.
La solución ideada por Galileo fue hacer la parte trasera de la estatua maciza y el resto hueca, de modo que el peso de la parte trasera permitiera al caballo mantener el equilibrio apoyado solamente en sus cuartos traseros.
Y así fue como finalmente en el año 1640 se concluyó esta estatua, que hoy podemos contemplar en toda su hermosura.
MONASTERIO DE LA ENCARNACIÓN
Frente al Palacio Real, junto a la Plaza de Oriente y a las espaldas del Senado, se encuentra la Plaza de la Encarnación, en la que se encuentra el Monasterio del mismo nombre.
Si nos fijamos en la nueva placa que ha colocado el Ayuntamiento de Madrid con el nombre de la plaza y en la que se recrea un boceto del monasterio de su época original, veremos que salvo los jardines frente al monasterio que han sustituido al descampado original, está exactamente igual ahora que cuando se construyó.
Distinto es el interior, que ha sufrido muchas modificaciones.
Es un ejemplo de un modo de construir iglesias en Madrid. El material empleado es el ladrillo, barato y fácil de trabajar. En algunos puntos de la fachada se utiliza la piedra como adorno. El mármol queda para los reyes, que son los únicos que tienen dinero para pagarse un material tan caro y escaso en España.
Por supuesto no hay ninguna placa con el nombre de la Iglesia, a fin de cuentas la gente no sabía leer, por lo que es el retablo de piedra de la portada el que nos dice que esta es la Iglesia de la Encarnación.
El Monasterio donde los nobles ingresaban, o mejor sería decir encerraban, a sus hijas que resultaba más barata la dote de un monasterio que casarlas.
Con semejante vocación religiosa de las allí encerradas, no es de extrañar que alrededor de los conventos pulularan todo tipo de pícaros dispuestos a seducir a las allí encerradas.
PLAZA DE ISABEL II
Ea plaza se nos muestra tal cual era en la época de Alatriste, o sea, en obras, porque la plaza tal como la conocemos o conocíamos en la actualidad, que tras la reforma ya veremos como queda, era en realidad un descampado en el que se depositaba material de obra. Por ello la calle que unía la Puerta del Sol con este lugar en que estaban los Caños del Peral, recibiera el nombre de Calle Arenal, por conducir a eso, a un arenal.
En este descampado se construyó el Palacio de la Ópera o Teatro Real, y frente a él la Plaza de Isabel II o de la Ópera, presidida por una estatua de dicha reina.
IGLESIA DE SAN GINÉS
Continuamos por la Calle Arenal, que ya sabemos el por qué de su nombre, hacia la Iglesia de San Ginés, en su día la Iglesia más peligrosa de Madrid, que era como decir del mundo.
La Calle Arenal era la calle comercial de Madrid, donde la gente venía a comprar y por tanto venía con dinero encima, que lo de las tarjetas de crédito es un invento reciente.
Y donde hay dinero, hay gente dispuesta a apropiarse de él. Nada nuevo, que lo que hoy se hace en la Calle Preciados, ya se hacía en la Calle Arenal, con técnicas distintas acordes a las necesidades como cortar la bolsa en la que se guardaban los dineros.
La Iglesia de San Ginés tenía la particularidad y el privilegio de estar abierta las veinticuatro horas del día, por lo que cuando un ratero de la zona se veía en peligro, se acogía en ella a sagrado para no ser preso.
Y una vez dentro, que tuviera cuidado la gente que iba a rezar, no fuera a ser que se quedara sin pecados y sin dineros.
Curiosamente la fachada que todos conocemos de la Iglesia de San Ginés, que es la que da a la Calle Arenal, no es la principal, que se encuentra en la Calle de las Hilanderas y que solo se abre para los reyes.
Al igual que el Monasterio de la Encarnación, se trata de una construcción de ladrillo, con adornos en piedra al igual que los arcos del porche.
Fue una de las primeras iglesias de Madrid, por lo que podemos encontrar en ella todo tipo de estilos arquitectónicos, terminando con el barroco de su alta torre, motivo de admiración de todos los visitantes de Madrid.
Esta torre es un claro ejemplo de la arquitectura de los Austrias, con sus tejados de punta recubiertos de pizarra y coronados por una bola dorada que representa el mundo. Sobre la bola, la cruz.
PLAZA MAYOR
Nos dirigimos por estrechas calles, propicias en la oscuridad de la noche para las emboscadas y los lances de capa y espada que se nos narran en las aventuras de Alatriste, a la Plaza Mayor de Madrid.
Un espacio destinado al comercio no solo en sus soportales, sino en el suelo de la plaza a las mercancías y alimentos traídos de los pueblos cercanos a la capital. Actividad que hoy perdura los domingos con el mercadillo de filatelia y numismática y durante las Navidades con el mercadillo navideño de belenes y abetos.
Lugar de esparcimiento para el pueblo y en el que se realizaban las actividades lúdicas y de esparcimiento como los toros o las ejecuciones.
Si espectacular me parece la plaza, imaginaros en su día, que en lugar de los tres pisos en que se dejó tras la reforma a la que se sometió tras el incendio que sufrió, tenía cinco pisos.
Presidiendo la plaza, la estatua de otro de los Austrias: Felipe III. Una estatua ecuestre pero con el caballo apoyado sobre tres patas.
El caballo escondía un secreto en su interior, pues se había transformado en un cementerio de pájaros, que penetraban por su boca pero luego no podían salir, muriendo en su interior.
El hecho se descubrió cuando la estatua fue derribada al llegar la Segunda República, rompiéndose la panza del caballo y saliendo de su interior los esqueletos de los pájaros.
Para evitarlo, cuando se repuso a su lugar la estatua, se tapó la boca del caballo.
PLAZA DE LA PROVINCIA
Atravesamos uno de los arcos de l Plaza Mayor para salir a la Plaza de la Provincia, donde va a finalizar la visita.
Una estatua de Orfeo preside ya desde que se hizo según los grabados de la época.
El edificio más representativo es el que hoy ocupa el Ministerio de Asuntos Exteriores: la Cárcel Real.
Un edificio con todas las características de los Austrias.
Era una cárcel para los nobles y ricos, que en alguna ocasión tuvieron que dormir bajo el ángel, eufemismo que hacía referencia al ángel de piedra que hay sobre la puerta de entrada.
En tiempos de Felipe IV España estaba en guerra con el resto del mundo. Pero el tiempo en que eran los nobles los que iban a combatir, había pasado.
Ahora eran tropas profesionales como el caso de Alatriste, las que iban a la guerra. Tropas que había que pagar.
Hacienda siempre ha sido hacienda, y si algún noble intentaba escabullirse, unos días en la Cárcel Real y una buena multa servían de escarmiento y ejemplo para el resto.
VALORACIÓN FINAL
Un recorrido en el que empleamos algo más de dos horas y del que salí muy satisfecho. Da igual que sea una zona de Madrid por la que estoy harto de pasear (es un decir, que siempre me ha encantado pasear por allí), porque siempre aprende salgo o captas un detalle que se te había pasado por alto.
Juan Carlos (el guía de Carpetania), hace en todo momento el recorrido muy ameno e instructivo, de modo que te quedas con ganas de repetir en otra de sus excursiones por Madrid.
De esta salí muy satisfecho, con nuevos conocimientos, con unas cuantas lecturas que tengo que repasar y con otras nuevas que hacer
Una visita que os recomiendo a todos, pero especialmente a los de Madrid, que lo tenéis muy fácil.