FUERA DE LA CIUDAD
Aunque aparezca indicado en algunos sitios que su ubicación corresponde al barrio de Nazaret, lo cierto es que este restaurante del que voy a hablaros (y el Real Club Náutico en su conjunto) están fuera de la ciudad, en la zona de la playa de Pinedo.
De hecho, mi consejo personal es que prescindáis de mapas físicos bajados de Internet y confiéis más bien en el
GPS (coordenadas
39º 25' 41,60''N - 0º 20,2' 13''W ).
La dirección es Camino del Canal, 91 pero, aunque no dispongáis de gps, podéis optar por dirigiros hacia allí a través de la autovía de El Saler (la CV500 ) en lugar de atravesar o rodear el barrio de Nazaret desde la avenida del Puerto.
En caso contrario, tendréis unos cuantos números para perderos.
La opción más sencilla es tomar la citada CV500, que arranca en las inmediaciones del centro comercial El Saler y la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Para ello, dependiendo de la dirección que llevéis, tendréis que hacer lo siguiente:
• Meteos por el túnel si venís por ese mismo lado del viejo cauce del río Turia (que ya no pasa por la ciudad), en dirección hacia el mar, evitando de este modo pasar por el centro comercial aunque tampoco pasa nada si os saltáis la entrada del túnel, ya que el acceso a la autovía es bien sencillo una vez dejáis atrás y a vuestra derecha el susodicho centro.
• Torced a la derecha si venís desde la avenida Hermanos Maristas, donde se erige el Pabellón de la Fuente de San Luis, en el que juega sus partidos el equipo de baloncesto del Power Electronics Valencia.
• Tomad la salida a la derecha en cuanto bajéis del Puente de Monteolivete si venís por él, para poder girar en la isleta hacia la izquierda en dirección al centro comercial.
Luego, una vez en la autovía de El Saler (CV500), apenas a un par de kilómetros, veréis un desvío hacia la derecha que reza:
Pinedo
ZAL Puerto
Ésa es la salida que debéis tomar.
Atravesaréis la propia autovía por debajo de la misma y enseguida empezaréis a ver carteles que indican “Real Club Náutico” en cada rotonda con la que deis. A partir de ahí ya no tiene pérdida posible.
En el caso de que vengáis bordeando la ciudad desde la V30 (en dirección este, es decir, hacia el mar) hacia el Puerto, llegaréis frente a la aduana de acceso al mismo, momento en el cual deberéis tomar el desvío a la derecha en dirección al Real Club Náutico de Valencia.
UNA BARRERA OS IMPIDE EL PASO
Lo primero que veréis al llegar al lugar es una cabina como las de las autopistas de peaje y una barrera que os impide entrar al recinto.
Basta con que digáis a la persona de la cabina que vais a comer al restaurante para que, amablemente, os indique dónde está el parking descubierto (aunque se ve perfectamente, ya que está justo al lado y cuenta con unas considerables dimensiones pues tiene una capacidad para 2.000 vehículos) y dónde se encuentra el restaurante, que se ubica en la primera planta del edificio central.
Cuando os presenten la factura, al final de la comida, os pedirán en el restaurante la ficha del aparcamiento para validarla y que no tengáis que pagar por el mismo.
Luego será suficiente con mostrarla en la cabina antes de retirar el vehículo.
En cuanto al restaurante, se accede al mismo a través de una amplia escalera y lo encontraréis en una discreta y elegante sala, amplia y luminosa, con bellísimas vistas al puerto deportivo y al mar, las cuales contribuyen de forma considerable a disfrutar de una comida relajada.
Separación más que suficiente entre las mesas, que están pulcramente vestidas con “caminos de mesa” blancos y un par de copas por comensal dispuestas en diagonal constituyen la correcta puesta en escena de la sala.
Por cierto y contra lo que pueda pensarse por tratarse de un Club Náutico en toda una capital como Valencia, la indumentaria de los clientes era correcta pero informal y el ambiente distendido y nada afectado.
UNA CARTA MUY CORTA PERO AÚN ASÍ ATRACTIVA
Aunque nosotros habíamos contratado previamente el arroz, aprovechando una oferta de Groupon que concedía un 50% (de modo que cada plato de arroz con bogavante salía únicamente por 8’5 euros ), el resto de la comida corría, obviamente, por nuestra cuenta, por lo que decidimos echar un vistazo a los entrantes y también a los platos principales aunque estos últimos por mera curiosidad.
Entre los entrantes destacaban:
• Tabla de jamón ibérico (15 euros)
• Croquetas de jamón (2 unidades, 2’5 euros)
• Revuelto de setas y gambas (8 euros)
• Puntilla a la andaluza (8 euros)
• Calamares a la romana (8 euros)
• Micuit de pato (13 euros)
Los platos principales, de los cuales no había demasiada variedad, contaban con un breve apartado de carnes bastante típicas por precios que me sorprendieron por su “recato”, ya que oscilaban entre los 14 euros (entrecot) y los 18 (solomillo).
Por lo que pude observar en las mesas más próximas, las presentaciones eran, en todos los casos, impecables.
La parte correspondiente a los pescados era igualmente parca y sus precios estaban entre los 12 y los 14 euros.
Entre los arroces, junto al que elegimos, también tiene fama allí el meloso de setas y langostinos.
UN ARROZ CON BOGAVANTE DIFERENTE
Lo confieso: el arroz con bogavante es una debilidad a la que no me resisto. Sencillamente, me encanta. Y no, no digáis “como a todos” porque hay mucha gente a la que no le gusta el arroz (algo impensable para un valenciano como yo) pero también mucha a la que no le gusta el marisco (incluyendo a Fernando Alonso pese a su condición de asturiano).
Sin embargo, aunque he degustado este plato en infinidad de ocasiones y en muchos establecimientos distintos, nunca lo había hecho del modo en que lo preparan en El Náutico y que, la verdad, me dejó un tanto perplejo.
Acostumbra a servirse este arroz, al menos en Valencia, en cazuelas de barro debido a que se trata de un plato con caldo (delicioso, además).
Sin embargo, cuál no fue mi sorpresa cuando vimos aparecer al camarero con una paella (disculpad si mi intención didáctica me hace incurrir en la pedantería pero aprovecho para aclarar que “paellera” es un término incorrecto, al menos si apelamos al origen del nombre de este recipiente que "bautiza" a nuestro plato más emblemático) en la que se había superpuesto un bogavante partido longitudinalmente sobre el arroz totalmente seco.
¿Extravagancia?, ¿Herejía? No lo sé pues carezco de los conocimientos gastronómicos suficientes para asegurarlo pero lo que sí os puedo decir es que estaba buenísimo.
Posiblemente se asemejaba más a un arroz “a banda” con medio bogavante encima (por supuesto, delicioso y tan suave como es habitual en la blanca carne de ese crustáceo que convierte en bastas, por comparación, a las mismísimas gambas) pero me gustó mucho.
Y, como ya he comentado, junto a un plato bastante considerable de arroz, nos correspondió medio bogavante a cada uno, convenientemente partido por la mitad.
Tal vez no me gustara más que otros arroces con bogavante caldosos que haya probado pero tampoco me atrevería a decir que me gustó menos. Fue sencillamente diferente e igualmente repetible.
Debo deciros que, como había algunos abstemios, el vino se pidió por copas (algo imperdonable, lo sé) y el que nos sirvieron, muy modesto él, resultó ser un Marqués del Turia blanco, denominación de origen Utiel-Requena (2'5 € por copa).
EL POSTRE
Con los postres nos ocurrió una cosa curiosa y es que todos nos decantamos por la primera opción que venía en la carta y cuyo atractivo nombre era:
Profiteroles de piña con granizado de malibú
Tras este psicodélico nombre se ocultaba un plato espectacularmente presentado en el que la piña natural hacía las veces de la masa (en lugar de la tradicional con nata o trufa a la que estamos acostumbrados) y el granizado de malibú, en forma de pequeños cristales azulados, ponía un contrapunto delicioso.
Ello me impidió estudiar las presentaciones del resto de opciones aunque espero tener ocasión de probar alguno que otro en próximas visitas.
Sí constaté que entre esas otras opciones de la carta (siempre escueta) se encontraban el tocino de cielo o el brownie de chocolate, situándose el precio de la mayoría de ellos en torno a los 5 euros (los profiteroles costaban 4). No es barato pero, en realidad, es el que tienen hoy en día los postres en la mayoría de restaurantes.
EN DEFINITIVA
Poniendo todos los aspectos en la balanza, se concluye:
Lo Peor:
- Está fuera de la ciudad y los accesos podrían estar mejor señalizados.
- La carta no es nada extensa.
- Para los puristas, el arroz de bogavante sin duda les parecerá una rareza.
Lo Mejor:
- El servicio es discreto y atento.
- Las vistas desde el restaurante son magníficas y contribuyen a tener una comida agradable.
- Los postres son sofisticados y están deliciosos.
- Soprendentemente, no es demasiado caro, en especial los platos de carne.
- El arroz estaba en su punto (ni apelmazado ni crudo), cosa que en Valencia tenemos muy en cuenta.
Veredicto: me gustó y repetiré, por lo que os recomiendo que lo visitéis si tenéis ocasión. El precio estimado, sin mediar promociones, estará ligeramente por encima de los 30 euros por persona, en función del vino que elijáis (y tampoco es lo mismo pedir una botella que un par de copas, claro).
El teléfono para reservas es:
96 316 50 50.PS. Los restaurantes de Valencia siguen apareciendo en el hilo:
"Restaurantes y bares de Italia".
Lo mismo yo también soy una hereje (aunque de Alicante), pero no me gusta el arroz caldoso, así que este "seco" me llama mucho la atención y me atrae mucho más que el otro. Me apunto el sitio ya que, por vistas y por precio, está muy bien. Un beso!