Este fin de semana tocó ir a Salamanca, que ya lo echábamos de menos y mucho. Si lleváis un tiempo leyéndome seguro que ya me habréis oído en alguna ocasión que yo siento verdadera debilidad por esta ciudad, a la que por lo menos visito dos o tres veces al año. Una de ellas, sin falta, es en las fiestas de septiembre, en las que la ciudad además de sacar sus mejores galas, se llena de chiringuitos a lo largo y ancho de su centro histórico. Es genial ir año tras año y disfrutar del buen ambiente y los vinos, los toros, la fiesta... Pero Salamanca es maravillosa en cualquier época, no solamente ...
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