LA FUENTE LITERARIA
En 1962, el novelista francés Pierre Boulle escribió “El planeta de los simios”, una novela más bien breve que daría pie al nacimiento de toda una saga.
El autor no fue consciente en ningún momento de la enorme repercusión que acabaría teniendo su novela pues la consideraba una obra menor. En especial si la comparaba con su exitosa
“El puente sobre el río Kwai”, que ya había sido llevada al cine con rotundo éxito por David Lean en 1957.
Sin embargo, cabe señalar que tanto las dos versiones cinematográficas ( Franklin J. Schaffner, 1968 y Tim Burton, 2001 ) como la serie de televisión realizadas hasta el momento con el título de “El planeta de los simios”, se basan muy vagamente en la novela del autor francés.
Aunque, por supuesto, en la novela reside el germen de la historia: esa sociedad formada por simios donde los seres humanos se ven reducidos al papel de animales, de seres inferiores, esclavizados y explotados por sus dueños simios.
Veamos un somero resumen de la obra literaria:
«La joven pareja que forman Jinn y Phyllis pasa sus vacaciones en el espacio, a bordo de la pequeña nave que comparten, cuando avistan una botella flotando en el exterior. Una vez recogida, encuentran en su interior un manuscrito.
En él leen la historia de Ulises Mérou, quien según parece embarcó en una nave cósmica junto a dos compañeros en 2500 hasta alcanzar el planeta Sóror, iluminado por la estrella supergigante Betelgeuse.
El viaje, que se prolongó durante dos años, supuso el paso de tres siglos y medio en la Tierra, planeta del cual procedían.
En Sóror descubrieron una civilización similar a la terrestre (con oficinas, hospitales, coches y aviones) pero en la que la inteligencia la ostentaban los simios, en tanto que los seres humanos eran meros animales sin habla ni raciocinio.
Tras ser atrapado, Ulises fue confinado en un instituto científico donde su inteligencia le granjeó la amistad de la doctora chimpancé Zira y el rechazo de Zaíus, un influyente científico orangután.
Los descubrimientos de Cornelius, el prometido de Zira, que apuntaban a la humanidad como origen de su propia civilización, amenazaron seriamente las vidas de Ulises, su hembra Nova y el hijo recién nacido de ambos, obligando a sus amigos simios a habilitarles una solución».
Todavía quedan unas cuantas sorpresas, incluyendo el final de la novela que no desvelaré por respeto a quienes deseéis leerla.
GESTACIÓN DEL FILM
En 1963 y antes incluso de la edición definitiva del libro de Boulle,
Arthur P. Jacobs ya había adquirido sus derechos para el cine.
Jacobs, un publicista reconvertido en productor cinematográfico, contactó entonces con Rod Serling, un afamado guionista responsable de la serie televisiva “En los límites de la realidad” y éste confeccionó una treintena de borradores en un solo año.
Dos años después, harto de recibir negativas, Jacobs se reunió con una estrella de Hollywood que podía franquearle la entrada a algún gran estudio:
Charlton Heston. Éste, complacido con el proyecto, propuso como director a
Franklyn Schaffer, a cuyas órdenes acababa de rodar
“El señor de la guerra”.
Era el momento de contactar con Richard Zanuck, quien acababa de relevar a su padre al frente de la 20th Century Fox.
A Zanuck le gustó mucho el proyecto pero le asustaba una cuestión lógica: hasta ese momento, las películas que incluían a actores disfrazados de simios habían sido siempre material de serie B, flirteando siempre con la posibilidad de caer en el más absoluto de los ridículos.
Para diluir sus dudas, en 1966 se filmó una prueba en un decorado improvisado contando con Charlton Heston y Edward G. Robinson. Este último interpretó al líder de los orangutanes, el Doctor Zaius, con un maquillaje realizado sin demasiada antelación por Ben Nye, el jefe de maquillaje de la Fox. James Brolin intervino también en la prueba, dando vida a Cornelius, un joven chimpancé.
Aquello convenció definitivamente a Zanuck, que dio el OK para que se iniciara la producción.
ARGUMENTO DEL FILM
“Éste será mi último informe antes de que lleguemos a nuestro destino –monologa el coronel George Taylor-. Hemos colocado los dispositivos automáticos y estamos a merced de los computadores. Mis compañeros duermen profundamente dentro de las cámaras y yo me acostaré enseguida. Dentro de una hora hará seis meses que partimos de Cabo Kennedy. Seis meses en el profundo espacio. Es decir, según el sistema solar. Según la teoría del doctor Hansley sobre el tiempo en un vehículo que viaja casi a la velocidad de la luz, la Tierra ha envejecido cerca de setecientos años”.
Taylor es pues el último en ocupar su lugar en la cabina. Varios años más tarde será despertado abruptamente cuando la nave que capitanea, al mando de otros dos tripulantes masculinos y de uno femenino, se estrella en las aguas de un lago perteneciente a un planeta desconocido.
Un Taylor con barba y bigote (estaba perfectamente afeitado al encerrarse en su cámara) comprueba, junto a sus compañeros, que la mujer que completaba la tripulación murió al menos un año atrás, al abrirse una grieta en su cabina.
Al punto, el agua comienza a penetrar a borbotones en la nave, por lo que han de volar la escotilla a fin de poder abandonarla, no sin antes advertir que la consola de a bordo señala el año 3978 según el tiempo de la Tierra, con la cual no logran conectar por carecer de la energía suficiente.
Logran arriar una balsa de plástico y con ella alcanzan la escarpada orilla mientras la nave se hunde por completo en medio del lago.
Ignoran dónde se encuentran –“a 320 años-luz de la Tierra, en un planeta desconocido en órbita alrededor de una estrella en la constelación de Orión”- y sólo cuentan con un densitómetro, un contador Geiger, una pistola, veinte cargas de munición, botiquín, una cámara y víveres y agua para tres días aunque tampoco conocen la duración de una jornada en ese planeta.
Bajo un calor sofocante descienden montañas de roca negra, asisten a extraños fenómenos atmosféricos, cruzan paisajes desérticos y han de sortear varias piedras de gran tamaño que llegan rodando hasta ellos.
El descubrimiento de una pequeña planta les confirma la existencia de vida en el planeta mientras son vigilados por algunas figuras antropomórficas que se mueven muy por encima de ellos.
Al llegar a una zona con vegetación, encuentran unos extraños espantapájaros en forma de equis. Suben hasta ellos entre desfiladeros rocosos y al fin ven una cascada que desemboca en un arroyo.
Se desnudan y se lanzan al agua alborozados pero, mientras investigan las huellas de unas pisadas que parecen humanas, alguien les roba sus ropas. Siguiendo el rastro de sus propias prendas hechas jirones, llegan hasta un numeroso grupo de seres humanos que comen tranquilamente junto a lo que parece ser un maizal.
De pronto, se oye un extraño sonido y todos huyen mientras hace su aparición un grupo armado que dispone de caballos. Sin embargo, no se trata de otros seres humanos sino de simios aunque visten de uniforme.
Uno de los acompañantes de Taylor es abatido y él es alcanzado en el cuello por un disparo.
El astronauta despierta poco después de que le sea realizada una transfusión de sangre y escucha atónito a dos chimpancés que hablan de él y del resto de humanos como si se tratara de animales.
Se trata de la doctora Zira y de uno de sus colegas. Ella le bautizará como “ojos claros”, admirada de las singularidades que presenta el recién llegado, quien cubre su cuerpo con una manta y gesticula como si pretendiera hablar, llevándose las manos repetidamente a la herida garganta.
El influyente Doctor Zaius resta importancia a este hecho, considerándolo simplemente un acto de imitación.
Poco después, se le “regala” la compañía de una bonita “hembra” a la que Taylor bautizará como Nova.
Precisamente será su nueva compañera quien borre con la mano la frase que el astronauta escribe en el suelo con objeto de llamar la atención de los simios.
Indignado, Taylor la aparta y ello provoca un violento enfrentamiento con otro de los “machos” de la tribu.
“Ojos azules” es devuelto con brusquedad a su jaula mientras Zaius borra disimuladamente los restos de la frase que escribiera el astronauta.
CAMBIANDO LA NOVELA
La primera y significativa diferencia del guión cinematográfico con respecto a la novela reside en la sustitución del mundo tecnológicamente avanzado que nos presentaba Boulle por una sociedad marcadamente primitiva.
La razón de dicho cambio no obedeció a otro motivo que el financiero. De hecho, filmar edificios o vehículos futuristas hubiese supuesto un desembolso que la producción no estaba dispuesta a sufragar, razón por la cual se contrató a Michael Wilson (que también había colaborado en la adaptación al cine de “El puente sobre el río Kwai” ) para que reescribiera el guión de Serling, adaptándolo a las nuevas necesidades.
En cuanto al escenógrafo
William Creber, se inspiró en una ciudad troglodita de la
Capadocia turca para dar con la imagen del poblado de los simios en el que se desarrollaría la mayor parte de la acción.
La película recrea pues una civilización simia rural carente de tecnología mientras que la novela nos presentaba un planeta Sóror en todo idéntico a la Tierra, salvo por el hecho de que quienes visten trajes, conducen coches, comen en restaurantes y trabajan en despachos profesionales son los simios en lugar de los seres humanos.
Boulle nunca se planteó su historia como el involuntario viaje en el tiempo de un grupo de seres humanos que asistirá horrorizado a la destrucción de su propia civilización. Por el contrario, lo que planteó fue la posibilidad de que existiera otro planeta, a años-luz de distancia del nuestro, en el que partiendo de una estructura social similar a la nuestra se hubiese subvertido el orden.
En la novela, Ulises siempre es consciente de hallarse en un planeta extraño y lejano y anhela el regreso al que siempre fue su hogar. En el guión, por el contrario, Taylor desconoce por completo su situación en el cosmos hasta el espectacular desenlace de la película.
La atmósfera de ambos relatos, excepción hecha del acoso a que se somete a los seres humanos, guarda pocos puntos en común.
Sí existen, como no podía ser de otro modo, puntos explícitos de conexión entre ambos textos.
Por ejemplo, tanto en uno como en otro, los simios se dividen en castas:
• Los gorilas integran los cuerpos de seguridad.
• Los
chimpancés son los científicos.
• Los orangutanes, los jueces y políticos.
En cuanto a los seres humanos, en ambos casos carecen de la capacidad de hablar y aparentemente de responder a lo que no sea mero estímulo animal.
La especial relación que se establece entre el astronauta y la doctora Zira es otro de los elementos que se mantienen en todas las adaptaciones que se han hecho de la obra de Boulle.
POLÍTICA, CRÍTICA SOCIAL Y RELIGIÓN
El planeta que Taylor encuentra presenta una sociedad que no sólo está articulada política y militarmente sino que ha incorporado el componente religioso, creando de forma literal un sistema de deidades (lógicamente, simias) que instaura la ortodoxia ideológica (castigando severamente a los herejes) e incluye el culto a los muertos (Taylor interrumpirá un funeral durante uno de sus intentos de fuga).
Dicho sistema no duda en atribuir derechos de forma exclusiva a los simios, negándoselos de forma taxativa a quienes resultan ser “diferentes”, en lo que resulta una obvia metáfora del racismo imperante en la sociedad estadounidense y del pasado esclavista del país.
Del mismo modo, hay quienes han querido ver en el juicio sumarísimo a Taylor, disfrazado de interrogatorio, la mano de Michael Wilson, quien de este modo recrearía su propia experiencia durante la “caza de brujas” llevada a cabo por el senador McCarthy a principios de los años cincuenta contra todo sospechoso de comunismo.
En cuanto a la escena final, en la que prefiero no entrar por no desvelárselo a los pocos que todavía lo desconozcan, tiene para muchos un simbolismo en forma de desencanto hacia la política exterior norteamericana y las falsas expectativas depositadas en su capacidad de “pacificación”.
Lo que resulta indudable es que los puntos de vista defendidos por los simios dirigentes, en especial por el doctor Zaius, resultan ciertamente fanáticos. Así, en respuesta al interés de la doctora Zira por los seres humanos, no tiene el menor empacho en afirmar:
“El hombre come lo que encuentra en los bosques.
Luego emigra hacia nuestras zonas verdes y destruye las cosechas. Cuanto antes sea exterminado, tanto mejor. Está en juego la supervivencia de los simios”.
La negativa consideración de los humanos por parte de la población simia apenas conoce excepciones: los niños simios gritan de terror cuando ven a Taylor correr por el poblado, los gorilas le tratan con una mezcla de brutalidad y desdén e incluso los simpáticos e intelectuales chimpancés se dedican a tirarle desperdicios cuando el astronauta intenta huir. Y su único delito consiste precisamente en ser un hombre.
En cualquier caso, si algo pretendieron dejar claro en todo momento los autores del film es su intención de entretener por encima de cualquier otra consideración o interpretación. Y a fe que lo consiguieron.
ESCENAS EMBLEMÁTICAS
Habría muchas escenas que destacar y lógicamente yo me decantaré por las que me llamaron más la atención desde la primera vez que vi la película. En concreto:
• La aparición fulgurante de los simios a caballo, que rompe la armonía de los seres humanos que comían pacíficamente y demuestra a los astronautas recién llegados que no va a ser tan fácil erigirse en los “reyes” del lugar (por un momento incluso planea la sombra de “El hombre que pudo reinar” mientras escuchamos los ingenuos planes de Taylor y de sus dos compañeros).
• El segundo intento de huída de Taylor, al tener conocimiento de que Zaius ha ordenado que sea esterilizado. Tras intentar ocultarse inútilmente es capturado con una red pero, cuando se disponen a abalanzarse sobre él, la voz de Taylor ruge por primera vez, al fin curado de las heridas que le impedían hablar:
“¡Quita tus sucias patas de encima, mono asqueroso!”. Un instante de una tensión dramática superlativa, a la altura del mismísimo final del film.
• La escena final, que insisto en no querer revelar, constituye uno de esos escasos finales que se recuerdan para siempre por su contundencia y espectacularidad. Absolutamente magistral. Tal como había pronosticado Zaius, Taylor encontrará, al final de su camino, lo que anda buscando pero ese hallazgo le sumirá en la desesperación.
“PARADOJAS” DEL GUIÓN
Dada la temática del film, muchas de esas paradojas son de índole temporal y seguro estoy de que se os ocurrirán muchas otras pero no todas son de esa naturaleza, como veremos.
• Lo primero que llama la atención es la
datación. Según las propias palabras de Taylor, su ausencia de la tierra se prolonga durante un total de dieciocho meses, lo que se traduce en 2.031 años. La curiosidad estriba en que, de ser ello cierto, la nave habría abandonado Cabo Kennedy en el mismo 1968 en que se realizó la película y es evidente lo inverosímil que supone construir en esa época una nave que casi alcance la velocidad de la luz (algo que cuarenta años después está muy lejos de conseguirse). En producciones posteriores se optaría por ubicar las películas de ciencia-ficción en una fecha sensiblemente posterior a la de su realización.
• Cuando descubren el cuerpo sin vida de la tripulante, lo hallan momificado cuando lo cierto es que debería haberse descompuesto hasta el polvo pues Taylor confirma que su muerte se produjo un año atrás (por tanto, casi un milenio y medio de tiempo terrestre, más que suficiente para que la filtración de la cabina provocara la total desaparición del cuerpo de la mujer).
• La nave aterriza brutalmente en las aguas de un lago. Sin embargo, a los astronautas les lleva más de un día deducir que hay vida en el desconocido planeta. No se cercioran de ello hasta que dan con una planta. ¿Desconocimiento en la época de la ecuación
agua = vida o simple metida de pata?
• Con eso y con todo, la más llamativa de las paradojas, por incidir en la vida real, es el hecho de que Taylor, el personaje que interpreta Charlton Heston, descubre con horror lo que las armas pueden llegar a destruir en manos de los seres humanos pero, al parecer, el actor no aprendió la lección pues en los últimos años de su vida ostentó el dudoso honor de presidir el “Club del Rifle” estadounidense.
LOS PERSONAJES
Entre todos los personajes que presenta la película descolla el del coronel GEORGE TAYLOR, un hombre cínico y asqueado de la condición humana. Las palabras que dirige a las futuras generaciones que puedan escuchar su grabación, en el prólogo del film, no dejan lugar a dudas:
“¿Acaso los hombres, esa maravilla del Universo, esa gloriosa paradoja que me ha mandado a las estrellas, sigue combatiendo contra sus hermanos, dejando morir de hambre a los hijos de sus vecinos?”.
Su actitud hacia la raza humana en general y hacia sus compañeros de expedición en particular oscila entre el desprecio y la indiferencia.
“¿Estás preparado para morir? –pregunta a uno de ellos entre ácidas carcajadas- No se le podría haber ocurrido otra imbecilidad mayor. Anota otra victoria más del espíritu humano”.
Únicamente cuando se vea irremisiblemente solo en su condición de ser humano parlante y pensante, entenderá la necesidad de sentirse próximo a sus semejantes pero para entonces ya será tarde pues su única oyente humana, NOVA, es incapaz no sólo de responderle sino probablemente incluso de comprender sus palabras.
La muchacha parece ser poco más que un animalillo inofensivo. Hermosa sí pero aparentemente hueca, a tenor de su incapacidad para mostrar emoción alguna. Su docilidad anda pareja con su inexpresividad.
El único personaje femenino relevante será pues el de la doctora ZIRA. Aunque simia, su feminidad se manifiesta en forma de una mayor empatía hacia el visitante. Algo que incluso su propio prometido parece no entender.
Dotada de una considerable inteligencia, la bondad y la integridad de Zira la sitúan muy por encima de sus compañeros varones. Y también su grado de compromiso y el valor que demuestra oponiéndose a la doctrina oficial y propiciando la huida de Taylor.
En el film se pierde por completo la ambigüedad que presidía su relación con el astronauta en la novela, que aquí sólo llega a concederle un casto beso de despedida, acompañado del reprobatorio comentario: “Eres tan feo…”
El doctor
ZAIUS, máxima autoridad de los simios, es por el contrario un personaje ladino y esquivo como buen político y está al tanto de la realidad desde el principio. Consciente del verdadero origen del astronauta, lo es también del riesgo que su mera presencia supone. Un riesgo anunciado por las profecías de sus antepasados, escritas siglos atrás.
Su exceso de celo lo mueve a lobotomizar al compañero superviviente de Taylor y a pretender el total exterminio de la raza humana como único modo de preservar la vida en el planeta. No anda desencaminado…
Por último,
CORNELIUS, el prometido de Zira, fluctúa siempre entre su mente científica y una cierta incredulidad ante lo que la presencia de Taylor parece sugerir. Temeroso de ser acusado de herejía y de arruinar con ello su carrera (las amenazas del doctor Zaius son inequívocas), se dejará arrastrar por su novia más por lealtad hacia ella que por verdadera fe.
FRANKLYN J. SCHAFFNER
La de Schaffner es una trayectoria curiosa. Durante los primeros quince años de su carrera apenas hizo otra cosa que televisión y su único bagaje cinematográfico al encargarse de
“El planeta de los simios” apenas se limitaba a un par de películas de cierta relevancia.
En concreto, “El señor de la guerra”, un drama medieval interpretado también por Charlton Heston y “Mi doble en los Alpes”, un thriller coprotagonizado por Yul Brynner y la sensual actriz sueca Britt Ekland.
La competente labor de Schaffner no tuvo continuidad en la saga, tanto por la ausencia tras las cámaras del director nacido circunstancialmente en Tokyo como por la manifiesta mediocridad de sus sucesores.
Sin embargo, en lugar de contribuir a la decadencia de la saga, Schaffner consagró sus últimos años a la realización de algunas joyas como:
•
“Patton”, la magnífica película bélica en la que George C. Scott inmortaliza al temperamental general estadounidense.
• “Papillon”, en la que Steve McQueen mide sus fuerzas interpretativas con Dustin Hoffman.
•
“Los niños del Brasil”, inquietante thriller basado en la novela homónima de Ira Levin que interpretaron Gregory Peck, James Mason y Laurence Olivier.
EQUIPOS TÉCNICO Y ARTÍSTICO
Si
John Chambers, el creador (ignoro si acreditadamente) de las puntiagudas orejas del "Señor Spock" en
“Star Trek”, recibió el encargo de realizar las prótesis necesarias para el film, haciéndose cargo de la ingente labor del maquillaje,
Jerry Goldsmith hizo otro tanto con la música.
El compositor se despachó con una banda sonora experimental en la que destaca la utilización de boles metálicos, el cuerno de un carnero e incluso una cuica brasileña (instrumento membranófono que recuerda por su forma a a un tambor y por su sonido al rugido de una leona). El resultado es altamente inquietante y funciona magníficamente en el film.
Al igual que ocurre con la espectacular fotografía de Leon Shamroy, la cual se beneficia de unos exteriores que cortan el aliento. Dichas localizaciones, especialmente exóticas al principio del film, se ubican en una zona apartada del río Colorado, en los estados de Utah y Arizona.
De todos modos, la mayor parte del rodaje tuvo lugar en el Parque Nacional Malibu Creek, cerca de Los Angeles, apodado “el rancho de la Fox”, a cuyos estudios pertenecía en los años sesenta.
En lo que al elenco se refiere, un
Charlton Heston que era ya una grandísima estrella, consagrado por
“El Cid”,
“55 días en Pekín”,
“Los Diez Mandamientos” o
“Ben-Hur”, por la que obtuvo un Oscar, fue el encargado de asumir el personaje de Taylor, el cual desarrolla con enorme brillantez en mi opinión.
Bajo las máscaras, Roddy McDowall y Kim Hunter interpretaron a Cornelius y Zira, respectivamente. Ambos tendrían una estrecha relación con la práctica totalidad de secuelas que generó el film (McDowall se perdió la primera de las secuelas).
Resulta difícil destacar alguna de las casi doscientas películas en que intervino McDowall a lo largo de su dilatadísima carrera interpretativa pero, puestos a ello, podríamos mencionar
“¡Qué verde era mi valle!”,
“Macbeth”,
“El poder y la gloria”,
“El día más largo” o
“Cleopatra”, entre las anteriores a
“El planeta de los simios” o
“La aventura del Poseidón”,
“El juez de la horca” o
“Noche de miedo” entre las posteriores.
En cuanto a Kim Hunter, hay dos películas en su filmografía que me gustan por encima de las demás: “El nadador” junto a Burt Lancaster y “Medianoche en el jardín del bien y del mal” de Clint Eastwood. Por lo demás, su carrera estuvo casi siempre unida a la televisión, con apariciones episódicas en casi todas las series significativas a lo largo de varias décadas ( “La hora de Alfred Hitchcock”, “Se ha escrito un crimen”, “Bonanza” ).
Como Doctor Zaius se echo mano de un actor inglés,
Maurice Evans, una vez Edward G. Robinson declinó hacerlo después de confesar que a su edad se veía incapaz de soportar las interminables sesiones de maquillaje a que le obligaba el personaje.
Evans había ejercido de “sacerdote” en “El señor de la guerra” junto a Heston y Schaffner.
Por su parte, el papel de Nova fue entregado a una joven actriz,
Linda Harrison, que en esos momentos no sólo tenía contrato con la Fox sino que estaba saliendo con “el jefe” Richard Zanuck.
Y, aunque la joven actriz (sólo 21 años) hizo la prueba con Heston, Brolin y Robinson encarnando a la doctora Zira, lo cierto es que finalmente hubo de conformarse con el papel “mudo” de compañera de Taylor.
La carrera de Harrison fue realmente breve, apenas una decena de películas entre las que sólo destacaría
“Aeropuerto 75” y
“Cocoon”.
UNA PELÍCULA PIONERA
Lo fue en muchos sentidos pero destacaré dos de ellos:
• El merchandising, convertido en una industria descomunal que llegó a disponer de 60 corporaciones empresariales autorizadas a comercializar más de 300 productos entre los que se contaban máscaras, pósters, juegos, muñecos de acción, libros o incluso papeleras. Todo ello orquestado bajo el sugerente slogan “Go Ape!” (que podríamos traducir libremente “¡Disfruta como un mono!”). El relevo lo tomaría algún tiempo después la saga Star Wars.
• El sofisticado
maquillaje.- Dado que ni siquiera existía la categoría en los Oscar, se concedió a la película uno especial y honorífico por cuanto tuvo de revolucionario. El premio, por cierto, fue entregado a John Chambers por parte el actor Walter Mathau, acompañado de un amigo… chimpancé. Tanto las secuelas del film como la serie de televisión utilizaron de forma sistemática el mismo tipo de maquillaje creado por Chambers, cuyas prótesis y láminas de látex son fácilmente reconocibles pero de larguísima e incómoda elaboración.
LAS SECUELAS “OFICIALES”
El considerable éxito del film, que recaudó nada menos que 26 millones de dólares de la época, tuvo como consecuencia que, apenas dos años después, viese la luz la primera de las secuelas del film, que quedaba convertido por tanto en una franquicia.
Cuatro fueron las secuelas y, pese a algún acierto, personalmente las considero innecesarias y prescindibles a todas ellas.
Veámoslas una por una:
Regreso al Planeta de los Simios (1970)
Costó mucho convencer a Heston de que participase en la película pero el actor sólo accedió a hacerlo de forma testimonial, de modo que aparece al principio de la cinta, permitiendo la continuidad de la historia pero luego desaparece hasta el desenlace de la misma.
Esta segunda entrega continúa exactamente donde lo dejaba “El planeta de los simios”, es decir, repitiendo el terrible descubrimiento que realiza Taylor y que algún indocumentado convirtió en el mayor spoiler de toda la Historia del Cine, al incluir la escena en la portada de la edición en dvd de la película.
Descorazonado pues por el hecho de que los fanáticos seres humanos hayan conseguido arrasar toda su civilización, Taylor prosigue su camino junto a Nova, adentrándose a la zona prohibida, donde el astronauta desaparece tras una cortina eléctrica.
Poco después, el astronauta Brent, que partió en misión de rescate de la nave de Taylor, llega al planeta y es ayudado por Zira y Cornelius. Acabará yendo a la zona prohibida con Nova en busca de Taylor y allí descubrirán una sociedad de hombres mutantes, sobrevivientes del holocausto nuclear y con sorprendentes poderes psíquicos, los cuales adoran a un misil con cabeza nuclear.
Aun tratándose de una secuela, el film recaudó el triple de lo que costó su realización, lo que animó a la Fox a continuar añadiendo capítulos a la historia.
Huida del Planeta de los Simios (1971)El final de la secuela anterior, que daba cumplimiento a la profecía de los simios, imposibilitaba en principio ningún tipo de continuación pero a los guionistas se les ocurrió la siguiente premisa:
“¿Y si justo antes del apocalíptico final de “Regreso al Planeta de los Simios”, se hubiera rescatado del lago y reparado la nave abandonada por Taylor y tres simios retrocedieran con ella al pasado?”
De este modo, Cornelius, Zira y un tercer doctor simio llamado Milo llegan a la Tierra, en el año 1973, si bien este último fallece accidentalmente al poco tiempo a manos, paradójicamente, de un gorila.
Acogidos al principio con sorpresa y cariño, el posterior embarazo de Zira sacará a relucir el miedo de los hombres a un futuro en el que podrían ser esclavizados por los simios.
Decidirán matarlos y también al hijo que ambos esperan.
Esta producción tenía la evidente ventaja de presentar sólo a tres simios (luego reducidos a dos, para alivio de Sal Mineo, que interpretaba al doctor Milo), con el consiguiente ahorro económico. Ello propició la obtención de significativos beneficios aunque obviamente menores que el de sus predecesoras..
La Rebelión de los Simios (1972)
La cuarta película de la saga se desarrolla en una ciudad del futuro (se rodó en un centro comercial recién construido en las proximidades de los estudios) con un opresivo estado policial.
Una plaga misteriosa ha exterminado a todos los perros y gatos de la Tierra y los simios domesticados han ocupado su lugar, convirtiéndose en la práctica en esclavos de los humanos.
En este contexto, la acción se centra en César, el hijo de Cornelius y Zira a quien un piadoso hombre de circo había conseguido salvar después de la trágica muerte de sus padres.
Curiosamente, el film proporcionó a Roddy McDowell la oportunidad de interpretar al hijo del personaje a quien había dado vida en la primera y la tercera película de la saga.
César acabará convirtiéndose en el líder de una sangrienta revolución simia que recordaba a los violentos disturbios raciales acaecidos en los Estados Unidos.
El final tuvo que ser suavizado en post-producción ante la negativa respuesta del público.
Batalla por el Planeta de los Simios (1973)La última entrega de la saga (así lo decidieron los estudios desde el principio y así se publicitó aunque luego estuvieran tentados de retractarse) nos muestra a César pocos años después de la revolución.
Ha habido una guerra nuclear y el propio César gobierna ahora a un grupo de supervivientes simios y humanos que coexisten con dificultades aunque deberán unirse para hacer frente a los mutantes de una “ciudad perdida” que se les enfrentarán violentamente.
El mensaje final de la película pretende ser optimista, abogando por un futuro de concordia entre ambas especies aunque un final alternativo emitido en televisión mostraba la conversión de esa sociedad en la que encontró Taylor a su llegada.
OTRAS SECUELAS
El futuro de la franquicia se encaminó a la televisión y así, en 1974, se estrenó en la CBS una serie con el nombre de “El planeta de los simios”.
En ella, dos astronautas llegaban al planeta en cuestión, eran apresados y escapaban gracias a un simpático chimpancé.
Juntos serían interminablemente perseguidos por las tropas del general simio Urko a lo largo de trece capítulos, después de los cuales se cancelaba definitivamente la serie a los cuatro meses de su primera aparición en pantalla.
En 1975 vio la luz otra serie pero, en este caso, de dibujos animados. Sin las dificultades financieras que hubo de afrontar la película original, la serie abogaba por una mayor fidelidad hacia la obra de Pierre Boulle, de modo que por primera vez podíamos ver a los simios conducir coches o pilotar aviones aunque fuese gracias a la animación.
Por último en 2001
Tim Burton dirigió una nueva versión de “El planeta de los simios” que resultó ser un completo y absoluto fiasco.
Sus mayores diferencias con el original son la espectacular movilidad de los simios, el hecho de que los humanos sí hablan y la supresión de los personajes de Zira, Cornelius ó el Dr. Zaius e incluso la de Taylor, sustituido aquí por un astronauta (interpretado por Mark Wahlberg) que ejercerá de liberador de la raza humana.
Al principio se había especulado con que Burton iba a incluir una relación sentimental entre el protagonista humano y una partenaire simia que alcanzaría el terreno carnal pero se le desaconsejó seguir con la idea por su posible interpretación como invitación a la zoofilia (los americanos son así).
Es una lástima que no le desaconsejaran, en cambio, realizar un remake cuya única aportación es la escenográfica (efectos especiales de última generación y caracterizaciones fastuosas), ya que a nivel argumental su aportación es nula, mostrándose netamente inferior a su predecesora.
Sólo tiene la curiosidad 100% cinéfila, de haber ofrecido un papel de general simio a un Charlton Heston ya en la ancianidad, a quien de ese modo se ofrecía cumplido homenaje.
También se le ofreció un papel anecdótico a Linda Harrison, la Nova de la película original.
UNA MAGNÍFICA EDICIÓN EN DVD
La edición que ahora comentamos y que conmemora el 35º Aniversario del film subsana el garrafal error que supuso recrear el impactante final de “El Planeta de los Simios” en la mismísima portada del dvd, arruinando con ello la sorpresa y convirtiéndose en un spoiler absurdo e incomprensible.
Porque ¿alguien imagina la carátula de la película “Vértigo” de Hitchcock mostrando su sorprendente final? Creo que podemos obviar la respuesta.
En esta ocasión, únicamente se opone la imagen de Taylor a la de un simio. Una imagen lo suficientemente sugerente como para no necesitar más. Además, se trata de un elegante estuche metálico con dos discos.
Por lo que respecta a los numerosísimos contenidos que convierten este doble dvd en una edición de referencia se encuentran los siguientes:
DISCO 1
Además de la versión de cine en español o en inglés (con o sin subtítulos), se ofrece la doble posibilidad de ver la película con los audiocomentarios de Jerry Goldsmith, compositor de la banda sonora del film o bien con los de los actores Roddy McDowall, Natalie Taundy y Kim Hunter, acompañados del laureado maquillador John Chambers.
En ambos casos puede hacerse con el audio en inglés pero con subtítulos en español, circunstancia importantísima que no siempre concurre cuando intentamos acceder a este tipo de "extra".
DISCO 2
Los contenidos se estructuran en cuatro grandes apartados: “Conociendo a los simios”, “Publicidad”, “Galerías” y “Simios-manía”.
Conociendo a los simios- “Detrás del Planeta de los Simios”.- Uno de los mejores documentales de cine que he tenido ocasión de ver. De casi dos horas de duración, está presentado por Roddy McDowall y pasa revista a la preproducción, producción y postproducción no sólo de la película sino de todas las de la saga. Originalmente este documental se comercializó exclusivamente en el pack que incluía las cuatro películas, por lo que es doblemente de agradecer que se haya añadido a esta edición especial.
- Pruebas de maquillaje con Edward G. Robinson.- Por desgracia dichas pruebas le disuadieron de participar en la película.
- Vídeos de Roddy McDowall
- Tomas falsas.- Por desgracia, carecen de audio.
Publicidad
- 6 trailers originales de cine: 2 correspondientes a “El planeta de los simios” y uno por cada una de sus cuatro secuelas.
- Críticas de la película correspondientes al año 1968.- Se trata de un largo texto exclusivamente en inglés que firma John Mahoney.
- Pósters de cine.
Galerías
- Bocetos originales del diseñador de vestuario Morton Haack.
- Selección de fotos.
Simios-manía- Material publicitario
- Material coleccionable
Ambos extras, exclusivamente en inglés.
Actualmente está en promoción en DVDGo por 5'95 euros.
Y hasta aquí el análisis, quiero creer que concienzudo, de una de las mayores películas de género fantástico de la Historia del Cine y de su flamante edición en DVD.
Estas pelis han pasado a ser emblemáticas como la guerra de las galaxias el padrino y otras muchas Una abraçada compi