Esta es una historia que comenzó allá por el mes de Agosto, cuando con motivo de mi cumpleaños mis hijos y mi mujer me dijeron que me regalaban entradas para ir a ver El rey León. En realidad es casi la única manera de ir a verla, porque cuando te paras a pensar en el precio de las entradas, es muy difícil que te animes a gastar tanto dinero en un espectáculo. En cambio, si te lo regalan... Yo soy pues uno de esos cien mil (en realidad sumando a mi mujer dos de cien mil) que compraron su entrada antes de que el espectáculo alzara el telón. Era una apuesta segura, porque se sabía de antemano ...
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