¿Has llegado hasta aquí y estas sorprendido? ¿Ésta que tiene un nick tan raro ha publicado una opinión en un apartado que no es Ciao Café?
Tranquilo, no sufres visiones… por el momento.
No te has equivocado, esta vez he decidido no torturaros más con mis historias y me he animado a escribir sobre un libro. Siempre he dicho que mi verdadera vocación es la lectura pero las opiniones de libros en el universo Ciao han cambiado mucho desde los tiempos en que yo dejaba mis impresiones sobre algunos libros que había leído… muy pocas veces, esa es la verdad.
•Antecedentes o motivos:
Este fin de semana extinto mis planes variaron drásticamente no por mi voluntad sino por circunstancias que no vienen al caso, así que llené las horas leyendo algún libro, hablando con algunas personas (también hablo con mis perros, sí), viendo alguna película de los años treinta y haciendo alguna de esas horrorosas tareas domésticas que siempre se dejan para cuando tengamos un poco más de tiempo libre. Y, por supuesto, estuve navegando por los mares de la Red y por las aguas del Mundo_Ciao. Leí alguna opinión, contraje alguna que otra deuda ( menos mal que no de dinero, que si no me vería con una horda de usuarios de esta página ante las puertas de mi casa) y pensé en escribir de algún producto.
A veces me da por pensar en esas cosas pero las suelo descartar.
Pero está vez la idea siguió rondando en mi cabeza como un insidioso cínife… así que buscando me encontré que este libro de Robin Schone no tenía ninguna opinión. Lo cual me da igual pero como estamos en plena decimocuarta edición de los relatos eróticos Ciao bajo el auspicio de John_andy, me dije, ¿Por qué no escribir una opinión de una de las mejores novelas eróticas que he leído en los últimos años?
Recalco: erótica, no pornográfica.
Y con altas dosis de romanticismo pero no del edulcorado.
¿Existe el amor sin sexo en una pareja?
¿Qué harías si fueras una mujer de la Inglaterra victoriana, a la que su marido, un hombre con una impecable carrera política, te hace menos caso que al colgador de la ropa?
Piénsalo bien: eres una mujer completamente victoriana, educada bajo unas rígidas costumbres y una moral opresiva, has pasado de los treinta años y has cumplido tu deber como esposa; has parido dos hijos varones que perpetuarán el apellido de tu marido por una generación más.
Pero tu marido ha dejado de tocarte hace años. Seguramente se preguntará, ¿qué será eso con faldas que anda por mi casa? ¿Una mujer? Oh, vamos, seguramente le está haciendo un gran favor: el sexo es un sacrificio para las mujeres, esos dulces ángeles del hogar.
•El Tutor:
Ramiel Devington, un hombre fatalmente atractivo para las mujeres, hijo de una inglesa y de un jeque árabe, recibe un buen día la visita de una dama, Elizabeth Petre la cual tiene una curiosa petición que hacerle: “Quiero que me enseñe como darle placer a un hombre.”
Ramiel es un hombre que atrae a las mujeres, tal vez porque muchas están dispuestas a probar en sus carnes las exquisiteces amatorias de los árabes, o por su personalidad. Y piensa que Elizabeth es una más. Pero se equivoca. Elizabeth Petre no quiere ser infiel a su marido, sólo quiere conseguir que la vuelva a mirar como a una mujer. Nadie le había hecho nunca tal petición y la rechaza pareciéndole una locura. ¿Cómo diablos le va a enseñar a dar placer si no va a permitir que se acueste con ella? Pero ella le replica que eso no tiene importancia, que las odaliscas del harén tampoco prueban con otros hombres.
Elizabeth Petre es la esposa perfecta, apoya activamente la carrera política de su marido ( ministro de Economía y Hacienda) con bailes, actos benéficos, obras de caridad; es una mujer moderna para la época: apoya la carrera política de su esposo y las otras mujeres envidian o admiran su supuesta actividad; aparentemente no es una mujer pasiva que se queda en el hogar. Y la relación con su marido aunque fría es cordial.
Pero siente que siempre ha ocupado el último lugar en los hombre de su vida, tano su padre, un primer ministro, como su marido siempre han tenido otras prioridades. Su madre la ha educado para ser una perfecta dama y a pesar de que Elizabeth se comparta cara a la sociedad como la gran dama que debe ser, interpretando el papel que han creado para ella, algo en su interior se revela contra esa rígida opresión.
Su marido, Edward Petre, el perfecto caballero inglés- aunque no de origen noble- hace más de doce años que no la toca; Elizabeth Petre es una mujer que ha parido dos veces pero que lo ignora todo sobre su propia sexualidad: su marido sólo la ha besado el día de su boda y, por supuesto, nunca lo ha visto desnudo. Él jamás ha mostrado interés por su cuerpo.
“De alguna manera las mujeres árabes y las inglesas se parecían.
La mujer árabe usa velo, la inglesa corsé.
Una esposa árabe acepta a las concubinas de su esposo con resignación. Una esposa inglesa acepta a las amantes de su esposo ignorándolas.”
Ramiel acepta, nunca ha conocido a una mujer como ella que, ingenuamente, se cree a salvo de él y de los otros hombres porque piensa que una mujer como ella que ha superado los treinta años y cuyo cuerpo muestra las huellas de dos embarazos y de sus consiguientes partos no puede encender su deseo. Las lecciones, impartidas en la casa de Ramiel seguirán el siguiente sistema: cada noche Elizabeth leerá un capítulo de un manual árabe de erotismo del siglo XVI, “El Jardín Perfumado” de el jeque Nefzawi y cada tarde del día siguiente a la misma hora, debatirán sobre lo leído.
El camino del erotismo y de la sensualidad hasta entonces velado a sus ojos y a su mente se abre ante Elizabeth: imágenes eróticas, palabras, pensamientos, olores… el Jardín Perfumado y las conversaciones con el Jeque Bastardo le muestran un mundo nuevo cargado de sensaciones que desconocía.
Elizabeth pregunta y toma notas como una alumna, sin saber que no se puede tentar al diablo sin que este exija un alto precio a cambio. Al principio, Elizabeth es una mujer terriblemente ingenua pero es valiente, posee las agallas suficientes para intentar cambiar su vida. Pero pagará un alto precio por eso. Y no sólo con Ramiel sino con su propia familia y con la sociedad que no acepta que una mujer tome las riendas de su sexualidad.
“-Poco después de contraer matrimonio yo me quedé embarazada.-Miró fijamente el falo- Fui a un museo de arte. Había una estatua allí, una estatua de un hombre desnudo. Salvo que tenía una hoja.
Ramiel no tuvo que preguntar que parte de la estatua cubría aquella hoja.
-Tenía diecisiete años e iba a tener un bebé y quería ver cómo había sucedido aquello. Pero la hoja no se movía.
Los músculos de su pecho se tensaron ante aquella confidencia inesperada; ante la joven que alguna vez había sido y que buscaba la iluminación en una obra de arte cubierta a propósito para seguir manteniendo la ignorancia de la mujer"
•Finalizando:
Reconozco que compré esta novela de Robin Schone porque me gustó la portada, una representación de Leila, un cuadro de Sir Francis Dicksee en el tercio superior de la misma (y también que un libro de tapas duras costase cinco euros). Yo siento una predilección absoluta por los pintores de la escuela prerrafaelita a la que Dicksee perteneció, por lo que quien quiera que escogiera ese cuadro me ganó como lectora.
Pocas veces elijo los libros por las portadas, porque la mayoría los compro en librerías de segunda mano y, a veces, aunque no estropeadas se hallan ajadas por el uso. No me importa, me horrorizan los libros en perfectas condiciones porque eso es sinónimo de que no han sido leídos. El cuadro de Leila de Dicksee representa a una hermosa mujer, al gusto de los pintores prerrafaelitas, vestida al estilo árabe y sensualmente reclinada sobre un sofá recubierto de pieles, te hace rememorar la sensualidad oriental, pensar en harenes, es especias, en odaliscas y en perfumes exóticos y densos (esa parte de Oriente que en gran medida no es más que una invención de Occidente pero que, aun sabiéndolo, a muchos nos sigue atrayendo…)
Aunque el marco en el que se desarrolla El Tutor es la historia de amor y erotismo entre Elizabeth Petre y Ramiel la autora trata otros temas propios de la sociedad victoriana, de la nuestra y de todas las sociedades porque son problemas dudas universales: el maltrato y la rigidez a la que sometían a los alumnos las grandes instituciones escolares, la corrupción que suele conllevar el ejercicio del poder, la homosexualidad, el deseo reprimido, las convenciones sociales, la moralidad…porque con la época victoriana, conocida por sus restricciones de tipo moral entre otras cosas, pasaba lo mismo que con los falsos predicadores: cuando se empieza a excavar un poco empiezan a salir a la luz todos los vicios y virtudes, el odio, la corrupción, el amor y el sexo. La prostitución no fue un invento de la sociedad victoriana pero, sin duda, ayudó a mantener esa falsa imagen de la tríada femenina cristiana como perfecta hija-esposa-madre. Sin duda, esta época tan parecida a la nuestra en tantas cosas, es un buen espejo en el que podemos observar nuestro propio reflejo.
Robin Schone trata temas que la mayoría de los lectores no se esperan encontrar en una novela de este género y que te dejan una sensación agridulce algunos y otros de absoluta repulsión. Prefiero no decir nada más. Pero en lugar de ensombrecer la trama principal estos temas hacen que sea más profunda, más realista...
Incluso si no te gustan las novelas eróticas (tampoco es mi género literario predilecto porque con el erotismo pasa un poco como con el chocolate o con el marisco: si sólo te ofrecen eso te acaban aburriendo) te recomiendo que le des una oportunidad: es un libro bien escrito, con una prosa sencilla, elegante y cumple de sobra lo que promete en el subtítulo, una historia romántica-erótica. ¿Dónde empieza uno y dónde acaba el otro?
Con el tutor, Robin Schone ha escrito una de las mejores novelas del género romántico-erótico. ¿Qué note gusta el romanticismo? Lo entiendo, no te preocupes: debes de ser un monje o una monja de clausura… lo peor que se puede hacer al acercarse a un libro es hacerlo con prejuicios… además si sólo los premios Nobel, Goncourt, Pulitzer o Cervantes fueran dignos de publicar y de ser leídos las librerías y las bibliotecas quedarían casi desiertas.
El hábito no hace al monje y la calidad de un libro no se mide en función al género literario, dejemos de una vez de guiarnos tanto por el continente y démosle una oportunidad al contenido. Quizá te lleves una sorpresa. Quizá te decepciones. Pero un libro, aunque no te guste, nunca es una pérdida de tiempo (salvo alguna excepción que otra, pero como suele decirse, la excepción confirma la regla).
Felices lecturas decidas leer este libro o cualquier otro.
PD: releyendo esta opinión me he dado cuenta de que abuso del adjetivo: " Perfecto/a" pero esa es la sensación que me queda después de haberlo leído hace meses: la vida de Elizabeth es aparentemente perfecta en la Inglaterra del último tercio del XIX. Aparentemente, porque la procesión la lleva por dentro...
28.11.2010 22:13
Me la habían recomendado
16.02.2010 18:54
Un libro de tapas duras por cinco euros me parece un argumento más que suficiente. Tampoco es mi género y por las mismas razones que expones, aunque por lo que cuentas esta historia tiene muchos alicientes (me encanta el siglo XIX), no te diré que lo leeré, pero si el azar lo pone en mis manos no le haré ascos. Besos.
15.02.2010 22:13
Valorada.