[Dada la extensión que su autor prevé que va a tener esta opi, su autor ha pensado que lo mejor es dividirla en tres partes, con el objetivo de facilitar su lectura a los usuarios interesados.]
Hace unos meses, el cronista escribió una opi sobre la película "Ciudadano Kane". Uno de los comentarios recibidos hacía incapié en que, según el usuario en cuestión, las teorías conspirativas están de más. Bueno, a este cronista se le antoja que lo que está fuera de lugar es desdeñar argumentos de peso que sustentan determinadas afirmaciones, y más cuando los últimos meses todos hemos podido observar, día a día (y algunos hasta lo han podido experimentar en sus propias carnes, como los habitantes de Madrid), que determinado país (siempre el mismo) está detrás de gran parte de los tejemanejes y del juego sucio mundiales.
Evidentemente, el autor se refiere a la fuente de todo mal, desde la defunción de la Unión Soviética sobretodo, los Estados Unidos de Norteamérica. "¡¡¡ Sacrilegio !!!". dirán algunos, para los cuales el terrorismo islámico es ahora el Enemigo Supremo. La mayoría de las personas demonizan a Bin Laden o a Abu Mussad al-Zarqawi, su lugarteniente en Iraq, olvidando que no són más que ex-mercenarios pagados y entrenados por la CIA que escaparon a su control y que quizás han enloquecido. Seamos francos, sus razones tienen a la vista de los desmanes que Bush y sus secuaces cometen impunemente amparados por la ONU (y no nos engañemos, el señor Kerry, con su presunta defensa de ciertos valores morales, haría probablemente lo mismo). El cronista nunca recorrería a la violencia indiscriminada para vengarse de los atropellos, pero comprende que algunas personas lo hagan, y más después de ver fotos y filmaciones de atrocidades cometidas por la tropas americanas y británicas en Iraq.
Es una lástima que mucha gente que apoyó la política poco realista de Aznar y sus secuaces no se diera cuenta de las cosas hasta ver los cuerpos de muchos madrileños hechos trizas en Atocha. Resultaba evidente que la política criminal (sí señores !!! criminal, y digna de un juicio por genocidio) de los carniceros del PP metió a todos los españoles (en esto sí somos todos iguales, ideas políticas de cada uno aparte ; de forma parecida al slogan de un conocido anuncio contra los accidentes de tráfico, no tenemos ningún tipo de mecanismo de protección contra las bombas) en un auténtico berenjenal de imprevisibles consecuencias. La lástima es que, por lo que se ve y se huele, esto no ha terminado aún. Por un lado, el señor Aznar sigue insultando la inteligencia de todos sus compatriotas con sus comentarios, ya que afirmar con rotundidad que el problema con Al-Qaeda empezó con la lucha de Don Pelayo en el s. VIII, además de ridículo y sin base histórica alguna, es criminal, porque incita a la violencia entre los pueblos. Y todo porque, desde la tribuna en Georgetown que Bush puso a su disposición (y desde la cual da testimonio de su retorcida visión del mundo en un "depurado" inglés de Oxford), en "justo" premio a su Lameculos Mayor, continua con su enfermiza obsesión por entrar en los libros de historia, aunque sea a trancas y barrancas y por encima de los cadáveres de 200 madrileños, de 62 militares muertos en Turquía de la manera más inútil, y de otras personas muertas en países lejanos, todos ellos víctimas "colaterales" de los delirios de grandeza de este ridículo estadista y criminal de opereta.
En la opi a la que se ha referido anteriormente, el cronista ya comentó varios de los desmanes cometidos por los yankees a lo largo del s. XX. Por uno de ellos pasó bastante por encima : la Guerra de Viet-Nam. Precisamente es el conflicto en el que se enmarcan el libro y las películas a comentar. Hay en la historia varios elementos que nos llevan a pensar en el carácter cíclico de la historia, porque ciertos errores de los americanos y de sus adláteres y bufones, resurgen cual ave fénix, y, hablando de fénix, ese es precisamente el significado del nombre Fuong en vietnamita, la protagonista femenina de la historia que nos ocupa.
"El americano impasible" es, ante todo, el título de una gran novela corta publicada en 1952 por el escritor británico Graham Greene. Las armas literarias de este autor, varias veces llevado al cine, son la mordacidad, la ironía, el sarcasmo, y, sobretodo, el cinismo de su visión de los problemas que aborda. Otros ejemplos de novelas suyas trasladadas a la gran pantalla son la archiconocida "El tercer hombre" (una obra maestra absoluta del cine sin discusión posible ; al contrario de lo que cree la mayoría, esta película no la dirigió el maestro Orson Welles, que tiene una corta pero intensa aparición, sinó el director todoterreno británico Carol Reed, del cual el cronista recomendaría la película "El tormento y el éxtasis"), "El ídolo caído" (película británica de los años 40 que, desgraciadamente el cronista no ha visto), "Nuestro hombre en la Habana" (protagonizada por Alec Guiness y Burl Ives, el actor gordo que interpretaba al padre de Paul Newman en "La gata sobre el tejado de zinc"), o "El factor humano" (película, la última de su director, Otto Preminger, que muestra la cara gris de un mediocre espía británico en los años 70 ; la protagonizó el actor inglés Nicol Williamson, al que algunos recordaremos toda la vida por su papel de Mago Merlin en la fantástica "Excalibur" de John Boorman).
La novela consta de dos hilos argumentales. Por una parte el conflicto post-colonial de Francia en Indochina, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se denominó la Guerra de Indochina ; con los años, el conflicto se iría envenenando hasta desembocar en la carnicería en que se convirtió la Guerra del Viet-Nam. El relato sobre algunos hechos de esta guerra se va entremezclando, a partir de una complicada estructura de flashbacks y flashforwards, con la guerra que mantiene el protagonista con su propio sentimiento de culpa, pues años atrás abandonó a su mujer, al no poder soportar un matrimonio gris y aburrido con una persona con la que tiene poco en común, y lleva ya dos años conviviendo con una jovencísima (20 años) y bellísima joven vietnamita.
Cree el cronista que le resultarán útiles al lector unas líneas explicativas sobre los orígenes del conflicto en Indochina. La presencia francesa en esta zona del sureste asiático se remonta a mediados del s. XIX, cuando, tomando como pretexto la persecución de misioneros católicos (vaya lacra !!!
), una escuadra francesa bombardeó zonas del país y las tropas francesas ocuparon Saigon. Vemos, pues, que el tema éste de los pretextos idiotas no lo inventaron los yankees, sinó que es más viejo que la tos. A lo largo de los años posteriores se establecieron en la zona y se dedicaron chuparles la sangre a los pobres vietnamitas, cambonyanos y laosianos. Como si éstos no hubieran tenido bastante con el parásito emperador que les había estado gobernando hasta entonces.
Los franceses, a pesar de su chovinismo y de presumir de los derechos y libertades alcanzados con la Revolución de 1789, en estos temas siempre han actuado como las antiguas Grecia o Roma, que concedían amplias libertades a sus ciudadanos, mientras se dedicaban a darles caña a todo el resto de la humanidad. A lo largo de la Historia, han jorobado más que a Quasimodo a todo aquel que han podido (España, Catalunya, Marruecos, Argelia, Senegal, Madagascar - donde provocaron una masacre de 90.000 muertos en 1947-48 -, las Antillas, etc...).
En Indochina, que era el territorio actualmente ocupado por Viet-Nam, Camboya, y Laos, tras la derrota japonesa en 1945, los guerrilleros comunistas dirigidos por Ho Chi Minh toman el poder y proclaman la República en lo que es el actual Viet-Nam. Pero los colonizadores franceses regresan, no reconocen a esta joven República y, a finales de 1946, estalla una violenta lucha de guerrillas entre las tropas francesas y los guerrilleros del Vietminh (Liga para la Independencia del Viet-Nam, dominada por los comunistas). Esta guerrilla había sido armada y entrenada durante la Segunda Guerra Mundial por la O. S. S. (Oficina de Servivios Estratégicos, la antecesora de la C. I. A.). La consigna de los gobiernos americanos se basaba en movilizar todas aquellas fuerzas que pudieran sostener una resistencia antijaponesa. Más adelante, estas mismas fuerzas se usarían contra los propios franceses, ya que la política americana de la posguerra se basaba en, amparándose bajo el paraguas de las Naciones Unidas, substituir a las potencias coloniales y colocarse los americanos en su lugar. ¿Le suena algo de esto al amable lector?. ¿No hay sospechosos parecidos a elementos de la situación actual en Iraq?. ¿No lleva esto a pensar que los americanos aplican siempre un mismo librillo, sea cual sea la situación, provocando con ello desastre tras desastre?. Quizás los usuarios menos jóvenes o los más informados recuerden que, en el Afganistan de finales de los 70 y principios de los 80, los gobiernos americanos, a través de la CIA, armaron y entrenaron a una disparidad de milicias de adscripción islamista, algunas de las cuales escaparían más adelante a su control y son actualmente fuente de varios problemas de todos conocidos.
Tanto la novela como las dos películas empiezan más o menos del mismo modo. Flotando en el rio es encontrado el cadáver de un americano joven, con signos evidentes de haber sido asesinado. El comisario Vigot, jefe de la policía colonial francesa, requiere la presencia del periodista inglés Thomas Fowler, corresponsal de un periódico británico, para proceder a la identificación del cadáver.
Gran parte de la novela es la evocación de Fowler de todos los recuerdos de su amistad con el americano muerto, de nombre Alden Pyle, a partir del día en que le conociera.
Entrelazada con todos estos recuerdos está la propia vida privada de Fowler, en particular su poco disimulado sentimiento de culpa por no haber sido capaz de cumplir con sus promesas matrimoniales y vivir en régimen de amancebamiento con una bella y joven indígena. Por lo que se refiere al relato de la guerra, del papel de los corresponsales en la misma, y de la, al comienzo, sutil intervención de los americanos, los comentarios son cínicos, acerados, mordaces en grado sumo, como corresponde a una visión realista del conflicto, muy alejada de otras mucho más románticas. Del mismo modo, los comentarios del autor sobre la relación de pareja que le une a la chica vietnamita Fuong y sobre la que le unía a su aún esposa, siguen el mismo tono.
Teniendo en cuenta que la novela está escrita en 1952, cuando la Guerra de Indochina estaba en una especie de punto muerto para los franceses, sorprende mucho, a tenor de la posterior escalada del conflicto y de otras intervenciones americanas hasta hoy, lo certero y acertado de muchos de los comentarios. La debacle final para las tropas francesas llegaría en la famosa batalla de Dien Bien Phu. El Alto Mando francés intentó establecer una potente base avanzada en el centro mismo del territorio dominado por los comunistas en el Tonkin, la zona norte de Viet-Nam. La idea era plantear una batalla de desgaste al estilo de la de Verdún en la Primera Guerra Mundial, y destruir con ello el poder de las tropas del Viet-Minh. El hecho de que el mando francés no tuviera en cuenta de que eran otros tiempos (habían transcurrido más de 35 años desde Verdún, en 1916) y el desdén con que era tratada la capacidad militar de las tropas comunistas al mando del general Giap, provocó un desastre militar de incalculables proporciones, en el cual los franceses tuvieron unas 10.000 bajas. Esto condujo a un armisticio y a una conferencia de paz, celebrada en Ginebra en 1954, por la que se sancionaba la partición del país en dos : el norte (controlado por los comunistas) y el sur, gobernado de forma muy inestable por sucesivos gobiernos. Esta inestabilidad derivaría en conflicto armado abierto en los años 60 y en una guerra sucia, sangrienta e injusta como pocas.
Fowler se da cuenta de que el americano Pyle, un joven en apariencia muy tranquilo (de aquí el título de la novela y la película, "The Quiet American") ha sido enviado a Viet-Nam sin tener una idea clara sobre la situación real del país, sinó que se basa en un cúmulo de ideas adquiridas en libros escritos por autores americanos que tenían una visión de la realidad totalmente utópica. Éste es un problema del que los americanos han hecho gala en numerosas ocasiones a lo largo de la historia del s. XX y, como se ha visto últimamente, también del XXI. Analizan los problemas a partir de ridículas teorías que no tienen base alguna, porque son fabricadas como churros por presuntos expertos encerrados en despachos ultramodernos y lujosos en Langley (estado de Virginia, donde se halla la sede central de la CIA) o en el Pentágono.
En una auténtica obsesión por extender la utilidad de la famosa doctrina Monroe a lo largo de la historia, supeditándola a oscuros intereses económicos de las grandes multinacionales, con las que se relaciona gran cantidad de su clase dirigente, los americanos provocan muchos otros problemas suplementarios que sufrimos todos.
Sirvan de ilustración algunos comentarios de Greene en la novela. Refiríendose a Pyle, Greene (por boca de Fowler) dice : "La democracia era otro de sus temas, y tenía ideas netas e intolerables sobre la obra de los Estados Unidos en pro del mundo." El sentido común, materializado en un conocido refrán, nos advierte contra las personas que presumen de ser grandes demócratas, ya que la mayor parte de las veces, esa presunción contiene los primeros gérmenes de un fascismo incipiente. En el Estado Español, también hemos tenido a menudo ejemplos de este tipo, últimamente con la actuación del gobierno del PP en diversos casos ; anteriormente con los gobiernos del PRISOE (no es un error tipográfico, jajajaja, a ver quién lo pilla !!!) que, en un alarde de comportamiento democrático, crearon un instrumento tan fascista como los GAL. Greene/Fowler continúa con lo siguiente : "... estaba totalmente sumergido en los dilemas de la democracia y las responsabilidades de Occidente ; estaba decidido a serle útil a un país, a un continente, a un mundo. Bueno, ya se hallaba en su elemento, podía dedicarse a mejorar el Universo entero." Y, un poco más adelante, otra "perla" : "Que Dios nos libre de los inocentes y los buenos".Con esto nos viene a decir el autor que, entre el convencimiento de estar actuando de buena fe y el de tener la verdad absoluta sobre todo, el camino hacia el desastre está bien marcado.
Camuflado (es un decir) por una especie de ONG que trae a Viet-Nam ayuda médica, el americano Pyle ha venido a traerles la democracia a los vietnamitas, la quisieran o no, de forma parecida a la que empleó Napoleón Bonaparte, otro "visionario" que tuvo el sueño de una Europa unida y lo convirtió en la pesadilla de todos los no-franceses. Pero, en el caso de los americanos (conocida es la frase "el sueño americano es la pesadilla del mundo"), esto es sólo una fachada. Véase sinó el caso actual de Iraq. Oficialmente, los americanos invaden el país para librarles, a ellos y el resto del mundo, de un tirano sanguinario y de sus presuntas armas de destrucción masiva (que a fecha de hoy no han aparecido). Un tirano, recuérdese, al que ellos mismos armaron en los años 80, para que les sirviera de barrera contra el régimen islámico iraní, la aparición del cual habían provocado ellos mismos (una vez más, y van ....) con su apoyo a un emperadorzuelo de opereta, el Sha Reza Pahlevi, y a su fascista policía política. En el caso del Viet-Nam de los años 50, los americanos iban a otorgarles la democracia a todos los vietnamitas, librándoles del yugo de los colonialistas franceses. Para ello creyeron que el mejor mecanismo era jugar a dos bandas, apoyando a los dos bandos en conflicto.
Con esto provocarían la bipolarización de una sociedad que acabaría echándose en brazos de un régimen, el comunista, infinitamente más sanguinario y cruel que el poder colonial (remito al lector a las páginas dedicadas a Viet-Nam en la obra "El libro Negro del comunismo").
Según preconiza el autor preferido del americano, York Harding, el mejor camino a tomar es el apoyo a una Tercera Fuerza, equidistante tanto del caduco gobierno colonialista francés como de los comunistas. Esta táctica recuerda sospechosamente a la Quinta Columna utilizada por los nazis para minar la resistencia de los países a los que se disponían a invadir, particularmente exitosa en países como la Francia de 1940 o la Ucrania soviética de 1941. No es nada sorprendente este parecido ya que, tal y como se relata en el excelente libro "La historia secreta de la CIA" del escritor y periodista americano Joseph J. Trento, el servicio secreto nazi, bajo el mando del general de las SS Reinhard Gehlen, sirvió de base, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, alrededor de la cual se crearía la CIA. Lo que el cronista desconocía hasta la lectura de este libro y que parece de puro chiste, es que esta organización nazi estaba tan inflitrada por el NKVD (la policiía política y servicio secreto soviético, antecesor del KGB), que la CIA absorbió tanto a espías ex-nazis como a agentes dobles comunistas (esto sólo ya daría para una nueva opi sobre el tema).
En el caso que nos ocupa, el Viet-Nam de 1952, el elegido como cabeza de la Tercera Fuerza es un tal general Thé, un bandido con afán de notoriedad e ínfulas de dictadorzuelo y que anteriormente comandaba las tropas de los Caodaístas, una de las múltiples sectas que pululaban por el país, una especie de religión sincrética entre el catolicismo, el budismo y prácticas animistas. Thé acaba resultando ser un salvaje y escapando al control de las manipulaciones americanas (¿te suena esto amable lector?), al tiempo que provoca una gran masacre con un atentado fallido del que resultan varias decenas de muertos ; fallido porque en principio el objetivo era un desfile de las tropas francesas y survietnamitas y del cual se quería culpar a los comunistas.
[Continuará, esperemos que contraviniendo el dicho de que nunca segundas partes fueron buenas. Saludos. ]
Es un texto basura ultranazionalista escrito por un lacayo kakalino de Rovira