El anillo de los nibelungos - Richard Wagner

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El anillo de los nibelungos - Richard Wagner

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Un anillo para gobernarlos a todos...

5  27.04.2002

Ventajas:
Una historia interesantísima, con buena música

Desventajas:
Que se hace jodido poder ver representación de la obra completa

Recomendable: Sí 

Detalles:

Originalidad

Letras

Calidad y consistencia de las canciones

Duración del éxito

Cómo se compara a otros lanzamientos del mismo autor:

Tapa/diseño y contenido


Kafo

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Nada menos que 20 años tardó Richard Wagner en concebir la tetralogía que unió bajo el nombre de 'El anillo de los nibelungos'. Una tetralogía que comienza con 'El oro del Rin', seguida de 'La Valkiria', 'Siegfried' y 'El ocaso de los dioses'. Nada menos que 22 horas si juntamos el total de las partituras que Wagner escribió.

Por eso mismo, es casi imposible asistir a una representación completa de su obra y la única forma que tiene uno de disfrutarla es, o bien tirando de algún soporte de audio o de video. En cualquiera de los casos, la experiencia merece la pena. Eso sí, si sale la posibilidad de disfrutar de grabaciones dirigidas por Sir George Solti, mejor que mejor. A mi gusto es el director que mejor ha sabido sacar el jugo al conjunto de la obra de Wagner.

CUATRO ÓPERAS, UN HILO CONDUCTOR

A lo largo de cuatro óperas, Wagner asombra tanto musical como dramáticamente -aunque ahí tienen mucho que ver los intérpretes también-. Me parece especialmente destacable el constate uso del incesto, la endogamia, la cerrazón grupal y dinástica, tema al que los libretos de Wagner aluden constantemente, en diversas formas. No se necesita un análisis demasiado profundo de la tetralogía para intuir los claros tintes ideológicos, políticos y raciales de su narración, así como no se necesita más que un sencillo ejercicio de extrapolación para imaginar que ese mismo incesto, esa misma endogamia, esa misma cerrazón grupal y dinástica constituyen una receta infalible para la implosión de cualquier organización, país, grupo de amigos... Tarde o temprano, el resultado será un 'Götterdämmerung', más o menos espectacular según las circunstancias.

Quizá, sólo quizá, muchos no se atrevan con la ópera por el mero hecho de desconocer o no entender el argumento. Sí que es cierto que la audición (o visualización) gana mucho si uno conoce la historia, pero no menos cierto es que Wagner se preocupaba tanto de los aspectos musicales como de los de la puesta en escena. Por eso es totalmente posible hacerse perfecta idea de lo que está ocurriendo sobre el escenario sin necesidad de saber una palabra de alemán.

Sin embargo, no he podido resistirme a la tentación de hacer esta opinión extensísima, y explicar lo que ocurre en cada uno de los capítulos de la Saga de los Nibelungos, siempre según Wagner...

I. EL ORO DEL RHIN
El enano que quiso reinar

Las ondinas Woglinde, Ellgunde y Flosshilde, nadan y juegan alegremente en las aguas del río. Un pérfido enano, el nibelungo Alberich, surge de un abismo y las contempla. Salido como estaba, intenta seducirlas; pero cada una de las hijas del Rhin se burla de él, así que no es de extrañar que el enano acabara subiendose por las paredes. Furiosamente las persigue, pero pronto se queda sin fuelle. Es entonces cuando un rayo de sol se refleja en el rio y devuelve un brillo dorado que llama la atención de Alberich. Las ninfas le dicen que eso que brilla es el oro del Rhin y que aquel que forje un anillo con él, se hará el dueño del mundo. Pero -siempre hay un pero-, apunta una de las ninfas, hace falta que el que posea el anillo renuncie al amor... Después del éxito obtenido intentando seducir a las ninfas, tampoco es de extrañar que Alberich proclamara a los cuatro vientos lo que sería la semilla de la canción que dice aquello de "me cago en el amor".

Mientras tanto, ahí está el bueno de Wotan, padre de los dioses, cuya única preocupación en ese momento es construir el castillo del Walhalla, para morada de los dioses. Como no hay albañiles por ahí cerca capaces de llevar acabo tamaña construcción, pues les encarga a los gigantes Fafner y Fasolt que lo levanten en una noche. El premio de su trabajo será Freia, la diosa de la juventud y la belleza. Obviamente, las mujeres son las primeras en solidarizarse con Freia, que no ha podido elegir. Fricka parece realmente preocupada, pero Wotan le tranquiliza diciéndole que ha mandado a la tierra a Loge, el dios del fuego, para ver cómo se puede sustituir a Freia. A su regreso, Loge cuenta el suceso del anillo, y Wotan le encomienda la empresa de apoderarse del anillo y del resto del oro, para ofrecérselo a los gigantes en lugar de Freia. Los gigantes aceptan pero, como no lo ven muy claro, se llevan a Freia de rehén.

Ahora Alberich es el señor de los Nibelungos, habitantes de Nibelheim. El poder se le ha subido a la cabeza y para la cabeza pide un yelmo mágico. Con un azote obliga a Mime a que construya un mágico yelmo que tiene la virtud de hacer invisible al que lo lleva o de darle la forma de un animal. En una de las ausencias del enano, se presentan Wotan y Loge, a quienes Mime explica la virtud del yelmo (el Tarrnhelm). A su regreso, Alberich trata de mostrar la magia del yelmo pero lo único en lo que logra convertirse es en un sapo, circunstancia que aprovechan Wotan y Loge para ponerle el pie encima y apoderarse del yelmo. El Nibelungo vuelve a su estado normal y, como precio de su libertad, da el oro que le exigen. Pero antes de dejarlo libre, le exigen el anillo, que Alberich entrega entre maldiciones y anunciando que sólo producirá desgracias durante el tiempo que tarde en volver a los Nibelungos.

Llegó la hora de pagar el rescate por Freia. Los gigantes reclaman tal cantidad de oro que pueda cubrir el cuerpo de Freia, con tan mala suerte, que falta un trozo de oro para ocultarla totalmente... Aunque bien podría taparse el hueco con el anillo; pero Wotan no quiere entregarlo. Así que los gigantes denuncian incumplimiento de contrato y reclaman nuevamente a Freia. Entonces aparece Erda, la diosa de la tierra, para advertir a Wotan del peligro que corre con su negativa. Entre esto y el descontento de Freia por el mismo motivo, Wotan se ve forzado a entregar el anillo.

El cenizo de Alberich empieza a cumplirse: los gigantes pelean por la posesión del tesoro. Fafner mata a Fasolt y huye con el oro y el anillo. Donner, el dios del trueno, provoca una tempestad y, para que sirva de puente de entrada al Walhala, forma el arco iris; pasan el puente los dioses, sobre el fondo de oro del ocaso...

II. LA VALKIRIA
El corazón de Brünnhilde

Aunque la obra se conoce como 'La cabalgata de las valkirias', en realidad, el nombre correcto es 'La valquiria'. La confusión, quizá, venga de que en una de las escenas ocho valkirias cantan y cabalgan mismo tiempo. 'La valkiria', es muy espectacular, pero que carece del dramatismo tiene, por ejemplo, 'El oro del Rhin' (que es justo la que me queda por ver). Y quizá sea cierto, porque uno se da cuenta de que el primer acto resulta un tanto estático debido a las exigencias textuales de Wagner, pero también es cierto que el asunto mejora en los dos actos restantes.

No está de más anotar el hecho importante de que todos los personajes que aparecen en escena en 'La valkiria' están emparentados por sangre o por matrimonio, lo que apunta hacia uno de los temas fundamentales de la tetralogía. Aquí, todo gira alrededor de un complejo dilema moral que enfrenta a Wotan con su hija Brunhilda, guerrera de fiero carácter y ardientes pasiones. Su enfrentamiento final con Wotan en la conclusión del tercer acto supone todo un momento teatral y musical tan ardiente como el fuego con el que el severo dios termina por rodear a su rebelde hija.

La obra se divide en tres actos: 'En la cabaña de Hunding', 'Desfiladero entre rocas' y 'La roca de las valkirias'. En ella se cuenta la historia de Siegmund y Sieglinde (esposa del guerrero Hunding), una pareja de gemelos que se encuentran y se enamoran, aun reconociéndose como hermanos. Hunding, que había retado a Siegmund tiempo atrás, ahora se ve con derecho a ello con mayor razón.

Para el combate, Wotan, padre de los dioses -y de los gemelos-, ordena a Brünnhilde, su valkiriasfavorita, que proteja a Siegmund. A todas estas, Fricka, esposa de Wotan y diosa de la fecundidad, le recrimina a su esposo la infidelidad que produjo la procreación de los gemelos. Después de algunas acciones, Wotan se siente derrotado y tiene que conseguir el oro para devolverlo a las hijas del Rin, si quiere evitar la catástrofe de los dioses.

De modo que para preservar la honra de Fricka, Wotan ordena a Brünnhilde matar a Siegmund. Ella se resiste. Por ello cambia la suerte del combate: al llegar Hunding, Siegmund le sale al encuentro. Sieglinde intenta separarlos. Brünnhilde trata de proteger a Siegmund, pero aparece Wotan e interpone su lanza. Hunding hiere al gemelo, Sieglinde se desmaya y Brünhilde se la lleva. Aquí es cuando viene la famosa escena de la cabalgata, todas las valquirias traen su guerrero al hombro, menos Brünnhilde, que trae la mujer desmayada. Al final, la valquiria paga con su retorno a la condición humana su benevolencia.

III. SIGFRIED
El miedo tiene forma de mujer

Si 'El oro del Rhin' es una historia llena de intriga y aventuras, y 'La valkiria' un fascinante dilema moral, 'Sigfrido', la tercera ópera de la tetralogía de Wagner, es todo un ejercicio didáctico y de humor operístico. Sin embargo, para muchos es en ésta obra en la que Wagner nos presenta a su personaje más insulso que es, además, el que da nombre a este capítulo de 'El anillo de los nibelungos': Siegfried.

Siegfried, hijo de Siegmund y Sieglinde, fue recogido apenas nació por Mime, que ahora vive tranquilamente en el bosque, trabajando en la fragua. Aunque, mientras trabaja, maquina cómo hacerse con el anillo y el tesoro de Alberich, ahora en poder del gigante Fafner, que se ha convertido en un terrible dragón gracias al poder del yelmo mágico. Por eso, Mime se pasa todo el santo día forjando espadas para Sigfrido, pero el joven las rompe al primer golpe. Sin embargo, si consiguiera volver a forjar la antigua espada de Siegmund, la espada invisible llamada 'Nothung', Sigfried tendría un arma con la que enfrentarse al temible dragón. Lo malo es que un hechizo parece impedir la forja.

Un buen día, cansado de tanta espada de mierda, Sigfried se enfada con Mime... ¿Por que no tiene él también padre y madre? Mime le asegura al joven que es su hijo. Pero claro, Sigfried no es tonto y le dice que en los animales los hijos se parecen a los padres, y que él no puede ser descendiente de un gnomo tan horrible y cobarde. Así que le exige que se deje de tonterías y le cuente la verdad. Mime le cuenta toda la historia...

Contento por la historia, Siegfried le exige al enano que forje a Nothung de una vez para poder largarse cuanto antes lejos de él. Es entonces cuando aparece 'el Viajero', que en realidad es el dios Wotan disfrazado, pidiendo hospitalidad y ofreciendose a responder a tres preguntas, apostandose la cabeza... Es demasiado tarde cuando el enano se da cuenta de que ese 'Viajero' es nada menos que Wotan, así que la apuesta queda perdida, lo mismo que su cabeza, que Wotan cede a quien no conozca el miedo, que será el forjador de la espada invisible. Ni que decir tiene, que es el propio Sigfrido quien la forja y que Mime trama un montón de argucias para no perder la cabeza.

Se reencuentran aquí Wotan y Aberich, aunque esta vez a Wotan no le mueve la codicia y se limita a avisar al dragón del peligro que se cierne sobre él, pero el monstruo, muy seguro de su poder, desprecia consejos y advertencias, y sigue durmiendo junto a su tesoro. Alberich, mientras tanto, se esconde a la vez que llegan Mime y Sigfrido. Mime, cobarde, se limita a esconderse y Siegfried, pensando en sus padres, se pone a tocar música con su cuerno de plata. Obviamente, el dragón no es sordo y se despierta. Siegrfied lo ve sin temor, lo desafía y clava su espada en el corazón del monstruo. Fafner, moribundo, refiere a Siegfried que fue un gigante y que muere víctima de una maldición: alguien conspira también contra la vida del héroe. Fafner muere y Siegfried, que desdeña los peligros, extrae su espada del cuerpo del dragón. La sangre del monstruo parece quemarle la mano y se la lleva a la boca. Entonces comprende el lenguaje de los pájaros. Un ave le dice que las joyas más preciosas del tesoro son un yelmo y un anillo.

Mientras Sigfrido penetra en la caverna, avanzan cautelosamente Mime y Alberich. El inesperado encuentro exaspera a los dos nibelungos, que se increpan rabiosamente. El astuto Mime dice que cede todo el tesoro a su hermano, conformándose con el yelmo, cuya virtud mágica conoce bien, pero Alberich se niega a todo arreglo. Al reaparecer Siegfried, quien como recuerdo de su hazaña ha tomado el anillo y el yelmo, los gnomos se ocultan. De nuevo canta el pájaro y advierte a Siegfried que no se fíe del traidor Mime. El enano, en efecto, avanza, regocijándose de que el héroe haya matado al dragón. Para calmar su sed le ofrece una bebida pero Siegfried descubre el sentido oculto de las melosas palabras del gnomo, llenas de odio. Con aquel veneno morirá enseguida y Mime será dueño del tesoro y del anillo. Siegfried mata a Mime con un golpe de su espada, mientras Alberich, escondido, lanza una carcajada diabólica.

Sigfrido queda otra vez solo, rodeado de los suaves murmullos de la selva. Se lamenta de su soledad y entonces el pájaro canta de nuevo. Le revela que sobre una montaña envuelta en llamas está la mujer más hermosa. Si atraviesa el fuego, la mujer será suya. Sigfrido pide al pájaro que le muestre el camino. El ave revolotea y desaparece, seguida por el héroe, que corre en busca de la dicha.

Ahora, Wotan desea abdicar de su poder y quiere que Siegfried, el héroe libre, sea su heredero, así que en cuanto llega Siegfried, Wotan lo interroga. El héroe le cuenta sus hazañas y su propósito de escalar aquel monte rodeado de fuego. Pero el dios -que castigó injustamente a su hija Brünnhilde sumiéndola en el sueño- prometió a su hija que solamente el héroe que no temblase ante la sagrada lanza podría despertarla y conquistarla. El guardián de la roca cierra el paso a Siegfried, extendiendola lanza; sin arredrarse, el héroe quiebra con su espada el arma divina. Estalla un trueno y nubes de fuego desciendende la montaña. Wotan, resignado, recoge los pedazos de su lanza y desaparece. Siegfried pasa a través de las llamas.

Siegfried llega a la cumbre y contempla a la hija de Wotan. Al verla con vestiduras guerreras, cree que es un hombre, pero al apartar su manto ve por primera vez el cuerpo de una mujer, sintiendo emoción y sobresalto, para él inexplicables. Siegfried dice que al fin sabe lo que es el temor. Se lo ha inspirado una bellísima mujer dormida. La llama en vano para que despierte. Luego imprime un prolongado beso en los labios de Brünnhilde, que así despierta de su largo sueño y se incorpora lentamente para saludar al día y al mundo que vuelven a contemplar sus ojos. Sigfrido, el héroe sin igual, es su libertador. El joven, con pasión ardiente, quiere abrazarla, pero Brünnhilde lo rechaza. Se cree profanada. Ya no es diosa, ya no es valquiria, sólo es una débil mujer. El héroe la contempla extasiado y hace revivir el corazón de la doncella a la nueva vida de amor. Brünnhilde y Siegfried caen por fin en apasionado abrazo.

IV. EL OCASO DE LOS DIOSES
Se acabo lo que se daba

Después de las tres partes anteriores, la trama y las relaciones entre los personajes se complican de manera endemoniada en 'El ocaso de los dioses'. Podría decirse que es toda una crónica de una muerte anunciada porque, desde que se inicia 'El anillo de los nibelungos', se percibe perfectamente el fatalismo en la columna vertebral de la historia. Y es que desde sus primeras apariciones en 'El oro del Rhin', Wotan ya tiene la premonición de que los dioses no han de durar mucho. Para cuando se levanta el telón, las complejas y cerradas relaciones entre los diferentes clanes que aparecen no hacen más que minar los cimientos del orden establecido. Una vez más, Wagner nos presenta un nuevo personaje, quizá uno de los más grandes personajes que haya creado el compositor: Hagen, otro catalizador de acciones y pasiones.

Al final de la obra, Wagner propone, literalmente, la destrucción del mundo pero, ahí donde cabría esperar un estruendo sonoro barroco y, aparéntemente, incontrolado, recargado de notas y decibelios, el compositor propone, en cambio, un ocaso musical más bien mesurado. La triste frase melódica que precede al final de 'El ocaso de los dioses' parece ser un hermoso suspiro nostálgico de Wagner por un mundo perdido, por un orden roto, por una historia que ya no es. Ya no hay dioses, ni heroes, ni villanos. El mundo ha sido destruido y el poderoso Rhin lo inunda todo. Sale un nuevo sol y, quizá, nace una nueva raza. Al caer el telón uno queda con la impresión de haber asistido, más que nada, a un fascinante cuento de hadas, bellamente contado con imágenes y sonidos.

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Comentarios sobre esta opinión
Democrito

Democrito

01.10.2003 17:49

Estoy totalmente de acuerdo contigo: la mejor grabación es la dirigida por Solti y desde luego esta tetralogia es una de las mejores composiciones de todos los tiempos, además de la mas larga. Si eres capaz de escucharla entera de corrido es que eres un superdotado

FISTRORR

FISTRORR

13.08.2002 17:27

Me gusta tu opinión, aunque creo que adolece de crítica y es excesiva en cuanto a argumento. Éste lo puedes encontrar en cualquier sitio, no así a los Knaperstbusch, Lauritz Melchior, Astrid Varnay, Kirsten Flagstad, etc. Me gustaría saber tu opinión sobre los que han hecho aún más grande esta obra de arte que, te lo puedo asegurar, se me ha hecho corta oyéndola seguida (en vacaciones, por supuesto). Saludos

Tchaikovsky

Tchaikovsky

07.05.2002 00:39

Yo que pensaba escribir una opinión sobre El Anillo... :) ¿Has escuchado las versiones de Knappertsbuch o Furtwängler? También están muy bien. Saludos!

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  1. Democrito
  2. holmesyo
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