Los Juegos olímpicos de invierno 2006 son la ocasión perfecta para probar las especialidades turinesas y catar algunos de los mejores tintos del momento. En menos de una hora estarás en Turín, una buena cena y dormir en Torino (si bebes no conduzcas…) y al día siguiente listos para ver el Slalom. Los más golosos se alegrarán al saber que Turín es la capital italiana del chocolate, que aquí se degusta a la taza, auténtico terciopelo líquido, o en forma de pequeños lingotes con avellana en polvo, los giandujotti.
Si como Maupassant piensa usted que la glotonería es la única pasión respetable, en Turín podrá entregarse a ella con toda naturalidad. Carne de caza, trufa blanca de Alba, grandes tintos como el Barolo, quesos de montaña, chocolate. Del primero al postre, nada falta en la mesa del Piamonte.
Para empezar, nada mejor que un vitello tonnato, unos filetitos de ternera aderezados con mayonesa al atún; unos agnolotti, pequeños raviolis plegados a mano y rellenos de carne, espinacas o queso; o una bagna caoda, una fondue de verduras acompañadas de alioli de anchoas.
Como plato principal podrá elegir entre el brasato, guiso de ternera con vino tinto, o el bollito misto, un cocido con carnes variadas.
Las montañas del Piamonte y del Val d'Aosta proporcionan buenos quesos de oveja, vaca y cabra, entre ellos el famoso Castelmagno.
Para postre abundan los dulces de chocolate, avellanas o castañas coronados en ocasiones con nata montada: unas reminiscencias casi vienesas que nos resultan de lo más agradable. Por último, el grisín, un interminable pico de pan cuya consistencia recuerda a la del biscote, es un invento típicamente turinés y todavía existen restaurantes que lo siguen elaborando de forma artesanal.
Restaurantes especiales:
Vintage 1997
En un hermoso edificio de la piazza Solferino, paredes cubiertas de tela roja, hornacinas adornadas de espejos, una orquídea y una vela sobre cada mesa y algunos apliques y arañas que bañan el conjunto en una luz tamizada componen el decorado íntimo y sobrio, clásico y elegante del Vintage 1997, el restaurante de Turín galardonado con las estrellas Michelin.
En la sala, Umberto dirige cual director de orquesta un cuarteto de jóvenes virtuosos uniformados de negro que interpretan un servicio con el tempo justo. El menú FiveCircle (8 piccole portate) constituye una excelente forma de acercarse al arte de Pierluigi Consoni. A degustar en compañía de tres grandes tintos: un barbaresco Soliter 2004 de Pescoja, un barolo vigna fraschin 1999 de Manzone y un barbaresco 2002 de Carlo Giacosa.
A continuación desfilan ante nuestras papilas maravilladas un Tomino (queso de oveja o cabra fresco) batido y aderezado con pimentón, una ensalada tibia de pollo de Villanova (el más famoso de Italia) salpicada de granada y Murazzano (un queso de oveja de grano fino color marfil), una penca de cardo a la fondue de Raschera (otro queso de montaña), ternera estofada con barbaresco, un risotto con calabaza y Castelmagno, un queso azul de vaca de la provincia de Cuneo...
De postre nos espera un trío -el bonet, un dulce tradicional de chocolate y almendras y un helado de vainilla sobre jalea de licor de almendra- acompañado de una copa de anthos de Matteo Correggia (un vino dulce elaborado según el viejo método tradicional de las Langhe) y de una copa de barolo perfumado al estragón (un climato de Cappellano).
Casa Vicina
Tras una estrella y veinte años de leales servicios en Ivrea, en el Canavese (en la desembocadura del valle de Aosta), la familia Vicina abrió hace un par de años este restaurante contiguo al hotel Boston. Su decoración moderna en tonos rojos anaranjados, un tanto Pop Art, un tanto seventies, combina sillas de plástico transparente de Kartell, gruesos conductos de calefacción color aluminio y un suelo de hormigón encerado.
"Nosotros nacimos en la cocina", nos cuenta Stefano, que dirige la sala y cuida de la magnífica carta de vinos mientras que su madre Bruna, su hermano Claudio y su cuñada Anna se afanan en la cocina. Entre tradición y creación, la familia aligera de grasas, depura y sublima los platos piamonteses gracias a la utilización de productos de primera calidad.
El menú Canavesano a 60 € (así bautizado en homenaje a la región de Canavese) cumple sus promesas. A modo de aperitivo se empieza con una variante de bagna caoda: en lugar de servirse crudas o ligeramente hervidas como en la receta tradicional, las verduras llegan a la mesa en forma de puré servido en varias capas dentro de un vaso.
Se sigue con otro clásico del Piamonte famoso desde el s. XIX, el ineludible vitello tonnato. Viene enseguida la tonda gentil, un repollo de Montalto relleno con un picadillo de carne de cerdo, huevo y parmesano y espolvoreado con trocitos de las famosas avellanas de las Langhe. El festín se alarga con los agnolotti, rellenos con una mezcla de carne, salchicha y verdura acompañados de un caldo de carne. El plato principal consiste en una pechuga de pintada sumamente tierna flanqueada por un picado realizado con otros trozos del ave y "verduras de la cocina" y aderezado con ajo, cebolla, etc.
El surtido de postres comprende una jalea de pera, un sabayón de licor de almendras y una mousse de chocolate, degustados con unas copas de un delicioso moscato 2002 de Cascina Fonda.
Ristorante del Cambio
Construido en 1757 por Antonio Bellino, el restaurante más célebre de Turín es desde siempre el punto de encuentro favorito del mundo de las finanzas, la política y las letras. Se cuenta que Cavour, tras declarar la guerra a Austria y declarar la independencia de Italia, vino a sentarse a su mesa. La leyenda le atribuye esta pequeña sentencia: "Ahora que hemos hecho historia, vamos a cenar". Al igual que el artífice de la unidad italiana, usted cenará en un marco sumamente refinado entre terciopelos, biombos, espejos y dorados frente a una vajilla de plata.
Todos los grandes clásicos están presentes en la carta: vitello tonnato, agnolotti a la piamontesa, tortelli de calabaza, risotto mantecato.
Sin embargo, esta experiencia culinaria quedará grabada en nuestras memorias gracias al gran fritto misto a la piamontesa.
El plato, presente en la carta desde al menos 1875, está compuesto de carnes (cerdo, ternera, buey, sesada de cordero) hervidas y empanadas acompañadas de verduras (cardo, alcachofa, habas) y fruta (manzana) rebozadas y un buñuelo de sémola con chocolate. Una extraordinaria sacudida gustativa, entre tradición campesina inmemorial y creatividad desbocada.
De postre hemos elegido un dulce típico de las Langhe, el budino di San Vittoria d'Alba, una especie de panna cotta, acompañado de una copa de moscato d'Asti, un Forteto della Lyia.
Vinos del Piamonte
El Barolo, elaborado con uva nebbiolo y considerado como el rey de los tintos italianos, es un vino de un rojo intenso, robusto y tánico, con aromas de trufa, cacao, violeta y monte bajo.
A pesar de estar elaborado también con nebbiolo y en la misma zona, el Barbaresco es un vino muy diferente de su ilustre rival, más ligero aunque complejo, con aromas de regaliz y humo y notas especiadas.
El Gattinara debe su nombre a un pueblo del norte del Piamonte, entre Turín y el lago Maggiore, al este de Biella. Comparable en algunos aspectos al Barolo, este tinto de excelente calidad es un vino que mejora con los años.
Para calmar la sed, el Arneis es un blanco seco y ligero a degustar joven.
Restaurantes más informales:
Le Vitel Étonné
El nombre de esta enoteca juega con las palabras de vitello tonnato. En un cálido interior, típico de bodega, se degusta una cocina de mercado elaborada con productos frescos por Cristina y Luisa. En la bonita bodega abovedada podrá comprar casi todos los vinos que se degustan durante las comidas, además de encontrar una selección de tintos del Piamonte y Trentino Alto Adige y blancos de Sicilia amén de un surtido de productos gastronómicos (pastas, chocolates) y grappas. El lugar es ideal para hacer una comida informal antes de entrar a visitar el museo del Cine, prácticamente al lado.
Peppino
Esta cafetería-heladería situada en piazza Carignano es una solución ideal si se encuentra en el centro de la ciudad. Su buffet (abierto a partir de las 12h30) propone un surtido de platos calientes caseros (agnolotti, estofado de ternera al vino tinto, salmón fresco con brócolis) y de suculentos postres. Una copa de blanco Arneis, un caffè espresso y una cuenta módica. ¿Qué más se puede pedir? Peppino se precia también de ser el inventor del famoso pingüino, un helado de chocolate recubierto de avellana.
Cafés históricos
La plétora de magníficos cafés históricos justifica por sí sola el viaje hasta Turín. De Alejandro Dumas a Ava Gardner, de Garibaldi a Hemingway, de Cavour a James Stewart, todos han sucumbido a la fascinación de estos locales cuyos suntuosos decorados, ora neoclásicos, ora rococós o modernistas, alían el bronce con el cuero repujado, el mármol con la taracea de nogal.
A ellos se viene para tomar el espresso antes del trabajo o una colación a partir de la una de la tarde. Aquí podrá degustar el famoso bicerin (pronunciado "bicherín", vasito en piamontés), una bebida que alterna una capa de chocolate con otra de café y otra de nata y que conviene tomar sin remover.
Otra delicia, el chocolate a la taza a base de cacao puro es espeso y satinado como el terciopelo. Si lo desea, también podrá almorzar el plato del día o el menú de la casa: la presteza del servicio se adecua perfectamente al ritmo apresurado del turista.
Mulassano
Este chiringuito modernista, como se le conoce en Turín, debe su reputación a sus pequeñas medias lunas, los tramezzini, muy populares a partir de 1925. Los periodistas que trabajan en los alrededores y los actores del teatro Regio suelen formar parte de la clientela habitual. Los camareros, muy encopetados, lucen pajarita y chaqueta blanca. Y es que en Italia no se bromea con la etiqueta.
San Carlo
Esta institución legendaria abrió sus puertas en 1822 con el nombre de café de la Plaza de Armas. Cerrado en 1837 por "actividad subversiva", el local se convirtió a finales del mismo siglo en el bastión del Risorgimento. Su decoración neoclásica combina pinturas al temple y maderas talladas y doradas bajo una colosal araña de cristal veneciano. Buffet suntuoso, postres variados y servicio impecable.
Torino
"Rival" del San Carlo, este café modernista deslumbra por lo fastuoso de su decoración, su gran barra y su escalera helicoidal iluminada por una cubierta acristalada. Muy frecuentado en otra época por el famoso editor Einaudi y el escritor Cesare Pavese, todavía sigue atrayendo a la gente guapa de Turín con sus deliciosos dulces y su restaurante, situado en la planta alta.
Platti
Algo apartada del centro, esta pastelería-cafetería propone una de las mejores fórmulas para almorzar de la ciudad: un buffet a voluntad. La fachada no deja adivinar nada del interior, un delicioso pastiche de estilo Luis XVI con boiseries de nogal, tarjetas, festones y lámparas de madera de tilo dorada.
Fiorio
Este café fundado en el s. XIX, una profusión de boiseries y molduras en tonos rojo, oro y crema, fue punto de encuentro del ala más conservadora de la política y la cultura en la agitada época del Risorgimento. Admire la magnífica barra color Siena y saboree sus helados artesanos, muy apreciados por los turineses.
Al Bicerin
Situado frente a la Consolata, la iglesia más popular de Turín, este café de bolsillo del s. XVIII ha visto pasar entre sus paredes a Nietzsche, Puccini y Alejandro Dumas entre otros. En él podrá degustar delicias dignas de los dioses como el bicerin, el sabayón o una cioccolata espesa como nata montada. A rebosar entre misa y misa.
EL CHOCOLATE
A partir de 1720, Italia se convirtió en uno de los países pioneros en el consumo de chocolate a la taza, popularizado en los cafés de Florencia y Venecia. Entre Turín y el chocolate existe una auténtica historia de amor, que comenzó cuando el goloso Manuel Filiberto dio a esta industria el impulso decisivo.
Los grandes chocolateros de entonces se llamaban Peyrano, Straglia, Feletti o Talmone, aunque de entre todos destaca Caffarel, inventor del bombón que habría de convertirse en emblema de la ciudad: el giandujotto. Presentado por vez primera en la exposición de vinos de Turín en 1867, este pequeño lingote trapezoidal es una mezcla de chocolate, avellana del Piamonte y azúcar, aderezada en ocasiones con un toque de vainilla.
Hoy existen tantas variantes como chocolateros y pueden encontrarse a base de almendra o nuez.
Stratta
Proveedor oficial de la casa de Saboya, cuyo escudo ocupa un puesto de honor en una tienda toda recubierta de boiseries.
Guido Gobino
Se trata de uno de los maestros chocolateros más creativos de Turín. En su tienda encontrará del giandujotto más clásico (llega a proponer una recreación de lo que debió de ser la versión de 1875) al más audaz. Amplio surtido de tabletas de chocolate con 75% de cacao de media.
La Gerla
Desde hace más de 30 años, el señor y la señora Ciocato proponen giandujotti además de tartas y pastelillos. Si lo desea también podrá llevarse el giandujotto dentro de un tarro, en forma de pasta para untar con avellanas, cacao puro, chocolate.
(Direcciones para gourmets)
La Baita del Formaggio
En esta quesería usted encontrará todas las variedades elaboradas en Piamonte. Entre ellas el Castelmagno, fabricado con leche de vaca y curado durante unos 6 meses, suele considerarse como el mejor queso de la región. Los gnocchi al Castelmagno son un plato clásico.
De Filippis
Los amantes de la pasta podrán elegir entre un ciento de variedades caseras, frescas o no. De Filippis propone asimismo platos para llevar.