... el primer día del resto de mi vida.

5  05.09.2007

Ventajas:
una nueva vida para ella y para mí

Desventajas:
que no se puede congelar el tiempo

Recomendable: Sí 

Walewska

Sobre mí: Desconectadisima. Me podeis encontrar en mamisybebes puntocom

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Hace exactamente un año. Esta misma noche de 2006 me acosté yo en mi cama, sin tener ni idea de lo que se me venía encima. De lo tremendamente feliz que iba a ser de ese día en adelante.

Mi embarazo estaba en su recta final; cumplía 39 semanas y aquello comenzaba a ser más que molesto. A saber: pies como botijos, un insomnio recurrente, frecuentes ardores de estómago, incomodidad supina me pusiera como me pusiera y un tripón ya considerable. Cuando estás a punto de dar a luz, sin embargo, todas esas molestias quedan minimizadas por el hecho de que sabes que tienen una caducidad necesaria y que la recompensa va a merecer la pena. Estás metida en una cuenta atrás a ciegas; sabes que pronto terminará, pero tu fecha de parto a esas alturas es sólo "probable", así que lo mismo es mañana que dentro de dos semanas o del tiempo que el pequeño alien que llevas en tu interior considere.

No me tocaba de ponerme de parto aún, así que cuando una noche como hoy empecé a sentir las contracciones que anunciaban que mi hija tenía ganas de venir al mundo, me pilló de sorpresa. Nada lo auguraba. Esa misma noche había estado hablando con una amiga que se había casado el fin de semana y le contaba que yo estaba como una rosa, sin ningún síntoma de nada. Y la siguiente vez que lo hice, a la mañana siguiente, ya estaba con mi hija en brazos.

Mañana es el cumpleaños de mi hija, pero esta es mi noche. Una noche extraña, de muchas emociones, de conectar con la pequeña que estaba a punto de hacer su aparición estelar en mi vida. Una de las primeras cosas que pensé fue en qué día estaba, porque ni siquiera lo sabía. Vaya, cinco, pensé, un buen día para nacer.

Recuerdo aquella noche como si se tratase de ayer mismo. La rítmica sucesión de las contracciones, la tenue luz de la mesilla y yo intentando leer algo que ni siquiera recuerdo qué era. Luego, el apuntar en un papel la frecuencia de las mismas, el tomar conciencia de que era YA, que aquello no esperaba y que esos eran mis últimos momentos de no-madre. No era miedo, porque sinceramente cuando estás "en faena" es de lo último que te acuerdas. Tú estás ahí a lo tuyo y después de una cosa viene la otra. Bastante tienes con tratar de pasar el pequeño obstáculo que es cada contracción como para pensar más allá. Sí que lo tienes in mente, pero está lejanísimo para ti, aunque en la realidad está tan cerca que lo puedes tocar si extiendes los dedos. Recuerdo a qué olía la noche y el calor que hacía (no como hoy, que hace un frío terrible). También que me hizo ilusión ponerme de parto de noche, con lo noctámbula que soy yo. Así se convirtió en algo íntimo, algo que pude vivir sin distracciones de teléfonos, de ruidos, de la gente.

Y vino mi hija al mundo. Al final, con una semana de adelanto se afincó en mi vida y desde entonces soy la mujer más feliz de la tierra. ¡Cómo cambia la vida! ¡Y cómo lo hace de un modo imperceptible! Pero ser madre es lo mejor que me ha pasado nunca. Aldara es ahora el centro de mi vida y sus pequeñas cosas son lo más grande para mí. Es impresionante cómo hasta entonces podía haberle dado tanta importancia a otro tipo de cosas. Cómo podía hacer montañas de cosas que no tienen ni la menor de las trascendencias. Sólo después de haber disfrutado de que una niña te apriete el dedito con fuerza cuando apenas se mueve, del tácito reconocimiento de que tú eres lo más de lo más con una simple caricia, cuando has paladeado la palabra Mamá y te has dado cuenta de que esa eres tú, se es capaz de aparcar otro tipo de cosas. No hay nada que me llene más que esos momentos.

Con mi hija he experimentado el gustazo de ver más allá de las pequeñas cosas y de vivir los pequeños detalles a fondo. Antes de mi hija (podría dividir mi vida en A.d.A. y D.d.A, antes y después de Aldara) vivía impresionada por las grandes cosas, por las grandes gestas, por los grandes logros. Ande o no ande, caballo grande. Con un niño pequeño en casa, aprendes a valorar todas esas cosas chiquitinas que hace mucho tiempo que no tienen ningún tipo de importancia para ti y que sin embargo son tan necesarias. Ni sé yo el tiempo que hacía que no jugaba hasta morirme de la risa, ni me acordaba del logro que consistía llevarse correctamente un tenedor a la boca. Ahora celebro esas cosas con alegría y puedo decir que esa vuelta a mis orígenes me ha hecho increíblemente feliz.

Este año ha sido, con mucho, el mejor de mi vida. El más pleno.

Es una pena, pero el lunes voy a empezar a trabajar y no voy a poder estar con mi hija tanto. Así que vamos a tener que aprender a "ir al cole" las dos a la vez. Aldara va a estar en mi rato de trabajo en la guarde y yo echándola mucho de menos. He tenido suerte; es un trabajo que comprende que soy madre y que me pone todas las facilidades del mundo para compatibilizar ambas cosas. Tiene un horario razonable (de 9 a 2) y me apetece mucho empezarlo, aunque suponga renunciar a un ratito con ella. Espero que se adapte bien … yo seguro que la echo muchísimo de menos.

Gracias hija mía por hacerme tan sumamente feliz.

Esta noche me voy a dar el gustazo de recordar, con mi hija durmiendo a mi lado, aquella noche de 2006. No hay mayor regalo que despertarme al lado de mi niña y de notar su respiración pausada toda la noche.

Fotos de "El día de..."
Su cumpleaños


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Comentarios sobre esta opinión
hamletella

hamletella

14.12.2008 04:14

Yo creo que es un DÍA excepcional para cualquier mujer que haya dado a luz, o al menos a la inmensa mayoría. Que no se puede comprar a ningún otro por muy felices que hayan sido. Porque no se puede repetir cuando a ti te de la gana. Ya te contaré que tal el MÍO. Un beso guapa

Geosmina

Geosmina

23.10.2007 11:20

Excepcional añadido. Besines

Geosmina

Geosmina

19.10.2007 09:36

Supongo que hay que vivirlo para entenderlo. Que suerte tiene Aldara de tener una madre que la adora, espero que no cambie nunca vuestra relación. Besines. (te debo un excepcional más...)

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