Desde que aparecieron los efectos especiales hechos por ordenador (los llamados efectos digitales)... a principio de la década de los 90, en Hollywood ha habido un insistente renacer de un subgénero vistoso y tremendamente comercial que tuvo su máximo esplendor en la década de los 70... el llamado "cine de catástrofes".
Este subgénero ponía de relieve la fascinación del espectador ante el fenómeno de la destrucción masiva como espectáculo... ya sea poniendo en peligro a un grupo de personajes en una situación limite que se escapa de su control en espacios cerrados (ya sea en un barco en medio del mar en peligro de hundirse, un avión que se va a estrellar, un rascacielos en llamas...)... o haciéndolos combatir con todos los peligros que la naturaleza puede deparar (volcanes, tornados, terremotos, lluvias torrenciales e incluso meteoritos... o incluso amenazas, en un terreno más fantástico, de alienígenas invasores o monstruos gigantes).
Todo ello para acabar siendo apabullantes espectáculos de consumo masivo, comerciales y con la posibilidad de que los encargados de los efectos visuales se luzcan de lo lindo.
Durante toda la historia del cine en Hollywood las catástrofes se han utilizado dentro de diversos contextos y géneros, ya sea en melodramas clásicos... como en la pionera "San Francisco" (1936) de W.S Van Dyke (historia de amor encuadrada en la narración del terremoto que asoló la ciudad de San Francisco a principios del Siglo 20), o de corte más exótico y aventurero en la notable "Cuando ruge la marabunta" (1954) de Byron Haskin (apasionado romance en tierras africanas desoladas y en peligro por una voraz plaga de hormigas rojas). Por no hablar de las "monster-movie" (películas de Serie B de monstruos) de los años 50, con infinidad de invasiones alienígenas y animales gigantescos alterados por la radicación (metáfora nada sutil del peligro y la paranoia atómica durante la Guerra Fría).
Pero es en la década de los 70 cuando el subgénero nace en todo su esplendor... convirtiendo la catástrofe en núcleo dramático y verdadera razón de ser de la historia.
El primer filme que aposentó las bases (muy discutibles por otro lado) de este subgénero fue la culebronesca, aunque pasable, "Aeropuerto" (1970) de George Seaton... en la que ya se apostaba por una historia y reparto coral (una serie de dispares personajes se ven relacionados, en este caso, en un avión que puede estrellarse)... plagado de actores de primera fila (la mayoría en decadencia y/o en horas bajas).
A pesar de que la película ha envejecido de forma apabullante, es mucho más digna que la infinidad de secuelas (a cuál más horrible y patética) que, a raíz del éxito de esta se fueron estrenando progresivamente y que copiaban este modelo (recordar "Aeropuerto 75", "Aeropuerto 77"...).
Una vez establecido el modelo... se seguiría cultivando con asiduidad el subgénero. El astuto productor (y ocasional director) Irwin Allen, fue el que mayor provecho sacó de él.
Es el responsable de algunos de los títulos más míticos de este tipo de cine...
fue el productor de "La Aventura del Poseidón" (1972) de Ronald Neame y produjo y co-dirigió la mejor de todas estas películas... "El coloso en llamas" (1974) de John Guillermin.
Aunque algo envejecidas... fueron estas las mejores (las más dignas) muestras del subgénero, con repartos corales (poblados de viejas glorias), y a pesar de los tópicos sensibleros y cierto esquematismo en las diversas historias que las poblaban... ambas ofrecían eficaces entretenimientos.
Pero la formula se agotó enseguida, y dio... de forma rápida, muestras de evidente cansancio... películas como la aburridisima y torpe "Terremoto" de Mark Robson (1974) u otras producciones de Irwin Allen, como la flojisima secuela que fue "Más allá del Poseidon" (1979) o la ridícula "El enjambre" (1978)... dieron por acabado el subgénero.
A raíz de la aparición de los efectos visuales generados por ordenador... Hollywood se animó, en la década de los 90, a realizar apabullantes espectáculos que desempolvaban la formula de los 70, con efectos de última generación.
Así en los últimos años hemos visto el renacer del subgénero con evidentes puestas al día del modelo años 70 (reparto coral, dramas personales en el contexto de la catástrofe, supervivencia...) con resultados entretenidos en el caso de "Un pueblo llamado Dante' s Peak" (1997) de Roger Donaldson (con el peligro de un volcán que amenaza una pequeña población)... muy flojos en "Volcano" (1997) de Mick Jackson (otro volcán en erupción, esta vez en la misma ciudad de Los Angeles) o decididamente impresentables, ñoños y aburridos en "Deep Impact" (1998) ( con un meteorito amenazando nuestro planeta... si alguien quiere descubrir porque odio a Téa Leoni que vea este filme y lo entenderá).
Otros han apostado por el puro espectáculo... con historias simplistas y con menos adornos, como aquella simpática tontería que era "Twister" (1996)...redimida y disfrutable por el frenesí visual que imponía un Jan de Bont que aun era capaz de ofrecer puro espectáculo adrenalitico, como en la apreciable y superior "Speed" (1994)... antes de perder el sentido común ("Speed 2"...no comment)... o esa mamarrachada (a pesar del poderío visual de su director, Michael Bay) llamada "Armageddon" (1998) (otro meteorito en dirección a la tierra).
Pero si alguien ha insistido en los últimos años en ofrecer este tipo de cine en Hollywood ha sido el director alemán Roland Emmerich... obsesionado con hacer de la destrucción y la catástrofe el centro de su obra.
Confeso admirador de Steven Spielberg y del cine de catástrofes de los años 70... su carrera ha estado enfocada en grandes, espectaculares y ruidosas producciones.
Su carrera comienza en su país natal, Alemania... con producciones tontorronas, discretas, modestas pero con cierto afán por ofrecer espectáculo dentro del género fantástico y de ciencia-ficción como era, por ejemplo, "El secreto de Joey" (1985) o "Estación Lunar 44" (1990).
Pero a raíz de aposentarse en el cine de gran producción Hollywoodiense es cuando da rienda suelta a su afán de convertirse en "el nuevo Spielberg" intentando de manera obsesiva (y algo ingenua, todo hay que decirlo) fabricar y dirigir mega-espectaculos con mejores intenciones que resultados (y siempre asociado con el productor Dean Devlin).
Si sus dos primeras películas americanas aún se dejan ver por su ausencia de pretensiones y cierta eficacia en sus resultados... la descerebreda copia de segunda categoría de "terminator" que fue la medianamente distraída "Soldado Universal" (1992), a mayor gloria de las moles de Jean-Claude Van Damme y Dolph Lundgren (en uno de sus productos más dignos de sus horripilantes carreras)... o la atractiva, aunque desaprovechada, "Stargate" (1994), curioso filme de ciencia-ficción.
Pero es cuando decide realizar sus filmes mas caros y ambiciosos cuando el señor Emmerich patina y se le ve el plumero.
Tanto "Independence Day" (1996) como "Godzilla" (1998) ponen en evidencia la afición del señor Emmerich por la catástrofe y la destrucción... su pasión por la Serie B de los 50 (modalidad invasión alienígena en la primera, monster-movie en la segunda) con resultados aparatosos y vistosos... pero poco efectivos y con los defectos de su director en todo su esplendor.
Porque el gran defecto de ambos filmes era, principalmente, su exceso de metraje, sus caídas de ritmo, su desequilibrio, su exceso de infantilismo y de un sentido del humor tonto hasta la irritación.
Si "Independence Day" acababa por ser irritante en su segunda mitad (por aburrida, delirante y sensiblera)... "Godzilla" acababa por ser una pobre copia (demasiado descarada en la parte final) de la apreciable "Parque Jurásico" de Spielberg.
Tras un paréntesis entre tanto mega-espectáculo de destrucción masiva que fue "El patriota" (2000) (película que me niego a ver)... el señor Emmerich ha vuelto por sus derroteros habituales para dirigir (sin la colaboración de su productor habitual Dean Devlin) su particular homenaje al cine de catástrofes de los años 70.
"El día de mañana" (2004) especula sobre la posibilidad de un drástico cambio climático que provocaría una aterradora glaciación en medio planeta. Esto seria como consecuencia de un cambio de en la temperatura de las corrientes de agua del océano, provocado por el deshielamento de los polos por el efecto invernadero.
Tras un prólogo espectacular donde vemos a un grupo de científicos, entre ellos Jack Hall (Dennis Quaid) que hacen unas pruebas en el Polo Norte... y que de repente son testigos de como se resquebraja una inmenso bloque de hielo... la película empieza en un congreso de climatología en Nueva Delhi donde Jack conocerá a Terry Rapson (Ian Holm) que posteriormente será el que le confirme la posibilidad de que una nueva glaciación pueda estar ocurriendo.
A partir de aquí, Jack intentará convencer del peligro a los máximos dirigentes de Estados Unidos, que reaccionaran cuando sea demasiado tarde.
Paralelamente veremos la peripecia del hijo de Jack, Sam (Jake Gyllenhall)... un joven estudiante que asistirá en Nueva York a un concurso estudiantil con sus compañeros, entre ellos la chica de la que está enamorado, Laura (Emmy Rossum).
Pero el drástico cambio climático (que provocará fuertes tormentas, tifones, huracanes en distintas partes del mundo)...
acabará por devastar la ciudad de Nueva York, provocando que tengan que luchar por su supervivencia.
El resultado final de la propuesta del señor Emmerich está algo por encima de lo habitual en él... siendo más distraída y disfrutable de lo esperado, aunque no por ello la película sea especialmente memorable.
El señor Emmerich (que también firma el guión) inventa una historia, más allá del inquietante punto de partida y de algunos apuntes de guión... algo insípida y falta de garra.
Apostando por darle un tono coral (la odisea de Jack, la supervivencia de Sam y cia en la biblioteca, el aislamiento de Terry en el observatorio en Irlanda), al igual que en las películas de los 70, la historia abusa de tópicos (la relación de Jack y Sam, la historia de amor de Laura y Sam...) y la creación de personajes es esquemática y sosa (ver el papel de la madre de Sam y esposa de Jack, Lucy (Sela Ward) y su innecesaria y blanda historia en el hospital).
Pero, aun así hay que decir que, al menos el director no se excede en el sentimentalismo barato, el tono infantiloide que presidía algunas de sus películas ("Godzilla", "Independence Day"), y el tono patriotero (incluso se permite el lujo de lanzar algún dardo envenenado al gobierno americano... ver la escena de los americanos cruzando la frontera de Méjico, o el destino final del presidente).
Y se agradece en este sentido que la elección de algunos de sus actores sea francamente estimulante... ya que afrontan sus esquemáticos personajes con mucha solvencia y dignidad (especialmente Ian Holm, Dennis Quaid y Jake Gyllenhall).
Pero más allá de su insípida base argumental lo que funciona en la película son las escenas de impacto.
En este sentido hay que decir que el señor Emmerich equilibra mejor que en otras ocasiones las escenas espectaculares, dosificándolas hábilmente durante todo el metraje... y realizadas y ejecutadas de forma realmente espectacular (el prologo, la escena de los helicópteros en Reino Unido, la lluvia de granizo en China, la escena de Los Angeles con los tornados, la escena de la ola en Nueva York y la estupenda secuencia del barco encallado en las calles de Nueva York con el asedio de los lobos y su posterior resolución, admirable en creación de suspense...), siendo los mejores momentos de la película.
Más allá de la historia, sus concesiones típicas hacia un heroísmo de andar por casa (¿por qué narices en todas estas historias la mayoría de los personajes son tan rematadamente buenos, y han de morir de forma tan sacrificada y/o heroica?) y su previsibilidad... la película distrae, y aunque funciones más por las escenas de impacto que por la creación de una historia consistente... la película acaba estando mejor de lo esperado.
No es que el resultado sea memorable... ni siquiera digo que sea una buena película (ninguna de este subgénero llega a tanto)... tampoco el director inventa nada que no hayamos visto (y es que este subgénero siempre ha sido muy dado al tópico)... pero distrae bastante... y el director logra ofrecer un espectáculo pasable, bien hecho... con alguna escena muy resultona y que al menos no ofende al intelecto (y eso ya es mucho mas de lo que esperaba).