Memorias de un chucho especial
09.07.2006
Ventajas:
Adoptar
Desventajas:
Ninguna
Recomendable:
Sí
 Lorena_GB
Sobre mí:
Visión es el arte de ver cosas invisibles
usuario desde:11.01.2005
Opiniones:86
Confianza conseguida:71
Esta opinión ha sido evaluado como excepcional de media por 56 miembros de Ciao
Memorias de un chucho especial Mi dueña me acaricia las orejillas. Sabe que me encanta. Cuando lo hace me sobreviene un cosquilleo por las patas, un gustirrinín…Pero yo estoy muy quieto, ¡a veces hasta me quedo dormido del gustito! Además, ella me coge en brazos y me dice que soy muy bonito y que me quiere mucho y bueno... a mí, que soy muy tierno, me encanta escucharla. Me encanta que me diga cosas así de bonitas. Yo le doy lametones, para que sepa que yo también la quiero y entonces, ella se ríe y me da besitos. Y soy muy feliz. oooo Sólo ahora sé lo que es ser feliz. Hola, me llamo Miko. Nadie sabe muy bien la fecha exacta en que nací. En mi cartilla del veterinario pone que nací el 1 de Marzo de 2005. Yo…no me acuerdo. Tampoco recuerdo a mis hermanitos y hermanitas, ni a mi mami ni a mi papi. Sólo sé que eran chiquitos y casi seguro que regordetillos, como yo. Seguro que tendrían mis ojos. ¡Y mi olfato! Y de alguno de los dos sacaría la manía que tanto odia Lorena, esa de comerme las patas de la mesa y…lo confieso, las paredes. Y seguro que fui un bebé muy guapo, aunque he mejorado con el tiempo, claro está. Fui tan guapo que me dieron a una familia.Seguro que me puse muy triste, porque Lorena dice que me encariño muy fácilmente. Seguro que lloré mucho y se me pusieron los ojitos llenos de lágrimas, se me empaparon como siempre me pasa y las orejillas se me cayeron. Me llevaron a una casa desconocida, dentro de una cesta de mimbre, con un lazo rojo en el cuello. La casa era muy bonita, con unos muebles rústicos de madera vieja, con parqué. No tardé en conocer a mi primer dueño. Tenía unos grandes ojos azules, era moreno y muy blanco, al contrario que yo, que soy negro, muy negro. Chilló al verme, no sé si de alegría o no. Yo me asusté mucho y me hice un ovillo en mi canastilla. El niño se acercó a verme, me cogió y me miró. Sus manos eran más grandes que yo. Yo no entendía nada, pero sólo sabía que aquel niño no me gustaba nada. Sus ojos traviesos me daban mala espina. Aquello olía a chamusquina. Pero bueno, como también soy muy inocente, que siempre lo repite Lorena cuando me acerco a todo el mundo y no todos me reciben de buenos modos, confié en aquel niño y me propuse que fuéramos amigos. Pero él se propuso que yo no sería su amigo, ni siquiera su compañero, ni siquiera su perro…sino su juguete. Era el único niño de la casa. Tenía un cuarto inmenso, con un montón de pelotas de fútbol, de todos los colores. A mí me gustaba mucho una roja que botaba mucho. Pero él no me dejaba tocarla, ni que jugara con ella. Me hacia rabiar, me decía: "Cógela, cógela", me la ponía alta y yo no la podía alcanzar. ¡Me ponía a dos patas! ¡Incluso saltaba! Pero nunca la cogía. La mamá del niño me compró una pelota para mí, pequeñita y azul, que yo mordisqueaba mucho cuando empecé a tener dientes. El niño me la quitaba, la tiraba y me llamaba a gritos para que se la llevase a la mano. Un par de veces jugamos a eso. Pero luego no me la devolvía sino que me llamaba
Fotos de El día del amigo
"tonto", así que decidí no volver a dársela y jugar yo solo. Cuando vio que no se la daba, vino hacia mí, me quitó la pelota y me pegó muy fuerte. Yo me asusté porque era la primera vez que alguien me pegaba y sentía un dolor muy agudo por todo el cuerpo. Él se rió y ya nunca más me devolvió mi pelota.A los meses me cortaron el rabito, me dolió mucho y fue horrible. Pero así estaría más guapo, me dijeron, aunque a mí no me hubiera importado ser más feo con el rabo más largo. Cuando se aburría de sus videojuegos, me llamaba. Yo nunca quería ir con él, porque tenía miedo de que me pegara. Él me buscaba por toda la casa y siempre me encontraba, a pesar de que la casa era grande y a pesar de que yo me escondía muy bien. Me pegaba porque no le hacia caso y yo siempre lloraba mucho, pero a él no le importaba. Cuando empezó a ir a clases de fútbol, estaba más tranquilo y, solito en casa, jugaba mucho y me lo pasaba muy bien. Y un día, cuando él no estaba en la casa, conseguí la pelota roja, sí, esa que él no me dejaba tocar. ¡La conseguí! Y empecé a jugar con ella. A morderla, a correr tras ella por el pasillo. Cuando él volvió, con sus padres y me vio con la pelota, se puso furioso. Había roto su pelota favorita. "¡Maldito perro asqueroso!". Yo me intenté escapar pero me pilló. Me pilló y me pegó, una vez, y otra, y más, y yo lloraba pero él no paraba de pegarme, me dolía mucho…tenía mucho miedo. Entonces, en un descuido, me levanté y le mordí. No le hice mucho daño, de verdad, no me gusta morder ni hacer daño, pero él gritó como si le hubiese atravesado la mano. Entonces, su papá me cogió con una de sus enormes manos y ante los chillidos del niño, me pegó también y me encerró en un cuarto muy oscuro. Solo. Cuando salí, arrepentido por haberle mordido, me cogieron en brazos y me montaron en algo que yo nunca había probado. ¡En un coche! Yo iba un poco asustado, pero nadie me había hecho más daño, así que me confié. Entonces, abrieron la puerta y pude salir a hacer pipí que tenía muchas ganas después del viaje. Estaba en un sitio muy bonito, una calle muy larga llenas de casitas con jardines. Hice pipí y jugué con una planta y todo. Y cuando me giré para volver con mis dueños, ya no había nada. Nada. Sólo un rastro, un olor que nunca olvidaré. El olor a gasolina quemada. Me quedé sentado en el suelo, esperando que volvieran. Dí unas vueltas antes, a ver si les encontraba, pero no les vi. Nunca más les vería. Con la tarde llegó la noche. Nadie venía a por mí. Me sentía muy solo. Había sido abandonado y, aunque mi familia no me tratase bien, era mi familia, era mi casa, era mi colchón roído y gastado, pero mi colchón, mi hueco, siempre había vivido ahí y esa calle, larga y ancha, se me antojaba un mundo de peligros y soledades. Oí ladridos. Ladridos de perros grandes, perros guardianes de aquellos recintos. Me asusté mucho. Luego empezaron a pasar coches con luces radiantes. Con unos ruidos extraños, unas voces que parecían cantar, resonando en el interior. En las sombras creí ver a un perro muy grande y negro, con los ojos brillantes. Corrí y corrí, creyendo que me perseguía, corrí hasta que mis cortas patitas no pudieron más. Entonces, me quedé en un parque, agotado debajo de un banco, hasta que desperté a la mañana siguiente. Tenía hambre y sed. Bebí de un charco y busqué algo en una bolsa al lado de un contenedor de basura. Vagué durante horas hasta que, cansado, me detuve, tendido en la acera.Mi suerte iba a cambiar, pero yo no lo sabía. Escuché un ruido y me levanté, asustado. Era un coche rojo pequeñito. De él salió una mujer rubia, bajita y regordeta, que sujetaba unas bolsas y canturreaba. La observé mientras cruzaba y caminaba. Me pareció simpática y comencé a mover el rabo. Ella me vio y me sonrió. Yo me levanté y le moví el rabo, ella rió. Como andaba, la seguí. Ella frunció al ceño al ver que era a ella a quien seguía. Se paró frente a un portón de reja, abrió la puerta y la cerró. Sin embargo, yo me colé por entre las rejas y dando saltos, intenté llamar su atención para que jugara conmigo. Ella siguió riendo pero más seria. Soltó las bolsas en el suelo y se agachó. Yo me tendí boca arriba, ella rió a carcajadas, le moví el rabo. Margarita, que así se llamaba la mujer, era limpiadora de aquel edificio. Era una mujer muy buena y, a su pesar, amante de los abandonados, como yo. Fue a comprarme comida y en un cacharrito me puso agua y pienso. Yo, que estaba hambriento, lo devoré. Toda la mañana estuve con ella. Ella saludaba a todo el que pasaba por allí y yo, para ser cortés como ella, también. Les hacia fiesta y todos reían muy contentos. Vino, al poco rato, una muchacha a la que también saludé. Ella le preguntó a Margarita que si era suyo y, al contarle ella lo ocurrido, dijo que me adoptaría. Sin embargo, una hora más tarde, aún no había bajado de su casa para subirme a ella. Margarita tenía que volver a su casa después de terminar su turno. Me acarició las orejillas, que era lo que más le había llamado la atención de mí, porque tenía las orejas tiesas, y me dijo Adiós. Yo me quedé muy triste, otra vez solito, en el recinto. Nadie vino a por mí en las dos horas siguientes. Ni siquiera esa muchacha tan simpática que había dicho que me adoptaría. Entonces, para mi sorpresa, volví a ver a Margarita y, tras ella, a otras dos chicas. La más bajita se dirigió a mí, yo me tendí boca abajo, ella sonrió y entonces, diciéndome: "Ven, chiquitín", me cogió en brazos. Yo empecé a darle lametones y ella me acarició las orejillas. Margarita y la otra chica empezaron a discutir pero, la chica me llevó en brazos hasta el coche rojo de Margarita, nos subimos en los asientos traseros y allí se presentó. Se llamaba Lorena y mientras me acariciaba las orejillas me decía que era muy guapo. Ya, por entonces, me cayó tan bien que no dejé de darle lametazos y a moverle el rabito. El coche de Margarita se detuvo y Lorena, sin soltarme, me llevó hasta un recinto muy bonito llamado Alcazaba y me subió hasta su piso, a su casa, que ahora también es mi casa. Allí, nada más llegar, me encontré, frente a frente, con algo que no esperaba… ¡otro perro! Sí, nada más y nada menos que una preciosa perrita rubicunda que Lorena llamaba Cleo. Salté de los brazos de Lorena hasta Cleo dispuesto a darle lametones para presentarme pero ella…me asustó porque ¡me gruñó! Lorena le regañó y me intentó presentar, le dio un discurso a Cleo, pero a Cleo no la convencía…Cleo, hasta ese entonces, había sido "la reina de la casa", ahora se tendría que conformar con ser una princesa, pues yo sería su compañero y por tanto, un príncipe. Lorena me bañó, bajo la atenta mirada de Cleo. Los tres bajamos a la calle a comprarme una correa y una camita. Y poco después conocí a Juan y a Noe, el papá y la hermana de Lorena, que también me trataron muy bien. Aunque bueno…la primera noche, no pude resistirlo y me fui a dormir a la cama de Lorena. A ella no le importó…pero a Cleo sí y rascó la puerta para dormir ella también en la cama. Durante la noche, aunque Lorena no lo sabe, Cleo y yo hablamos mucho y ella me aceptó, con algunas condiciones. A partir de esa charla, Cleo me adoptó y fue mi segunda mami, después de Lorena, aunque sólo Cleo me lava los ojitos a lametazos.Me acostumbré muy rápido a mi nuevo hogar, porque allí nadie me pegaba, sólo me regañaban si hacia algo malo. Yo les divertía mucho con los trucos que el niño me había enseñado, me llamaban el perro de circo. Y bueno, después de varios días sin nombre, me bautizaron como Miko. Ya no me acuerdo de haber tenido otro nombre que no sea este. Ni otra casa que no sea esta. Ni otros amigos que no sean Cleo y Brandy, mi primo. Lo único malo de todo esto ha sido la operación. Sí…lo admito…soy medio-perro, sólo. Porque estoy castrado. Me castraron porque Cleo y yo, al principio, tuvimos algunos problemillas con este tema…pero bueno…ahora todo va muy bien, excepto que todos los perros del barrio se ríen de mí porque hago pipí como Cleo…Pero a mí no me importa. Yo soy muy feliz. Tengo muchas pelotas de tenis para mí. Lorena me ha regalado un peluche para que lo muerda, ya que me está quitando el vicio de morder las paredes (que ya van tres boquetes en dos meses) y este es mi segundo verano aquí. Damos largos paseos, jugamos mucho, dormimos juntos (cuando los papás de Lorena están dormidos porque sino se enfadan)y yo la quiero mucho. Y…aunque suene mal, sé que ella también me quiere mucho a mí (más que a Cleo!!). Gracias a que la familia de Lorena me adoptó, ahora soy muy feliz. Un día de los primeros meses en los que llegué, me quedé atrapado en el garaje, porque me colé en el ascensor y el papá de Lorena subió sin mí. Lloré y lloré porque creía que me habían vuelto a abandonar. Lloré tanto que los ojitos se me llenaron de lágrimas. Entonces, el papá de Lorena volvió y yo di saltos y saltos de alegría cuando me subieron de nuevo para casa. Lorena también lloraba y Margarita, aunque a escondidas. Luego no quería salir de casa….me daba miedo. Pero ya no. Ahora confío en mi familia. Estoy muy a gustito aquí y no quiero irme nunca. Sólo os pido, por favor, que no nos tratéis nunca como un juguete, ni nos maltratéis. Sólo dadnos cariño, calor…que nosotros os devolveremos el favor con todo nuestro amor.Un lametazo de Miko
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15.01.2008 14:09
Hay personas, si es que se las puede llamar así, muy malvadas! Gracias a dios que existen personas como Lorena. Buena opinión! Un saludo,
14.10.2006 12:48
Me encanta saludalo de mi parte. Besotes
17.09.2006 01:29
Pues al final has tenido mucha suerte Miko, aunque tu vida ha sido un poco difícil ahora estás rodeados de seres que te quieren mucho, además eres muy bonito y simpático. Yo te aconsejo que dejes de comerte las paredes y las patas de la mesa para no enfadar a la amita, ya se que es difícil dejar ciertos vicios, pero tienes que proponértelo muy seriamente ¿vale?. Muchos besitos para tí y también para Cleo.