Desde mi ingreso en esta comunidad llevaba dándole vueltas a la posibilidad (incluso a la necesidad) de comentar "El gabinete del Dr Caligari". No obstante, hasta ahora había eludido esta "obligación". Porque, como suele suceder con las obras de culto, analizar semejante mito del cine me imponía y me impone aún (a pesar de la tremenda osadía que estoy a punto de cometer) mucho respeto. Así se lo hacía saber a nuestro compañero Anton976 cuando tenía la ambilidad de informarme de su intención de comentar esta misma obra. Básicamente él se sentía tan amedrentado como yo, pero recientemente superó sus reparos y nos regaló su opinión sobre esta película. Por ello me he sentido en la obligación moral de dar el salto yo también. Porque es muy fácil no arriesgarse ni exponerse, pero superar nuestros temores no sayuda a crecer. Y poniendo puntos de vista en común, con un poco de suerte, quizá crezcamos todos juntos.
Simplemente quería hacer saber a Anton976 que entiendo perfectamente la sensación de impotencia e insatisfacción que escribir una opinión sobre una película así le ha generado, porque es una experiencia ahora compartida. Y dado que fue él quien inconscientement me dio el último empujón, desearía dedicarle humildemente esta opinión.
En la primera escena de la película reina un ambiente aparentemente apacible, en el cual Francis conversa tranquilamente con un caballero que sólo más tarde se revelará un compañero suyo...
El terror se extiende por la pequeña ciudad de Holstenwall, al norte de Alemania, de la mano de un asesino que apuñala a sus víctimas, aparentemente elegidas al azar. Curiosamente, la aparición de tal monstruo parece coincidir con la llegada de una feria ambulante de la que forma parte un inquietante individuo que se hace llamar Dr Caligari, cuya fuente de ingresos es un pobre sonámbulo, Cesare. Cesare, manejado por el Dr Caligari como un títere, adivina el pasado y predice el futuro. Para él, el malogrado porvenir del amigo de Francis, Alan, está caro como el agua. Esa misma noche Alan morirá asesinado. Su cuerpo, apuñalado, correrá la misma suerte que el del secreatario del ayuntamiento que se hubiese mofado del Dr Caligari denegándole el permiso para ejercer su profesión...
La extrema perseverancia de Francis le llevará a descubrir el obscuro secreto del Dr Caligari. Pero la terrible revelación, en la que también se verán implicados su amada Jane y el padre de ésta, le atrapará como una tela de araña de la que ya no podrá escsapar. Pues lamentablemente, la famosa frase "la verdad os hará libres" no siempre es un fiel reflejo de la realidad
"El Gabinete del Dr Caligari", el máximo exponente del expresionismo alemán, tiene muchos puntos en común con la ya comentada "El vampiro de Düsseldorf" (de hecho, el productor de "El gabinete del Dr Caligari", Erich Pommer, pretendía que la película fuese dirigida por Fritz Lang, que más tarde dirigiría "El vampiro de Düsseldorf"). El más evidente es sin duda el hecho de que ambas películas se inspiran en macabros hechos reales, ambas se sienten atraidas por figuras de asesinos que conmocionaron a la sociedad de su momento y crearon un clima de extrema ansiedad y desconfianza.
Desconfianza que no se dirigió sólo hacia los potenciales asesinos, sino también hacia las fuerzas del orden que parecían ser incapaces de defender al honrado ciudadano.
Este tipo de vivencias marcadas por la inseguridad y el desasosiego, lógicamente, resultan ser el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de películas que experimentan con la exageración del sentimiento de angustia vital del personaje, plasmado mediante la extrema exageración de la gestualidad, un maquillaje que seguramente encontraréis extravagante, unos decorados que evocan ambientes oníricos, una iluminación que enfatiza los contrastes de claro-obscuros (esos que reflejan los atormentados estados del alma) y un manejo de la cámara totalmente innovador, que impone angulaciones ajenas a las empleadas hasta el momento, con encuadres inclinados.
En definitiva, el tratamiento de esta temática nos lleva a asistir al nacimiento del movimiento expresionista también en el séptimo arte, que no deja de ser un primo lejano de la pintura.
En el caso que nos ocupa, el guionista Hans Janowitz se inspira en sus propios recuerdos de un asesino que aterrorizó Hamburgo. Pero como sucede también en el "El vampiro de Düsseldorf", el monstruo es representado como una presencia mucho menos tangible (por ejemplo a través de su sombra amenazador proyectada sobre una pared), que es lo que la hece mucho más temible e inquietante.
Como en el caso de "El vampiro de Düsseldorf", asistimos a la victoria del terror ciego sobre el orden y la razón. Como en "El vampiro de Düsseldorf", la sociedad se moviliza y busca un chivo expiatorio al que poder culpar para sentirse de nuevo segura.
No obstante, "El gabinete del Dr Caligari" introduce un tema nuevo harto inquietante, el que en realidad es su tema central, el de los mecanismos de poder y de cómo estos inciden en la actuación del ciudadano medio.
La desconfianza absoluta del ciudadano de bien hacia las fuerzas del orden que le han tocado en (dudosa) gracia se plasma claramente en el tratamiento que ciertos personajesy decorados reciben en la cinta. Observamos, por ejemplo, que tanto el secretario del Ayuntamiento como los policías a los cuales Francis piede ayuda se sientan en altos o incluso altísimos taburetes, a todas luces exagerados con algún propósito, que no puede ser otro que el de subrayar el insalvable abismo que separa al indefenso cudadano de quienes teóricamente deberían proteger sus derechos y bienestar, pero en la práctica aprovechan de su posición para abusar de sus "protegidos". Por otro lado, se observa que las escaleras que conducen a la comisaría parecen no tener fin, y se pierden en la obscuridad, como proponiendo una metáfora según la cual quien busca la ayuda de las fuerzas del orden nunca puede estar seguro de a dónde le conducirá tal iniciativa. Como de hecho demuestra el final de la cinta.
Que la película es una durísima crítica contra quienes ejercen el poder está fuera de toda discusión. Pero no creo que la referencia se a únicamente un poder concreto, el del Estado que subyuga a sus ciudadanos, como normalmente se suele interpretar, sino una reflexión mucho más amplia que pone en tela de juicio el derecho moral de un individuo cualquiera a constreñir directa o indirectamente la voluntad de un semejante.
Y esto, según la pesimista película, sucede con la connivencia de los poderes públicos. Es más, al final se descubrirá que dicha práctica es aplicada por los propios estamentos de poder. Pues el director de un manicomio no deja de ser un rey a tamaño reducido, aún más, no deja de ser un dios en miniatura.
El desenlace no podría ser más catastrofista: quien se atreve a retar al poder establecido y sus métodos, sucumbirá siempre presa de su insolencia.
No obstante, el mensaje debió de resultar tan claro y ofensivo para tales estamentos que los guionistas se vieron obligados a introducir un prólogo y un epílogo que hiciesen creer al espectador que toda la historia es ficticia, producto sólo de la mente calenturienta de un pobre loco. Así se explica la escena inicial en el banco y, sobre todo, las sobrecogedoras escenas finales en el manicomio, que curiosamente no hacen más que subrayar dicho mensaje al mostrar más claramente los sistemas coercitivos aplicados por el Poder.
Como analizamos en "El vampirode Düsseldorf", este tipo de reflexión no deja de ser la consecuencia lógica del clima que la derrota tras la I Guerra Mundial dejó en Alemania, un país humillado, empobrecido, en el que se multiplicaban los rateros y los individuos de dudosa moral capaces de hacer cualquier cosa por sobrevivir. Con un panorama tal, no se podía esperar el nacimineto de un movimiento optimista.
No os voy a engañar, no se trata de una película fácil de ver, especialmente porque ya nadie está acostumbrado al cine mudo. No obstante, creo que debéis verla al menos una vez. Existen múltiples y convincentes motivos para ello. Si sois amantes del cine de terror, aquí encontraréis a la madre de dicho género, capaz de construir un clima opresivo y tremendamente inquietante mediante sus decorados (obra de los artistas Hermann Warm, Walter Röhrig y Walter Reimann) y, por qué no, también mediante el exagerado maquillaje de sus protagonistas. El rodaje tiene lugar en todo momento en interiores, que terminan convirtiéndose en espacios claustrofóbicos capaces de potenciar el terror.
Respecto a los decorados, estoy segura de que os fascinarán. Su concepción es absolutamente surrealista, poblada por perspectivas totalmente irregulares, líneas diagonales, desproporciones, irregularidades, sombras... Es decir, formas totalmente retorcidas y antinaturales, características que se consideran propias del alma del ser humano. Además, integran la luz pintada sobre ellos mismos, lo que ayuda a recrear el ambiente onírico e irreal buscado. Como también lo hace el colorido de las escenas, que recuperamos gracias a la restauración de Friedrich Wilhelm Murnau en tintados originales verdes, marrones y azules fuertes, que veces incluso se mezclan.
Incluso en el vestuario subyace una simbología latente. Así, Cesare viste unas simples mayas negras, pues es un ser que carece de vida y consciencia propia. De hecho, es más un muerto que un vivo, como pone de manifiesto también su cargadísimo maquillaje negro alrededor de los ojos y sobre los labios.
Si le tuviese que poner algún pero sería sólo la música, demasiado estridente para mi gusto. Aunque con ella claramente se busca potenciar los "chirriantes" e irreales decorados.
Despúes de todo lo dicho, me queda sólo instaros a hacer un pequeño esfuerzo y recuperar esta joya de un olvido muy inmerecido, pues su argumento sigue totalmente vigente...
FICHA
TÍTULO ORIGINAL: Das Kabinett des Doktor Caligari
GÉNERO: Drama / Terror
DURACIÓN: 75 min
NACIONALIDAD: Alemania
DIRECCIÓN: Robert Wiene
REPARTO: Werner Krauß (Doctor Caligari), Conrad Veidt (Cesare), Friedrich Feher
(Francis), Lil Dagover (Jane) y Hans Heinrich von Twardowski (Alan)
PRODUCCIÓN: Rudolf Meinert - Erich Pommer
GUIÓN: Hans Janowitz - Carl Mayer
FOTOGRAFÍA: Willy Hameister
MÚSICA: Alfredo Antonini - Giuseppe Becce - Timothy Brock - Richard Marriott - Peter Schirmann