El peligro de leer a Albert Camus
03.10.2004
Ventajas:
Obra imprescindible del pensamiento contemporáneo
Desventajas:
Es un libro bastante pesimista
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
Personajes
Gancho
¿Volverías a leerlo?
Más
 ludic
Sobre mí:
Los espejos se emplean para verse la cara; el arte, para verse el alma. (George Bernard Shaw)
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Existen lecturas peligrosas, libros que nos abocan a un cierto desastre. No porqué sus páginas estén impregnadas de ningún veneno mortal (como en el célebre ejemplar de “El nombre de la rosa”), sino porqué su influencia va mucho más allá de lo que habíamos previsto. Leí a Albert Camus (1913-1960), y también a Jean-Paul Sartre, con veinte y pocos años de edad. Ni que decir tiene que me subyugaron. Obras como “La náusea” de Sartre, y “El extranjero” y “La peste” de Camus, cambiaron mi manera de ver las cosas y de interactuar con mis semejantes. Durante meses me convertí en un ser lúcido, pero desesperanzado. El pesimismo ya no era una forma de ser, sino una actitud intelectual. Me invadía una desazón profunda, y ese desasosiego, por extraño que pueda parecer, me complacía. Me consideraba una especie de elegido que estaba más cercano a la verdad cuanto más negros eran mis pensamientos. Afortunadamente, mis genes mediterráneos reaccionaron. Recordé a los antiguos griegos. Y comprendí que en el gran teatro de la vida, puede haber muchas tragicomedias, pero no dramas absolutos. El sentido del humor de los clásicos acudió en mi ayuda.
De ninguna manera hay que entender este preámbulo como una crítica a Camus. Nada más lejos de mi intención. Sólo es un pequeño aviso que previene de la potencia literaria que encontraremos en “El hombre rebelde”, un ensayo filosófico que aborda, sin ningún tipo de concesiones, la complejidad de la existencia y de las circunstancias que la condicionan. Reflexiones sobre el hombre, sobre moral, sobre política, sobre arte... Todo un entramado de interrogantes abiertos, ideas y observaciones, en un ambicioso intento de comprensión total. Todo un glosario de perplejidades y extrañezas ante un mundo sin sentido aparente. Camus, hijo de padres franceses, nació en un suburbio de Argelia y fue miembro de la Resistencia en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Estos dos hechos biográficos, creo yo, nos ayudan a situar su filosofía y su forma de interpretar la realidad. Camus muestra una actitud resistente ante el absurdo vital y un inconformismo insobornable ante las injusticias del comportamiento humano. Implacable con los poderosos y sensible a los sufrimientos de los humildes, considera que la única forma de humanidad posible es la rebeldía, el estado de alerta permanente, el ojo crítico que cuestione las hipocresías y los intereses creados. Camus, a pesar de que se alineó con el comunismo y que está considerado un existencialista ateo, fue siempre un llanero solitario, un librepensador sin ataduras.
Hay en “El hombre rebelde” una frase que aún me impresiona como el primer día: “El humanitarismo va acompañado del odio al mundo. Se ama a la humanidad en general para no tener que amar a lo seres en particular.” Se estará de acuerdo o no, pero este breve aforismo demuestra lo muy afilado que puede ser el bisturí del pensamiento camusiano. Nuestro novelista y filósofo consideraba la vida como un cúmulo de accidentes absurdos y aleatorios. Accidentes de los que él mismo fue involuntario protagonista: en 1957, a pesar de su repulsión a los honores, era distinguido con el premio Nobel de Literatura. Y en 1960, otro absurdo más, fallecía en un fatal accidente de automóvil. Conozco a un escritor, algo brutote en sus apreciaciones, que siempre me dice que escribir bien es como boxear. Que hay que saber mantener la distancia. Si te alejas mucho del texto, afirma, se mengua en calidez y el automatismo invade las palabras. Y si te acercas demasiado, pierdes perspectiva y el texto se te echa encima y acaba noqueándote. Supongo que esto también es aplicable a la lectura. Recomiendo encendidamente leer “El hombre rebelde”. Pero para leerlo bien es preciso mantener la distancia justa. En caso contrario, la fuerza y la lucidez intelectual de Camus os noquearán (como me noquearon a mí en su momento) y corréis el riesgo de acabar tumbados en la lona del pesimismo. Así que no bajéis la guardia y protegeos la mandíbula de la sensibilidad, sobre todo si la tenéis de cristal.
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24.03.2006 18:20
No conocía a este autor. Por lo que comentas en tu opinión lo dejaré pendiente para un futuro, pues mi estado anímico actual creo que no es el más indicado para leerlo. Saludos.
02.03.2006 10:12
Estoy releyéndolo, ahora con la guardia bien levantada.
22.12.2005 21:07
Feliz Navidad, Feliz Navidad, Próspero Año y Felicidad.