La pornografía en la cumbre
04.05.2005
Ventajas:
Un clásico porno - erótico
Desventajas:
Puede herir susceptibilidades
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
Personajes
Calidad de dirección
Banda sonora
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 leggiere
Sobre mí:
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L.
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Opiniones:157
Confianza conseguida:78
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 35 miembros de Ciao
Cuando al director japonés Nagisa Oshima le preguntaron en una ocasión cuál era el término adecuado para catalogar su cinta "El Imperio de los Sentidos", si pornográfica o erótica, su respuesta fue impecable: "es una película pornográfica". Con esto, la discusión quedó zanjada. Porque luego del estreno de la impresionante historia de Kishi-San y Abe Sada, en 1976, tanto críticos como público se enfrascaron en una discusión acerca de qué se trataba aquello que habían presenciado con un nudo en la garganta. ¿Era erotismo, como "El último tango en París"? ¿Era pornografía, como "Garganta profunda"?
"El imperio de los sentidos" es ambas cosas. Es demostrativa sin caer en la vulgaridad y es bella sin ser completamente estética. Hay que manejar muy bien los conceptos cinematográficos para que un pene y una vulva sean exhibidos sin que distraigan la atención de la trama. Y en esta cinta, la historia es tan cruel, tan apasionada, que llega a ponerse al mismo nivel que la exhibición de los cuerpos. La historia de Oshima se basa en un hecho ocurrido en Japón, en 1936, y que tuvo como protagonistas a una pareja de amantes. Él, un adulto que frisaba los 40, y Ella, una joven cortesana con pasado de prostituta. Sada llega a casa de Kishi como personal de servicio y se gana rápidamente su atención, por su belleza. En pocos días, se convierten en amantes y luego, escapan hacia un barrio marginal para continuar con su pasión.
Pero esa pasión se convierte poco a poco en dependencia. Ella no puede dejar de poseer el cuerpo de su amante y él, paulatinamente, va entregándole su existencia. La forma en que Oshima describe tal amor carnívoro es impactante. Sada tiene una obsesión patológica con el miembro de Kishi, lo quiere para ella sola. Lo tiene cogido en sus paseos por las calles, lo quiere tener dentro de sí en todo momento, en su vagina, en su boca. Kishi se convierte en esclavo de la actividad sexual de su pareja. Abandona a su esposa para pasar interminables sesiones amatorias con Sada, las mismas que duran días enteros. Ambos se compenetran de tal manera que el mundo fuera de las cuatro paredes de su cuarto no tiene sentido. La acción de la película, los planos fijos, se concentran entonces en esos cuatro metros cuadrados. Los poco visitantes (geishas y servidumbre) se avergüenzan del desorden, del olor de los cuerpos, de la promiscuidad de la pareja. Con los días, la pasión deviene en patología. Siendo insuficiente el sexo para complacerse, empiezan a despertar los celos enfermizos y el masoquismo. Kishi, debilitado por el desgaste, y Sada, inmutable en su apetito, se convierten en presa y cazadora, en cóncavo y convexo. No hay víctima sin victimario, ni fuerza que no dependa de una debilidad. La secuencia final es desgarradora. Brutal. Pero no la adelantaré para aquellos que se animen a ver la cinta.
Cuando uno termina de ver "El imperio de los sentidos", siente que ha vivido poco. Luego, esa primera impresión cesa para empezar a analizar algunos puntos controversiales de la película. En primer lugar, no es común, en el cine sometido al codex que padecemos, ver una obra basada en la exhibición de dos cuerpos. Desnudos o vestidos, es igual. La cinta de Oshima tiene ese principio, el de mostrar que dos cuerpos desnudos no despiertan necesariamente la pasión erótica. Y no porque la violencia ni la escatología sean el principal ingrediente, sino porque el trabajo de cámara impide que el sexo explícito se apodere de la historia. Alguna vez se dijo que la diferencia entre erotismo y pornografía se establecía por los planos. El erotismo apelaba al plano medio, mientras el porno al primer plano. Pero Oshima utiliza ambos encuadres. La gran diferencia está en la opresión a la que se ve sometido el espectador al comprender que lo que una vez fue agradable puede convertirse en peligroso. ¿Y cómo lo llega a saber el espectador? Porque Oshima se cuida de ubicar siempre a un observador en medio del festín carnal, un ojo que supervisa el coito. Un espectador que, escandalizado, va escandalizando al público externo, al asistente a la sala.
El segundo punto, quizás el más polémico, es cuánto está dispuesta una persona a ver ventilada su privacidad. El sexo sigue siendo un acto privado, un tabú plenamente aceptado cuyas fronteras no pasan de dos personas. O quizás de algunas más, siempre que tengan suficiente confianza entre ellas. Tal vez por eso, varias personas se retiran de la sala cuando ven una erección en primer plano, o una eyaculación en la boca de la amante. No son actos que se puedan ventilar públicamente, junto a personas que no conoces. Por lo menos, eso dicta el inconsciente. Y siempre queda la amonestación moral para intentar una justificación de un abandono de la sala. Es comprensible, como es comprensible también que, al final, nadie puede quedar insensible ante un alarde tal de humanidad, en sus límites, sexuales y emocionales, y la sala quede en silencio cuando las luces se encienden y los rostros intenten una sonrisa para ocultar que han sido tocados en sus cimientos.
Fotos de El Imperio de los Sentidos - DVD
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12.08.2006 17:56
Yo la vi, y desde luego, desde el punto de vista del cine como arte sera una maravilla, pero creo que para mi gusto es una de las peores peliculas que he visto
07.04.2006 05:47
saludos,te sigo leyendo
05.03.2006 18:47
Y yo que no la he visto pero que si tenía ganas de verla. Cada vez que alquilo o compro películas me voy metiendo más en mundos que no conozco, a veces me desvío y termino viendo king kong (1933) cuando a lo que iba es a buscar Taxi Driver....pero bien, tendré más en mente que antes la película y ya te cuento mi opinión. Un saludo.