Opinión sobre

El origen de las especies - Charles Darwin

Impresión Total (32): Evaluación Total El origen de las especies - Charles Darwin

2 ofertas de EUR 6,92 a EUR 25,56  

Todas las opiniones sobre El origen de las especies - Charles Darwin

 Escribir mi propia opinión


 


EL ORIGEN DE LAS ESPECIES

5  04.07.2004

Ventajas:
CURIOSIDAD

Desventajas:
ninguna

Recomendable: Sí 

DAMADENEGRO

Sobre mí:

usuario desde:01.01.1970

Opiniones:540

Comparte esta opinión en Google+
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 11 miembros de Ciao

PROLOGO:

Cuando me encontraba a bordo del barco de Su Majestad Beagle, como naturalista, quedé fuertemente impresionado por ciertos hechos en la distribución de los seres que habitan en Suramérica y por las relaciones geológicas entre los habitantes presentes y pasados de aquel continente. Me pareció que estos hechos aclaraban un poco el origen de las especies -este misterio de misterios, como lo ha llamado uno de nuestros más grandes filósofos. De vuelta a casa, se me ocurrió, en 1837, que tal vez se podría averiguar alguna cosa sobre esta cuestión acumulando y meditando pacientemente todo tipo de hechos que tuviesen una posible relación con ella. Después de cinco años de trabajo, me permití especular sobre el tema y redactar algunas notas breves; las amplié en 1844 en un esbozo de conclusiones que me parecieron probables: desde este periodo hasta el día de hoy he perseguido incesantemente el mismo objeto. Espero que se me excusará de entrar en estos detalles personales, porque si los doy es para hacer ver que no me he precipitado a llegar a una decisión.

Mi obra está casi terminada; pero ya que me harán falta dos o tres años más para completarla, y que mi salud está lejos de ser robusta, me han instado a publicar este resumen. He sido especialmente inducido a hacerlo porque Mr. Wallace, que estudia ahora la historia natural del archipiélago malayo, ha llegado casi exactamente a las mismas conclusiones generales que yo tengo sobre el origen de las especies. El año pasado me envió una memoria sobre este tema, con la petición de que se la pasara a Sir Charles Lyell, que la transmitió a la Linnean Society, y ha sido publicado en el tercer Diario de esta sociedad. Sir C. Lyell y el doctor Hooker, que conocían mi trabajo -el último había leído mi esbozo de 1844-, me honraron al pensar que era aconsejable que se publicaran, con la excelente memoria de Mr. Wallace, algunos breves extractos de mis manuscritos.

(...)

Al considerar el origen de las especies, es bastante concebible que un naturalista, reflexionando sobre las afinidades mutuas de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica, su sucesión geológica y otros hechos semejantes, podría llegar a la conclusión de que cada especie no había sido creada independientemente, sino que descendía, como las variedades, de otra especie. A pesar de todo, tal conclusión, incluso si está bien fundamentada, sería insatisfactoria hasta que se demostrara cómo las innumerables especies que habitan esta mundo han sido modificadas, al extremo de adquirir aquella perfección de estructura y de adaptación mutua que más justamente excita nuestra admiración. Los naturalistas se refieren continuamente a las condiciones externas, como el clima, la alimentación, etc., como las únicas posibles causas de variación. En un sentido muy limitado, como veremos más adelante, esto puede ser verdad; pero es absurdo atribuir a las meras condiciones externas la estructura, por ejemplo, del pájaro carpintero, con patas, cola, pico y lengua tan admirablemente adaptados para atrapar insectos bajo la corteza de los árboles. En el caso del muérdago, que se nutre de ciertos árboles, que tiene semillas que han de ser transportadas por ciertos pájaros y que tiene flores de sexos separados que requieren absolutamente la intervención de ciertos insectos para transportar el polen de una flor a otra, es igualmente absurdo explicar la estructura de este parásito por sus relaciones con diversos y distintos seres orgánicos, por los efectos de condiciones externas, o del hábito, o de la volición de la misma planta.

Imagino que el autor de Vestigios de creación diría que, después de un cierto y desconocido número de generaciones, algún pájaro habría dado nacimiento al pájaro carpintero, y alguna planta al muérdago, y que se habrían producido tan perfectos como los vemos ahora; pero esta presunción no me parece una explicación, porque deja, intacto e inexplicado, el caso de las adaptaciones mutuas de los seres orgánicos a cada uno de ellos y a sus condiciones físicas de vida.

Es por consiguiente de la máxima importancia obtener una perspectiva clara de los medios de modificación y de adaptación mutua. Al comienzo de mis observaciones me parecía probable que un detallado estudio de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería la mejor oportunidad de esclarecer este oscuro problema. No he sido decepcionado. En este y en todos los otros casos sorprendentes, he encontrado, de modo invariable, que nuestro conocimiento, por imperfecto que sea, de la variación en la domesticidad proporcionaba la pista mejor y más segura. Me atrevería a expresar mi convicción del alto valor de semejantes estudios, aunque estos hayan sido dejados de lado muy corrientemente por los naturalistas.

A partir de estas consideraciones, dedicaré el primer capítulo de este resumen a la variación en la domesticidad. Veremos entonces que una gran cantidad de modificaciones hereditarias es al menos posible; y, cosa tanto o más importante, veremos hasta qué punto es grande el poder del hombre en acumular, por medio de su selección, las ligeras variaciones sucesivas. Pasaré a continuación a la variabilidad de las especies en estado natural; pero, por desgracia, me veré obligado a tratar este tema demasiado brevemente, ya que sólo puede ser tratado como es debido dando largas listas de hechos. Seremos capaces, a pesar de esto, de discutir qué circunstancias son más favorables para la variación. En el capítulo siguiente trataremos de la lucha por la existencia entre todos los seres orgánicos del mundo, que deriva inevitablemente de sus grandes capacidades de multiplicarse en proporción geométrica. Esta es la doctrina de Malthus aplicada a la totalidad de los reinos animal y vegetal. Como que quizá nacen muchos más individuos de cada especie de los que pueden sobrevivir, y como que, en consecuencia, hay una lucha por la existencia a menudo repetida, se deduce que cualquier ser, si varía ni que sea ligeramente en cualquier manera que le resulte provechosa, en las complejas y a veces variables condiciones de vida, tendrá más probabilidades de sobrevivir y, así, de ser seleccionado naturalmente. En virtud del fuerte principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar su forma nueva y modificada.

Este tema fundamental de la selección natural será tratado con una cierta extensión en el capítulo cuarto; y veremos entonces cómo la selección natural provoca en gran medida, casi inevitablemente, la extinción de las formas de vida menos perfeccionadas, y conduce a aquello que he llamado divergencia de carácter. En el capítulo siguiente discutiré las complejas y poco conocidas leyes de la variación y de la correlación del crecimiento. En los cuatro capítulos sucesivos serán expuestas las dificultades más graves y patentes de la teoría: es decir, en primer lugar, las dificultades de las transiciones o la comprensión de cómo un simple ser o un simple órgano pueden perfeccionarse y convertirse en un ser altamente evolucionado o en un órgano de construcción elaborada; en segundo lugar, el tema del instinto o la facultad mental de los animales; en tercero, el hibridismo o la infertilidad de las especies y la fertilidad de las variedades cuando se cruzan; en cuarto, la imperfección del registro teológico. En el capítulo siguiente consideraré la sucesión geológica de los seres orgánicos a través del tiempo; en el decimoprimero y en el decimosegundo, su distribución geográfica en el espacio; en el decimotercero, su clasificación o sus afinidades mutuas, tanto en el estado de madurez como en el embrionario. En el último capítulo haré una breve recapitulación de todo el trabajo y unas pocas observaciones finales.

Nadie tendría que sentirse sorprendido por lo mucho que queda aún inexplicado del origen de las especies y de las variedades, si presta la debida atención a nuestra profunda ignorancia de las relaciones mutuas entre todos los seres que viven en nuestro entorno. ¿Quién puede explicar por qué una especie se extiende ampliamente y es muy numerosa, y por qué otra especie afín tiene una extensión reducida y resulta rara? Con todo, estas relaciones son de la máxima importancia porque determinan la prosperidad del presente y, creo, la modificación y el éxito futuros de cada habitante de este mundo. Todavía sabemos menos de las relaciones mutuas entre los innumerables habitantes del mundo durante las muchas épocas geológicas pasadas de su historia. Aunque mucho queda oscuro, y que quedará así por mucho tiempo, no puedo tener ninguna duda, después del estudio más ponderado y del juicio más desapasionado del que soy capaz, de que es erronea la opinión que mantiene la mayoría de los naturalistas y que yo mismo sostenía anteriormente: es decir, que cada especie ha sido creada independientemente. Estoy plenamente convencido de que las especies no son inmutables, sino que aquellas que pertenecen a aquello que se llama el mismo género son descendientes lineales de alguna especie distinta y generalmente extinguida, del mismo modo que las variables reconocidas de cualquier especie son los descendientes de esta especie. Además, estoy convencido de que la selección natural ha sido el medio principal, aunque no exclusivo, de modificación.

Charles Darwin. El origen de las especies

Darwin propuso en 1859 que la selección natural, que actuaría sobre variaciones hereditarias, es el principal motor de la evolución, pero nada sabía sobre la naturaleza de esas variaciones. A partir de los trabajos de Gregor Mendel, publicados en 1866 y redescubiertos en 1900, la genética se convirtió en parte esencial de la teoría evolutiva. La incorporación de la genética al darwinismo condujo, en torno a 1940, a la formulación del neo-darwinismo o «teoría sintética» de la evolución, que sigue considerando que la selección natural es el factor explicativo principal de la evolución.

Una objeción típica al neodarwinismo es que no explica la «macroevolución», o sea, el origen de nuevas especies o tipos de vivientes. El darwinismo insiste en el gradualismo y afirma que los grandes cambios son el resultado de la acumulación de muchos cambios pequeños, pero se han formulado propuestas alternativas. La principal es la teoría del «equilibrio puntuado», propuesta por Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, quienes sostienen que la evolución no es gradual, sino que funciona a saltos: existirían grandes períodos de estabilidad interrumpidos por intervalos muy breves en los que tendrían lugar cambios evolutivos grandes y bruscos. Gould y Eldredge afirman que su teoría está de acuerdo con las grandes discontinuidades que manifiesta el registro fósil, en el que no se encuentran eslabones intermedios. Los neodarwinistas, por su parte, suelen decir que ambos puntos de vista son compatibles, de modo que el equilibrio puntuado podría integrarse dentro del darwinismo: dicen que los genéticos, que formularon la teoría sintética, y los paleontólogos que proponen el equilibrio puntuado, utilizan dos escalas de tiempo diferentes: los cambios que tienen lugar durante miles de generaciones parecen repentinos ante el registro fósil7. Es importante señalar que el equilibrio puntuado de Gould y Eldredge propone explicaciones que no son darwinistas pero son evolucionistas: la discusión se centra en torno a los mecanismos de la evolución, no en torno a su existencia.

Otra teoría que discrepa del darwinismo es el «neutralismo» de Motoo Kimura, quien propuso su teoría a partir de 1967. Kimura afirma que la mayoría de las mutaciones genéticas que proporcionan el material para la evolución no tienen nada que ver con ventajas ni desventajas, y que, por tanto, la selección natural no ocupa el lugar principal que le atribuyen los darwinistas: los cambios evolutivos se deberían a la «deriva genética» de mutaciones genéticas que serían equivalentes desde el punto de vista de la selección natural. También en este caso, los darwinistas afirman que el neutralismo cabe dentro de su teoría, aunque existen discrepancias de interpretación.

Es interesante mencionar, en este contexto, la importancia de la «duplicación génica», o sea, la existencia de copias de un mismo gen. Esto permite que los genes «liberados» estén disponibles para experimentar cambios que pueden resultar importantes en nuevas circunstancias futuras. Así se comprendería que puedan existir cambios notables que no requieren la acumulación gradual de pequeñas transformaciones.

Una de las mayores dificultades del evolucionismo es, en efecto, la explicación de los nuevos tipos de organización, que requieren múltiples cambios complejos y coordinados. En esta línea tienen importancia los trabajos actuales en torno a la «auto-organización», como los realizados por Stuart Kaufmann9. Se trata de teorías que, por el momento, son muy hipotéticas, que pretenden explicar el origen de las transformaciones evolutivas tomando como base tendencias naturales que todavía conocemos de modo muy insuficiente. De nuevo, estos trabajos se presentan a veces como opuestos al darwinismo, pero los darwinistas afirman que caben dentro de su teoría y, en cualquier caso, no son críticas al evolucionismo, sino intentos de proporcionar explicaciones más profundas de la evolución.

ACTUALIDAD: Según los ultimos estudios, el hombre desciende de su mas temido enemigo: LA RATA.

Comparte esta opinión en Google+
Enlaces Patrocinados
Evaluar esta opinión

¿Cómo de útil te será esta opinión a la hora de tomar tu decisión de compra?

Directrices para las Evaluaciones

Comentarios sobre esta opinión
elc2412

elc2412

19.04.2005 10:57

Opinión que tiene en cuenta algunas de las nuevas tendencias evolucionistas. Opinión de alguien que si ha leido la obra, lo cual no es poco.

Lestes

Lestes

24.09.2004 16:22

Gould es (bueno, era, ya nos dejó) darwinista, y sus planteamientos se integran dentro de la teoría de Darwin sin ningún problema.

caritafeliz

caritafeliz

15.07.2004 05:52

Es un gran libro, recuerod qure me lo nombraron muicho...cuandi vi biología...me lo voy a leer, ya lo consegui on line, y lo baje a mi pc. besos

Escribe tu comentario

máximo 2000 alcanzado

  Publicar el comentario
Comparación de precios Ordenados por Precio
El origen de las especies - Charles Darwin

El origen de las especies - Charles Darwin

Páginas: 116, Tapa blanda, Createspace

€ 6,92 amazon.es libros 213 Evaluaciones

Costes de envío: EUR 0,9...

Disponibilidad: Normalmente se despacha en 24 horas.​.​.

     Más  

amazon.es libros

El origen de las especies: por medio de la selección natural (Alianza Ensayo) - Charles Darwin

El origen de las especies: por medio de la selección ...

Páginas: 544, Edición: edición, Tapa dura, Alianza

€ 25,56 amazon.es libros 213 Evaluaciones

Costes de envío: EUR 0,0...

Disponibilidad: Normalmente se despacha en 24 horas.​.​.

     Más  

amazon.es libros



Evaluaciones
Esta opinión sobre El origen de las especies - Charles Darwin ha sido leída 74936 veces por los usuarios:

"excepcional" por (6%):
  1. elc2412

"muy útil" por (89%):
  1. Metal_Valkiria
  2. caritafeliz
  3. increible68
y de usuarios adicionales 13

"útil" por (6%):
  1. Lestes

La evaluación total de esta opinión no es únicamente el promedio de las evaluaciones individuales.
Productos interesantes para Usted
Etiquetas relacionadas con El origen de las especies - Charles Darwin