Llevo tiempo deseando escribir mis impresiones sobre este libro. Me sirve muchas veces de punto de partida en mis conversaciones, como cualquier libro de Saramago o de Borges y le debo como mínimo eso. Me sirve de guía en otras ocasiones y quiero explicaros a vosotros, que me leéis y soportáis mis muchas veces indescifrables escritos, el porqué de mi devoción por su lectura, el porqué siempre lo recomiendo con tan ferviente adoración y qué relación puede tener con mi forma de escribir.
Antes que nada quiero comentaros algo del autor, Paul Auster, ya que un libro se enmarca normalmente dentro de una obra y en este caso, casi con más intención. Paul Auster nació en 1947 en Nueva Jersey y estudió en la Universidad de Columbia. Creo que aparte de esto y su bibliografía sólo comentaré que es un amante impertérrito de Brooklyn ya que esto se refleja en sus guiones.
Bibliografía:
- La invención de la soledad (1982)
- Ciudad de cristal (1985)
- Fantasmas (1986)
- La habitación cerrada (1986)
- El país de las últimas cosas (1987)
- El palacio de la luna (1989)
- La música del azar (1990)
- Pista de despegue (1990)
- El arte del hambre (1982-1991)
- Leviatan (1992)
- El cuaderno rojo (1993)
- Mr. Vertigo (1994)
- Cigarros o "Humo" -dificil traducción- (Smoke) (1995)
- Humos del vecino (Blue in the Face) (1995)
- A salto de mata (1997)
- Heridas de amor (Lulu on the bridge) (1998)
- Tombuctú (1999)
- Doble Game and the Gotham Handbook (2000)
http://www.canalok.com/lector/biografia/auster.htm
Bueno dentro de lo que de él he leído yo, es dentro de donde yo debo enmarcarlo, y el orden de mis lecturas no fue el mismo que el de su publicación como os podéis imaginar. El primer libro que yo leí fue "El país de las últimas cosas". Después ya leí la trilogía de Nueva York -Ciudad de cristal, Fantasmas, La habitación cerrada- y alguna entrevista, además de los guiones de las películas de "Smoke" y "Blue in the Face". Me queda mucho por conocer de este escritor, es cierto. Pero a estas alturas ya conozco su forma de escribir y entiendo que "El país de las últimas cosas" me proporciona algo que ningún otro libro suyo podrá proporcionarme: la sorpresa de su lectura.
Me encontré con este escritor por casualidad, un amigo mío me lo regaló unas Navidades, una persona que ama tanto la lectura como yo, y que me dijo que sabría apreciar ese libro. El libro se llamaba "El país de las últimas cosas" y la dedicatoria que él me escribió reza así: “Parece Laura que tienes algo que valoro en las personas, la capacidad para comprenderme, por eso y porque este libro significa mucho para mí, te lo regalo, para que siga siendo así”. Una dedicatoria extraña ¿verdad?. Qué cosas tiene la vida, cuando yo había pasado mis ojos -sin ver- miles de veces por encima del lomo de su cubierta en mi librería favorita. Ya Saramago en "Ensayo sobre la ceguera" me avisaba y muestra un paralelismo, de una forma más creíble, un mundo donde se pierden las cosas porque no pueden ser vistas, porque no se utilizan, porque ya están perdidas.
Así que ahí empezó mi vínculo con el libro, perdido estaba porque yo no lo veía...
"En casi todos mis libros, el final es algo que se abre a otra cosa, una cosa nueva. Se abre al episodio siguiente, a un paso que no aparece en el libro pero que el libro sugiere. Un paso de un libro o un paso de la vida: es lo mismo. Si el personaje no esta muerto, su vida continúa." PAUL AUSTER
http://www.ucm.es/info/especulo/numero5/p_auster.htm

Y yo aplicaría esto a toda la lectura del libro. Un libro puede empezar de cualquier forma, con una carta, por ejemplo, como la que escribe la protagonista al amante que dejó en el país de donde viene, escrita en un papel que no existe o que desaparecerá como todo lo que hay en ese país. Y luego puede llevarte al siguiente episodio como una muestra natural de la sucesión de las cosas... las últimas cosas. Porque Anna Blume ha ido a buscar a su hermano desaparecido, William, a un país que se pierde en sí mismo. Donde las personas no son personas y las cosas sencillamente desaparecen. Un país donde es difícil incluso encontrarse a uno mismo, como en la vida real. Y Anna no sabe si nunca podrá salir de allí, porque las autoridades sólo existen como límite y prohibición. Un libro desgarradoramente humano, ya que muestra facetas de nuestro comportamiento pocas veces descifradas en términos de cordura y muestra una sensibilidad especial al situar a la protagonista justo en el centro del problema, casi sin entender qué está haciendo allí. Es una carta perdida, que seguro nunca llegará a destino, y esa carta demuestra que ella también está perdida y que si la fuéramos a buscar no la encontraríamos.Para que os hagáis una idea el libro empieza así:
"Éstas son las últimas cosas -escribía ella-. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo.
No espero que me entiendas. Tú no has visto nada de esto y, aunque lo intentaras, jamás podrías imaginártelo. Éstas son las últimas cosas. Una casa está aquí un día y al siguiente desaparece. Una calle, por la que uno caminaba ayer, hoy ya no está aquí. Incluso el clima cambia de forma continua: un día de sol, seguido de uno de lluvia; un día de nieve, luego uno de niebla; templado, después fresco; viento seguido de quietud; un rato de frío intenso y hoy, por ejemplo, en pleno invierno, una tarde de luz esplendorosa, tan cálida que no necesitas llevar más que un jersey.
Cuando vives en la ciudad, aprendes a no dar nada por sentado. Cierras los ojos un momento, o te das la vuelta para mirar otra cosa y aquella que tenías delante desaparece de repente. Nada perdura, ya ves, ni siquiera los pensamientos de tu interior. Y no vale la pena perder el tiempo buscándolos; una vez que una cosa desaparece, ha llegado a su fin.
Así es como vivo -continuaba su carta-. No como mucho, solo lo suficiente para mantenerme en pie, no más. A veces me siento tan débil que me parece que no podré dar otro paso.
Pero lo logro, a pesar de los períodos de abatimiento, me mantengo activa. Deberías ver qué bien lo hago."
Fragmento de "El país de las últimas cosas"
Una ficción es sólo eso, una ficción. La ficción de Paul Auster tiene la ventaja de poder ser aplicada a cualquier persona, en momentos determinados. Siempre podrás decir que te has encontrado tan perdido en una situación que te recuerda a la que estás leyendo. En relación a este libro se cuenta siempre de un hombre de Sarajevo que lo leía mientras tiraban bombas cerca de su casa y se preguntaba si estaban explicando su propia historia. Pero la teoría más firme es la que cuenta que está basada en Argentina, en una mujer desaparecida en la famosa noche de las "desapariciones".
Desapariciones (NB: no pertenece al libro)
"Salido de la soledad, comienza de nuevo como si fuera la última vez que respirara y por eso, es ahora que respira por primera vez más allá de la comprensión de lo singular. Él está vivo, y por eso no es más que lo que se ahoga en el agujero insondable de su ojo, y aquello que ve es todo lo que él no es: una ciudad del indescifrado suceso, y por lo tanto, un lenguaje de piedras, ya que sabe que a lo largo de la vida una piedra dará lugar a otra piedra para construir una pared y sabe que todas esas piedras edificarán la abrumadora suma de detalles".
PAUL AUSTER
En realidad, el mismo escritor respondió a esa pregunta: "El país de las últimas cosas" habla de las tragedias del S.XX, de ninguna en particular, de todas.
Ya el mismo John Irving asegura en su prólogo de, el también maravilloso libro, "El mundo según Garp" que definir el tema de un libro es tarea ardua incluso, en ocasiones, para el mismo escritor.
Bien, pues nada más fácil y difícil a la vez que hablar del tema de este libro. Yo lo entiendo como las tragedias del S.XX representadas como una única tragedia. Con lo que tienen todas las tragedias en común, pero no a la manera de Shakespeare, no nos confundamos. Este escritor crea su propio estilo y forma de la tragedia, consigue con una ficción muy particular (cosas que desaparecen) reflejar una realidad muy cercana, que nada dura, que nada existe cuando todo muere. Todo eso mezclado con la visión que tiene el hombre actual sobre sí mismo y sobre el mundo, esa mezcla de indiferencia sobre lo ajeno y de incomprensión sobre lo propio. Esa pérdida que sufrimos tantas veces todos.
Y esa pérdida de la que os hablo también se halla en las cosas. En ese país se alimentan de basura, la basura es energía, la basura es materia prima, ya os dije que no crean nada, ni construyen nada. La basura constituye el empleo por excelencia de los pobres. Y ni siquiera tienen esperanza, es simple supervivencia. El hambre les hace buscar basura para alimentarse, pero es lo único que esperan de la vida, no pasar hambre. No hay esperanza.
Así pues ya podéis entender un poco mejor que es lo que me mueve a veces en mis escritos, si es así, habéis tenido suerte... La verdad es que no quiero desvelaros más detalles sobre este libro, porque una de sus cualidades es encontrarte con esos personajes con los que Anna se encuentra, y seguir la evolución que el personaje vive. Anna somos nosotros y en el libro nosotros seremos Anna.
Así pues, ya podéis saber que Anna Blume no es heroína ni anti-heroína es sólo una persona perdida en el país de las últimas cosas. Y el nombre se define por sí mismo. Las últimas cosas sólo preceden al fin.
Espero animaros a su lectura.