¡Ay, cómo me ha gustado esta película! Sencilla, sin alardes, fresca, original...
Es francesa. Si fuera estadounidense le habrían hecho gran promoción y mucha más gente la consideraría como opción para verla, pero no tiene caras conocidas para los españoles y no sé porqué tanta gente asume que el cine europeo es aburrido. Puede aburrirnos, pero eso no quiere decir que SEA aburrido, lo que pienso que sucede es que cada cinematografía tiene una forma de narrar diferente, y no estamos acostumbrados a ellas. La estética es diferente a la de las “americanadas” que nos tragamos sin cuestionarnos su origen, pero en el caso de esta película es muy fácil reconocerse en ella, porque aunque no vivamos en una casa como la de esta familia, las vicisitudes por las que pasan son muy cercanas.
Los personajes
Nos van a mostrar gran parte de vida de una familia normal, comenzando desde la emancipación del mayor. Esa es la trama, no hay más, pero siempre he pensado que en cada familia hay una gran historia que, por sernos tan cercana y reconocible, no valoramos su intensidad.
El padre es taxista, pero viven en un chalet que no corresponde a su nivel de vida, gracias a que el abuelo ayudó al hijo a costearse la vivienda, algo que le pasará por las narices constantemente, haciéndole sentir que sus logros no son gran cosa.
La madre es un ama de casa que ha dedicado su vida a criar a sus hijos y, cuando estos empiezan a alzar el vuelo, busca una expresión artística que la satisfaga.
El hijo mayor, Albert, estudiante de medicina, se independiza y se enamora de una vecina, comenzando a repetir el patrón de su padre, por quien no se siente valorado.
El mediano, Raphaël, es la típica persona con estrella que siempre cae bien. Ojito derecho de su abuelo y de su padre, se enamora de una chica en un concurso de guitarra (sin guitarra, un concurso de “fingidores” de guitarristas) y vuelve al nido para intentar prolongar la adolescencia, para no asumir su madurez, sintiéndose arropado como un niño en la casa paterna.
A la hija, Fleur, la conoceremos con unos 12 años, para contemplar cómo vive una juventud desorientada y vuelca sus frustraciones en su madre.
¿Cómo se narra?
La película se organiza de una forma que, aunque parece muy esquematizada, es más libre de lo que podamos suponer. Van a elegir un día de cada uno de los cinco protagonistas, el día en el que, sin que ellos lo sepan, la vida les marca un camino muy definido. Aunque ese día se muestra centrándose en ese personaje, al elegir distintos momentos de una década podemos contemplar la evolución completa de la familia.
Comienzan por el día en el que se va el mayor de los hijos de casa. Me sorprendió un día que mi madre me dijera que para ella lo más difícil fue la emancipación del primero, no del último de los hermanos. Probablemente sea ese el momento en el que te das cuenta de que todos se irán, que ya has hecho tu “trabajo”, que tu rutina ha cambiado y en su lugar hay una incógnita.
Luego nos mostrarán el día en el que el segundo se enamora, mientras vemos cómo el médico se va asentando en su existencia.
Después tenemos a la hermana, ya crecida, que ha dejado de ser la dulce niña del principio para rebelarse contra todo. Elegirán el día de su cumpleaños para mostrarnos lo decepcionante que puede ser la pérdida de la virginidad o la aceptación del propio cuerpo.
Es con la rebeldía de Fleur que la película, aunque sigue usando la idea de “un día en la vida de cada uno”, tiene ya una entidad coral. Todo está interrelacionado. Vemos qué va siendo de todos y cómo los pasos de cada uno condicionan y son condicionados por el resto. La historia de cada uno es como es porque vive en la familia que vive, y a su vez sus decisiones influyen en quienes asisten a ese crecimiento.
No voy a explicar qué sucede en los días elegidos para “dibujar” la existencia de los padres, porque desde que empiezan a mostrar los conflictos de Fleur hay muchos elementos que sorprenden, no porque sean rocambolescos o rebuscados, son de lo más común, pero creo que es mejor no desvelarlos.
La belleza
La gente no suele rebelar sus conflictos familiares, tal vez por miedo a parecer que su familia está desestructurada (como se dice ahora). La gente no cuenta, o al menos no con tal profusión de detalles, lo duro que es para unos padres una adolescencia conflictiva o la partida de los hijos. Tampoco se suelen airear en público las tensiones entre hermanos, a menudo salpicadas de unos inevitables celos por un cariño que uno cree que el otro recibe a raudales mientras a él se le niega.
Son todo círculos viciosos, en los que un hijo, por ejemplo, marca una distancia que su padre no puede salvar, y esta distancia la justifica diciendo que su padre quiere más al otro. Es lógico que el padre se sienta más cercano a quien le hace fácil la relación, de modo que la desigualdad afectiva hacia los hermanos va creando un abismo.
También es habitual que los hijos tomen decisiones que, con el tiempo, descubren que fueron errores, sin que haya nadie a quien culpar, y vuelquen su frustración contra quienes más les quieren.
La familia es castrante, pero también es el lugar donde somos más nosotros mismos. Apenas nos molestamos en disimular, pues sabemos que nos tienen calados. Es en el ambiente familiar donde sale lo mejor y lo peor de nosotros. Las manías de cada uno nos resultan tan conocidas que nos reconforta reconocerlas una y otra vez. Somos individuos, pero en ese marco familiar, que puede gustarnos más o menos, estamos en nuestro contexto natural.
Todo esto está mostrado con una belleza enorme, la belleza cotidiana, que tantísimas veces damos por sentada y pasa sin ser reconocida, hasta que un día todo cambia, y entonces notamos lo que nos falta. La familia te va formando de tal manera que, incluso cuando eres completamente independiente, sigues reflejando lo que viviste en ella.
Supongo que, alcanzada cierta edad, uno mira atrás y puede entender que incluso los momentos de conflicto tuvieron su parte de belleza. Grandes discusiones, por desagradables que fueran, revelaron una parte de nosotros que necesitaba salir a la luz.
A lo largo de la película veremos algunos de esos conflictos: el dolor sordo y constante de sentirse “malquerido” por un padre, la sensación de que tu hija te considera una enemiga, el descubrimiento del sufrimiento de tu hija sin que puedas hacer nada para aliviarlo, sólo estar ahí esperando que algún día te pida ayuda...
Aunque señale esos puntos de fricción, no es una película de broncas ni de grandes movidas, pues la peripecia de la familia es de lo más sencilla. Igual que tenemos esos conflictos podremos gozar enormemente reconociendo el apoyo incondicional entre hermanos, por más que tengan sus roces, los secretos que comparten, la complicidad con los padres, el placer de sentirse satisfecho con lo que uno lleva vivido... También muestra cómo lo que parecen problemas o conflictos imposibles de salvar pueden resolverse, sólo hay que esperar a que llegue el momento adecuado y el otro esté dispuesto a perdonar o perdonarse.
Y la película te va conquistando, poquito a poco. Pasado un rato, reconoces las manías de cada uno y los resortes que les impulsan, gracias a lo bien dibujado que está cada personaje. Esas cenas familiares son distintas pero iguales a las nuestras. Las risas que no necesitan explicar su origen, las miradas de “mejor no mencionar ese tema”, las palabras que desatan un recuerdo común sin que sea necesario añadir más...
Los ingredientes
Para que esta película sencilla sea tan potente, han contado con un guión precioso, nada cursi, que entronca a mis ojos con la naturalidad de los diálogos de las películas italianas. El guión no nos explica las cosas, nos las va dejando ver. Es de una gran frescura y está filmado de forma moderna.
La época de los 90 está mostrada no tanto a través de una moda caduca, que podría sacarnos de la película, sino de momentos vitales comunes a una generación. Si hubieran “disfrazado” a los actores, no nos sería tan fácil reconocernos. Nosotros no nos sentíamos “disfrazados” entonces. Así que la estética es muy sencilla, de andar por casa (vaqueros, camisetas), con algún corte de pelo que nos recuerda el momento, pero poco más. En su lugar, la muerte de Kurt Cobain (muchísimo más significante como momento de una generación que la de Michael Jackson, por más que intenten darle a ésta un aire de momento histórico) muestra su relevancia en una generación para la que el grunge era mucho más que una moda, era un deseo de romper con el consumismo y volver a lo básico.
Los actores están elegidos más por su capacidad para encarnar la esencia del personaje que por lo bien que puedan “dar la edad”. Fleur se ve más mayor de lo que es, o la madre demasiado joven por momentos, pero estos detalles no son relevantes por lo bien que está cada una en su papel.
Los intérpretes han recibido bastantes premios por esta película, y tiene doble mérito porque no es una obra de grandes escenas, sino de cotidianidad y sentimientos no expresados. Cada uno tiene alguna escena que, siendo sencilla, te deja maravillado, desde esa lectura del diario a cómo recibe cada uno una llamada (impresionante) o la escena del cojín.
¡Puff, la escena del cojín! La película merecería la pena sólo por esta escena, en la que un pequeño objeto cotidiano puede cobrar tanta importancia y ser depositario de algo esencial. Lloré maravillada viendo ese momento, tan efímero ¡Qué sobriedad! ¡Qué delicadeza narrativa! Me parece una escena magistral, porque lo que muestra es tan intangible como el aire, ese aire que no nos puede faltar. Buscamos ese aire, esa bocanada, que sabemos que pasará, pero ¡ay, mientras lo respiremos!
Una estrella
Mientras veía la película, un actor llamó mi atención muy poco a poco. Cuando llegó “su turno” de ocupar el lugar protagonista, me convenció como lo hacen los grandes. Se come la cámara y te cautiva de forma única, porque no lo hace de golpe, sino muy lentamente, haciéndose imprescindible, llenando su personaje de matices y de vida.
Cuando me puse a buscar información sobre Marc-André Grondin, actor que encarna al hermano mediano y sobre el que jamás había oído hablar, me encontré con titulares como “Ha nacido una estrella”, en los que críticos de prestigio señalaban lo especial de su enorme talento. Cuando en el festival de Sundance estrenó su película anterior le llegaron 60 guiones en muy poco tiempo para que rodara en EEUU. Si nada se tuerce, tiene todo lo necesario para ser un actor de enorme relevancia, al menos en Francia.
Su atractivo no es carpetero ni de modelo, pero tiene algo que lo hace fascinante y, por más que en las primeras escenas veas sus greñas, llegará un momento en que sólo puedas mirar sus ojos, sin saber de qué color son. Podría parecer que hablo desde el salidorrismo, y no niego que GroNdin me parece un macizo imponente, pero su talento es innegable y su atractivo es muy sutil, no de pose. Es... una especie de Julien Doré de la pantalla.
A dos metros bajo tierra
Poco a poco he ido viendo que para mucha gente “A dos metros bajo tierra” es una serie mítica. Quien haya visto sus cinco temporadas es imposible que no se haya sentido absolutamente dentro de esa familia peculiar. “El primer día del resto de tu vida” recuerda muchísimo a esta serie, y lo hace no desde el humor o las subtramas algo grotescas, sino desde la relación entre los miembros de la familia, intensa y conmovedora.
Viendo la película reconocí en Fleur a nuestra querida Claire, su vínculo con sus hermanos, su búsqueda se sí misma, la pervivencia de todos en cada uno de los miembros de la familia. Aunque es inalcanzable el sentimiento que logra la serie en sus últimos capítulos y en ese desenlace espectacular, el aire que desprende la película es el mismo. Curiosamente, ahora que estoy buscando en imdb.com datos para poner los nombres de los actores y tal, veo que más gente ha visto este nexo.
¿Recomendable?
Cualquiera que se haya criado en una familai con hermanos creo que disfrutará enormemente reconociendo sentimientos y situaciones. No todas se dan en todas las familias, pero la película nos las muestra con tanta delicadeza y acierto, que es imposible no sentirlas como cercanas.
Además, creo que la película te hace pensar cuánto y cómo quieres a tu familia, cómo te sientes parte de ese “ente” que cobra sentido cuando todos sus miembros están alrededor de la mesa. Con un cojín, con un sencillo cojín, te hacen desear aprovechar cada minuto que los tengas contigo.
Uno de sus mayores aciertos es que no sea cursi ni incisiva en lo sentimental. Habla de sentimientos, por supuesto, pero lo hace desde lo que sucede, no desde lo que se dice (como suele pasar en las obras sentimentaloides). Tal vez me equivoco, pero en familia creo que las personas no nos decimos cuánto nos queremos. Está ahí el sentimiento, sólido y creciente, no necesitamos reafirmarlo. Nos mece desde que nacemos esa seguridad familiar, y al menos en mi mundo no se necesitan palabras para afirmarlo. Es la presencia en cualquier situación, las mejores y las peores, el conocimiento profundo (por él y a pesar de él), lo que nos hace sentirnos uno con los otros, aceptados, amados, cuestionados, apoyados... Somos lo que nos han hecho, y de nuestros padres lo que quedará seremos nosotros.
Podremos formar nuestra propia familia, pero siempre habrá un lugar que conserva en una puerta las rayas que nuestros padres fueron marcando para constatar nuestro crecimiento. Son esas marcas en la pared las que nos dan la medida de lo que un día fuimos.
De nueve candidaturas a los premios César ganó 3 (mejor actor revelación -Grondin-, actriz revelación y montaje)
Estreno en España: 19 de junio de 2009
Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=79edBd17tlU
Alguna escena:
http://www.youtube.com/watch?v=TQD8mtdpkC8
http://www.youtube.com/watch?v=uLwS7D8s8ZY
http://www.youtube.com/watch?v=mCjh6xYdD0Q