Que Wolfgang Petersen ha rodado grandes éxitos de taquilla no es ningún secreto, algunos mejores que otros, pero éxitos (La Historia Interminable, Air Force One, Troya, En la Línea de Fuego...) Das Boot era completamente desconocida para mí.
Hace cosa de unos seis o siete años vi que la ponían de reposición en los cines Ideal de Madrid, de madrugada, edición del director (sin cortes) y en versión original subtitulada, durando más de tres horas. Recuerdo que aquel día estaba particularmente aburrido y esa semana había leído alguna crítica en alguna revista que la ponía muy bien. No estoy muy seguro de si además había roto con mi chica de entonces y estaba triste, o aún seguíamos pero ella no estaba... No lo recuerdo. Como quiera que fuese, ni corto ni perezoso, me fui solo al cine a las diez u once de la noche.

Cuando empieza la historia uno se remueve algo inquieto en el sillón; no está seguro de haber acertado. No es que tenga mala pinta pero... Hay demasiados personajes y ¡para colmo son nazis! ¿Y estos son los protagonistas? Vaya, en fin, ya que hemos pagado la entrada... Y así poco a poco comenzamos a sumergirnos junto con el submarino y toda la tripulación. Y ya no saldremos durante toda la película salvo en alguna ocasión excepcional. Pero no solo nos sumergimos en las frías aguas del Atlántico, donde el regimiento debe desempeñar varias misiones en principio rutinarias, de patrulla y posteriormente de espionaje. Sobre todo nos sumergimos en las vidas de cada uno de los chicos, todas completamente diferentes. Uno es el tímido que necesita del jolgorio del grupo para animarse a cantar y bailar, otro es el romántico que echa tanto de menos a su novia y no cesa de escribirle cartas. Por supuesto también está el juerguista que aprovecha la más mínima oportunidad para descorchar una botella. También está el teniente, joven todavía, debatiéndose entre sus ganas de pasarlo bien con los muchachos por un lado, y su responsabilidad como oficial por el otro... Tenemos al jefe de las comunicaciones que prácticamente no se despega de la radio en toda la película, al jefe de máquinas al que apodan "El Fantasma" por su rostro pálido de facciones angulosas y su tendencia al silencio, siempre con su trompetilla en la oreja pegada a las bielas y los cilindros que suben y bajan, alerta a la más leve disfunción en el motor...
Y cada uno de ellos, como decía, es un libro distinto. Y toda la película gira en torno a ellos. En torno a la amistad, a la estrecha relación que une a unos jóvenes en su mayoría imberbes ante los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Jóvenes que obedecen porque no les queda otra, pero que no entienden nada. Jóvenes alemanes, pero eso no tiene importancia porque podrían haber sido ingleses o americanos. Absolutamente todos los personajes se acaban haciendo entrañables, a todos les cogemos cariño mientras uno no deja de preguntarse para qué sirve realmente una guerra. Los actores son jóvenes alemanes desconocidos que provienen en su mayoría del teatro, lo que ayuda al realismo de la historia, aunque en general el nivel de actuación es elevado.
El único quizá más famoso es Jürgen Prochnow, ese germano moreno con el rostro picado de viruela que tanto nos suena de tantas y tantas películas haciendo de secundario o tal vez de malo. Interpreta al comandante del submarino, un oficial serio y preocupado por las órdenes de sus superiores pero al que lo que más le importa realmente es proteger la vida de sus soldados.

La historia avanza, y nuestros protagonistas van de mal en peor. Pero tras un cuarto de hora ya no podemos despegarnos de la butaca, y nos aferramos a ella con garras y dientes, sobrecogidos de la tensión, conteniendo el aliento, esperando lo que pasará a continuación... Como ya he mencionado, toda la cinta se desarrolla en el interior del submarino y técnicamente está tan bien hecha, que por momentos nos creemos parte de su tripulación. Las cámaras viajan en sus travellings recorriendo todo el pasillo de la nave dejando a los lados compartimentos: las literas, la cocina, la sala de máquinas, la sala de torpedos... Todo es lineal, todo está a la vista, no hay escondite posible a nuestros ojos. El lado aventurero de nuestro cerebro nos susurra fascinado que le gustaría estar ahí. El lado claustrofóbico replica que ni por todo el oro del mundo.
Y entonces comienzan los ataques. Buques ingleses torpedean nuestro submarino y antes del primer impacto el desencajado rostro de "El Fantasma" aparece en primer plano y ocupando toda la pantalla se desgañita: "Alarm, Alarm, ALAAAAAAAAAAAAARM!!!!!!!!!!!!". Y nosotros no podemos sino retreparnos en nuestra butaca sobrecogidos por un escalofrío mientras el primer impacto hace temblar todo y el ruido ensordecedor nos apabulla los tímpanos. Entonces las pocas cámaras empleadas literalmente vuelan en sus travelling recorriendo el submarino de proa a popa mientras los jóvenes y aterrados soldados las van esquivando por los lados pero sin que dé nunca esa sensación. Muy al contrario, parece como si fuésemos uno más de ellos. Cada impacto lo sentimos en nuestras carnes, cada gesto de horror nos llega al alma, cada grito nos estremece. La ambientación es sin duda lo mejor de cuanto yo he visto en cine. No obstante Das Boot es una de esas películas que me dejó marcado.
Y entonces llega la famosa escena en que los ingleses hunden el submarino en el Estrecho de Gibraltar. La máquina va cayendo lentamente y ellos no pueden hacer nada por evitarlo. La presión es mayor cada vez y se escuchan escalofriantes chirridos metálicos de compresión, los tornillos y tuercas comienzan a reventarse y a saltar, los escapes de gas se van sucediendo, los rostros se congestionan progresivamente a la mortecina y artificial luz rojiza que lo envuelve todo. El miedo a la muerte se hace más patente, el sudor y las lágrimas perlan las caras de los soldados. Uno permanece encogido en su butaca rezándole a todos los dioses que conoce. Y de pronto, a mucha profundidad, el submarino encalla en un banco de arena, justo al borde de un acantilado aún mayor. Todo se detiene, incluso el corazón del espectador.
Por el momento todos estamos a salvo y respiramos aliviados.
Entonces se encienden las luces y se anuncia un intermedio, como cuando éramos pequeños y el cine era diferente. Abotargado, literalmente alucinado, temblando, uno sale y mira a su alrededor; los otros espectadores están igual que tú, con la boca abierta, sin hablar unos con otros. Y es cuando recuerdas que tú fumabas y tal, así que mientras le das al vicio vas al baño. Es lo bueno de ir solo a una sesión golfa, que al no tener nadie con quién hablar te lo guardas todo para tí y lo meditas, lo masticas, lo piensas, lo recuerdas. Y quieres que siga la proyección: no podemos dejar a los chicos en el fondo del Estrecho...
Pero en fin, no puedo contar más de la trama. En escenas posteriores comprobamos que la banda sonora de Klaus Doldinger es sensacional, de esas épicas que acompañan al momento como un hermano gemelo, de esas que te hacen emocionarte como un niño cuando veías a Indiana Jones agitar su látigo mientras sonaba la archiconocida melodía. La fotografía de Jost Vacano es simplemente genial. Siempre claustrofóbica, siempre angustiosa, casi destaca por encima de todo lo demás. Del guión del propio Petersen, uno sabe que es adaptado de una novela de Lothar G. Buchheim aunque quizá sea lo más flojo. Da igual porque Das Boot ya me ha dejado marcado de algún modo, sobre todo tras el inesperado pero por otra parte lógico y coherente final. Son las tres horas más horribles, y a la vez más fascinantes que yo he pasado en un cine.
Porque esta historia no necesita a Bon Jovi para ser buena porque no es una historia de patriotismo ni de heroicidades (U-671). Tampoco necesita a Harrison Ford porque no pretende aleccionar sobre la obediencia a los superiores por encima incluso de la propia vida (Widowmaker). Y tampoco necesita a Sean Connery porque no es una película de acción ni de espionaje (Octubre Rojo).
Ésta, es la mejor película de submarinos porque en Das Boot no hay buenos ni malos; es una historia de personas.
Excepcional opi!!! me has dejado boquiabierta, porque me la has ido recordando y casi se me saltan las lágrimas. Mira que no soy de llorar y menos con las pelis, pero con ésta sufrí como si estuviera yo misma dentro del submarino. Alucinante!! Saludillos :)