Dos han sido con diferencia los libros más vendidos en las pasadas navidades: La caída de los gigantes de Ken Follet y El sueño del celta de Vargas Llosa. De hecho pasada la festividad de Reyes, en Casa del libro de Xanadú parecía que hubiese pasado un tornado vaciando las estanterías, donde antes se apilaban cantidades ingentes de estos libros.
Que se compren tantos libros, aunque sea para regalar, siempre me ha parecido una buena noticia. Aunque una cosa es que se compren libros y otra muy distinta es que luego se lean, pero bueno, por algo hay que comenzar.
Creo que el sueño de todo editor, es que en vísperas de publicar el libro de un autor, a éste le concedan el Premio Nobel. Y esto es justamente lo que ha ocurrido en el caso de Vargas Llosa, que cuando se estaba ya anunciando la salida de su último libro,
El sueño del celta, le concedieron el Premio Nobel de Literatura. Eso ha conseguido no solo que este sea uno de los libros más vendidos en estas fiestas, sino que se haya reeditado casi toda su obra, que se haya puesto de nuevo de actualidad y sus libros sean más vendidos y conocidos.
No puedo ocultar que para mí,
fue una gran alegría que le concedieran el Premio Nobel de Literatura a Vargas Llosa. Porque al igual que os ocurre a muchos de vosotros, hay premios que me hacen desconfiar de las virtudes de un libro, caso por ejemplo del Premio Planeta, en las que el libro tendrá que gustarme “a pesar” de que le hayan concedido dicho premio. Por el contrario, el Premio Nobel lo asocio habitualmente a un autor de lectura pesada e indigesta. Es como si los responsables de conceder estos premios, huyeran de todo autor mínimamente comercial, como si comercialidad y calidad estuviesen completamente reñidas. Esa es seguramente la razón de todo el tiempo que han tardado en concederle este premio a Vargas Llosa, por cometer el pecado no de escribir bien, sino de hacer atractiva su literatura al gran público y por tanto vender sus libros. Es muy posible que ni los ganadores de los diez últimos Premios Nobel de Literatura juntos (Jose Saramago y Günter Grass son de 1998 y 1999), hayan vendido tanto como Vargas Llosa.
Tampoco voy a decir que he leído todo lo habido y por haber de la amplia producción de Vargas Llosa, porque no es cierto. Sin contar teatro ni ensayo, estas son sus obras (tomado de wikipedia):
Novelas de Mario Vargas Llosa:
Los Jefes (1959). Incluye los relatos: Los Jefes, El desafío, El hermano menor, Día domingo, Un visitante y El abuelo
La ciudad y los perros (1963)
La casa verde (1966), Premio Rómulo Gallegos
Los cachorros (1967)
Conversación en La Catedral (1969)
Pantaleón y las visitadoras (1973)
La tía Julia y el escribidor (1977)
La guerra del fin del mundo (1981)
Historia de Mayta (1984)
¿Quién mató a Palomino Molero? (1986)
El hablador (1987)
Elogio de la madrastra (1988)
Lituma en los Andes (1993), Premio Planeta
Los cuadernos de don Rigoberto (1997)
La Fiesta del Chivo (2000)
El paraíso en la otra esquina (2003)
Travesuras de la niña mala (2006)
El sueño del celta (2010)
Tres de estas novelas las he leído, comenzando por la divertidísima
Pantaleón y las visitadoras, siguiendo por
La guerra del fin del mundo (de la que no recuerdo nada) y terminando por una novela que me pareció tremendamente impactante y dura:
La fiesta del chivo.
Tenía mis dudas en si comprarme o no
El sueño del celta, pero los Reyes Magos resolvieron la duda porque me lo trajeron de regalo. Y junto a él un libro como herencia anticipada, forrado en piel que contiene dos novelas de Mario Vargas Llosa:
La ciudad y los perros (que seguramente sea una de sus mejores novelas) e
Historia de Mayta, que en cuanto me desatasque me iré leyendo.
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ROGER CASEMENT
Hablar de
El sueño del celta es hacerlo de
Roger Casement. Pero,
¿quién fue Roger de Casement. Para averiguarlo, tendremos que leer ese libro, en el que Roger es el personaje central y casi me atrevería decir único, pues el resto son meros sombras que toman vida cuando Roger está con ellos.
No es extraño, pese a la importancia que tuvo en su época, no saber nada de esta persona, pues incluso en Irlanda donde debería figurar como uno de los grandes ideólogos de su lucha por la liberación, ha permanecido en las sombras y sin reconocimiento público.
Luces y sombras en la vida de este gran personaje, en la que al final ni el propio autor del libro tiene claro si fueron estas sombras, no se sabe si verdaderas o falsas, las que hicieron que el personaje quedara en el olvido cuando su vida es digna de figurar entre las de los grandes personajes de la época.
El libro se divide en tres partes, correspondientes a los tres grandes periodos de su vida: África (Congo), Amazonas e Irlanda. La historia comienza y acaba en Londres, concretamente en su cárcel, donde Roger Casement esperaba la resolución de la apelación contra la sentencia que le condenaba a muerte por traidor a la patria por haber sido considerado el líder del levantamiento de Irlanda contra el Imperio Británico.
Roger queda muy pronto huérfano y al cargo de unos tíos y ya desde pequeño queda fascinado por las historias de viajes y aventuras, por lo que en cuanto puede parte para cumplir el sueño de su vida: Viajar a África, concretamente al Congo, donde parte cargado de idealismo, como si lo suyo fuera realmente una misión salvadora y redentora
«Decidió en 1884 dejar Europa y venir a África a trabajar para, mediante el comercio,
el cristianismo y las instituciones sociales y políticas de Occidente,
emancipar a los africanos del atraso, la enfermedad y la ignorancia». (Página 35)
Algo de misionero si que tiene este Roger Casement, por más que el tema religioso nunca esté presente en su lucha contra las injusticias.
«Cuando te conocí, te creí solo un aventurero. Ahora ya sé que eres un místico». (Página 60).
En Congo tiene oportunidad de conocer a un personaje mítico, el periodista y explorador Stanley, aquel que encontró a Livingstone. Pero lejos de encontrar en él al personaje mítico, el gran aventurero, se dio cuenta de que también en él había un ser mezquino, un personaje que buscaba no solo la gloria sino las riquezas.
Por otra parte, empieza a vislumbrar que la realidad es muy distinta a lo que él esperaba, que la población no sólo no prosperaba, sino que estaba siendo aniquilada:
«La plaga que había volatilizado a buena parte de los congoleses del Medio y Alto Congo eran la codicia,
la crueldad, el caucho, la inhumanidad de un sistema,
la implacable explotación de los africanos por los colonos europeos».
(Página 80)
El caucho, ese fue el gran mal del Congo. Extraído del látex de unos árboles, se había convertido en una sustancia muy necesaria para la economía europea. Y para su extracción se necesitaba una mano de obra que tuvieron que poner los propios africanos, engañados con tratados que los convirtieron en mano de obra gratuita para los europeos a cambio además de entregarles sus tierras, que rápidamente los europeos procedieron a repartirse.
Los ideales de Roger de un colonialismo justo que serviría para el progreso del Congo y de África, pronto se vienen abajo ante la cruda realidad que observa
«¿Qué clase de comercio libre era aquel en el que los arcos que venían al Congo descargabanen el gran puerto flamenco toneladas de caucho y cantidades de marfil, aceites de palma, minerales y pieles, y cargaban para llevar allí solo fusiles, chicotes y cajas de vidrios de colores? ». (Página 117)
George Casement se reveló contra tanta injusticia y elaboró un informe en el que se desvelaban todos los abusos que se estaban cometiendo, algo que levantó ampollas y en parte sirvió para cambiar, o mejor sería decir moderar, los abusos que se estaban cometiendo. Aunque han pasado ya más de cien años de aquello y lo único que han cambiado son los explotadores, que ahora pueden ser de color negro, pero siguen explotando al pueblo. Y ya no se trata de reinos colonialistas, sino de grandes multinacionales (eso que ahora se ha dado en llamar “mercado”) que tienen que obtener beneficios para que el mundo siga dando vueltas sobre su eje.
Lo más curioso de todo, es que esta situación de explotación colonial, le llevó a Casement a sacar unas conclusiones en principio muy alejadas de África, pues despertaron su conciencia nacionalista y la “liberación” de Irlanda se convirtió en una de sus prioridades.
«¿En el Congo, conviviendo con la injusticia y la violencia,
había descubierto la gran mentira que era el colonialismo y había empezado a sentirse irlandés,
es decir, ciudadano de un país ocupado y explotado por un Imperio que había desangrado de desalmado a Irlanda». (Página 119)
Tras la etapa africana, trabaja como cónsul en diferentes lugares del planeta, con una merecida fama por el informe que elaboró sobre la situación en el Congo. Esto le lleva a tener que aceptar una nueva misión: comprobar la situación de explotación de los caucheros en el Amazonas. Ya no se trata en este caso de un gobierno o un reino, sino de una compañía privada, la Peruvian Amazon Company, de la que han llegado denuncias por maltrato, asesinato y explotación de los indígenas.
Y para allí le toca ir a Casemenet a averiguar cuánto hay de cierto en estas denuncias, para encontrarse que el mal es el mismo que en el Congo, solo que perpetrado por otras gentes y con métodos distintos, aunque el final sea el mismo, la muerte y desaparición de las tribus indígenas cruelmente explotadas por una compañía que busca los máximos beneficios en la obtención del caucho.
No es un problema de nacionalidades, es algo mucho más profundo porque afecta al corazón del propio hombre, algo que Casement tiene que seguir sufriendo mientras remonta el río, al igual que hiciera en el Congo, en un viaje hacia las tinieblas del corazón humano (hay referencias a Conrad al que conoció en el Congo y realizó aquel viaje del que salió su gran libro)
«La maldad que nos emponzoña está en todas partes donde hay seres humanos, con las raíces bien hundidas en nuestros corazones».
(Página 298)
Y tras su etapa en el Amazonas, comienza la última etapa de su vida, la que terminará con él en la cárcel de Londres, su
lucha por la liberación irlandesa. No deja de ser muy curioso analizar esta parte del libro desde la perspectiva que tenemos en España de los nacionalismos y la lucha violenta por conseguir la independencia. Porque los argumentos trasnochados que se utilizaban en aquella época siguen siendo los mismos que se utilizan hoy día, si me apuráis ahora menos justificables que nunca cuando está claro que la supervivencia no está en pequeños países, sino en unirse a una comunidad mucho mayor.
Muy interesante la crítica que un amigo le hace a Casement de la doctrina nacionalista, definiendo de la siguiente manera la ideología nacionalista:
«Patriotismo de oropel (banderas, himnos, uniformes) que, le decía,
representaba siempre, a la corta o a la larga,
un retroceso hacia el provincialismo, el espíritu de campanario,
y la distorsión de los valores universales». (Página 345)
Hay un párrafo que no puedo dejar de reproducir, a propósito del uso de las lenguas, porque Casement estaba empeñado a aprender una dificilísima lengua como el gaélico para conseguir una mejor integración de la gente a partir de esta antigua lengua, para darles una diferenciación de los ingleses:
«El inglés había pasado a ser la manera de comunicarse, de hablar, de ser y de sentir de una mayoría de los irlandeses, y querer renunciar a ello era un capricho político del que solo podía resultar una confusión babélicay convertir a su amada Irlanda en una curiosidad arqueológica, incomunicada con el resto del mundo ¿Valía la pena? ». (Página 385)
Creo, mal que le pese a algunos, que intentar imponer a la población el uso de una lengua minoritaria (no es el caso de Cataluña), renunciando a una lengua mucho más universal, y hablado por el pueblo, es empequeñecer a la nación o al pueblo al que se le quiere dotar de esta manera de una identidad. Tan estúpido como intentar reprimir el uso de esa lengua minoritaria.
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IMPRESIÓN PERSONAL
Decía al principio que este libro era, y sigue siendo, uno de los más vendidos en nuestro país, a pesar de lo cual a nadie he oído todavía hablar de él. ¿Será que ha pasado a ser uno de esos libros comprados por casi todos, pero leídos por casi nadie?.
Por lo aquí expuesto hasta ahora, sólo puedes saber de qué trata el libro. Un contenido muy interesante, por ser un tema muy interesante este descubrimiento del capitalismo salvaje y redentor hace un siglo. Pero que un tema sea muy interesante, que podamos aprender mucho de él y que esté bien escrito, no es sinónimo de que sea entretenido.
Así que llegados hasta aquí, me veo en la obligación de deciros que el libro me ha defraudado completamente. Imposible darle un suspenso, porque eso no sería justo, pero de ahí a recomendar el libro, por más que haya puesto que sí en lo de recomendarlo, media un abismo, porque es el claro ejemplo de un libro no apto para todos los públicos.
A pesar de un arranque muy prometedor, a medida que me adentraba en el personaje, lejos de sentir más empatía por él, más lo rechazaba.
Especialmente en la tercera parte, cuando ya se hacen totalmente presentes sus pensamientos nacionalistas exacerbados, no puedo por menos que sentirme en desacuerdo con sus pensamientos. Sumadle a eso, que es en la parte final, donde se nos da un esbozo de las sombras de este personaje, que durante casi doscientas páginas sólo parecía ser un abnegadísimo hombre que luchaba por defender a los oprimidos del mundo a pesar de sus muchos sufrimientos (imposible saber cómo aguantó tanto si tuvo tantos sufrimientos y quebrantamientos físicos como los que se nos narran en el libro por su mala salud).
Pero Casement era un personaje contradictorio, porque junto a esa abnegación que le llevaba a jugarse su vida por defender a los oprimidos, era también un homosexual con tendencias pedófilos. ¿Hasta que punto se exageraron esos temas para desacreditarle frente a una sociedad tan cerrada a estos temas como la irlandesa? Me imagino que difícil de saber, pero es también un aspecto que no contribuye precisamente a que logre conectar con el protagonista.
Si a eso le sumamos que es dueño absoluto de la narración, sin ningún personaje antagónico que avance narrativamente con él, es dificilísimo que puedas calificar muy alto un libro si su protagonista lo ves tan lejano a ti en muchos de sus pensamientos y acciones.
No es además uno de los libros más fluidos de Mario Vargas Llosa, pues apenas tiene diálogos, ni el sentido del humor es su fuerte en esta novela, y encima tiene larguísimas parrafadas sin separaciones ni puntos aparte, lo cual siempre es una dificultad añadida a la hora de leer un libro y que su lectura sea rápida y sencilla.
No es un libro que enganche desde la primera página y te obligue a seguir leyendo en busca del final, de saber cómo va a acabar todo, algo que tampoco voy a desvelar aquí, lo cual hace más difícil su lectura.
Añadidle a eso que tampoco estamos hablando de un libro corto, pues son unas quinientas páginas, como para darse cuenta de que leer
El sueño del celta pueda ser algo que no esté al alcance de todos los lectores, algo que no es habitual en la literatura de Mario Vargas Llosa.
Por si tampoco fuera suficiente lo anterior, el libro es como una gaseosa que va desinflándose y perdiendo gas poco a poco una vez abierta, y va de más a menos. Reconozco que los últimos capítulos los he leído por acabar el libro, por pura cabezonada, pero no porque me interesaran los delirios nacionalistas de Roger Casement
Eso si,
me encanta la portada con ese rostro sobreimmpreso sobre un mapa, con tres marcas rojas: Congo, Amazonas e Irlanda. Todo ello sobre un fondo rojo.
¿Cuál es mi consejo en la práctica? : Si no te has comprado el libro, piénsatelo muy bien antes de hacerlo. Ahora bien, si ya te lo has comprado o te lo han regalado, no deberías dejar de leerlo, aunque eso sí, tomándotelo con calma y alternándolo con otras lecturas.
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DATOS TÉCNICOS
Editorial: Alfaguara
Encuadernación: Tapa blanda
Páginas: 464
PVP: 22 €
De este escritor no voy a leer nada me cae fatal Pedro Un abrazote