Hace ya casi dos años que dejé de fumar, después de 11 años de fumadora empedernida Antes fumaba un mínimo de entre cinco y diez cigarros al día entre semana y dos paquetes los viernes y sábados si salía de noche. Estaba destrozada. Once años inhalando tanto humo de tabaco llega a hacer mella, creedme. No respiraba bien, no podía dormir, cada vez que cogía un catarro tenía luego por delante dos semanas de ataques incontrolables de tos, si tenía que correr para coger el autobús o el tren me quedaba literalmente sin respiración y me ahogaba... Hasta tenía ganas de hacer algún deporte pero tenía miedo porque sabía que, por culpa del fumar, no podría aguantar nada. Por ejemplo, me encantaba (y me encanta) nadar, pero evitaba ir a la piscina porque era incapaz de hacer un largo sin pararme a coger aire unas cuantas veces. ¿Y todo por qué? Porque fumaba. Fumaba bastante. También me sentía casi siempre cansada, y hablo de un cansancio físico, no mental o psicológico, y aparentaba mayor de lo que en realidad soy (el tabaco es también el peor enemigo de la piel). Así que un día me dije: "Voy a dejar de fumar. Y esta vez, en serio". Lo de "y esta vez en serio" va porque ya lo había intentado en otra ocasión. Hace como dos años, me planteé dejar de fumar. Empecé muy mal, porque enseguida vi que no aguantaba y empecé a hacer "trampas": primero me dije que fumaría cuando saliera de noche, porque es muy difícil estar de parranda sin el cigarrillo en la mano. No resultó, y pronto amplié el fumar cuando saliera de noche a fumar todo el fin de semana. En el libro advierten sobre restringir el tabaco de esta manera: haciéndolo, permitiéndote sólo fumar ciertos cigarrillos al día o sóolo un día o dos a la semana, te apetecen más y se te hacen más preciados. Por supuesto, esto tampoco funcionó, y pronto había ampliado los fines de semana de sábado y domingo a viernes, sábado y domingo. El siguiente paso fue incluir los jueves en el fin de semana, y lo siguiente: que ya estaba fumando como antes de intentar "dejarlo". Y lo pongo entre comillas porque lo cierto es que nunca lo dejé. Lo único que hacía era limitarlo, de manera que, cuando fumaba, el humo del cigarrillo me daba más placer, era como una recompensa. Finalmente, tomé la decisión de dejarlo de manera definitiva. Intenté primero hacerlo por las buenas: coger un buen día y no fumar más. Parece sencillo, ¿verdad? Pues no lo es en absoluto. Tras varios intentos sin ningún resultado positivo, decidí hacerme con este libro, animada por una compañera de trabajo, por las opiniones que vi en Ciao y por mis primas (aunque ellas al final no lo consiguieron). He de decir, que yo nunca había creído en esto de los libros de auto-ayuda; me parecían una moda pasajera y poco más. Vamos, que no le veía yo mucha utilidad. Pero necesitaba algo, cualquier cosa, que pudiera ayudarme. Me daba lo mismo que fuera un libro de auto-ayuda, que una cinta grabada o Leonardo Dantés moviendo los pañuelos, "cantando": "Fumar es malo, es. Fumar es malo, es.
Qué malo es el tabaco, te puede asesina-a-ar". Cualquier cosa podía ser mi tabla de salvación. No me animaba por los parches porque no les veía mucha utilidad: aunque te estén suministrando nicotina al organismo, no te quitan las ganas del gesto de fumar (o eso pienso yo, porque, a Dios y a Allen Carr gracias, nunca he tenido que usarlos). Así que me hice con este libro. Diez euros, una cifra ridícula comparada con lo que he gastado en tabaco a lo largo de mi vida. Así que... EMPIEZO A LEER EL LIBRO. Pero antes de comentaros lo que es el libro en sí, me gustaría dar un consejo a todos los que estéis pensando en dejar de fumar y/o comprar el libro. Más que consejo, una advertencia: no vais a dejar de fumar sólo por comprar el libro y leerlo. Hay que leerlo, sí (eso es obvio) pero con la idea de que realmente queremos dejar de fumar, de que tenemos clara esa intención, la decsión es firme, y no sólo creer que, tras haber leído el libro, y sin ningún esfuerzo por nuestra parte ni ese auténtico deseo de librarnos del tabaco de una vez por todas, vamos a dejar de fumar así por las buenas. A pesar de lo que dice el título, no es tan fácil. Así que si no tenéis las cosas tan claras, no sigáis leyendo esta opinión ni os molestéis en gastaros 10 euros en el libro porque de poco o nada os va a servir. Este libro sólo puede funcionar en aquéllos que tienen el firme propósito de dejar de fumar. Y ahora, por fin, empecemos con el libro. ES FACIL DEJAR DE FUMAR SI SABES CÓMO (no tan fácil, eh). El libro empieza con una nota previa indicando lo milagroso que es este método. Usa hasta signos de exclamación y mayúsculas, para que te entre bien en la cabeza que si no lo haces es porque no quieres, vamos. También te habla de otro tipo de método alternativo pero con las mismas enseñanzas: los centros Easy-Way. Se trata de unos centros (están repartidos por todo el mundo, aparece un directorio al final) donde ex-fumadores que han conseguido dejarlo gracias al señor Carr dan charlas a otros fumadores para que lo dejen. En 7 días, 7 noches estuvo uno de estos "consejeros" e hizo un resumen de lo que sería una de sus charlas (o terapias más bien). Prácticamente, era como recitar este libro de memoria. El precio de una de estas sesiones es de 295 euros. Yo prefiero el libro, no sólo por ser más económico sino porque puedes releerlo cuando quieras, seguirlo a tu ritmo... A continuación, Allen Carr nos habla de cómo consiguió dejar de fumar y por qué decidió escribir este libro. Pero, un momento: ¿Quién es Allen Carr, en realidad? En el libro nos habla de su lucha contra el tabaco y de cómo, después de dejarlo, se puso a contar su experiencia para ayudar a los demás (y, de paso, llenarse el bolsillo, aunque muy bien merecido). Lo presenta de una manera tan fácil que cuesta creerle. Y su estilo literario tampoco es para ganar un Nobel, seamos sinceros (o quizás sea defecto de la traducción). Pero, a parte de eso, y de que viviera en una pedazo casa en Málaga, no se sabe mucho más acerca de su vida, sobre todo de su vida antes de escribir este libro.
Su lucha particular contra el tabaco es una historia que a muchos resultará familiar; cómo a pesar de los consejos médicos se resistía a dejarlo, cómo su familia le daba ultimatums... Finalmente, un día fue a una sesión de hipnosis y lo dejó. Así, ya está. "¿Y si dejó de fumar gracias al hipnotismo, para qué escribe un libro?", puede que os preguntéis. Para Carr, esto fue sólo una suerte de placebo (él no lo dice así exactamente, pero yo lo interpreto de esta manera): él QUERÍA realmente dejar el tabaco, y la sesión de hipnosis tan sólo le sirvió como "excusa", pero a la vez le hizo darse cuenta de la verdadera fórmula para romper definitivamente con el vicio de fumar: simplemente, dejar de hacerlo. A partir de aquí, el libro se limita a insistir en que la única forma de dejar de fumar es no hacerlo nunca más. "Es fácil decirlo", pensaréis. O "así yo también hago un best-seller, vaya cosa". El libro insiste en que esta es la única forma, y nos pide desechar tods los sustitutos (chicles, parches...) y los métodos de reducción paulatina (como lo que yo había intentado). Y aunque al principio se diga que no va a tratar demasiado lo perjudicial que es el tabaco, sí que este tema está presente en cada capítulo. Otra "excusa" para dejar de fumar que nos pide descartar es la fórmula "Lo que me ahorre en tabaco lo gasto en otra cosa" porque de esa manera, si decimos por ejemplo: "Dejo el tabaco y con lo que me ahorre me voy de vacaciones", una vez conseguido el objetivo ya hemos perdido el aliciente de haber abandonado el tabaco. Es decir, debemos dejar de fumar porque queremos, porque sabemos que el tabaco es un mal que nos está matando, no para conseguir otra cosa a cambio (excepto la innegable mejora en la salud, que ya es más que suficiente).
Carr nos propone un plan: fijar una fecha para dejar de fumar y, cuando llegue ese día, fumar nuestro último cigarrillo, concentrándonos en lo mal que sabe y en el mal que nos está haciendo, sintiendo que en realidad aborrecemos el tabaco. Esta fecha tiene que ser posterior a la lectura del libro. También analiza las razones por las que fumamos, llegando a la conclusión de que sólo fumamos para quitar el "mono" del tabaco: cuando sentimos estrés y presión en ciertas situaciones que no tienen nada que ver con el tabaco (temas del trabajo, exámenes), y al fumar CREEMOS sentirnos más calmados, es porque en realidad hemos alimentado al monstruo del mono, pero no porque el estrés original causado tan sólo por esos factores externos haya disminuido. Al fumar, se va creando un monstruo en nuestro cerebro que tiene que ser alimentado una y otra vez. Esto también está relacionado con los que dicen que fuman porque les gusta y porque te puedes morir de un millón de cosas más aparte de fumar. A estos, Carr les plantea el siguiente razonamiento: 1) Es imposible que haya alguna persona a quien realmente le guste el sabor del tabaco. Seamos realistas, fumar es asqueroso. Nos damos cuenta con el primer cigarrillo que fumamos en nuestra vida (aunque, sin embargo, muchos deciden repetir).
El tabaco sabe apestosamente mal. Es imposible que a alguien realmente le guste. Lo que le "gusta" es matar el mono. 2) Todos tenemos que morir. Y sí, nuestra vida puede acabar en un accidente o de una manera aun peor. Sin embargo, no vamos buscando sufrir un accidente, ni nos ponemos en las vías del tren para ver si nos atropella, ¿verdad? Sin embargo, fumamos con ansia aun a sabiendas del daño que estamos causando a nuestro organismo.
Así que una vez convencidos de que no nos gusta fumar (aunque se supone que si estamos leyendo este libro es porque así es), lo que tenemos que hacer es querer dejarlo, quererlo con todas tus ganas. Y aquí está el gran mérito del difunto señor Carr: consigue que no quieras más que terminar el libro para fumar tu último cigarrillo y verte libre de la carga del tabaco. Y en cuanto has terminado ese último cilindro de nicotina, te dices: "Ya está, por fin", y sientes una liberación indescriptible. Y sí, hubo algunos momentos en los que me entraron ganas, sobre todo los primeros días después de comer. Pero una semana después de dejarlo salí de fiesta y no lo pasé mal en absoluto. Ahora miro atrás y me resulta rarísimo saber que algún día fumé, no lo echo nada de menos, y tampoco me he vuelto intolerante con el tabaco (hay veces en que ni me doy cuenta de que la gente a mi alrededor está fumando). Ah, y no sólo no engordé, sino que adelgazé (no te entran tampoco las ganas de sustituir el tabaco por comida). Eso sin mencionar lo mejor que me siento (antes era incapaz de subir una pequeña cuesta de apenas unos metros que hay cerca de mi casa sin quedarme sin respiración en el intento) y lo mucho que ha mejorado mi aspecto (mi piel ha perdido el aspecto apagado que tenía antes, aunque supongo que las maravillosas cremas que uso, de las que hablaré en otras opiniones, también ayudan).
Y no os cuento más, que para eso tenéis el libro. Que son sólo 10 euros.
Enhorabuena, la verdad es que yo me lo estoy planteando, a ver si lo consigo