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AMOR Y CALCETINES
La anciana se mecía en una de las dos mecedoras que juntas adornaban el rustico salón de la casa de campo, aquella que tantas veces soñaron tener y adonde escaparon lejos del ruido y de las modernidades, de las nuevas tecnologías y de las gentes con malas intenciones para ser felices con serenidad rodeados de sus animales, sus ilusiones y su amor.
- Cariñito, has traído mi chocolate?- le preguntó la anciana mientras lo observaba sentarse despacio en la mecedora junto a ella.
- Ho!! Lo siento amorsito , se me a olvidado- mintió el con aquel encantador acento que a ella siempre le había encantado y que por suerte no había desaparecido del todo.
- -Pero otra vez? Seguro que te has entretenido piropeando a las niñas que pasaban , verdad?- Le recriminó ella celosa a pesar de los años y de que ella había sido siempre la única princesa en la vida del anciano.
- - Pero sielito no pienses esas cosas, ya sabes que si no tuviese mi cabeza pegada a mis hombros la habría perdido-
El anciano sacó en ese momento una tableta de chocolate de debajo de su Jersey de lana mientras ella estallaba en una carcajada, el la cubrió con muchos besitos mientras la podenca le chupaba las orejas sin parar.
Sus miradas se quedaron inmóviles abrazándose dulcemente en la penumbra luz que las llamas les regalaban y la mente de la anciana voló al mismo instante donde nació el final de su historia, aquella noche cuando después de hacer el amor el le decía que su historia no tenia final y ella le demostró que si relatándole un trocito de la escena que acababa de tejer en su mente, la mente de una pequeña y humilde escritora.
El la miró adivinando su pensamiento.
-Lo sé, el final está cerca y nunca lo imaginé tan hermoso, vamos a dormir mi prinsesa que son las 5-
La anciana miró su reloj comprobando con una sonrisa que tan solo eran las dos, adoraba esa dulce mentira que siempre le hacia sonreír.
El salón se quedó en silencio, tan solo el chasquido de la leña al terminar de quemarse se atrevían a romperlo, la estancia se quedó a solas, ni tan siquiera la podenca quiso quedarse sin el calor de sus dueños en la noche, tan solo unos minutos después apareció por la puerta entreabierta con un calcetín en la boca.
BLANCA SANCHEZ
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mermi 23/01/2012 18:38
un amor para siempre, saluditos.
Scoutsfenix 22/01/2012 15:25
muy buen relato, un saludo.
john_andy 22/01/2012 12:59
Qué dulce y qué tierno, Blanca. Un relato exquisito y precioso. Ese amor que retratas, un amor capaz de superar las dificultades del tiempo, es sublime. Ojalá todos pudiéramos sentir ese amor en la vida. Me ha encantado leerte. Volveré con mi excepcional. Muchos besos!!!, :)
elena4039 21/01/2012 21:21
Qué gran relato. Quiero más