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Buenos días, Don Pío,
Le veo muy abrigado para los rigores del verano de Madrid que estamos pasando. Es lo que tiene ser estatua, que está condenado a quedarse con el mismo atuendo todo el año. Y no le digo yo que en invierno seguro que agradece mucho ese abrigo y esa boina, pero ahora, en verano, seguro que agradecería ir usted más ligero con una camisa, especialmente estando ahí, todo el día al sol. Pero le veo buena cara, no lo lleva usted mal.
Ya sé que es usted uno de los escritores más importantes de la Generación del 98, pero reconózcame que además de por sus méritos propios, que sin duda son muchos, es para estar orgulloso. La leyenda que reza en el pedestal sobre el que usted se alza dice textualmente:
Madrid a Pío Baroja, 17 de marzo de 1980.
Y es que el pueblo de Madrid le erigió con todo su cariño esta estatua a su memoria. Cierto que no es que se dieran mucha prisa en hacerlo, ya que en 1980 ya hacía unos cuantos años que usted, desgraciadamente, se había muerto, en concreto veinticuatro, los mismos que hacía que no vivía en Madrid, porque fue precisamente en esta ciudad donde usted vivió tantos años y donde también murió.
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Pero permítame que me presente, que aún no le he dicho nada. Qué malos modales los míos, pensará usted. Esta chica que llega aquí y se pone a cotorrear delante de usted sin decirle siquiera quién soy.
Mi nombre es Itaca, y como usted, también soy del norte. Como usted también llevo ya varios años en este Madrid del que me he enamorado perdidamente y hasta las trancas (si se me permite la expresión). Pero a diferencia de usted, no tengo alma de escritora, sino de escritora frustrada, y por eso me entretengo en hacer pinitos escribiendo, o al menos intentándolo, en algunas páginas de Internet.
¿Qué es Internet?
Ay claro, disculpe, que en su época no existía. No sé cómo explicárselo, la verdad, pero digamos que es como un submundo en el que nos perdemos, a medio camino entre la realidad y la ensoñación. Donde jugamos a ser escritores u otras muchas cosas, casi siempre sin lograrlo.
Y éste peludo amigo que ve aquí conmigo se llama Athos. Es mi perro, claro, aunque es un total ignorante de quién es usted. Supongo que lo entenderá, los perros no suelen saber de escritores ni de sus escrituras, a pesar de que éste precisamente lleva el nombre de un personaje literario, el más famoso mosquetero de Alejandro Dumas, pero tampoco creo que sea muy consciente de ello.
Quédese tranquilo, que es un buen perro y está bien educado, así que no va a levantar la pata donde no debe ni refrescarle los bajos de su pedestal con olores no deseados.
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En mi caso, me gusta hablar con las estatuas. Y también me gusta contarle a las estatuas cosas que ellas no ven porque, desde donde están, no tienen mucha libertad de movimiento. No sé si sabrá que en Madrid también hay otras estatuas de algunos escritores que usted quizá conoció en su día: Federico García Lorca en la Plaza de Santa Ana o Ramón María del Valle Inclán en el Paseo de Recoletos por ejemplo.
De su generación, no me viene a la memoria que alguno de sus compadres literarios ande convertido en estatua por Madrid, aunque no me haga mucho caso. Pero si lo desea, puedo darles recuerdos suyos a Miguel de Unamuno cuando vaya a Salamanca, o a Antonio Machado, quien tiene desde hace pocos años una preciosa estatua en plena Plaza Mayor de Segovia.
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Pero dejemos de lado a sus contemporáneos, y hablemos de tú a tú si me lo permite. Quisiera decirle, sin ánimo de resultar pelota, que he disfrutado mucho con algunas de sus novelas.
Mi favorita, si se me permite quedarme con una, es El árbol de la ciencia. Es una pena, el año pasado fue el centenario de esta novela tan única y, a mi entender, no se la celebró como se merecía. Porque este libro a mí me marcó, lo he leído varias veces y de todas sus relecturas extraigo algo nuevo.
Me encanta el personaje del tío Iturrioz, hasta el punto de que, por carisma de personaje literario, incluso podría haber llamado a mi Athos con su nombre. Pero entiéndame, me quedé con Athos, porque aparte de que el mosquetero puede ser probablemente mi personaje literario favorito de todos los tiempos, llamar a un perro Iturrioz no queda muy bien que digamos. Imagíneme llamándolo en el parque a voces: Iturrioz, Iturrioz, suena un poco de locos, seguro que lo entiende.
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Pero por qué no hablamos un poco de Andrés Hurtado, el protagonista de El árbol de la ciencia.
¿Y por qué hablar de él?
Hombre, Don Pío, porque no hay que ser muy listo para entrever que en Andrés Hurtado usted vertió muchas cosas de su propia biografía, ¿o me equivoco?
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Por ejemplo, Andrés Hurtado aparece en esta novela como un estudiante de medicina. Cuanto menos curioso, ya que precisamente usted también se licenció en medicina, aunque luego abandonó la carrera de médico por la de escritor, algo similar a lo que haría el propio Andrés. Andrés además, al igual que usted, estaba muy interesado en la filosofía, especialmente en Kant y sobre todo en Schopenhauer, quien le invadió de un pesimismo atroz con quien creo que usted también coqueteó, quizá demasiado.
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Pero dejemos las cosas tristes, que hay demasiadas en su obra y quizá muchas en su vida. Hoy, tantos años después, en esta luminosa mañana de domingo, estará usted contento, o al menos debería estarlo. Han puesto su escultura en uno de los lugares más bonitos de Madrid, al final de la Cuesta Moyano y frente a una de las verjas del Retiro. No me diga que no disfruta usted viendo a tantas personas amantes de la lectura y de los libros perdiéndose en esta calle, encontrando pequeñas joyas en papel, quizá algunas de ellas sean ejemplares de alguna de las novelas o trilogías que usted escribió.
Y aunque no vea El Retiro (le han situado dándole la espalda, lo siento, Don Pío, pero no se puede estar en la procesión y repicando, si viese el Retiro no vería a los viandantes de la Cuesta Moyano), está ahí y estoy segura que lo siente. Siente su vida, sus pajaritos, el ulular de los árboles bajo el viento, la algarabía de los domingueros que lo visitan… En definitiva, que está usted en uno de los puntos con más vida y más encanto de todo Madrid. Y encima, más tranquilito que en el centro, donde no hay más que turistas por todas partes, especialmente en estas fechas.
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¿Qué cómo lo han representado en la estatua?,
¿Que si se parece al que fue?
Qué pena, Don Pío, podía haberle traído un espejo. Ah, pero le puedo sacar una foto y enseñársela…
( Click, el ruido de la cámara )
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Mírese, mírese… agáchese un poquito.
¿Que cómo pueden verse las fotos en esa pantalla?
Ah, claro, que en su época había carretes. Bueno, ésa es otra historia, digamos que la tecnología ha avanzado mucho en estos años. Mírese…
Yo creo que sí que se parece. He visto algunas fotos suyas y me parece que han sabido reflejar muy bien su personalidad. Con su boina, con su abrigo, su bufanda… quizá debajo lleve incluso una corbata, aunque no se la veo. Y con ese aire de tristeza… Bueno, quizá en eso el escultor haya sido más optimista de lo que usted fue, si me permite el comentario. En esta estatua parece usted menos desolado que en la mayoría de las fotografías que se conservan de usted.
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Bueno, ahora ya nos vamos. Ha sido un placer hablar con usted un ratito, Don Pío. Espero no haberle aburrido con mis diversas observaciones y mi, quizá, excesiva verborrea. He disfrutado mucho este rato con usted, y como le decía, Athos es un buen perro, como habrá visto, se ha portado estupendamente.
Una última cosa, si me lo permite, me gustaría hacernos una foto con usted. ¿Le parece bien? Pues estupendo.
Intente sonreír, don Pío, que hace un día estupendo.
Me encantan tus charlas con estas personas hechas estatuas. Por cierto he de felicitar a Athos por ser un perro muuuuuy limpito, ojalá todos fueran igual. Bicos.
26.10.2012 22:58
Me encantan tus charlas con estas personas hechas estatuas. Por cierto he de felicitar a Athos por ser un perro muuuuuy limpito, ojalá todos fueran igual. Bicos.
26.09.2012 18:46
Veo, que al igual que un servidor, o necesitas un oculista o un psicólogo, pues a los dos nos da por hablarle a las estatuas, jajajaja. Besos.
19.07.2012 17:54
Me encantan tus conversaciones con estatuas....si ellas nos contaran lo que han visto.....Besos.