Los domingos por la tarde tiendo a la pereza, la dispersión, la vagancia o, simplemente, a rascarme la barriga. Leo el periódico, estoy un rato con el ordenador, plancho un poquito (o no, depende), me peleo con mi gordi para que haga los deberes.... y me trago todo lo que haya en la tele. Sí, es verdad, una tonta manía como otra cualquiera. Lo malo es que las televisiones, los domingos por la tarde, están más empanadas que yo y como paso de sucesos, de pelis basadas en hechos reales, de tíos que le dan patadas a un balón y su coro de palmeros, pues al final voy a caer en cosas absolutamente increíbles para mis neuronas. Desde hace tres o cuatro semanas, mi costilla y yo decidimos ponernos un rato uno de los canales de Antena 3, el Nova, porque encadenan una serie de chorriprogramas en los que solucionan los problemas de la gente. Nos reímos bastante y pasamos parte de la tarde sin más complicaciones, aunque a veces nos los cambian de orden y de horas.

Primero hay un programilla de unas tipas inglesas con pinta de amas dominantes que se dedican a limpiar la mugre de casas en los Estados Juntitos. Un absoluto horror. Eso no son personas, hay cochiqueras mucho más limpias en cualquier pueblo de nuestra geografía. Luego la versión americana del programa que nos ocupa, “Esta casa era una ruina”, en la que nos demuestran en apenas media hora por qué cuando llega uno de los muchos huracanes anuales a visitarles, se monta el desastre inmobiliario que se monta. Sí, las casas son la leche de bonitas, pero son de MADERA. De arriba abajo. El sueño del lobo del cuento de los tres cerditos. Y luego ya empieza la versión española del asunto.
Por lo que tengo entendido, porque yo no lo había visto nunca, son las repeticiones de programas que ya se emitieron en Antena 3 en su momento. Pero para mí son novedosas novedades. Y os reconozco que no hay día que no acabe discutiendo con la pantalla de la tele, algo muy habitual en las Moreno. Si ya mi abuela, cuando veía películas de intriga, con su eterno cigarrito en la boca, le medio gritaba a la protagonista: “¡pero serás boba! ¡que el malo esta detrás de la puerta, que te va a matar!”. Pues a mí me pasa igual, que empiezo a ver este programilla y acabo jurando en arameo, pero lo dejo puesto. Si va a ser verdad lo de mi vena masoca....
El programa parte de una premisa noble y sensiblera: buscan familias con problemas a las que les hace falta que se les restaure la casa porque se les cae a cachos. Lo que pasa es que lo de explotar esa vena lacrimógena a veces es excesivo. Hoy iban a reconstruir una antigua escuela de pueblo en nombre de una familia que había perdido a su hija pequeña de forma muy, muy trágica. Otro día ayudaban a otra que había sufrido un devastador incendio y sólo les habían quedado los muros.... Vale, ya os digo que el punto de partida es ser útiles. Bien. Lo malo es lo que se va viendo hasta que terminan la obra.
El marido de mi amiga Visi, que es pintor autónomo, ha estado en varias de estas obras y cuenta que al final se quedan cosas sin rematar, pero que en general se hacen bien.
Pues menos mal, porque miedo me dan ciertos derrumbes de muros a martillazos en obras que tienen que estar terminadas en diez días. Bueno, a lo que iba. La presentación del evento corre a cargo de Jorge Fernández, que fue Mister España y que sabe muy bien lo mono que resulta. No es mi tipo, francamente, ya conocéis mis gustos. Va de enrolladito y de tipo concienciado, pero a veces suena más falso que un duro de plomo. Le ayudan en los trabajos una arquitecta con muy mala baba, un jefe de obras que se pasea peligrosamente en el filo de ser un borde integral o sólo malaspulgas y una diseñadora de interiores que se cree que las casas tienen que estar llenas de cosas. No importa de qué, pero llenas. Después daré detalles de este trío la-la-la.

La cosa comienza cuando llegan al pueblo dónde vive la familia agraciada con la obra. Todo a golpe de megáfono y con mucho jaleo. La familia, aunque sean las ocho de la mañana, está vestida, peinada y en casa. Ja. Mones. Incongruencia total: si te coge de sorpresa estás con el pijama zarrapastroso, con los pelos de la Bruja Avería, tu marido se ha ido a currar y los nenes tienen los morretes dentro del Cola Cao. Bueno, pues una vez dada la feliz noticia, empezamos con fase lacrimógena 1: entrevista a los afectados, lo desgraciaditos que son, qué pena más grande tienen, visita a la casa con comentarios de “así no se puede vivir”, “fíjate qué humedades”, “por eso los niños están enfermos”...Una vez que han conseguido que la familia llore a mansalva, se les dice que en ese momento se van de viaje, generalmente a la playa o a Disneyland París. Y se van, oye. Sin pedir excedencias en el trabajo, ni permiso en los colegios, ni ná. Un prodigio. Eso me gustaría que me lo explicaran despacito.
Y hala, al derrumbe de muros y a la tarea de rehacer cocinas, baños, dormitorios y demás. Al principio todos los colaboradores se muestran ufanos, felices y dispuestos a la tarea hasta que surge la primera complicación. Una máquina que no cabe en el patio o un tejado muy defectuoso. Entonces la arquitecta se empieza a poner de mala leche y a sacar pegas de todos lados. Que si nunca habían tenido una obra tan complicada. Que si vamos fatal, pero fatal, esto no se acaba nunca. El jefe de obras mosqueado porque las cuadrillas se le dispersan y hay mucha faena y con medio bronca con la arquitecta. Y la diseñadora de interiores, que vive en sus peculiares Mundos de Yupi, dando ideas peregrinas como colocar un mural de firmas o ponerle un marco nuevo a una foto especial. Tendría su gracia si fuese de vez en cuando, pero es siempre. En todos los programas. Y llega a cansar.
Aquí es dónde yo empiezo a jurar en arameo. Venga ya, hombre, como que no sabían de sobra dónde se metían, si eso ya está medido de antes. Que no me lo creooooooo.... Y a la arquitecta ésa que la den un par de yoyas por histérica, leches, que tipa más cansinaaaaa.....
Por fín llega el día D hora H y comienza la fase lacrimógena 2: la familia llega y encuentran la casa hecha un pincel.
Oye, de verdad que les quedan geniales, no les quito mérito, pero hay detalles que no me acaban de cuadrar. Las habitaciones de los niños las llenan de suelo a techo de juguetes, material escolar y diferentes regalitos. Mola un montón, me gustaría hasta para mí, pero luego, ¿qué porras se hace con tanto trasto en una casa normal? Bueno, pueden vender parte por E-Bay y se sacan una pelillas. El jardín suele tener siempre piscina porque se le suele emperejilar a la diseñadora. Pero bueno, vamos a ver, si son familias necesitadas ¿esta gente no sabe lo que cuesta llenar de agua una piscina anualmente, los líquidos depurativos y la electricidad de la depuradora? Y a veces colocan unos muebles maravillosos en el jardín, con cenadores incluidos. Estupendo. ¿Y cuándo llueva o llegue el invierno? ¿Dónde se meten semejantes armatostes? Que son preciosos, sí, pero enormes.

Luego van pasando por las habitaciones, una por una, y la familia se va emocionando cada vez más. Yo también me emocionaría, aunque me pusiesen muebles de Ikea, todo tan limpito y nuevo, que lo veo, miro a mi actual alrededor y me deprimo. El pesao del Jorge no deja de hablar ni debajo del agua, es un pelín cansino también. Venga a dar la vara con el ¿qué os parece? ¿os gusta? ¿a que está precioso? ¿a que sí? Lo dicho, un pesao. A veces incluso les llevan ropa nueva para llenar los armarios y aparecen la arquitecta, que ya se ha tomado el valium, y la chupidiseñadora llenas de bolsas de Venca. Moda española al poder, sí señor. Anda que se van al Corte Inglés. Que sí, que a caballo regalado no se le mira el diente, pero es que es lo que me sale...
Por si acaso la familia no ha llorado bastante hasta ese momento, el Jorgito de mis pecados sigue ahondando en la llaga. En el caso de la familia que había perdido a su hija, venga preguntar si a su hija le hubiese gustado. Y claro, imaginaos la madre de la pobre niña. De vez en cuando se van intercalando declaraciones de la arquitecta, el jefe de obras, la diseñadora y del propio Jorge que tienen de naturales lo que yo de Nuncio de la Santa Sede. Una vez recorrida la casa y pasadas un poco las emociones, el programa se despide con imágenes de cómo era todo antes y cómo ha quedado. Y sí, insisto en que hacen un trabajo estupendo y que todo está genial, pero madre mía la coba que le dan al asunto. En la versión americana, como os decía al principio, lo solucionan en apenas media hora y eso que construyen la casa enterita. Aquí se tiran más de una hora pero lo de menos es la obra en sí, se tiran más tiempo con las fases lacrimógenas y contando las desdichas de la pobre familia. Y con los ataque de nervios de la arquitecta, que dan mucho juego.
Sinceramente os digo que jamás vería este programa en circunstancias normales. De hecho no lo vi en su día. Pero para un domingo por la tarde, que estoy con “la perezosa”, como decía Azarías en la inolvidable “Los Santos Inocentes”, pues eso, que me lo trago. Y me muero de envidia, lo confieso. Yo quiero que vengan a poner mi casa preciosísima, estoy dispuesta a llorar todo lo que haga falta y a irme diez días a la playa. Pero ahora que lo pienso, jamás les he visto meterse a hacer estas cosas en un piso.... Cachis... Mi gozo en un pozo...
xD como esta el presentador, jajajaj, buena opi, sl2