Evora una ciudad para la humanidad
El Alentejo constituye la región más grande de Portugal; es tierra con extensos espacios adehesados donde domina el olivo y el silencio. Los alentejanos son gente que gozan de la blancura de las casas, del buen vino, pero especialmente disfrutan de la tranquilidad heredada de la vida agrícola que constituye la principal actividad económica de la zona; de hecho el rasgo sosegado del alentejano (que incluso duerme la siesta, algo inédito en el resto de Portugal) ha hecho que se conviertan en el destino favorito de bromas parecidas a las que sufren los habitantes del Lepe al otro lado de la frontera.

Curiosamente tras la fachada de su elevada y hasta cierto punto desesperante parsimonia, esconde uno de los pueblos más combativos de la Lusitania, de hecho el Alentejo siempre ha constituido un bastión comunista y un núcleo clave en la lucha contra el salazarismo, y capaz de ver nacer a grandes artistas que han concedido al Alentejo un rico y denso patrimonio cultural, de la que sin duda se destaca una joya arquitectónica, la ciudad de Évora.
Évora es sin duda uno de los referentes turísticos del país y atrae a miles de turistas al año, especialmente españoles debido a que la ciudad se encuentra relativamente cerca de Extremadura. Los visitantes vienen a admirar la belleza de esta cuidada y limpia ciudad (algo extraño, en un Portugal que deja morir muchos de sus conjuntos monumentales) que fue declarada en el año 1986 como ciudad patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
Historia
El origen de la ciudad se extiende hasta el neolítico, de hecho el termino municipal cuenta con importantes yacimientos arqueológicos y diferentes monumentos funerarios siendo frecuentes los dólmenes (Antas en portugués), como son los de Barrocal y Zambujeira; pero no será hasta los romanos cuando la ciudad adquiere un grado de importancia, recibiendo la denominación de “Ebora”, los romanos dejaron importantes vestigios que aun hoy lucen en su paisaje urbano, de hecho, uno de los símbolos más conocidos de Évora es la silueta de su Templo Romano, datado en el siglo I a.C. y en buen estado de conservación aun mantiene gran parte de su estructura con sus columnas corintias; además la herencia legionaria se completa con termas, baños, así como restos de su antigua muralla.
La caída del imperio romano, atrajo a las tribus del norte de Europa que aprovecharon para instalarse enla península, pero la llegada de los árabes se tradujo en la conquista rápida de la ciudad en el año 715 d.C. y su dominio se extendió en Évora durante cuatro siglos, la influencia del Islam fue importante a todos los niveles incluido el arquitectónico, pero desgraciadamente la huella musulmana fue borrada de forma drástica, a partir de la conquista de la ciudad por parte de “Giraldo Sin Pavor”, que mediante un ataque por sorpresa gano este trozo del Alto Alentejo para el reino de Portugal en el año 1165; los nuevos residentes cristianos gratificaron a su héroe con derecho a lucir su hazaña en el escudo de la ciudad y concederle el nombre de la plaza más grande de la urbe.
La llegada cristiana supuso la sustitución de los edificios religiosos islámicos por otros de orientación cristiana, así en 1283 se empieza a construir la Catedral que presenta un estilo de transición entre el románico del gótico. Posee cierto aire de fortaleza dominando impasiblemente con sus dos torres el limpio cielo evorense. La leyenda afirma que fue en su interior, donde las banderas que Vasco de Gama llevó en su famosa expedición, fueron bendecidas.
La catedral de Évora es una de las pocas Sé portuguesa que cobra las visitas a su interior a excepción de aquellas horas destinadas a los servicios religiosos, pero con independencia de ello es digna de visitarse.
La edad media llenó el paisaje urbano de palacios y conventos pero será a partir del siglo XIV, cuando la ciudad alcanzó su mayor esplendor. Évora se convertirá entonces en uno de los destinos más frecuentados por la corte de la dinastía Avis, lo que hizo que se produjese un importante desarrollo urbano y civil.

La ciudad regeneró su sistema de murallas ampliándolas hasta los 3 Km. de extensión con hasta 10 puertas que completaba el sistema defensivo ya existente. Se crea un sistema de acueductos creado por Francisco Arruda, para abastecer a la seca ciudad, que se va alejar distancias de hasta 18 Km. para encontrar el preciado líquido. De este período podemos destacar la fundación de la institución que marcaría el futuro impulso de la ciudad, su Universidad.El cardenal Henrique fundo en 1551, el colegio del Espíritu Santo, que se convertiría en la Universidaden el año 1551, fecha en que Roma concede su aprobación al mismo. Arquitectónicamente la Universidad destaca por su claustro renacentista de riguroso belleza; de hecho el “renancentismo” es sin duda uno de los grandes valedores de la hermosura actual de la ciudad ya que jalona gran parte de las iglesias y palacios de Évora.
La perdida del favor monárquico hizo que Évora, comenzase a ser solo un reflejo de lo que fue, pasando a convertirse en una ciudad más de provincias, relativamente mal comunicada y lejos de los núcleos de poder. La esencia agrícola del Alentejo, recuperó su terreno y se convirtió en su principal actividad económica de la ciudad y solo la Universidad hacía recordar los tiempos de protección monárquica, manteniendo la innovación cultural e importancia política de la ciudad.
El Marques de Pombal daría el golpe de gracia a Évora cerrando la Universidad en 1759 con motivo de la expulsión de los Jesuitas, siendo reabierta solo hasta el año 1973.
Los siglos XIX y XX, trajeron para Portugal una fuerte crisis económica, que provocó sobre todo en la región del Alentejo una emigración masiva hacia los núcleos urbanos del litoral portugués, especialmente Lisboa, concentrándose los emigrantes alentejanos en las ciudades de la margen sur del estuario del Tajo, aunque gran parte también huyeron hacía al extranjero.
Évora quedó prácticamente vacía, pero afortunadamente consiguió mantener en buenas condiciones su patrimonio histórico, lo cual produjo, una vez mejorado las condiciones de vida en todo Portugal e iniciado el fenómeno del turismo, que la urbe contase con un rico aval que pusiese que reactivase su economía.
La ciudad comenzó a embellecerse y a restaurar su patrimonio, ese esfuerzo fue recompensado por una mayor llegada de visitantes y con el premio de ser acogido dentro de las ciudades patrimonio de la humanidad de la UNESCO; por otro lado la Universidad recuperó su pulo y sirve de estimulo para el desarrollo de todo el “concelho”.
TURISMO, ALOJAMIENTO Y GASTRONOMÍA
Évora es una ciudad de gran interés para el turista ya que cuenta con muchos atractivos únicos desde su famosa y macabra, “Capilla de los Huesos” en cuyas paredes están incrustados los huesos recogidos por toda la comarca, a su famosa catedral y su templo romano. La Universidad también constituye un foco de atracción así como sus agradables plazas y decorados edificios.
Capela dos ossos Foto Miguel A.Otero
El clima Alentejano recuerda mucho al Extremeño por lo que en verano es necesario adecuar los paseos a los horarios en el que el solo pega con menos fuerza y disfrutar de una buena siesta al mediodía.
La ciudad cuenta con un gran numero de alojamientos de todas las categorías y que conservan en la mayoría de los casos la esencia de la arquitectura tradicional alentejana.La riqueza gastronómica esta garantizada por una rica red de restaurantes, indicar que estamos ante una de las regiones mas agrícolas y ganaderas de Portugal y su huella se refleja en su reconocida gastronomía donde destaca su guiso de cordero y sus afamadas variedades de vino.
Évora cuenta con estación de tren y autobuses que enlazan con cierta frecuencia con Lisboa. Las comunicaciones por carretera con la capital son relativamente buenas y aproximadamente existe 1 hora y media de circulación. Évora cuenta con un aerodromo propio pero no es ta orientado directamente hacia la oferta turística.
CONCLUSIÓN
“Nós, ossos que aquí estamos, pelos vossos esperamos” reza en su famosa Capilla de los huesos, macabro reclamo para el turismo, pero esta claro que Evora es una ciudad que no deja indiferente. Por ello es momento de coger las maletas y dejarse caer por la magia de una ciudad hecha para el disfrute de la humanidad.
Completa y magnífica exposición en su medida de extensión. Saludos